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	<title>INVENTIVASOCIAL</title>
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		<title>INVENTIVASOCIAL</title>
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		<title>LA SOLEDAD DEL MUNDO SE ENREDA ENTRE SUS PASOS&#8230;</title>
		<link>http://inventivasocial.wordpress.com/2012/01/30/la-soledad-del-mundo-se-enreda-entre-sus-pasos/</link>
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		<pubDate>Mon, 30 Jan 2012 01:30:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>inventivasocial</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando te tiendes desnuda* Cuando te tiendes desnuda tu cuerpo roza mi cuerpo siento mi piel en tu piel tiembla mi cara en tu pecho y tus manos me despeinan acariciandome lento y los temblores aumentan agitando el pensamiento y jadeo con el aire con que compartes mi aliento busco fundirme contigo metiendome tan adentro [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=inventivasocial.wordpress.com&amp;blog=467829&amp;post=253&amp;subd=inventivasocial&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando te tiendes desnuda*</p>
<p>Cuando te tiendes desnuda<br />
tu cuerpo roza mi cuerpo<br />
siento mi piel en tu piel<br />
tiembla mi cara en tu pecho<br />
y tus manos me despeinan<br />
acariciandome lento<br />
y los temblores aumentan<br />
agitando el pensamiento<br />
y jadeo con el aire<br />
con que compartes mi aliento<br />
busco fundirme contigo<br />
metiendome tan adentro<br />
que seamos uno solo<br />
alma, cuerpo y sentimiento&#8230;</p>
<p>*De Joan Mateu. joan@cimat.es</p>
<p>LA SOLEDAD DEL MUNDO SE ENREDA ENTRE SUS PASOS&#8230;</p>
<p>DÍA DE PESCA*</p>
<p> A Yordán Rey, amigo de las sirenas</p>
<p> &#8211; Vamos a pescar sirenas – dijo ella.<br />
Llegaron a la costa, el mar estaba rizado, golpes de viento llevaban y traían olas, trozos de madera negra, algas, caracolas vacías, restos de naufragios, esqueletos de corales&#8230;<br />
- ¿Has logrado ver alguna? – dijo ella tras otear el horizonte por unos minutos.<br />
 &#8211; No… Tal vez se estén escondiendo detrás de la espuma.<br />
 &#8211; Vamos hasta la roca.<br />
Cuando se retiraba un poco la marea, se podía seguir un sendero de piedras altas hasta una roca sobresaliente y lisa, trono forjado solo para dos.<br />
- Hay que mirar en las zonas más oscuras, suelen esconderse allí para confundirse con el fondo.<br />
 &#8211; ¿Sabías que las sirenas no son bellas? Parecerían repugnantes al que teme a las criaturas de las profundidades…<br />
 &#8211; Lo sé: Ojos saltones, fosforescentes, branquias en el cuello, debajo de las orejas demasiado prominentes para ser humanas&#8230;<br />
 &#8211; Color verde oscuro con manchas grisáceas. A veces cambian a voluntad a tonos azulados, sobre todo cuando emergen…<br />
 &#8211; Dedos unidos por membranas, como las aves acuáticas o las ranas…<br />
 &#8211; Cola cubierta de escamas, torso, brazos y rostro viscosos&#8230;<br />
 &#8211; No tienen cabellos, la confusión surge de su costumbre de adornarse la cabeza con caracoles y racimos de algas.<br />
 &#8211; Dientes filosos, lo que se toma por sonrisa es solo una advertencia.<br />
- Su lenguaje recuerda al de otros mamíferos marinos, al canto de las ballenas, pero más musical y de mayor alcance.<br />
 &#8211; El contacto con su piel puede ser doloroso, como sucede con las anémonas y medusas&#8230;<br />
 &#8211; Pero depende, en este caso, de su estado de ánimo.<br />
- Los ejemplares de mayor edad llevan la piel cubierta de parásitos.<br />
 &#8211; Las hembras en celo despiden un fuerte olor a almizcle&#8230;<br />
El sol comienza su largo camino hacia los abismos. Una nube enorme, con tantas formas como espectadores, pasa dejando al mundo súbitamente en sombras, mientras un halo de rosa y oro recorta sus formas. </p>
<p> &#8211; Mira, la barca de los elfos se está marchando.</p>
<p> La nube continúa su marcha más allá del universo abarcable. Dentro de poco no se podrá desandar el camino de las piedras. El camino de regreso es leve como la brisa. </p>
<p> &#8211; Fue muy bueno poder ver la barca de los elfos.<br />
 &#8211; ¿Y qué pasó con nuestras sirenas?<br />
 &#8211; No estoy segura&#8230; creo que no les gustó la descripción que hicimos. Nadie está conforme con la imagen que refleja en el espejo de otros.</p>
<p>*De Marié Rojas Tamayo.<br />
La Habana. Cuba.</p>
<p>-Entrevista a Marié Rojas Tamayo en Aurora Boreal.</p>
<p>http://www.auroraboreal.net/index.php?option=com_content&#038;view=article&#038;id=1107:entrevista-a-marie-rojas-tamayo&#038;catid=91:entrevistas&#038;Itemid=275</p>
<p>DESVARÍOS DE VIENTO*  </p>
<p>Dicen  que los esquimales tienen cien formas de nombrar la nieve<br />
Ah!!!!! Que abundancia de palabras  y yo&#8230; que apenas digo durazno&#8230; fruto o misterio<br />
   y me parecen que son como cien siglos de inventar el cielo  esa herrumbre de dios&#8230;  que nos aleja<br />
que nos acerca.<br />
REYNALDO GARCÍA BLANCO</p>
<p>Lo ha buscado más allá de esta vida.<br />
Lo halló en el temblor del agua de los charcos natales.<br />
Un muñeco de palo y una niña.<br />
La soledad del mundo se enreda entre sus pasos.</p>
<p>Cuando la infinitud era un agobio,<br />
El viento, extenuado de tantos desvaríos.<br />
De los guetos.  De los villorrios pobres.<br />
De los pasillos tristes.<br />
De las muertes.<br />
De la Historia. Violada. Violentada,<br />
En el hueco fragante de su pelo dormía.<br />
Después, la partida, el adiós&#8230; y la espera.</p>
<p>¡Ah, como lo esperaba!<br />
Ni el fragor de la rosa, ni la cruz de rocío.<br />
Ni olor a durazno. Ni la naranja de oro.<br />
Nada, atenuaba el  hastío.</p>
<p>La mujer ya no espera. Pero espera la niña.<br />
El viento no es el mismo, sí lo es, la soledad y el desamparo.</p>
<p>No volverá, aunque vuelva.<br />
Sus ímpetus. Su desgarrado amor.<br />
Sus cansancios.<br />
Jamás serán los mismos.<br />
No volverá lo sabe, pero en noches de calma<br />
Agudiza su oído, extiende la jungla de su pelo.<br />
Y aunque muera en la espera, aguarda,<br />
Los locos desvaríos del viento,  adormecido.</p>
<p>Mientras tanto. Cruzando el mar.<br />
En el mar infinito.<br />
En las eternas costas.<br />
El viento, muerde la carne tibia de abedules.<br />
Se revuelca en la nieve.<br />
Bebe de la ardiente garganta de una leona.<br />
Es un lobo estepario, sin memoria.<br />
Y cuando la finitud es un agobio.<br />
Siente un leve cosquilleo en el pecho.<br />
Un olor a duraznos.<br />
Y una geografía sin materia. Sin retorno.</p>
<p>*De Amelia Arellano.  arellano.amelia@yahoo.com.ar</p>
<p>Vine porque te extrañaba ¿Puedo?*</p>
<p>*Por Nechi Dorado. nechi.dorado@gmail.com<br />
(Argentina)</p>
<p>Falta poco para llegar, las ruedas del auto van aniquilando las esquirlas sobrevivientes de caracoles rotos hasta dejarlas confundidas con la arena. Los recuerdos se atropellan entre ellos y alguna lágrima escapista de la jaula donde suelo encerrarlas, casi siempre, se desliza como por una ladera y se acurruca en alguna arruga de esas que me cuentan que la vida va dejando surcos donde quiere.</p>
<p>Hace rato que me pasa lo mismo cuando entro en esta zona y el canto del mar, ahí nomás, se confunde con el del motor y de verdad que el primero me sabe a canto de ayer desesperado. </p>
<p>Parece que la suerte hoy estuvo de mi lado, la garua persistente fue nuestra compañera de ruta. Y digo, nuestra, porque viajo con las tres perritas que siempre me acompañan durmiendo durante todo el trayecto.</p>
<p>Pucha, qué cosa que siempre me gustaron estos días en que las tímidas gotas parecen imitar a los humanos, ya que no terminan de unirse para convertirse en aguacero y con la falta que hace, tantas veces.</p>
<p>No hace frío pese a que estamos en mayo y en las zonas marítimas siempre baja la temperatura varios grados. Aunque en realidad eso era antes de que apareciera el tema del cambio climático. Recuerdo que las estaciones se definían muy bien unas de las otras, como queriendo evitarnos confusiones y para permitirnos mantener nuestro ego exacerbado. Nos inflábamos cuando decíamos, por ejemplo, los argentinos tenemos las cuatro estaciones, entre otras cosas que también tenemos. Por eso somos el granero del mundo. Luego, por esa praxis de los intereses globalizados, terminamos desinflados, devenidos en tierra sojera. ¡Quién hubiera dicho!</p>
<p>Falta poco para llegar a Santa Teresita, tomaré por la calle 32 para entrar, bah, si a ese caballo no se le ocurre desbocarse y cruzar la ruta justo cuando estemos pasando. </p>
<p>Qué imprudencia dejar a ese animalito suelto en una carretera, qué desastre podría producir ¿Piensa el ser humano o será que es cierto que vamos enroscándonos en nosotros mismos?</p>
<p>¡Qué lindo es, todo blanco, con esa mancha negrísima sobre su ojo izquierdo! Parece que el cielo bajara un pedacito de noche para posarla allí, tímidamente. O quien te dice, tal vez no se atrevió a desparramar la negritud para evitarle una discriminación eterna en este país donde “todos” descendemos de europeos. Hasta los caballos, dicen.</p>
<p>A la izquierda ya se ve el mar, a la derecha los árboles que crecieron tanto desde la última vez que pasé por aquí, aunque ahora el viento les arrancó el follaje dejando al descubierto sus brazos enclenques, abiertos, como esperando un abrazo quien sabe de quién. Por lo menos y por suerte, éstos zafan de la tala. </p>
<p>Casi creo estar escuchando a Pá, cuando lo sorprenda mi llegada y ponga en acción su metralla de preguntas sin darle tiempo a las respuestas: </p>
<p>– ¿Qué hacés vos acá? ¿Viniste sola? ¿Cómo fue el viaje? ¿Quedaron todos bien, en casa? ¡Mirá que salir con este día! ‘tas loca vos.</p>
<p>-Sola no, Pa, vine con las pichis, como siempre.</p>
<p>-Peeeero, vos no cambiás más loquita linda. ¿Y los chicos? Pregunta acariciando a las perritas que se desviven por un mimo.</p>
<p>Mis hijos, sus únicos nietos-hijos, hoy tremendos hombrones, siempre serán “los chicos” para él. Cómo olvidar el papel de padre que el viejo cumpliera tantas veces.</p>
<p>Cada vez que salgo hacia algún lado y demoro un tiempo en regresar, se encarga de recordarme “que los dejo solos”. Solos… y yo medio como que me cargo de culpas. Por un rato ¡pero vaya si me asaltan!</p>
<p>-Quedaron en casa, Pa, trabajando, todos bien, te mandan besos. ¡Muuuchos! Quieren que vuelvas conmigo, también te extrañan.</p>
<p>-Peero, tienen que hacer todo ellos ahora, ay, ay, ay. ¡¿Cómo los vas a dejar solitos para venirte hasta acá?! Vos no pensás nada, siempre impulsiva, dice en su ataque de abuelismo protector, meneando su cabeza hacia ambos lados de sus hombros fuertes, desarrollados por el remo que practicara en su juventud.</p>
<p>-Pa, vine porque te extrañaba ¿Puedo?</p>
<p>-Vos no cambiás más, ¿Hasta cuándo te quedás? ¡Siempre con ese pucho en la boca!</p>
<p>-Me quedo hasta que no nos aguantemos más y vos quieras seguir tu vida de anacoreta. ¿Tomamos mate? Dale, hacelos vos que te salen más ricos. Yo pongo la pava.</p>
<p>Casi puedo escuchar su risa, sus palabras calcadas de veces anteriores lo que las transforma en un ritual de bienvenida, que por otra parte, sigo esperando.</p>
<p>Viejo gruñón, fuerte, persistente como esta llovizna que no para, cuando de cumplir sus deseos se tratara. Jamás lo vi resignado, quieto, esperando nada de nadie. Fue acción toda su vida, fue lucha, coraje y prepotencia cuando hizo falta. Se derrumbó cuando mi madre fuera arrancada de prepo, de este mundo, siendo muy joven, dejándonos a los dos descolocados y yo aprendiendo a impregnarme de su fuerza como para que los embates de la vida no logren volverme añicos. Como no lo lograron con él.</p>
<p>Al paso de los años emigró trescientos treinta kilómetros, hacia este mar. Ágil para huir de recuerdos y de situaciones expertas en crear recuerdos de a miles, bajo descaradas lluvias de plomo que empapaban todo.</p>
<p>Sólo un tema estuvo vedado entre nosotros, la política, aunque jamás lo propusimos formalmente. Fue un acuerdo tácito, aunque siempre exonerado por él, experto en chicaneo y yo experta en caídas en sus trampas abiertas.</p>
<p>-¿Viste lo que hicieron estos hijos de una gran siete? Terminar así con los ferrocarriles, romper con el sindicalismo, privatizar el gas, el teléfono, el agua. Y se dicen luchadores ¡Qué saben lo qué es jugársela! No es esto por lo que luchamos toda la vida. ¡Qué años aquellos y para qué!</p>
<p>-Nosotros tampoco quisimos esto, pa. ( ¡¡¡Uhhh, p’ta madre, arrebatada como siempre, caigo otra vez en la trampa caza bobos!!! ¿Cuándo aprenderé a morderme la lengua? ¡Qué tipa imbécil…!) </p>
<p>-Ntcccchhh, ustedes. ¡Ustedes que pueden hablar, si son catorce! Responde agitando su mano y agitando mi bronca como diciendo ¡andáaaa! Y pretende esconder una sonrisa irónica entre su barba aunque sin mucho esfuerzo. Yo se que piensa: “caíste, como siempre”. Logró lo que buscaba por enésima vez. ¡Provocador!</p>
<p>Abrió el fuego. Discurso metido, la bronca haciendo alpinismo sobre mis mejillas y yo haciendo un nudo con las palabras como para no comenzar una discusión estéril. Ganas de acogotarlo o acogotarme por atropellada, aunque si uno se pone a pensar diría que tiene razón, como casi siempre. Como en casi todo. La única forma de salir ilesa de la trampa, es cambiando de tema.</p>
<p>-¡Uy Pa, que lindo está el césped y la camelia explota de pimpollos! (Que nosotros somos catorce, sah, pero armamos cada broncas, además no nos da vuelta nadie y fuimos los primeros en salir a la calle por los trenes y por todo mientras ustedes quedaban bien piolitas en su casa. Bah, algunos de ustedes. Ya sé que vos no)</p>
<p>-Cuántos limones, Pa, esperame que voy a bajar el bolso (lo que en realidad quiero es irme a la mierda, siempre el mismo, después de comerme semejante viaje, yo siempre la misma idiota que cae en su trampa)</p>
<p>Claro, el viejo nunca me perdonará que haya elegido ser yo misma, sin atarme a su vivencia que también fue la mía, la que dejó huellas indelebles en mi historia.</p>
<p>No quise aceptar retóricas impuestas, simplemente cambié por elección. Tampoco se da cuenta que después de todo fue él mismo quien me enseñó a pensar.</p>
<p>Que se yo, tal vez pensamos distinto pero los sueños son parecidos, sólo que él tomó su camino y yo crucé la vereda. Claro, ya crecida, jamás volví a cantar “ni yanquis ni marxistas, pe-ro-nistas” porque no me dio la gana. Armé mi historia. Y a él no le dio la gana comprenderme. Ni su historia.</p>
<p>Todos dicen que me parezco mucho a él, cosa tan loca, iguales pero diferentes, somos la encarnación de la cuestión dialéctica aunque él nunca mencionara “esa cosa”.</p>
<p>Hasta los términos diferencian a las personas, campo popular-trabajadores; dirigente político-cuadro y estamos hablando de lo mismo, pero aprendimos a poner “versus” diferenciadores. Fuimos como la llovizna que no llega a aguacero porque no se une, porque es tímida, porque no quiere mojar tanto, ni hacer charcos en el campo, aunque haga tanta falta el aguacero. Para todos.</p>
<p>Ya casi estamos llegando. Doblaré en la próxima esquina, el aire de Santa Teresita parece distinto al de Las Toninas o al de San Clemente. Digo, tal vez sólo me parezca a mí, porque allí siento impregnado su perfume de lobo de mar solitario.</p>
<p>Subo por la calle 32, doblo a la derecha y sigo subiendo hasta llegar a la enorme casona donde él estará tomando sus mates de la tarde. El y su soledad empapada de recuerdos contracturados, entre la bruma del mar y el vuelo de las gaviotas.</p>
<p>Las perritas comienzan a agitarse, aunque parezca increíble, creo que se dan cuenta que estamos llegando, cada vez que tomo por esta calle hacen lo mismo.</p>
<p>-¿Vamos a la casa de abuelo? Digo, apenas si sonrío y ellas mueven sus colitas, saltan unas sobre las otras como queriendo bajar a través de los cristales.</p>
<p>Estoy en la puerta, no me animo a bajar del coche, las ventanas están cerradas, no vale la pena tocar el timbre, total, no saldrá nadie y sin embargo estoy escuchando su metralla que tampoco vale la pena responder ya que nace y muere en mí. Está estampada en el recuerdo como la arena a la playa, como el ayer al presente, como la vida a la muerte.</p>
<p>Ya casi ni divago como en el viaje. La realidad abofetea. Nadie está tomando mate, no habrá intercambio de ideas, provocaciones ni chicanas. ¡Y lo que daría por una! Sólo se unen el presente con el pasado reciente y se estrechan fuertecito convirtiéndose en una masa informe que enternece haciendo daño, tejiendo telarañas con los hilos de ayeres invisibles.</p>
<p>El está muerto no del todo. Yo sigo viva aunque tampoco sé si del todo. </p>
<p>Busco las llaves en el caos de la cartera, prendo mi cigarrillo número qué se yo cuánto, quiero dilatar la entrada al mundo real aferrándome al ilusorio, respirando hondo, tomando coraje hasta girar hacia la entrada que me transporta hacia el pasado.</p>
<p>Abro la puerta del garaje, entro y vuelvo a cerrarla. Suelto a las perritas que salen como disparadas hacia el parque donde la camelia explota de pimpollos. Ellas y yo buscando lo que no encontraremos.</p>
<p>Lo primero que aparece ante mi vista son esas letras azules que él pintara uno de sus días de soledad, prolijamente rebuscadas. Resalta el azul fuerte sobre la pared blanca que da al altillo, “Los niños y los ancianos son los únicos privilegiados”. </p>
<p>La frase en sus orígenes decía “En la nueva Argentina, los únicos privilegiados son los niños”, pero cuando los años cayeron sobre ese cuerpo de titán, introdujo a los ancianos en el apotegma, no sea cosa de quedar afuera. ¡Viejito loco!</p>
<p>¡Recuerdo cuánto reímos la primera vez que vimos eso que hoy me parece una obra de arte! No es la primera vez que entro al caserón vacío, sin embargo las imágenes se repiten.</p>
<p>-Hola Pá, dije bien fuerte.</p>
<p>-Vine porque te extrañaba, ¿puedo?</p>
<p>-¿Viste lo que hicieron estos hijos de perra, Pa? Claro que no es lo que quería él y claro también que nosotros seguimos siendo catorce, con suerte y si sumamos tres por uno.</p>
<p>(Bah, que nosotros somos catorce, sah, pero armamos cada broncas, además no nos da vuelta nadie y fuimos los primeros en salir a la calle por los trenes y por todo mientras ustedes quedaban bien piolitas en sus casas. Bah, algunos de ustedes. Ya sé que vos no)</p>
<p>-¡Uy, Pa, que lindo está el césped y la camelia explota de pimpollos! ¡Qué lindos están los limones!</p>
<p>Bajé el bolso, aunque en realidad otra vez lo que quiero es irme a la mierda, no está el viejo provocador, no estará mañana, ya no puedo sentirme la misma idiota cayendo en trampas caza bobos. ¡Y quisiera zambullirme dentro de una!</p>
<p>Enciendo todas las luces, abro todas las ventanas, la tarde gris apresuró la penumbra. Las perritas espantaron al gato del vecino que me saluda desde enfrente y el motor del mar sigue tronando y yo queriendo que se lleve hacia su profundidad los recuerdos que me pesan y me duelen y me llenan de congoja y quedan ahí tan firmes, como está él.</p>
<p>-¿Tomamos mate, Pa? Hacelos vos que te salen más ricos. Yo pongo la pava.</p>
<p>¡Dale Pa, hacelos vos!</p>
<p>Afuera sigue lloviznando, para mí, se descargó un diluvio…</p>
<p>Para mis amigos*</p>
<p>Ellos, a los que quiero y admiro<br />
A los que siempre están<br />
Aquí, allá, en diversos momentos</p>
<p>A los que me conocen<br />
A pesar de mis defectos<br />
A los que sueño con promesas<br />
Con mis dudas e incoherencias<br />
A los que me acompañan<br />
Los que me hacen reír<br />
Y a los que son una parte de mi cielo</p>
<p>Apelo siempre cuando estoy sola<br />
Los disfruto en mi interior</p>
<p>Me ayudan a seguir<br />
Andando por la vida<br />
Recorro sus aventuras<br />
Sus amores, sus emociones<br />
Su sabiduría y esperanza.-</p>
<p>*De Azul. azulaki@hotmail.com</p>
<p>*</p>
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		<title>CUANDO TE VAYA BIEN LLÉVAME CONTIGO&#8230;</title>
		<link>http://inventivasocial.wordpress.com/2012/01/30/cuando-te-vaya-bien-llevame-contigo/</link>
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		<pubDate>Mon, 30 Jan 2012 01:22:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>inventivasocial</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[“PARADOJA DE GEMELOS” * “Cuando te vaya bien llévame contigo, cuando te vaya mal no me defraudes.&#8221; BOB MARLEY Hoy, por vez primera él le ha llamado estrella. Y ha sido alfa centauro. Y ha cabalgado noches. Y en un S.O.S. desesperado se ha hallado. (Eres lo que soy) Y los recuerdos, de pronto, los [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=inventivasocial.wordpress.com&amp;blog=467829&amp;post=251&amp;subd=inventivasocial&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“PARADOJA DE GEMELOS” *</p>
<p>“Cuando te vaya bien llévame contigo, cuando te vaya mal no me defraudes.&#8221;<br />
BOB MARLEY </p>
<p>Hoy, por vez primera él le ha llamado estrella.<br />
Y ha sido alfa centauro. Y ha cabalgado noches.<br />
Y en un S.O.S. desesperado se ha hallado.<br />
(Eres lo que soy) </p>
<p>Y los recuerdos, de pronto, los lapidan.<br />
Y juntos entierran los duelos y los muertos.<br />
Y vibran. Se estremecen. Palpitan. Ceremonias secretas.<br />
(Hoy es ayer) </p>
<p>Y permanecen. Paradoja de gemelos. Perfecta.<br />
Y la muerte pasa, inadvertidamente.<br />
Y regresan los amados muertos.<br />
(Pedí un deseo) </p>
<p>Y son “amados  inmortales.”<br />
Y conjugan los verbos de la infancia.<br />
El pretérito pasado, es perfecto.<br />
(Ayer es hoy) </p>
<p>Y se abrazan  Se abrasan. Se enardecen.<br />
Y arden, fieles a la especie. Lejanía y  estrellas.<br />
Y el beso llega, obsecuente, consecuente.<br />
(Soy lo que eres) </p>
<p>“Cuando te vaya bien llévame contigo,<br />
Cuando te vaya mal, no me defraudes” </p>
<p>*De Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar</p>
<p>CUANDO TE VAYA BIEN LLÉVAME CONTIGO&#8230;</p>
<p>DAGOBERTO*</p>
<p>         Dagoberto es un perro. En esta vida no se llama Dagoberto, al nacer le pusieron Motita y lo adornan con lazos color rosa, a pesar de que no es afeminado, y lo que tiene no es mota, sino más bien antifaz: una mancha negra que le cubre los ojos.</p>
<p>         En una vida anterior fue hombre y fue tratado como un perro, estuvo barriendo calles desde que tuvo edad laboral, calle arriba, calle abajo con el escobillón y el carrito. Llegó a envidiar a la perra que vivía en la casa amarilla del barrio alto, propiedad de una viuda rubia, cuyos enormes senos eran su admiración&#8230; los de la rubia, claro está… la perra era una labradora dorada, premiada en eventos caninos, a quien sacaba a pasear en las tardes. “Pensar que ese animalito vive en casa con piscina y come carne&#8230; solía pensar con franca envidia cuando se enfrentaba al pan con café y a su catre, “en este mundo vale más ser perro, con tal que se nazca en colchón de lujo”.</p>
<p>         Así vivió y así murió. Cuando le llegó la hora de reencarnar, se enteró de que aquella perra, estaba a punto de dar a luz. Tan arrepentido estaba de ser humano que eligió descender en la escala evolutiva para ganar autoestima y recibir el afecto del que se creía merecedor. Y se halló de pronto, con todos sus recuerdos de hombre, emergiendo a empujones por un útero canino.</p>
<p>         Pero resultó que la perra había tenido una aventura, fruto de una escapada nocturna que habían creído sin mayores consecuencias que una garrapata en la oreja izquierda, anterior al cruce con un perro de su abolengo. Dagoberto fue el hijo único de tan oscura unión. “¡Horror!”, gritó la dueña  al veterinario, “¡deshágase de ese engendro, que mis ojos lo no vean más, que no lo sepa nadie! ¡Qué vergüenza!” y corrió a buscar sus sales.</p>
<p>         Lo colocaron en una esquina del patio, mientras asistían a la parturienta. Cualquier cachorro de fina estirpe hubiera sucumbido a las dos horas expuesto a la intemperie, pero Dagoberto sumaba genes de perros callejeros que retrocedían desde el registro akásico de siglos durmiendo en la selva, en el desierto, en las calles, hasta la memoria kármica de sus luchas por aferrarse a la vida cuando era hombre. </p>
<p>         Estaba destinado a no conocer a su madre. En su vida humana fue abandonado en el hospital… ahora, que había elegido el mejor vientre perruno posible, la madre moría de parto. Lo que en una existencia anterior marcó su desgracia, en ésta fue su suerte. Su ama rubia, con los ojos hinchados de tanto llorar, fue a recogerlo, arropándolo en su fabuloso seno. “Angelito mío”, le dijo al oído, “eres todo lo que me queda de ella, mi preciosa Motita”. Después se supo que era macho, pero ya estaba nombrado. Los lazos rosa con que lo adornan no tienen que ver con este error, fueron heredados de su madre… por fortuna entre los perros no se da importancia a estos detalles.</p>
<p>         De este modo Dagoberto, que por la correría de su progenitora iba a regresar de vuelta al infinito, vive una vida de aristócrata. Cada día saborea las mejores costillas, con algo de hueso, para que sus potentes jugos gástricos puedan trabajar a gusto. Por las tardes devora pastelitos de salmón junto a la piscina y menea el rabo a su ama, se reclina en su regazo y duerme la siesta mientras ella acaricia sus orejas&#8230;  ¡Cómo le hubiera gustado esto cuando barría la calle donde se asienta la casa en que ahora vive!   </p>
<p>         Dicen que La Esperanza, postrer habitante de La Caja de Pandora, no fue un bien ni un remedio, sino el último de los males enviados al hombre. Quien vive de esperanzas no asume el destino, que vuelve y se repite infinitamente hasta que hemos aprendido lo que vinimos a aprender: Dagoberto esperaba una vida larga y feliz, rodeada de comodidades. Un futuro matrimonio perruno con los descendientes jugando a su alrededor, una vejez tranquila…</p>
<p>         Todo marchó de maravillas hasta que una noche escuchó a su ama hablando con su mejor amiga. “Lo he decidido, es lo mejor para que no siga los pasos de mi difunta Mimí, mañana a primera hora viene el veterinario y lo castramos, ¡esta tarde lo vi husmeando a esa perra sin raza que los hijos del vecino siempre tienen suelta! ¡Qué vergüenza!” </p>
<p>         Sumido en la desesperación, esperó a que la señora se volteara, decidido a huir de su vida llena de acomodos y mimos con tal de no renunciar a su virilidad… tal vez la puerta trasera estuviera aún abierta. Echó una última mirada a su ama, cuánto le dolería dejarla&#8230; palabra de perro, lo de olisquear a la perrita no había sido su culpa, ella se le había encimado cuando lo sacaron a pasear. ¡A lo que pretendían hacerle renunciar por tan pequeño desliz!</p>
<p>         A los tres pasos descubrió que los pies le pesaban como plomo, su energía se estaba desvaneciendo, un sueño inexplicable lo invadía. Un intento más y cayó, imposibilitado de seguir adelante. “Te lo dije”, escuchó a su dueña al teléfono, “cuando se ponen así pierden el sentido. ¡Menos mal que se me ocurrió echarle el sedante en el agua! No me lo vas a creer: ¡con lo bien que está aquí y se estaba escapando ahora mismo detrás de esa cualquiera!”.</p>
<p>         “Resignación”, pensó Dagoberto-Motita antes de sumirse en la inconciencia, aprendiendo al fin la lección que lo había devuelto a este mundo, “la vida puede ser bella, pero no tiene por qué ser perfecta”.</p>
<p>*De Marié Rojas.<br />
La Habana. Cuba.</p>
<p>DE LOS ESCOMBROS*</p>
<p>Pensamientos decrépitos<br />
La soledad arañando paredes<br />
Perfilando deshielos<br />
en el ártico de la existencia sin nombre.</p>
<p>Los años penitentes<br />
anegados en la borrasca del alma,<br />
los sueños inconclusos<br />
vagan reincidentes en la cárcel del recuerdo.</p>
<p>Cada resquicio inundado de llanto<br />
y de las sombras resucita la silueta:<br />
años adormecida, años mutilada.<br />
La fuerza de la vida domina<br />
La incorpora y la lanza al baile incrédulo del destino<br />
y sosegada canta.</p>
<p>Son imágenes de un viejo cuadro.</p>
<p>*De Ruth Ana López Calderón. anilopez20032000@yahoo.es<br />
23-11-2011</p>
<p>HUNDIMIENTO DEL CRUCERO<br />
COSTA CONCORDIA*</p>
<p>Todo era una fiesta. La cena misma del primer día de viaje. El jolgorio de la parte del pasaje que aún no cenaba, saludaba en cubierta a los lugareños de la pequeña isla italiana de Giglio, mientras sonaba la profunda sirena del barco engalanado. Todo cerca, muy cerca de la costa; demasiado peligrosa por sus rocas amenazantes y semi escondidas…. De pronto la nave choca con el fondo del casco, y abre una vía que hiere gravemente al navío.<br />
Desconcierto, confusión, caos… Miles pugnan por salvarse, primero sin tomar casi conciencia, algunos bajan con sus bolsos, luego con desesperación cuando el barco se ladea y vuelca sobre sí, y hay quienes se caen, otros se tiran, otros quedan atrapados en una trampa inclinada;  unos nadan a la orilla cercana, otro se ahogan o desaparecen….<br />
El capitán también…, o se cae cuando el barco se vuelca. Abandona el barco…<br />
Hay quienes dicen que estaba “enfiestado”, descuidándolo.<br />
Tenemos un culpable. Todo está bien.<br />
Un error humano.<br />
              Si es así la cosa, es bastante precaria. Siempre va a haber capitanes que se toman un tiempo para cenar, a veces la misma etiqueta les exige que sociabilice con el pasaje. Incluso habrá momentos que el capitán tendrá que dormir, y un día quizás un capitán se emborrache; y siempre puede haber una roca escondida que ni siquiera está en las cartas. Suele ser así.<br />
Pero los barcos no deberían hundirse.<br />
Al menos no tan fácil.<br />
Del “Titánic” aprendimos que el casco se rompió contra el témpano, porque el acero de aquel tiempo era demasiado rígido, que más bien no era acero sino casi hierro fundido y se quebraba como un vidrio. Hoy los aceros de los cascos de los barcos son cien veces más resistentes.<br />
También aprendimos que no tenía “Compartimentos estancos”, lo que evitaría que una vía inunde toda la sentina, hundiendo la nave. Desde aquella vez la ingeniería naval en grandes naves usa ese diseño a fin de evitar que el agua inunde la nave, sólo el compartimento dañado; haciendo que el resto no dañado la mantenga a flote, por más grave que sea la avería. En último caso dará el tiempo suficiente para que se haga el salvamento del pasaje sin pérdidas humanas.<br />
Aquí vimos que el Barco toma agua por babor y luego se recuesta a estribor, lo que muestra que el agua se movió sin contención alguna de un lado para el otro, y eso tumbó la nave. Por lo que se ve no tenía compartimentos estancos de ninguna naturaleza.<br />
Estas naves han ido creciendo en altura, como altos hoteles, manteniendo su manga, o sea su anchura, por lo que su base pasa a ser menor en relación; y podríamos concluir criteriosamente que, en consecuencia, ponen en riesgo su estabilidad. Eso lo enseñó la trágica crónica de tantos ferris del Mar del Norte, que en tiempos bastante recientes dieron vueltas de campana y se hundieron por el peso de su superestructura sumada al común sobrecarga de pasaje y automóviles. Hubo muchísimos de casos. Todos tenían en común, la relación crítica de la nave con su propia base.<br />
El error humano es circunstancial.<br />
Las naves deberían ser más seguras, existe la tecnología.<br />
Y el mar es implacable.<br />
El derrumbe del Las Torres Gemelas, demuestra que la ingeniería puede cometer excesos al avanzar a costa de mermar sus márgenes de seguridad, confiando en la alta tecnología utilizada. Se explicó que el fuego “fue demasiado”, había fundido el núcleo que sostenía cada edificio. Miles de litros de combustibles de los aviones incendiados fundieron los metales de su construcción. Cuando se construyó eran una de las maravillas del mundo. Ni el choque de cien aviones podría afectarlas. Era ineludible remarcar esto en aquel momento, ya que no muchos años antes, en el año cuarenta y cinco, un avión bimotor de bombardeo se estrelló en un piso setenta del edificio más alto de New York y provocó un incendio que provocó algunos daños en un par de pisos.<br />
              Claro que eran del viejo cemento con acero, aún no se disponía de los avances tecnológicos, de materiales y sistemas de alta tecnología; ni la morfología, ni las estructuras de avanzada, que permiten las más audaces creaciones de hoy en día.<br />
Barcos como gigantescos y confortables hoteles de lujo.<br />
Edificios que llegan casi a mil metros de altura. Ligeras y audaces formas y estructuras de metales livianos, fibras, vidrios; con jardines y piscinas en el cielo, girando sobre si mismos, inclinados, desafiantes.<br />
Pero aún grandes naves se hunden al tropezar con una roca, o modernísimos aeropuertos estallan bajo una tormenta, y torres caen como castillos de naipes por el choque de un avión; todo nos deja pasmados, como que son cosas que no deberían estar pasando…<br />
O al menos no de este modo.</p>
<p>*De Celso H Agretti. celsoagr@trcnet.com.ar<br />
18/01/2012<br />
Avellaneda, Santa Fe; Argentina.</p>
<p>Distancia*</p>
<p>Vivir a cada instante padeciendo<br />
la maldición innata<br />
de saberse incompleto;</p>
<p>mirarse cada día en el espejo<br />
y no saber si el reflejo es la respuesta<br />
y no poder siquiera descubrirse<br />
en esos gestos, esas distracciones,<br />
en ese pelo casi encanecido<br />
o en las facciones grises;<br />
y tan solo los ojos,<br />
muy lejos, en el fondo,<br />
como el vivo fulgor de una fogata<br />
ardiendo en otro sitio<br />
o quizá en otro tiempo,<br />
ardiendo acaso sin motivo<br />
en una dimensión desconocida<br />
o al final de un callejón desierto<br />
en el confín del barrio más humilde<br />
de una ciudad lejana&#8230; ¡tan lejana!</p>
<p>*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com<br />
De Por si mañana no amanece </p>
<p>http://sergioborao2011.blogspot.com/</p>
<p>Bebedero de pájaros*</p>
<p>*Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com</p>
<p>Bloody Mary</p>
<p>Las mesas del bar que me gusta están ocupadas. Camino pensando en el encanto de los golfos y las penínsulas. Recuerdo aquel verso: &#8220;él duerme en un lecho de paramecios&#8221;. En un charco poblado de protozoos ciliados. La bío-metáfora dañina me zumba en los pies y en los oídos. Doblo a la izquierda por una calle oscura que no conozco. Desde los acantilados barullentos de este laberinto orgánico e inorgánico llega el tambor y las trompetas de una fiesta. Subo siguiendo la calle empedrada. Mascullo estrofas de Perlongher.<br />
Las traiciono. Al masculino lo hago femenino. Al primer verso lo hago último. En un recodo, perros blancos corren tras una perra azul arrojada al asombro. Escucho tambores. Es mismo y otro el amor de hombre con hombre. La calle sigue subiendo hacia la luna. Los perros encorvan el lomo esperando su<br />
momento con la hembra azul que se peina con la lengua. Es mismo y otro el amor de perra con perro. Dos marineros corren cuesta arriba. Dos muchachas ríen cuesta abajo. Una mujer de pelo amarillo se asoma por la ventana. Suena más fuerte su corazón que los tambores. Los perros retroceden cuando la perra azul retrocede. La jauría atraviesa de lado a lado la gran noche asfixiada. Pero lo que llena el mundo no es la asfixia, ni el turismo, ni los paramecios, ni los perros, ni los hombres, lo que llena el mundo es el<br />
tambor de la mujer que se acorazona junto a la ventana, irrigada por hilos brillantes de Bloody Mary. Lo que llena la noche son los versos carnosos de Perlongher.</p>
<p>Cuatro escritores</p>
<p>Retorna un rumor de versos que por razones de memoria no se comparten. Somos cuatro dentro del coche moviéndonos de un sitio a otro a gran velocidad por una ruta tropical. Las casas son pequeñas. Alguien cree que vamos a estrellarnos contra un camión que viene de frente. Alguien confía en sus<br />
reflejos. Alguien rememora rutas argentinas. Alguien recobra sus miedos infantiles. Los cuatro, dentro del auto andamos en líneas de punto por la memoria. Uno de nosotros recuerda una vieja canción de la infancia. Todas las puertas de las pequeñas casas están abiertas. Uno de nosotros canta La vie en rose. A gran velocidad los pozos nos mueven en una danza africana.<br />
Uno de nosotros mira de adentro hacia fuera, luego de afuera hacia adentro.<br />
Los sacudones mezclan los puntos suspensivos. Bebemos agua. Los cuatro escritores bebemos agua. Cada cual sacia a su propio animal sediento. La luz del sol baja entre los bananeros. Uno de nosotros suspira. Uno de nosotros ve subir a Dios por una pequeña escalera hacia el cielo. Uno de nosotros no confía en lo que ve con sus propios ojos. Uno de nosotros cree que Dios sube para demostrar que existe. Los cuatro escritores tenemos piedad de ese Dios que sufre de vértigo. Dios sube los últimos escalones en cuatro patas y el universo le da vueltas. Cuando Dios intenta ponerse de pie cae sobre las plantaciones de banano. Verlo es un espectáculo escéptico. Los cuatro escritores nos hundimos en un maremágnum de puntos suspensivos.</p>
<p>Angel sin patas</p>
<p>Una de tus nubes merodea mi casa. Me quedo de pie, en el patio, un largo rato y escucho el viento y los pájaros (tu viento y tus pájaros). Escucho los versos de Billy Collins descender desde tu nube. Reconozco su fórmula íntima y musical. La refrendo como si fuera mía. Los versos y la nube se<br />
desvanecen y vuelven a aparecer. Apenas apoyados en sus patas se me acercan cabeza abajo y se repiten como todo lo que no puede tocarse con las manos.<br />
Tu viento y tus pájaros, vuelvo a decir, como si fueran míos. Tu nube peregrina cambia de formas. No sé qué hacer con mis manos, con mi boca devorándose a sí misma. Del vientre de la nube salen tus pájaros. Y los árboles de toda la ciudad podrían irse volando. Uno de ellos toma con su pico un trozo de tu nube y me la entrega. La coloco en una jaula sin barrotes. La alimento con semillas invisibles. Le doy de beber gotitas púrpuras de un ron imaginario. La nube se hamaca, la nube canta tu canción, la nube duerme, la nube habla con palabras que otros no entienden. La nube es un ángel sin patas. La nube pulsa las distancias para que mi boca y la palabra se unan furiosamente.</p>
<p>*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-32171-2012-01-21.html </p>
<p>Pelada la bombita*</p>
<p>Pelada la bombita pendiendo<br />
de un cable denodado<br />
y equidistante</p>
<p>Y en mi primera vez<br />
el deseo<br />
de una mujer joven toda<br />
desnuda maravillosamente.</p>
<p>*De Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar</p>
<p>UNO ENTRE 7.000 MILLONES* </p>
<p>(Meditaciones en momentos personales de transición existencial)</p>
<p>Última parte</p>
<p>*Por Alfredo Armando Aguirre. choloar47@rocketmail.com</p>
<p>http://choloar.tripod.com/Alfredo_Aguirre/</p>
<p>Nos dá la impresión que al efecto de la presente comunicación, hemos dicho casi todo lo que queriamos transmitir.<br />
Hace un tiempo estibamos en nuestro holon, un pensamiento de Jaspers: “En las situaciones límites está el origen de todo filosofar”. A propósito del concepto de “límite”, de antes nos venía el “siempre hay que tener las fuerzas necesarias para romper todos los límites”, del Marqués de Sade; y en fecha más cercana al presente incorporamos el presente de Edington en el sentido que: “el límite de nuestro lenguaje es el límite de nuestro mundo”. Y no sé porque asocio estos pensamientos a uno de Julio Verne, que leí hace mucho tiempo en un cartel: “Todo lo que un hombre pueda imaginar otro podrá realizarlo”.<br />
Hay estudios que señalan que el retiro laboral o jubilación es una situación límite. Y ha de reiterarse, que en el principio de esta ya larga comunicación, apuntábamos que estamos en los prolegómenos de nuestra salida del sistema laboral formal.<br />
Sin perjuicio que formulemos alguna comunicación específica, nuestra salida del servicio público federal argentino, nos resulta una ocasión, digamos una “situación límite”, como para discurrir acerca de todo lo vivido.<br />
La vida, aun durmiendo y soñando, es indivisible. Más allá de las múltiples convenciones, cada existencia concreta es indesglosable;  desde el principio al fin.<br />
Por nuestras sensibilidad ha pasado lo que hemos vivenciado en nuestro entorno desde que vinimos al mundo.<br />
A veces cuesta,  y mucho, ponderar, aquellos primeros seis años de vida sobre los que &#8211; hay consenso científico &#8211;  se modelan las respectivas personalidades.<br />
Por una extraña suerte de vocación y de destino, hemos podido bucear hasta donde hemos podido en esos primeros años y hasta nos hemos remontado hacia nuestros ancestros, que resulta indudable algo han aportado con la carga genética luego sometida a intensos estímulos formales e informales, que eso al fin de cuentas somos cada uno de nosotros.<br />
Mas un desencadenante para formular una comunicación como la presente, ha sido un concepto que abrevamos en una de esas oportunidades de capacitación que se han habilitado para los servidores públicos federales argentinos, por iniciativa el entonces Ministro Beliz hacia 1992 . En un curso sobre Gestión del Conocimiento (KM), allá por el 2006, nos enteramos de la existencia de la institución del “EXIT QUESTIONAIRE”, tal como se da en el Estado canadiense de CALGARY. Este instituto de origen inglés y que también se aplica en Estados Unidos, consiste, en que cuando un servidor público permanente se jubila, existe el requisito de que deje por escrito una suerte de memoria de aquello que puede servir a la organización que deja. La verdad es  que anoticiados de esta noción, la misma  nos viene resultando altamente estimulante y nos induce no solo a hacer un “formulario de salida”, de nuestra vida laboral, sino extenderlo a todo lo que hemos aprendido dentro de los ámbitos laborales o concomitantemente con ellos, fuera de los horarios de trabajo.<br />
No nos parece ocioso reiterar que el servicio público es una formidable oportunidad de aprendizaje, para quien tenga  avidez de conocimientos (y estimamos que ese ha sido nuestro caso).<br />
Además por múltiples motivos; nuestra condición de corredor pedestre no ha sido la menos significativa(tampoco nuestras excursiones a pie), hemos recorrido el país, tomando nota de todo lo que veíamos ello fue aún  antes de enterarnos ese pensamiento de Hernández arriba consignado acerca que : “ todo el mundo es escuela”.<br />
Deliberadamente hemos querido hacer una suerte de actualización (upgrade) de nuestra visión del mundo circundante, en un punto de inflexión de nuestra parábola existencial.<br />
No hay pretensión de imposibles asepsias ideológicas, o similares enmascaramientos. Solo hemos pretendidos decir más lo que venimos sintiendo que lo que venimos pensando aparentemente fríamente.<br />
Motores de búsqueda mediante, colocando entre comillas nuestros nombres y apellido completo, se puede acceder a gran parte de las comunicaciones que venimos formulando o al listado completo de las mismas.<br />
Aunque formen parte de un único discurso sujeto a las periódicas actualizaciones que el entorno  viene induciendo a nuestro holon; hasta donde nos es posible hemos intentado compartir cosas que tal vez estaban subyacente en nuestras comunicaciones, y que deseamos compartirlas mas explícitamente.<br />
Nos animamos a decir que queremos transitar en un planeta donde primen las relaciones interpersonales “cara a cara”; donde uno se pueda desplazar con nuestras propias fuerzas físicas, o con ayuda de animales, o del sol o del viento; y donde los bienes se produzcan hasta donde sea posible con nuestras propias manos.<br />
Suena a utópico.<br />
Por suerte gracias a las TICs, nos venimos enterando que no estamos solos en la utopía. El final queda abierto. No sabemos por nuestra parte si podemos decir algo mas al respecto&#8230;Por ahora&#8230; </p>
<p>(Buenos Aires 16 de enero de 2012)</p>
<p>*</p>
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		<title>LAS PALABRAS VUELAN MÁS&#8230;</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Jan 2012 01:19:54 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[PRECIOS* ¿Quién paga los derechos del velero que escribe adiós en la tarde que no puede volver? Juan Gelman *Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar No es que uno idealice este lugar porque ha nacido en él, o porque la distancia sea la paridora de una nostalgia tremebunda. No. A nadie escapa –y en mí menos- que [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=inventivasocial.wordpress.com&amp;blog=467829&amp;post=249&amp;subd=inventivasocial&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>  PRECIOS*</p>
<p>  ¿Quién paga los derechos del velero<br />
            que escribe adiós<br />
                            en la tarde que no puede volver?<br />
                                         Juan Gelman</p>
<p>  *Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar</p>
<p> No es que uno idealice este lugar porque ha nacido en él, o porque la distancia sea la paridora de una nostalgia tremebunda. No. A nadie escapa –y en mí menos- que por aquí también se cuecen habas y hay gente que pretende vivir pisando al prójimo. Como en todos lados. Pero también es cierto que aquí hay gestos que tienen los vecinos entre sí que en las grandes ciudades son absolutamente imposibles y hasta suenan a cuento.<br />
            Debajo de los fresnos hay una mesa redonda de cemento donde mis padres cenaban en las noches de verano.<br />
            Hoy en ese lugar José Farina me deja el agua potable aunque yo me olvide de dejarle las monedas.    No es raro que sobre esa misma mesa encuentre una bolsa con choclos de la quinta de mi vecino, don Chávez, hombre del norte, grave como un antiguo criollo que sonríe con discreción cuando voy a su casa para agradecerle su obsequio silencioso ya que todo sucede en mi ausencia.<br />
            Cuando miro ese viejo trinchante que durante tantos años mi madre había deseado, repleto de vasos, vasitos, pocillos protegidos por ese vidrio con su puertitas corredizas, es como si mirara la historia de la casa y la mía propia. Cada objeto que reposa allí tiene la suya y verlos allí es como un texto donde se interpretan sucesos menores pero también algunos grandes que se pueden enlazar sin tanta exageración con hechos más amplios que se vinculan con la historia a secas.<br />
            Debo reconocer también que la mayoría de esos pocillos que son restos de juegos que mi madre habrá comprado con no pocos sacrificios, poco me dicen, o, me cuentan historias ya cada vez más fragmentarias, cada vez más olvidadas y, lo que es peor, no puedo compartir con nadie, pese a que no resisto la tentación de ir usándolos para que ellos no sientan (si es que los objetos sienten) que han tenido una existencia vacía.<br />
            Quedan algunas tazas verdes y amarillas donde mis hijas reconocen haber tomado allí el café con leche que mi madre les servía en su infancia. Y eso me hace feliz, porque veo que la tradición de esos objetos mudos no se corta con el paso de las generaciones.<br />
            Abro luego un antiguo aparador con sus estantes atestados de libros y colecciones de revistas que fui llevando para hacer lugar en mi biblioteca. La idea era curiosear, pero el calor acobarda pronto mi voluntad y salgo al patio dende una sombra propicia me espera, y bajo esa fronda espesa escucho el piar nervioso de los pájaros cuyo canto ya no reconozco. Inútil  espero el vuelo alto de los patos, o la escuadra perfecta de las garzas moras hacia aquellos bañados, porque ya no existen. Andan sí, bandadas bullangueras de cotorras, que vienen de otros lugares donde la deforestación es implacable. Es la soja que empuja el equilibrio ecológico, signos de los tiempos que nos acosan duro.<br />
            Hay alguna gente aquí que tiene otros valores. Juan Carlos Sequeira, por ejemplo, el popular Bomba, quien una vez nos hizo un gol en un clásico a los dos minutos y no pudimos remontar el resultado. Recuperé –me dice- el patio de mi infancia que yo llamo “mis raíces”. Porque digo, ¿qué precio tiene ese lugar donde yo corría saltando una cuerda o jugaba con mi pequeña pelota o con mi trompo?<br />
            Lo miro sin contestarle. Pero pienso, este hombre es un sabio.<br />
            Luego me invitó a un asado allí, donde circula entre sus tomates y sus frutales que son industria de sus manos.  Me reí de muy buena gana con sus ocurrencias y la de sus amigos: los dos Raúles – Lisi y Ferreyra-, mi hermano y José Rainiero al que llaman El Príncipe.<br />
            Ese patio profundo de buen cuidado césped, con su fresno añoso y alto, el correteo de los gorriones, las nubes que se agolpaban grises en el sopor del día amenazaban una tormenta que el campo esperaba como un perro sediento. De regreso con mi hermano nos acompañó una cortina de lluvia que rodeaba al auto por las calles desiertas del pueblo.<br />
            Estas pocas cosas ocurren todavía en mi pueblo, donde un amigo que vende quesos deja en un lugar la llave para que algunos de sus clientes se atiendan solos si necesitan algo de urgencia. Pesan la horma en la balanza y le dejan anotado en un papel aquello que se llevaron.<br />
            Mientras quede esta gente, esta buena gente dando vueltas por las calles de mi pueblo, seguramente quedarán cosas vivas.<br />
            Aunque ahora las garzas busquen otros cielos más propicios para surcar con su vuelo perfecto.<br />
            Pero aún quedan las golondrinas que vuelan en círculos cada vez más cerrados hasta que orientan sus picos hacia el olor del mar lejano y allá van en formación perfecta como regalo a nuestros absortos ojos renovados que la miran siempre </p>
<p>LAS PALABRAS VUELAN MÁS&#8230;</p>
<p>SALSIPUEDES*</p>
<p>     Hay una localidad en Córdoba que tiene este nombre temible. Salsipuedes. Este nombre –lo repito, temible- parece decir que el visitante llegará con facilidad pero no tendrá la misma holgura en el momento en que quiera abandonar el pueblo.<br />
     Hablábamos con unos amigos sobre los grupos, y defendían ellos los cruceros diseñados para cubrir las expectativas de pasajeros gays. Decían, y me parece un punto reconocible, que de haber sólo personas homosexuales en ellos, nadie es mal mirado ni señalado, todos pueden compartir los códigos como la música, cierto lenguaje,  la decoración, los puertos a tocar que son ciudades donde existen barrios gays. En fin, me decían que en estos barcos así como en ciertos hoteles temáticos, todo está pensado para satisfacer las necesidades de un público específico. Y, recalcaban, en esos lugares nadie debe fingir ni esconderse pues todos participan de una misma condición.<br />
     Para poner a prueba una idea, es bastante útil el viejo truco de la reducción al absurdo. Pongamos un ejemplo diferente para ver lo mismo desde más lejos, desde cierta extrañeza u otra luz quizás no tan cenital sino una luminiscencia de atardecer donde las sombras se alargan.<br />
     Propongo, entonces, un crucero sólo para personas negras, con el fin de que no se sientan discriminados por los blancos, puedan disfrutar a destajo de su maíz cocido, escuchen góspel mañana tarde y noche,  y tengan inclusive, detalle simpático, en vez de un minigolf un pequeño algodonal en cubierta para que los niños practiquen los antiguos oficios de sus ancestros. Me dejo llevar e imagino bares temáticos con grilletes y látigos pero ya es suficiente.<br />
     No es lo mismo, dicen.<br />
     Y qué tal un crucero sólo para aborígenes, con un precioso tótem a manera de mascarón de proa, artistas dedicados a pintar curiosas máscaras guerreras a los pasajeros, y todo un arsenal de plumas de colores para que las damas elaboren su propio tocado. Muy creativo y, como en los anteriores, con una absoluta libertad y comodidad ya que se encontrarían sólo y únicamente entre pares. Si todos participan de un grupo homogéneo, no hay discriminación, ya que no se puede separar un grano de la taza de arroz.<br />
     Podría haber un crucero sólo para mujeres para que no se vean expuestas a vejámenes, como se había propuesto en México un autobús femenino. Excelente idea si las hay. Recuerdo en este punto a un obispo católico de aquí en Argentina, que propuso una ciudad para los homosexuales, así no eran molestados por la gente normal. Esto es en extremo caritativo y ejemplo de conducta. Sería como realizar un pueblo para depositar a los mancos, otro para los sordos, y de allí en adelante y todo lo que se les ocurra. Es claro que nadie se burlaría de un ciego si todos quienes comparten la vida son invidentes. Buena solución, virtuosa y pensando en el bien de los pobres anormales.<br />
     No caigo en la ingenuidad de creer que una pareja gay se sienta cómoda en medio de una sociedad homofóbica, que una familia de negros disfrute de una felicidad sin atenuantes en medio de una población blanca, que una mujer camine con tranquilidad en un autobús donde viaja la hinchada de un equipo de fútbol a la cancha. Un aborigen es consciente de sus rasgos, y de que muchas personas hallarán algo reprobable en la rasgadura de sus ojos o el color de su piel.<br />
     Pero fabricar el propio gueto es un camino riesgoso, donde la protección para que el daño no entre se transforma en una barrera que impide salir.<br />
     No queda otra cosa que el ejercicio de la valentía para que los tiempos se desarrollen y cambien. No es simple y no nos engañemos, es doloroso. Más fácil es construir reservas, barrios privados, encerrarse en casa o fingir que uno es otra cosa. Pero se pierde la dignidad en el sendero de la sombra.<br />
     Una nena me dijo, cuando trataba de convencerla de que es hermosa con su pelito oscuro y sus ojos profundos “qué viva, vos tenés ojos verdes”. Acusación dolorosa y desgarradora. Tiene razón, cómo pedir coraje a los otros. Lo único que puedo hacer es no sumar ladrillos para que se erijan muros.<br />
     Cuidado con los Salsipuedes. Finalmente hay un laberinto para cada Minotauro.</p>
<p> *De Mónica Russomanno.  russomannomonica@hotmail.com</p>
<p>LA SAGA DE MIS DELIRIOS*</p>
<p>I</p>
<p>Los ojos siguen tus huellas,<br />
la sonrisa, la sombra de tu alegría<br />
y las lágrimas, ¡Si!, las lágrimas,<br />
humedecen las ansias del corazón que late,<br />
el deseo de tenerte<br />
y remontar distancias,<br />
y elevar el cuerpo inerte, sobre valles,<br />
y montañas<br />
y llegar a ti</p>
<p>contemplar tus bellos ojos negros,<br />
sumergir en ellos, lo que queda de vida,<br />
y desplazar el espíritu en las profundidades de tu alma,<br />
y acariciar tu rostro, ese rostro amado,<br />
sentir el calor de tu piel quemando mis deseos,<br />
y el sabor de tus labios,<br />
Oh!,tus labios que tanto anhelo&#8230;<br />
y dormir en tu lecho, el sueño eterno</p>
<p>II</p>
<p>Veo tu imagen alada<br />
entrar por la ventana,<br />
roconozco tu rostro, tu cuerpo,<br />
más no tus alas<br />
-seguro, es un delirio-<br />
pero no tengo fiebre, no, no la tengo,<br />
es más, creo que siento frío,<br />
y te acercas<br />
y en tus alas envuelves mi esqueleto,<br />
recitas versos, tu sonrisa acaricia mi embeleso,<br />
y la muerte baila alrededor<br />
y canta canciones de cuna</p>
<p>pesados los ojos, helados los huesos en el calor de tus alas,<br />
y mi corazón arde en el sepulcro de tu aliento</p>
<p>III</p>
<p>Las cenizas yacen esparcidas<br />
no veo tu rostro, todo es niebla espesa,<br />
a lo lejos un murmullo</p>
<p>la imagen tiembla<br />
no hay recuerdos en la memoria,<br />
y desplazarse a ciegas, entre los secretos<br />
oscuros de un agujero que flota,<br />
y de pronto:  ¡resplandecen las tinieblas!<br />
&#8230;el último latido, el último segundo</p>
<p>las cenizas yacen esparcidas</p>
<p>IV</p>
<p>Transcurre un instante sin tiempo<br />
el esqueleto yace acurrucado<br />
en el vacío de la conciencia sin nombre<br />
y los estertores gimen<br />
y la oscuridad busca desesperada,<br />
la tibieza alada, esa que quedó presa,<br />
en el fragmento del último latido, ¡Si!<br />
del último vestigio luminoso de amor<br />
y recuerdo en el corazón</p>
<p>un lugar sin espacio<br />
acurrucado el esqueleto<br />
perdido en la bitácora etérea,<br />
llora lágrimas que bañan los astros<br />
y transgreden la lógica<br />
del espacio sin tiempo<br />
y del tiempo sin espacio<br />
y caen, delicadas, quejumbrosas,<br />
fundidas con la lluvia<br />
y tocan los cristales de tu ventana<br />
y en un descuido, algunas rozan tus mejillas<br />
y otras te usurpan un beso.</p>
<p>*De Ruth Ana López Calderón.  anilopez20032000@yahoo.es</p>
<p>Las palabras vuelan más*</p>
<p>He muerto tantas veces que ya ni recuerdo… diversas voces me han susurrado que estaban para cobijarme en el silencio más opaco. Así amarrada a esos nidos me he confiado a entregar lo mejor y lo peor de mi.<br />
Pero la cama radiante se transformo en un salto al vacío.<br />
Recompuesta en mis sobresaltos he aprendido que las palabras vuelan más que los abrazos. </p>
<p>*De Azul. azulaki@hotmail.com</p>
<p>CUANDO EL VIENTO SUR*</p>
<p>“Sin ningún viento, ¡hazme caso!, gira, corazón; gira, corazón”.<br />
FEDERICO GARCÍA LORCA</p>
<p>Cuando el viento sur se vaya<br />
¿Quién refrescará el  sonido de la flecha y la última  bala?<br />
¿Dónde llorará  el río cuándo  se seque el cauce de la noche?</p>
<p>¿Quién  alumbrará la madriguera del  topo?<br />
¿Dónde irá cuando  la  nieve  apague el  brillo de la  última  lluvia?</p>
<p>¿Quién se  atreverá  a devolver  amor  a la cuna vacía?</p>
<p>¿Dónde  irán   estas  palabras, golondrinas  perdidas?<br />
¿Hasta cuándo buscarán la sombra de su sombra?</p>
<p>¿Adonde irá la sombra del viento sur?<br />
¿Adonde irá la niña sin los vientos? ¿Lluvia, sequía, pedregal?<br />
¿Adonde?</p>
<p>*De Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar</p>
<p>LAS INDIGNADAS* </p>
<p>Decían de Discépolo &#8220;le duele como propia la cicatriz ajena&#8221;<br />
Pero acaso es ajena la herida de la crucificción de esta niña de 11 años de Concordia.</p>
<p>¿La iglesia sigue necesitando cruces  y hogueras? ¿Por eso elije a las más débiles, a las nenas  y a las mujeres pobres? Que tienen para decir del tema los curas de tercer mundo. Parece que han hecho opción por los pobres pero no por las pobres. La iglesia encarna una ideología &#8220;el patriarcado&#8221; a la que sirven gobernadores , ministros de salud, jueces y un largo etc. No todos los hombres siguen esta ideología ni todas las mujeres están en contra. Quiero destacar los artículos de Stola, Carabajal y Wainfeld que salieron en Página 12. sobre el tema y les pido que sigan escribiendo sobre los actos de violencia contra las mujeres que no cesan.<br />
TAMBIÉN ES INDIGNANTE  tener que dar razones para lo que está a la vista.<br />
Pedimos la soberanía en las islas Malvinas, pido también para esta nena, para todas las nenas y todos las mujeres, sobre su vida. Pido que no quieran usar su cuerpo como un envase. Las palabras del ministro de salud de Concordia cuando dice &#8220;la naturaleza es sabia&#8221;, son un insulto, tendrá  que renunciar y pedir primero disculpas a todos los que ofendió con sus palabras. No se enteró el señor ministro que los seres humanos somos seres de cultura y no de la naturaleza como los animalitos. Podría repetir estas palabras necias a las víctimas de terremotos por ejemplo.</p>
<p>¿Sabe el señor ministro los daños que pueden darse en el sistema oseo que todavía se está desarrollando en una nena en crecimiento por el gran requerimiendo de calcio de un embarazo?<br />
Si no lo sabe es un ignorante, si no sabe el daño psíquico de sentir la invasión del cuerpo por algo que no se quiere ni se está preparada para entender. Si no lo sabe como lo sabemos los que trabajamos con la salud mental, no merece el puesto que ocupa. Es posible pedir y lograr que se respete a las mujeres y a las niñas, su deseo, su vida, sus decisiones, su integridad. Desde 2003 en adelante se ha avanzado mucho en derechos humanos  y en la integración de las minorías, por eso es inadmisible que dejemos a las niñas pobres sujetas a la violencia de una dictadura sobre sus cuerpos. Hay que desactivar la influencia de la  iglesia y las patotas que sostienen sus principios miortíferos para las mujeres , en el sistema de salud  y en otros. </p>
<p>A luchar con ternura e ideas, eso que ellos no pueden esgrimir.</p>
<p>*De Cristina Villanueva. cristinavillanueva.villanueva@gmail.com </p>
<p>El cuerpo expropiado*</p>
<p> Por Enrique Stola *</p>
<p>No es una historia talibán. Ocurre en Entre Ríos, Argentina, siglo XXI. Una niña de 11 años, violada y embarazada. Tempranamente ella aprende los códigos machistas: el cuerpo de las mujeres pertenece a los hombres. Su humilde mamá pide ayuda profesional. Rápidamente aparecen quienes son los guardianes de la moral, de las leyes y los representantes del Estado provincial y decretan que el cuerpo de la niña les pertenece. La niña pide “volver a ser como antes”, seguir siendo niña. Los guardianes dicen NO. El NO se ve reforzado por la presión de los aliados de la muerte, fanáticos que se llaman “pro-vida” y suspiran cada vez que una mujer pobre muere por un aborto clandestino: la muerte es la forma en que Dios hace pagar el pecado de abortar. Ningún médico/a, cuando diagnosticó el embarazo, informó a la mamá sobre los derechos que la niña tenía (tenía, porque sus derechos fueron confiscados por el Estado). Nadie le dijo que la Organización Mundial de la Salud la tiene en cuenta y que ella, con sólo 11 años, no goza de buena salud por el disparo al psiquismo sufrido y que sufrirá aún más cuando le impongan ser madre, ya que no tiene autonomía para decidir. Mientras, el director del Hospital Masvernat de Concordia informó al juez que ella era un buen armario-contenedor y que podría parir sin riesgo. Si no, que no se preocupara: el ministro de Salud había pensado ya en una cesárea. ¡Todos hablan de la buena salud del armario-contenedor! Nadie le dice a esta niña que si fuera hija o nieta del juez, del ministro o de los médicos, en estos momentos estaría jugando y ya habría vuelto a ser la que era. Si ella fuera de clase media o alta, no se violarían la Convención Internacional de los Derechos del Niño ni las leyes 26.061 y 26.485. El aborto no punible se habría realizado sin inconvenientes para su salud, y el estrés postraumático por la violación podría resolverlo con psicoterapia.<br />
Ella sólo es una niña pobre que sufre un atentado a su salud psicofísica, un festín para la ignorancia, la hipocresía y la cobardía social.</p>
<p>*Médico psiquiatra. Psicodramatista.<br />
*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/185863-57462-2012-01-20.html</p>
<p>Libros*</p>
<p>Varado entre murallas y gaviotas. Seis entradas en la bitácora de Maqroll el Gaviero es una guía de la obra de Álvaro Mutis escrita por Diego Valverde Villena. Varado entre murallas y gaviotas es un vademécum que nos ayuda a recorrer las páginas mutisianas, un mapa literario de las rutas del Gaviero.<br />
Diego Valverde Villena -viajero como Cendrars, connaisseur como Morand, lector como Larbaud- entra en la bitácora del Gaviero y nos ofrece las claves de su mundo.</p>
<p>Diego Valverde Villena (1967) es licenciado en Filología Hispánica, Filología Inglesa y Filología Alemana y magister en Literatura Inglesa. Ha realizado estudios de doctorado en Literatura en las universidades de Oxford, Heidelberg, Tubinga, Chicago y Complutense de Madrid. Desde 1992 ha sido profesor en varias universidades europeas y americanas. Su poesía aparece en numerosas antologías y ha sido traducida a varios idiomas. Sus ensayos, guiados por lecturas de un hedonismo borgiano, exploran la<br />
literatura universal, con especial dedicación a la literatura hispanoamericana.</p>
<p>-Si está interesado en adquirir este libro, envíenos un correo electrónico a info@auroraboreal.dk<br />
con la referencia Varado entre murallas y gaviotas.</p>
<p>-Fuente: Aurora Boreal.</p>
<p>http://www.auroraboreal.net/index.php?option=com_content&#038;view=article&#038;id=1119:libro&#038;catid=76:lo-mas-soliticitado&#038;Itemid=205</p>
<p>*</p>
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		<item>
		<title>TODO VIAJE ES LARGO CUANDO ES EN SOLEDAD&#8230;</title>
		<link>http://inventivasocial.wordpress.com/2012/01/30/todo-viaje-es-largo-cuando-es-en-soledad/</link>
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		<pubDate>Mon, 30 Jan 2012 01:15:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>inventivasocial</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[UNIÓN DE SOLEDADES.* El trayecto era el mismo de todos los días, pero no un día igual a todos, ¡Era domingo! El pueblo recostaba su desgano sobre el asfalto, las ventanas de las casas estaban cerradas, nadie osaba interrumpir el silencio. Sobre las veredas abandonaban su inutilidad botellas de vino vacías y otros deshechos dejados [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=inventivasocial.wordpress.com&amp;blog=467829&amp;post=247&amp;subd=inventivasocial&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>UNIÓN DE SOLEDADES.*</p>
<p>El trayecto era el mismo de todos los días, pero no un día igual a todos, ¡Era domingo!<br />
El pueblo recostaba su desgano sobre el asfalto, las ventanas de las casas estaban cerradas, nadie osaba interrumpir el silencio.<br />
Sobre las veredas abandonaban su inutilidad botellas de vino vacías y otros deshechos dejados por jóvenes que volvían de juerga a la madrugada.<br />
Caminar en medio de ese oasis  distendía los nervios.<br />
Un perro callejero se me acercó.<br />
- También tú estás solo, &#8211; le dije.<br />
Fijó en mí su mirada perdida, movió su cola como agradeciendo el contacto de mi palabra. En ese momento creo que se sintió vivo, ya no estaba solo.<br />
Yo tampoco.</p>
<p>*De Emilse Zorzut.  zurmy@yahoo.com.ar </p>
<p>TODO VIAJE ES LARGO CUANDO ES EN SOLEDAD&#8230;</p>
<p>LIGEROS*</p>
<p>Como ligeros roces de mariposas<br />
Como el tenue rayo de sol que apenas toca,<br />
Palabras y acciones pasan volando<br />
Sin ecos, sin huellas, sobre desérticas arenas<br />
Ególatras<br />
Y las almas rotas por doquier<br />
Derraman granos de tristeza.</p>
<p>Expectativas enterradas en las dunas:</p>
<p>Inútil trascender un espejismo<br />
Inútil vencer la indiferencia.</p>
<p>*De Ruth Ana López Calderón.  anilopez20032000@yahoo.es</p>
<p>El cisne desplumado*</p>
<p>El cisne desplumado<br />
Fue cuidado por otro chiquito<br />
Que le dio de beber<br />
Unos brebajes en un frasquito<br />
De repente se irguió imponente<br />
Desparramó sus plumas<br />
De color azul<br />
y voló por los aires independiente<br />
se fue de viaje por las corrientes<br />
y desde el cielo miró a su amiga<br />
que la seguía con su mirada elogiosamente<br />
el cisne es un ave de danzas presumidas<br />
en las que suele jugar a las escondidas<br />
es simpático e inteligente<br />
y cuando sueña se libera de su pollera<br />
se le ve su calzón anticuado<br />
que con esfuerzo con su pico<br />
tira y tira para que no le quede arrugado.-</p>
<p>*De Azul. azulaki@hotmail.com<br />
28/1/12 Para Alicia.</p>
<p> El nombre de mi hija*</p>
<p>El nombre es una forma de la belleza , tiene pliegues que esconden. Una selva sedosa, el silbido del viento, los animales, los paisajes no domesticados, El abrupto caer de las flores hacia el mar del paisaje italiano. El nombre, un acuerdo pleno de la  memoria que lo forma. Una vida verde. Floreciente de esperas. Surgió pronto, sin dudas y el 27 de noviembre apareció Silvana y fue llamada con esa sonoridad de música que la estaba esperando</p>
<p>*De Cristina Villanueva. cristinavillanueva.villanueva@gmail.com </p>
<p>El LEMA*</p>
<p>La vida había transcurrido muy deprisa y los tiempos en que estaba el grupo completo eran sólo recuerdos. Uno a uno fueron quedándose en el camino y él, era el último.</p>
<p>Estaba sentado a la mesa, delante de los quince espárragos silvestres que había conseguido encontrar.<br />
&#8230;<br />
Hoy el viejo lema cobraba sentido. Tomó el plato del centro de la mesa y acercándoselo murmuró: &#8220;Todos para uno&#8230;&#8221;</p>
<p>*De Joan Mateu. joan@cimat.es</p>
<p>*</p>
<p>El vapor de sus  labios embriagados de vergüenza<br />
Hacían de su tez un envoltorio ríspido<br />
Huidizo de las miradas ajenas<br />
El creía, por su inseguridad,<br />
Que todos miraban sus vicios,<br />
Sus debilidades, su impronta de imperfección<br />
Inhalando el humo vaporizador e inspirante<br />
De  los que sufren la carga de la perfección<br />
Y los mandatos ancestrales<br />
Como un delincuente furtivo<br />
Escondido en las tinieblas<br />
Del que dirán, los jueces de túnicas<br />
Anticuadas y pelucas payasescas<br />
Hurgaban en su interior<br />
Trepanando en sus oídos<br />
El ser respetuoso de las normas<br />
De los decires y del conformismo.<br />
Era, de a ratos, un personaje autentico,<br />
Sin modelos concebidos y un insulto a la mediocridad.<br />
No era siempre así, solamente cuando<br />
Podía romper las barreras de la costumbre.-   </p>
<p>*De Azul azulaki@hotmail.com</p>
<p>Cartita*</p>
<p>Era el día de la adversidad. De la percepción de un fracaso crónico.<br />
Como otras veces el hombre busca un antídoto.<br />
Recuerda el final de la cartita de su hija: &#8220;yo sé que vos haces lo que podes. Te quiero mucho&#8221;.<br />
Respira hondo.<br />
Sonrie al sol.<br />
Sigue adelante.</p>
<p>*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com</p>
<p>Estos ‘panchólares’ sí valen*</p>
<p>Los habitantes del municipio de Espinal, un pequeño pueblo de la sierra veracruzana, están utilizando el Túmin, una moneda que se inventaron y que se basa en el sistema de trueque. Sus billetes salieron en noviembre de 2010 y ahora el Banco de México los acusa de rebeldía monetaria mientras que la Procuraduría ya investiga a estos osados que se atrevieron a desafiar al peso</p>
<p>*Laura Castellanos<br />
SPINAL, Veracruz | domingo, 22 de enero de 2012 </p>
<p>“Aquí se recibe Túmin”, anuncia un letrero pegado a una computadora de un cibercafé de este pequeño pueblo de la sierra del Totonacapan, cuatro horas al norte de Xalapa y cuatro horas al sur de la franja limítrofe con Tamaulipas, donde el narcotráfico dejó cadáveres decapitados y baleó autobuses de pasajeros la Navidad pasada. </p>
<p>La dueña de Ciber Castell, Irene Fidencia Castellanos, es una maestra jubilada de mirada dulce y temperamento decidido. Ella presume el letrero que promueve los “túmin”, palabra totonaca que significa dinero. Son los vales usados en el sistema local de trueque de bienes y servicios que tiene ansioso al gobierno federal, ya que considera que el pueblo incurre en rebeldía monetaria. Su cabello recogido y la blusa blanca con flores amarillas le dan un aire fresco, animoso. Pero sus ojos resplandecen cuando ejemplifica el funcionamiento del túmin: ella recibió de una niña el pago del servicio de internet por una hora. En cualquier lugar el costo sería de diez pesos. Aquí la niña paga ocho y entregó dos túmin con la imagen de Emiliano Zapata. Cada uno equivale a un peso. A la niña le dio los túmin su mamá, que es la dentista del pueblo, porque algún paciente le pagó una parte proporcional de su servicio con ellos. La maestra a su vez los usará para completar su compra de leche, carne,  huevos o tortillas.<br />
“Es magnífico”, opina la maestra del proyecto de mercado alternativo en el que participa desde hace un año y que incluye un centenar de comerciantes y prestadores de servicios. Dice que le alcanza más el dinero, se promueven productos regionales, sus relaciones con otros socios son cada vez más cercanas, se estimula la microproducción y su municipio, sumido en el olvido y la pobreza, gana identidad y visibilidad. Todo por el túmin.<br />
—¿Se siente orgullosa de ser tumista? —ella inventó el término para los asociados, la mayoría mujeres.<br />
—Sí, claro que sí, estoy orgullosa de ser tumista.<br />
 Y cómo no va a estarlo, si el proyecto que echó a andar un grupo de maestros de la Universidad Veracruzana Intercultural (UVI) comienza a extenderse al municipio vecino de Papantla, ya despertó el interés de otros municipios y de comunidades en polos distantes del país, y llamó la atención de la prensa nacional e internacional. También del Banco de México (Banxico), la institución reguladora de la política monetaria en el país. Esos papelitos de apariencia inofensiva, de ocho centímetros de largo por cuatro centímetros de ancho, con denominaciones de 1, 5, 10 y 20 túmin son de naturaleza explosiva. Están  diseñados de forma artesanal, con la obra de pintores mexicanos, en cuyo frente se lee: “Mercado alternativo y economía solidaria”, y en el dorso: “Sembremos justicia y el fruto será paz”, con el sello y nombre de sus promotores: Juan Castro Soto, presidente, Álvaro López Lobato, secretario, y Blanca Xanath García Cruz, tesorera. A un año de estar en circulación provocaron un cisma en Banxico, que pidió la intervención de la Procuraduría General de la República (PGR) para abrir una investigación contra ellos: consideran que es un fraude sustituir al peso. Domingo buscó una entrevista con Banxico pero la institución no la otorgó.<br />
La maestra Irene rechaza la postura de Banxico y dice que por sí mismo el papelito no tiene relevancia, sino lo que mueve en las conciencias y la cotidianidad de sus usuarios. “No es una moneda, es un vale, somos nosotros quienes le damos el valor”. Cuenta que ella le dio “gracias a Dios” cuando el proyecto del túmin echó a andar en noviembre de 2010. Arrancó como un gesto de desobediencia popular en el contexto del bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución Mexicana, ante las políticas económicas decididas desde el poder. “Ahora sí nos va  alcanzar nuestro dinero”, recuerda que decían los socios fundadores. Su mecanismo es sencillo: únicamente la red de comerciantes y prestadores de servicios que voluntariamente se suman son provistos de 500 túmin que circulan entre sí. Cada quién establece la parte proporcional de pesos y túmin a recibir a partir del 10 por ciento de la cantidad total a pagar. De esta manera, por ejemplo, si la maestra quiere comprar un kilo de carne a otro tumista, en vez de pagar 70 pesos paga 50 pesos y 20 túmin. A ella le sale más barata esta carne, por lo que no la comprará en un supermercado de las ciudades cercanas de Papantla o Poza Rica. El carnicero a su vez usará esos 20 túmin en otro bien o servicio tumista. Así se diversifica y fortalece el mercado espinalense para bien de la población general.</p>
<p>La maestra reprocha que el gobierno federal no vea las bondades del túmin. Pero su rostro no pierde la serenidad cuando narra cómo en la primavera pasada, a cuatro meses de haber iniciado el proyecto, un desconocido tocó a la puerta del Ciber Castell.<br />
El hombre se identificó como agente de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) de la PGR e indagaba sobre el sistema del multitrueque. Ella dice que no se amedrentó por su presencia. “Como todo ser humano merecía ser atendido y le ofrecí un café”, narra con un dejo de ternura. “Decía mi madre que una gota de miel hace más que una gota de hiel”. Entre sorbo y sorbo de café, el agente le preguntó a la maestra del presunto uso fraudulento del túmin, su convencimiento para utilizarlo, su circulación, su futuro. Dice que le respondió  tranquilamente a todo. </p>
<p>—¿Por qué usan el túmin? —le preguntó el agente, muy instalado en el comedor. </p>
<p>—Porque simple y sencillamente nuestra moneda ha subido tanto que no nos alcanza. No queremos defraudar ni nada. Es muy bueno que la Procuraduría venga aquí, pues eso me hace sentir que mi túmin es grande, que vale la pena, y es la piedrita que la PGR siempre va a traer en el zapato porque no se la va a quitar. </p>
<p>—¿Le da larga vida al túmin?</p>
<p>—Sí, porque nosotros tenemos la conciencia de que funciona y ya hay personas de Coyutla, Tabladero, Mizantla, de la región, que quiere conocer su funcionamiento.</p>
<p>La maestra cuenta que el agente se marchó. Sólo él sabe qué reporte entregó. Ella siguió usando el túmin. También la tortillera, el pastelero, el farmacéutico, la verdulera, la vendedora de pollo, el carnicero, la abarrotera, el panadero, el herrero, la vendedora de tacos de comida, la dentista, la estilista&#8230; En este pueblo fundado por piratas se consolida el intercambio monetario más revolucionario en México, en plena debacle de la macroeconomía global. </p>
<p>El papelito  que mueve conciencias  </p>
<p>Espinal debe su nombre a los árboles de espino blanco que abundaron alguna época en la cabecera y el municipio con el mismo nombre. Ahora son escasos en el paisaje. La cabecera municipal tiene poco más de dos mil 500 habitantes. El municipio rebasa los 24 mil habitantes, cerca de la mitad son indígenas totonacas. Espinal es un municipio pobre en el que la mitad de su población carece de agua potable y drenaje. La cabecera se erigió a orillas del río Tecolutla que desemboca en el Golfo de México. Se dice que al pueblo lo fundó un pirata de nombre Lorencillo, que luego de hacer sus fechorías en el Golfo navegaba río adentro y se ocultaba en esta región de verdes intensos, cálida y húmeda, con lluvias abundantes en verano.<br />
Unos dicen que Lorencillo era flamenco, otros que mulato, que francés, que holandés. Lo describen como alto o chaparro, solidario o desalmado. El caso es que el tal Lorencillo está en el escudo de Espinal pintado al interior del palacio municipal. El diseño lo hizo un maestro de secundaria con elementos significativos de la región: los espinos blancos, Lorencillo con un parche en un ojo y el otro de un azul color alberca, el maíz y cítricos cultivados en la zona, y los voladores de Papantla, recientemente reconocidos como Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad por parte de la Unesco. Los voladores están en el escudo del municipio porque aquí dicen que no son originarios de Papantla, sino de Espinal.<br />
Del túmin, eso sí, nadie cuestiona su origen espinalense. Basta con que uno camine el pequeño centro del pueblo para constatar que la gran mayoría de los comercios son tumistas: 115 asociados conforman la red, un centenar de Espinal y el resto de Papantla. Cuentan con un pequeño local/oficina a unos pasos de la presidencia municipal. Ahí se exhiben productos hechos por algunos asociados: mermeladas caseras, galletas, joyería artesanal, ropa bordada, palanquetas de granola, tinturas medicinales y artículos diversos de tiendas de los alrededores, casi la generalidad de origen nacional.También ahí se realizan las asambleas bimestrales para evaluar logros y circular su modesta publicación Kogsni, palabra totonaca que significa El Volador, que hace la Red Unidos por los Derechos Humanos (RUDH).</p>
<p>El fotógrafo Jorge Serratos, el videoreportero Alberto Torres y yo hicimos un recorrido por el pueblo. Cada tumista tiene su propia visión de las ventajas de ser asociado. Matiana Lorenzo, la señora de cabellera muy  negra que vende verduras en la plaza del pueblo, a unos pasos de la iglesia de San José, dice que ella lo recibe porque otros productos le salen más baratos: “Al comprar medicina, que da uno diez pesos de túmin si cuesta sesenta, y diez pesos se ahorra uno”. Al cruzar la plaza se llega al consultorio dental donde la cirujana dentista Ana Bertha Escalante tiene su cartel “Aquí se recibe túmin”.  </p>
<p>Ella lo ve como la alternativa local para “enfrentar la recesión económica mundial” y también como medio de integración comunitaria, pues observa que las barreras sociales entre socios se derrumban. Así le pasa en su relación con la costurera del pueblo. “Antes me veía así como: ‘ay, la doctora, buenos días, buenas tardes’, pero ahora en alguna reunión de socios nos sentamos juntas e interaccionamos como parte del mismo proyecto económico”. En el caso del indígena agrónomo Luis García Santiago, su negocio de yougurt casero crece porque redujo costos en los insumos para hacerlo: “Antes vendía 15 vasos de yougur diarios, y ahora vendo más de 40 y eso es muy bueno”.</p>
<p>Eso no quiere decir que no haya detractores del túmin. Algunas personas lo ven como un juego infantil sin sentido. “Dicen que es como jugar con panchólares”, se queja la maestra Irene Fidencia Castellanos, “y es que hace falta el amor y la conciencia de lo que es un proyecto tumista”. Otros simplemente no entienden que el túmin rompe con la idea económica dominante de que el dinero debe acumularse como signo de poder en vez de circular para el bien común. El doctor Juan José Escalante, de la farmacia El Carmen, opina que esa es la principal barrera para quienes no lo admiten: “piensan que es dinero que se les queda ahí, que ellos pierden, no les cabe en la cabeza que lo pueden reutilizar”. Está en lo cierto.<br />
En nuestra gira espinalense hicimos un alto en la oficina del presidente municipal, Salvador Lammoglia, militante del Partido Acción Nacional (PAN). En su oficina está la foto de Felipe Calderón. Debajo de ésta, una imagen de bulto de San Judas Tadeo. El descendiente de emigrantes italianos luce como un ranchero acomodado: sombrero de palma, vestimenta impecable, botines lustrosos. Si bien él ve al túmin como un factor de identidad y promoción del municipio de Espinal, tiene sus reservas para usarlo. Su familia es productora de queso y se le invitó a sumarse a la red. El político tiene sus dudas, y las dice con franqueza: “Si yo me lleno de túmin, esos cinco pesos que yo le doy más barato a la señora, ¿quién me los va a reembolsar?”, me pregunta. Le expreso que según sus promotores el fin no es acumular los vales sino usarlos como herramienta de intercambio de bienes y servicios para estimular el mercado municipal. Insiste: “Es que hay cosas que no me quedan muy claras: si yo junto o almaceno tantos túmin a mí ese dinero quién me lo… a menos que lo siga comercializando nada más, porque nunca voy a ver en sí mi dinero”. No hay manera.<br />
Tumistas contra el capitalismo<br />
La Casa del Túmin es en realidad una habitación independiente de la vivienda de la casera. La señora les acepta una parte del pago de la renta con vales. La oficina es color palo de rosa. Una pared hecha con tablones de madera sirve de división. A través de ésta se cuela el sonido del juego y llanto de sus chiquillos. Pero Juan Castro, el creador del túmin y presidente de la red, no pierde la calma. A sus cincuenta años las canas ganan terreno. Tiene pinta monacal de franciscano. Es austero, callado, analítico. “Parece que Juanito  hizo votos de pobreza”, me dijo de una tarde su compañero Álvaro López Lobato, el secretario del proyecto. De hecho el hombre de semblante apacible y sonrisa fácil, nacido en Tampico, se formó en el activismo jesuita cuando estudió Ciencias de la Comunidad en el Tec de Monterrey, campus Monterrey.<br />
—¿Nunca has hecho algo extravagante en tu vida? —le pregunto con curiosidad genuina.<br />
—Pues el túmin.<br />
Su presencia sosegada encubre un activismo radical y tozudo. Con la irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994 Juan Castro se hizo militante zapatista y desde entonces asumió como suya la lucha por los derechos indígenas y por un mundo más equitativo. Por años estudió otras experiencias de monedas alternativas en el mundo, como el “Ithaca Hours”, en Nueva York; “Lets”, en Canadá; “Lionza”, en Venezuela; “Eco”, en España; “Libra Brixton”, en Inglaterra; “Cheimgauer”, en Alemania,  usados no tanto por necesidades económicas sino como herramientas políticas de lucha contra el sistema capitalista. En México está el “Tláloc” y “Trueke”, en el Distrito Federal; “Mezquite”, en Dolores, Guanajuato; y “Cajeme”, en Sonora, que funcionan especialmente en ferias donde se ofertan productos alternativos. Pero Espinal necesitaba una propuesta permanente que atenuara la crisis económica. “Ahí estaba la naranja, la verdura, la carne echándose a perder porque no teníamos el medio para adquirirlo, que era el dinero”.  Así nació el túmin: “La gasolina para hacer que las cosas circularan y pudiéramos consumirlas”.<br />
Como maestro de la UVI Totonacapan, la universidad pública de la región con enfoque multicultural, el tampiqueño concretó el arranque del proyecto como una propuesta de maestros y estudiantes egresados. Al equipo impulsor le tomó meses socializarlo entre los asociados potenciales. Se decidió que sólo fuera entre comerciantes y prestadores de servicios para incentivar directamente la producción y oferta de mercado. De esta manera, también amas de casa, estudiantes o desempleados se verían motivados a crear microempresas de elaboración de tejidos, mermeladas, shampoos, jabones, miel, yougurt.<br />
Entre los socios potenciales se consultó de igual manera cuáles a su entender deberían ser sus derechos y obligaciones. Pero el equipo convocante estableció una premisa fundamental: “Al entrar al túmin todos dejaban de ser clientes para convertirse en compañeros”. La idea central era que la gente tomara conciencia de su relación con el dinero y cómo desde el poder se crea competencia y desigualdad. En contraste, “nosotros podíamos diseñar una economía basada en la solidaridad, donde no hay intereses ni fraudes, ni nadie busca acumular la riqueza”. Fue decisión de todos los socios que el proyecto fuera gratuito, cada uno entrara y saliera  con libertad  y estableciera su propia cuota de túmin, partiendo del 10 por ciento de la cantidad total a pagar.<br />
El túmin nació en noviembre de 2010, conmemoración del centenario de la Revolución Mexicana, con medio centenar de participantes. La noticia circuló en medios locales y nacionales. Su difusión en el programa Primero Noticias conducido por Carlos Loret de Mola en Televisa llamó la atención de Banxico. Al aire, el periodista advirtió a la institución de una posible sustitución monetaria del peso. Las reacciones afloraron. El presidente de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra) en Xalapa, Miguel Aguilar Morales, declaró al diario  Imagen del golfo que el túmin es un “capricho local” que generaría inflación y estancamiento económico. Y el coleccionista de monedas más prestigiado de Veracruz, José Zaydén, lo tachó en el mismo periódico de “ilegal”, razón por la cuál sus promotores podrían ser encarcelados por el delito de “delincuencia organizada”.<br />
El túmin sorteó las críticas en su contra y su número de asociados aumentó. No obstante en la primavera de 2011 la PGR notificó a la comisión de maestros impulsores, Juan Castro, Álvaro López y Blanca Xanath García, que se abría en su contra la averiguación previa AP/PGR/VER/POZII/107/2011, por lo que debían presentarse a declarar con un abogado defensor a la Segunda Agencia del Ministerio Público de la Federación ubicada en Poza Rica.<br />
Juan Castro dice que la directiva de la Universidad Veracruzana (UV), de la cual depende la UVI, si bien en un primer momento se mostró orgullosa y solidaria con el proyecto, tomó distancia y les negó acompañamiento legal. La UVI además canceló la reanudación de su contrato académico, tras cinco años de relación laboral. De un momento el maestro se quedó sin empleo y en la vulnerabilidad legal. Sara Itzel Arcas, coordinadora de la UVI Totonacapan, niega que la razón fuera la investigación de la PGR, sino que el activista tiene el certificado de la licenciatura pero no el título. “Entiendo que la universidad le dio un tiempo límite para su entrega y ésta se fue aplazando, y estuvimos esperando más de dos años el documento”. Él rechaza su dicho. “No es cierto”, responde. Le extraña que impartió clases durante cinco años sin impedimento alguno. “No recuerdo que me dieran ningún plazo”. Juan no puede titularse porque dejó un adeudo antiguo en la universidad que no puede pagar. Y el Tec no acepta túmin.<br />
Persecución contra  los rebeldes monetarios<br />
La mujer que ronda los 50 años no es tumista. Su blusa color café luce un escote desbocado. De su cabellera caen bucles hechos con tenazas eléctricas, van en tonos cobrizos y dorados. Hacen juego con los aretes metálicos que le cuelgan hasta el hombro. Lleva la ceja tatuada y las pestañas postizas. Está sentada frente a su escritorio. Es Manuela Barradas, agente del Ministerio Público de la Federación, titular de la Mesa Segunda en  Poza Rica, encargada de la investigación penal de la PGR contra el equipo impulsor del mercado alternativo espinalense. Heredó el caso de su antecesor. </p>
<p> La licenciada me ofrece asiento. Con su mano roza sus bucles y las uñas postizas resplandecen: están adornadas con  florecistas azules de cristalitos y diamantina.<br />
—Me encuentro impedida a hablar sobre cualquier tipo de prueba —masca un  chicle  sin  pudor.<br />
—La averiguación se está integrando a fin de resolver conforme a derecho —agrega la licenciada.<br />
Salimos de su oficina. Entonces la licenciada dio instrucciones a dos judiciales para que recorrieran el trayecto de dos horas de Poza Rica a Espinal y buscaran a Juan Castro. Los hombres llegaron a la Casa del Túmin con actitud altanera a pedirle que les mostrara los documentos de la organización. Juan Castro no lo hizo. “El Ministerio Público ya los tiene”, les dijo. Se marcharon. Al día siguiente el activista y su abogado Óscar Espino llegaron voluntariamente a hablar con la licenciada Manuela Barradas para explicarle el proyecto. Y ella les escuchó.<br />
Óscar Espino, un joven moreno y avispado de rasgos indígenas, cuenta que la licenciada les manifestó que Banxico estudiaba la posibilidad de orientar la investigación hacia un posible fraude.<br />
Esa idea le parece “absurda” porque “la participación en el intercambio es por voluntad expresa de los socios de manera libre, sin presión, engaño o dolo alguno y no se obtiene por parte de los socios o de la dirigencia algún lucro o ganancia indebida”. Así las cosas, el abogado  observa que la intención real del Estado “es criminalizar los modos comunitarios e indígenas porque éstos consolidan procesos autonómicos locales, no existe otro motivo”.  Sabe lo que dice. El espíritu del túmin comienza a prender en otras partes. Desde Campeche, Chiapas y Michoacán  ya buscaron a los creadores de este sistema multitrueque para echar a andar sus propios proyectos.<br />
La red tumista no se doblega con nada. “No nos vamos a dejar”, apunta Óscar Espino. Estos días está por salir de la imprenta un nuevo tiraje de 50 mil túmin para otro centenar de asociados de Espinal y Papantla. Por consenso general en esta edición viene la imagen de los danzantes famosos por lanzarse de cabeza desde las alturas. Qué aventados.<br />
Ah, y por cierto: los días de nuestra visita a Espinal, Banxico declaró a EL UNIVERSAL que por la crisis económica mundial prevé un “evento catastrófico” en México para este año 2012. Y no se refería a las trágicas profecías mayas. El dólar y el euro están en crisis. Del peso, ni hablar. Todo indica que nos adentramos a una nueva era monetaria.<br />
Apuesto un túmin.</p>
<p>-LAURA CASTELLANOS es periodista independiente, su último libro es “2012: Las profecías del fin del mundo”. Los editores de “Domingo” le pagarán esta historia con mil túmins</p>
<p>*Fuente: http://www.domingoeluniversal.mx/historias/detalle/Estos+%E2%80%98panch%C3%B3lares%E2%80%99+s%C3%AD+valen-315</p>
<p>El precio de los regresos*</p>
<p>Cuando partí no sabía<br />
el precio de los regresos.</p>
<p>Ignoraba que hay monstruos<br />
bajo la superficie<br />
cuya visión no puede<br />
soportar la razón.</p>
<p>Que la luz no penetra<br />
las simas abisales<br />
donde el Olvido acecha.</p>
<p>También desconocía<br />
que las mareas traen<br />
decepciones sin nombre<br />
entre coral y espuma.</p>
<p>(No sabía tampoco<br />
que todo viaje es largo<br />
cuando es en soledad)</p>
<p>He aprendido que toda<br />
navegación esconde tempestades<br />
y crepúsculos negros;<br />
que la ruta<br />
es un capricho de los dioses<br />
y el tiempo un aliado del naufragio.</p>
<p>Pero Ítaca exige tales pruebas.<br />
No todos los viajeros<br />
gustarán los manjares del retorno.</p>
<p>-De Arenas de Ítaca<br />
*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com</p>
<p>http://sergioborao2011.blogspot.com/</p>
<p>El Ideal Revolucionario.*</p>
<p>*Cuento de Eduardo Pérsico. epersico@telecentro.com.ar</p>
<p>… y por algún rincón ha de estar esa bandera                               </p>
<p>Al cine de mi barrio y por los años del sesenta, un Día de Damas ‘cinta romántica’ con Delia Garcés y luego ‘Enamorada’,  con María Félix, un imprevisto grupo revolucionario le ocupó la sala y la cabina de proyección sin dificultad. El principal combatiente arremetió con una película enlatada en una mano y en la otra un revólver niquelado que el gallego Luis, el operador, creyó eso como una joda de los vagos del café.  </p>
<p>       En verdad Luis era un catalán de voz gruesa que parecía envolver las palabras en su boca al decir y además, un veterano de la guerra en España que al ingresar al Ideal a inicios del cuarenta y por ese modo de llamar turco al armenio o ruso a cualquier judío, en Argentina fue nombrado ‘el gallego Luis’. Quien al concertar su empleo con el dueño y escuchar ‘los lunes no hay función y usted estará franco’, de inmediato aclaró ‘señor, digamos que no trabajaré pero yo Franco jamás’. Más otros puntos que calzaba el tipo que si el subversivo de gorra con orejeras, nutrido echarpe y un tembloroso ‘38 largo’ hubiera sabido, esa tarde se hubiera quedado en casa mirando Batman por televisión. </p>
<p>- No te muevas carajo y viva la lucha popular – fue el apurón inicial y el operador Luis algo titubeó pero enseguida le aflojó una sonrisa a ese nervioso pibe que le ordenara proyectar un rollo fuera de programa. Aunque se dijo luego que el gallego siguió unos segundos en prepararse el mate que se tomaba durante su trabajo, y lo cierto fue que Luis apenas repasó sus anteojos y técnicamente  empezó a dictar el procedimiento. </p>
<p>- Bueno cabrón, suelta ese matagatos y coloca tu rollo en el carretel – y el ya sudoroso combatiente armado con gorra y bufanda, obedeció.  </p>
<p>- Ahora verás tres manchas blancas arriba a la derecha. Tómate el tiempo, jala esa palanca y encenderá la máquina dos. </p>
<p>                      Y aquel pendejo que tal vez soñara en bajar del Aconcagua montado sobre una yeguita blanca a tomar Buenos Aires, no contradijo a ese veterano que olfateara mucha pólvora verdadera y así los dos siguieron en el combate. </p>
<p>- Bueno, deja ese revólver y la chalina antes que te ahorque la polea y empieza a contar treinta fotogramas. Y atención, que ni bien veas otras dos manchas arriba mueve la palanca y habrá proyección.</p>
<p>- Sí señor – dijo el otro confundido entre las indicaciones y su lucha de liberación.  </p>
<p>- Bueno pichón, deja eso y pon la yerba en el mate. Ya haremos ver lo que quieres de una vez &#8211; cerró el viejo cómodo por la situación.  Es que el Luis gallego de Cataluña era un humorista que también se divertía con las historietas que le inventaba Pepe Luzmala, el acomodador: ‘anoche a Luis lo hirieron en un tiroteo de Arizona. Está grave’. O ‘cuando exhibe Las Lluvias de Ranchipur el operador se calza los zapatos de Frankestein y trabaja tranquilo’, eran de las tantas frases difundidas por el barrio. Y esa tarde, mientras en la cabina se activaba la toma del poder, las espectadoras del día de damas a mitad de precio no pudieron ver bien la imagen del Che Guevara y menos a otro miliciano que sacudía una bandera por la sala.  </p>
<p>- Pero hace lo que te dije, pendejo – por ahí gritó Luis en una carcajada porque jamás los cubanos de Fidel fueron tan indecisos: si en pantalla Castro tronaba una advertencia al imperialismo en la sala resonaba una mascarita carnavalera, en tanto  el Ernesto Guevara siempre se veía yéndose al llegar. Y si los barbudos esos hubieran tenido tantas contradicciones hoy seguirían matando mosquitos en el monte; así que en tanto se proyectaba celuloide al revés y a contrapierna, se sospecha que aquellos combatientes del cine Ideal de Escalada ni pensaron en las adversas condiciones objetivas antes de salir rajando&#8230;  </p>
<p>- Siéntense jóvenes o llamo al acomodador – se enojó una viejita manoteando el estandarte y a ese arrolle de insignia se sumó el efectivo que se retiró velozmente de la proyección olvidando sus pertrechos. Menos la gorra. </p>
<p>- Y cuídate chupateta que así no asustas a nadie – lo vio irse Luis y en su crítica tal vez remordiera algún fracaso propio.  Así que en acuerdo al repartir el botín expropiado al enemigo, el acomodador Pepe Luzmala se guardó el ‘38 niquelado’  y Luis el operador prefirió la chalina de vicuña.<br />
- Que usaré cuando apremie la bruma londinense de ‘Crimen en la Niebla’ &#8211; se anticipó Luis a las burlas del Luzmala y la barra de vagos del café.  </p>
<p>       Y con certeza, por algún rincón  ha de estar esa bandera que alguien muy nervioso agitara esa tarde y casi nadie se enterara. </p>
<p>-Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina</p>
<p>ARCOIRIS*</p>
<p>Salí a buscarlo.<br />
Perseguí continentes.<br />
conversé con forestas y con flores.<br />
Bebí agua, de cataratas y de grietas.<br />
De palmeras<br />
Agonicé sobre una nube que escapaba.<br />
Me arrodillé ante el mar con lluvia fuerte<br />
y una vez me empalagué de nieve.<br />
Y así, siempre corriendo,<br />
lo perseguí entre mares,<br />
puente por puente. Calle por calle.<br />
Para encontrarle recién en mi ventana<br />
reflejado en mis lágrimas de otrora.<br />
Saludo su rescate<br />
y me sonríe<br />
                                       un vendaval de amores.                                          </p>
<p>*De Marta Zabaleta. mzabaletagood@gmail.com<br />
26 de enero, Essex </p>
<p>*</p>
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		<item>
		<title>EN IRSE SIN QUERER Y NO PODER VOLVER&#8230;</title>
		<link>http://inventivasocial.wordpress.com/2012/01/15/en-irse-sin-querer-y-no-poder-volver/</link>
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		<pubDate>Sun, 15 Jan 2012 01:34:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>inventivasocial</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[ALGUIEN RONCA EN EL CUARTO* A Sarah y Pepe, los mejores abuelos del mundo Miguel no podía dormir por causa de los ronquidos de su abuela. Desde que nació su hermanita lo habían trasladado al cuarto de la abuela, con el pretexto de que era más amplio y no le molestaría el llanto de la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=inventivasocial.wordpress.com&amp;blog=467829&amp;post=245&amp;subd=inventivasocial&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>ALGUIEN RONCA EN EL CUARTO*</p>
<p>A Sarah y Pepe, los mejores abuelos del mundo</p>
<p>Miguel no podía dormir por causa de los ronquidos de su abuela.</p>
<p>Desde que nació su hermanita lo habían trasladado al cuarto de la abuela, con el pretexto de que era más amplio y no le molestaría el llanto de la bebé. Lo cierto es que el cuarto de los padres se había hecho pequeño con la llegada de la bebé y él aceptó gustoso la mudanza, adoraba a su abuelita, un ser mágico, lleno de historias y que le permitía casi cualquier travesura – sumándose a veces como un niño más -, pero no contaron con los ronquidos. La abuela roncaba no más posar la cabeza en la almohada, como si muchos leñadores se hubieran puesto de acuerdo para talar un bosque.  </p>
<p>Aquella noche sucedió algo diferente. Cuando comenzaron los sonidos “ronc, ronc”, descubrió que su abuela aún estaba despierta, mirándolo con ojos muy abiertos.</p>
<p>-         ¿Quién está roncando, Miguelito? – preguntó, sentándose en la cama.</p>
<p>-         No sé, normalmente eres tú quien lo hace.</p>
<p>-         ¡Pamplinas! ¡Yo no ronco! – saltó de la cama &#8211; Vamos a buscar de dónde vienen los sonidos.</p>
<p>Encendieron las luces y miraron en cada rincón del cuarto. Nada… pero eso no fue todo, lo peor es que afuera, lo mismo saliendo hacia la sala, que saltando por la ventana hacia el patio, encontraban un silencio absoluto. </p>
<p>Cuando volvían al cuarto, allí estaban los ronquidos&#8230; Al final, la abuela decidió que había que dormir, no iba a alterar su sueño porque a algún fantasma le hubiera dado por roncar. Le dio una linterna, aclarándole que no la encendiera por gusto para no gastarle las baterías. Al momento estaba sumando sus “ronc, ronc” a los que ya ocupaban el cuarto.</p>
<p>Si con su abuela roncando no podía conciliar el sueño, ¿cómo pretendían que lo hiciera ahora? Se cubrió la cabeza con la sábana, luego puso la almohada encima&#8230; Emergió jadeando, tras descubrir que tenía un excelente sentido de la audición, capaz de traspasar murallas.</p>
<p>Estaba pensando contar ovejas cuando un nuevo sonido lo sorprendió: ya no eran dos, sino tres ronquidos, eco del eco. Apenas tuvo tiempo de incorporarse cuando uno más se sumó al extraño coro. Encendió la linterna y se acercó a su abuelita, que no escuchaba más que las voces de sus sueños. ¡Se veía tan feliz y apacible! </p>
<p>Una tenue luz frente a él le hizo alzar los ojos. Vio un cuarto muy semejante al suyo, en él un niño verde, de orejas puntiagudas, farol en mano, contemplaba dormir a un viejo ogro de larguísima barba. </p>
<p>Más allá se iluminó una sutil lamparita hecha de luciérnagas, un pequeño elfo vigilaba el sueño de una abuela con alas de mariposa, roncando en su cama de hojas. </p>
<p>Bajo el mar, a la tenue luz de una perla, una sirenita contaba las burbujas que salían de los labios de su abuela. </p>
<p>En otra galaxia, un joven emitía rayos de luz desde sus tentáculos para iluminar la noche de un abuelo que roncaba.</p>
<p>Miguel comprendió que existen mundos paralelos, vidas semejantes, y que lo que hacemos o pensamos, en cierto modo repercute en ellos y los afecta, para bien o para mal. Entendió, mientras regresaba a su camita, que los abuelitos roncan porque no pueden evitarlo, que era su negativa a aceptarlo lo que le impedía dormir; mientras él no lo aceptara, tampoco lo harían los nietos que en otros mundos habían encendido sus luces.</p>
<p>Y arrullado por los sonidos “ronc, ronc”, que ahora se le antojaban una canción de cuna, apagó su linterna y se durmió.</p>
<p>*De Marié Rojas Tamayo.<br />
La Habana. Cuba.</p>
<p>EN IRSE SIN QUERER Y NO PODER VOLVER&#8230;</p>
<p>RENACER*</p>
<p>                  Poesía Haiku</p>
<p>El viento hila<br />
recuerdos y promesas<br />
que agonizan.</p>
<p>Pregonan desvíos<br />
de caminos híbridos<br />
muertos al nacer.</p>
<p>En mis canteros<br />
maduran las semillas<br />
que planté ayer.</p>
<p>En primavera<br />
habrá flores azules<br />
luciendo allí.</p>
<p>ARABESCOS*</p>
<p>Cristales vacíos<br />
esculpen arabescos<br />
como palabras.</p>
<p>Dejan misterios<br />
escondidos, esclavos<br />
a viejos ritos.</p>
<p>Blanca arena<br />
cuentas hora por hora<br />
en cárcel cristal.</p>
<p>Eternamente<br />
define vida, muerte,<br />
amanecer, fin.</p>
<p>*Poemas de Emilse Zorzut.  zurmy@yahoo.com.ar </p>
<p>ESTACIÓN DE LOS VIENTOS DE AGOSTO* </p>
<p>Estación de las búsquedas </p>
<p>Va y viene la mujer. Busca.<br />
El perro intenta mover su cola.<br />
Su mitad, ha perdido su pérdida.<br />
Sale de la noche y a la noche llega. </p>
<p>Estación  del perdón </p>
<p>Los ojos vacíos de no ver.<br />
Los pies entran en la boca del lobo.<br />
Su piel tiene la textura del perdón.<br />
El lobo, levemente la deposita en la leve hierba. </p>
<p>Estación de la tibieza. </p>
<p>Algo toca, roza los dedos del pié.<br />
Nace en la planta y se arraiga. Sube por el empeine.<br />
La tibia soporta el peso del cuerpo. El venir y el devenir<br />
Se acurruca en la tibieza de la pantorrilla. </p>
<p>Estación de los vientos de agosto </p>
<p>El hombre y la mujer encienden un círculo de fuego.<br />
Tiemblas los dos. Soplan.<br />
Los vientos de agosto los empujan.<br />
Algo, que puede ser una luz, un jazmín de aire.<br />
Intensamente perfuman la pausa del deseo. </p>
<p>-De la Serie Tiempo de las Estaciones.  </p>
<p>*De Amelia Arellano.  arellano.amelia@yahoo.com.ar</p>
<p>Medio centímetro de tristeza*</p>
<p>*Por Juan Forn</p>
<p>Había una vez una princesa que fue a ver a Freud para no suicidarse. Tenía 44 años, la habían criado para casarse, la habían casado con el príncipe heredero de la corona de Grecia y Dinamarca, que resultó ser un homosexual rampante; desde entonces llevaba veinte años buscando desesperadamente alcanzar la volupté (como llamaba al orgasmo) con diferentes amantes, que la habían despreciado por fría. Freud, que registró de inmediato la calidez humana debajo del título nobiliario, la angustia sexual y la desesperación suicida de la princesa, y logró hablarle como nunca nadie le había hablado, fracasó sin embargo con ella, según los anales del psicoanálisis. Logró que no se suicidara, sí (la princesa Bonaparte murió de muerte natural a los ochenta años, en su residencia de verano de Saint Tropez, sin haber probado jamás el sabor de la volupté, según propia confesión); logró incluso que encontrara un sentido a la vida, y un poco el problema está ahí, para los anales del psicoanálisis: porque luego de paciente, la princesa Marie Bonaparte se convirtió en discípula de Freud y luego en terapeuta, dedicó sus desvelos y su fortuna a difundir el psicoanálisis en Francia, sacó a Freud y a su familia de Viena y los instaló en Londres, pagó de su bolsillo la edición de las obras completas de su maestro en alemán, tradujo ella misma algunas al francés y solventó durante años la Sociedad Psicoanalítica de París. Pero su terapia con Freud y su figura son una aberración para los anales psi, y ni les cuento para las feministas.<br />
Me explico: Marie Bonaparte era bisnieta del hermano libertino de Napoleón, Lucien. El padre la crió para casarse. El mismo se había casado con la heredera del casino de Montecarlo, y para su hija aspiraba a lo más alto: alguna de las casas reales europeas. Marie perdió a la madre al mes de nacer. El padre la puso en manos de una abuela despótica, pero la dejaba curiosear en el gabinete donde daba rienda suelta a su afición: una cruza un poco macabra entre la etnografía y la biología (pagaba expediciones al Africa, tenía en su estudio la calavera de Charlotte Corday, la asesina de Marat, y el cuerpo disecado de una mujer prehistórica). Una de esas tardes en el gabinete, Marie le dijo que quería estudiar medicina. El padre le dijo que su destino era el altar, no la universidad. Ella se casó, le dio un título a su padre y dos hijos a la corona griega, se entregó en vano a diferentes amantes (ella misma escribió sobre ellos, así que se los puede nombrar: Leandri, el edecán corso de su padre; Aristide Briand, el primer ministro francés; Rudolph Löwenstein, el psiquiatra que la derivó a Freud; el cirujano Josef Halban, del que hablaremos en breve), y cuando nada de eso funcionó, se armó un gabinete parecido al de su padre y se sentó a estudiar su problema: haciéndose pasar por médica, logró 243 testimonios de mujeres que confirmaron su presentimiento hasta entonces inmencionable. La frigidez se debía a que su clítoris estaba a tres centímetros de su vagina. El problema era anatómico. Las mujeres que tenían el clítoris a más de dos centímetros y medio de la vagina eran frígidas por eso. Había solución quirúrgica y ella misma se sometió a la prueba: le pidió al doctor Halban que le desplazara el clítoris medio centímetro hacia abajo. La operación se hizo, los resultados fueron nulos.<br />
Freud escuchó con espanto el relato de la princesa. En vano intentó convencerla de que debía superar la etapa fálica, que la atención al clítoris era mera nostalgia del pene, una forma de no asumir su condición de mujer. La princesa se operó con Halban una segunda vez y Freud logró frenarla cuando iba a someterse por tercera vez a quirófano. Pero no pudo disuadirla del rol crucial del clítoris en la consecución de la volupté. Por diferencias mucho menores, Freud echó de su lado a un montón de gente. Pero a la princesa la bancó. Fue su amigo, su confesor y su consejero, y también confió en ella, le dio la bendición para que lo representara (y lo tradujera) en Francia, se puso en sus manos para que lo sacara de Austria, pidió que sus cenizas se guardaran en una urna griega que le había regalado la princesa. Por eso es doblemente significativo que estuviera refiriéndose a ella cuando escribió años después su famosa frase: “La gran pregunta que nunca recibe respuesta y yo no estoy capacitado para responder, después de treinta años de estudios sobre el alma femenina, es qué desea una mujer”.<br />
La muerte eximió piadosamente a Freud de leer los libros de su amiga. La princesa Bonaparte no supo trabajar con otro criterio que el de su padre: el del aficionado asistemático. Cuando teoriza es una catástrofe (Melanie Klein primero y las feministas después han escarnecido su summa teórica, el libro La sexualidad de la mujer), pero cuando es confesional, como en sus Cuadernos negros (donde habla de sus amantes, de su madre muerta, de su infancia, de su angustiosa insatisfacción sexual), se expone con una franqueza que desarma. Dicen que también como terapeuta era igual de heterodoxa: cuando partía con los primeros calores a su casa de Saint Tropez, recibía allí a sus pacientes, les daba alojamiento y los mandaba de vuelta a París con su chofer (atendía en el jardín, bajo un castaño: una chaise longue para el paciente, y ella detrás en un sillón de mimbre, tejiendo crochet). Durante la guerra salvó a más de doscientas personas antes de irse ella misma a Egipto. Sus hijos dicen que fue flor de madre, su marido –el príncipe helénico– le pidió que fuesen enterrados juntos (él murió primero) porque nadie le daba tanta paz como ella, fue generosa, amiga de mucha gente y enemiga de algunos que no tuvieron piedad con ella (Lacan fue el peor). En su vejez confesó que el psicoanálisis le había procurado resignación, paz mental y la posibilidad de trabajar, pero que su vida estaba marcada por el fracaso y la añoranza de la volupté.<br />
Así como Freud no llegó a leer los libros de la princesa, la princesa no llegó a enterarse del status de pionera que le adjudicaría la sexología poco después de su muerte: Kinsey primero y Masters &amp; Johnson después reivindicaron los estudios de Marie Bonaparte, en especial la importancia del clítoris en el orgasmo de las mujeres. También el descubrimiento del Punto G se lo debemos a la princesa: Ernst Grafenberg (el Señor G del Punto G) siguió sus textos en busca de zonas erógenas en la pared frontal de la vagina. Pero lo que más me alucina a mí es que incluso aquel excéntrico trabajo de campo con 243 mujeres resultó asombrosamente preciso: los cirujanos plásticos de la actualidad que se especializan en reconstrucción vaginal fijan en exactamente dos centímetros y medio “la distancia armoniosa que debe haber entre el clítoris y la vagina”. Incluso esa leve versión de la volupté –la de tener razón– le fue negada en vida a la princesa Marie Bonaparte.</p>
<p>*Fuente:  http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-185340-2012-01-13.html</p>
<p>Ese sentir*</p>
<p>                                               Por lo lejano</p>
<p>No quiere morir<br />
no,<br />
no quiere<br />
como la arena tibia<br />
se deja caminar de punta a punta<br />
la playa sola<br />
la extensión vacía y<br />
junta piedras<br />
porque los caracoles traen llanto<br />
sin fatiga rumorea el agua<br />
luego vendrán familias sombrillas y<br />
perros y racimos<br />
se comerán por unas horas la hondura<br />
pero ahora solo el mar es deseado<br />
y camina camina<br />
y mira mira<br />
y a veces un velero<br />
un aguaviva</p>
<p>y no es una ficción<br />
esa forma extraña para la época<br />
no necesita máscara no es ficción<br />
sin relleno<br />
e inconveniente<br />
en su contra embisten días y noches<br />
lo sabe y tararea la dulce canción del envero</p>
<p>se percibe por ejemplo en el aroma<br />
de los viejos paraísos dispersos acá y allá por los barrios<br />
en las conversaciones lentas y mesuradas<br />
en la virilidad del proveedor de tomates y estrellas<br />
que aún se la cree<br />
en la suave curva de unas caderas<br />
que sostienen la física del sexo</p>
<p>en quedarse mirando<br />
cuando en realidad<br />
lo que quiere es irse<br />
o en irse sin querer<br />
y no poder volver</p>
<p>la forma de la que hablo<br />
es un brazo arrojando el cuerpo por la ventana<br />
sin otro interés que hacerlo sentir<br />
vivo<br />
y que pegue en el asfalto y vuelva al<br />
gusto  de<br />
una  flor<br />
sin explicaciones,<br />
la forma como una alteridad<br />
inconformista<br />
no iluminada<br />
difusa<br />
pero con la precisión del ácido<br />
esa forma de sentir que te preocupa<br />
pueda tentar un día a la soga<br />
“con una reserva inagotable<br />
de inocencia y abandono”</p>
<p>Puede ser tan profunda como la muerte<br />
pero no quiere ahí, no<br />
no quiere…<br />
juega con el recuerdo a la rayuela<br />
si tuviese con quién seguiría jugando<br />
pero los cuerpo han quedado<br />
muy solos<br />
a pesar del temblor<br />
y del exceso<br />
“los amantes primero se muestran<br />
nerviosos y tiernos<br />
hasta que lo hacen todo añicos<br />
porque el corazón es un órgano de fuego”</p>
<p>maravilla el sentir sol y pequeños<br />
insectos y yuyos que pican<br />
en las extremidades de los sueños…</p>
<p>*De Patricia Verón. rocambole49@hotmail.com</p>
<p>Conjuros para el 2012*</p>
<p>*Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com</p>
<p>*</p>
<p>Crear un mundo. En lo posible, esférico, de tal modo que navegando siempre en dirección inversa, pueda llegarse al punto de partida. Evitar los mundos planos para que todo aquel que se adentre en el Océano no llegue hasta el límite final y caiga en el abismo habitado por Leviatán con sus monstruos marinos.<br />
Colocar en el cielo del mundo una luna sujeta a sus propias vicisitudes.<br />
Adorar al hombre y a la mujer por sobre todas las cosas.<br />
No tomar su erótica en vano.<br />
Santificar esa fiesta.<br />
No matar el amorío.<br />
Evitar la insatisfacción del prójimo y de la prójima.<br />
Comulgar la luna en rebanadas sopadas con ron y cantarse: &#8220;Dame, solamente, lo que más te guste, y nada más&#8221;, hasta que se haga carne.<br />
(Fuente: Deuteronomio 5: 6-21 remixado y &#8220;Sencillamente&#8221;, Bersuit Vergarabat, textual).</p>
<p>*</p>
<p>Colocar en el mundo una flor. Siempre la misma flor con variaciones en la forma, en el color, en el aroma. Una flor de cuatro pétalos si contamos los mayores, larguísimos, y los menores, frutales, dramáticos, hechos para morir a gritos en cada cuchillada seminal.<br />
Que para cada flor haya un tallo, serpollo, pitón, sierpe, estolón o junco desplegable.<br />
Que el tamaño no importe.<br />
Que la flor no sea jaula.<br />
Que el tallo, serpollo, estolón o junco no caiga siempre en el mismo lugar a hacer siempre las mismas cosas.</p>
<p>*</p>
<p>Incitar la rebeldía y el brío. Engendrar un relato padre y una poesía madre que engendren hijos breves, de todo compás y catadura. Hijos de tamaños mínimos e imaginería máxima. De apariencia exigua y resonancia perdurable. Que madre y padre se seduzcan, se embelesen, se arrebaten, se apareen hasta dar a luz pequeñas ficciones sin raza, miniaturas estéticas sin linaje, monedas de aleación trashumante. Que sean padrinos de esta progenie el arreolado Zabala, el brevólogo Brasca, la clepsidra Pollastri y la sensualera Tomassini. Que en la ceremonia de bautizo la Diosa Madre Literatura bendiga su acrisolado nombre: microficción.</p>
<p>*</p>
<p>Con una pluma de organdí, borrar la línea imaginaria que divide el centro de la periferia.</p>
<p>*</p>
<p>Buscar magia antes que imposibles. Creer en el demonio de los ensueños.</p>
<p>*</p>
<p>Quitar el envoltorio de las grandes estupideces y dejar que se consuman en el fuego de su propia estulticia.<br />
Arremangarse.<br />
Aplaudir.</p>
<p>*</p>
<p>Crear también los mundos abolidos y los firmamentos extintos. Los mundos y los cielos que no existen todavía.</p>
<p>*</p>
<p>Abrir las puertas tapiadas del corazón y soltar al monstruo que teníamos como rehén perdido en el laberinto.</p>
<p>*</p>
<p>Despejar la idea del tiempo como algo que se va. Reparar en que el 2011 no deja de chorrear sobre nosotros cuando se le saca el tapón al 2012. Ya es hora de eximirnos de la línea pedagógica del tiempo: ningún poeta se acuesta renacentista y se despierta barroco, como bien lo sabe decir en sus clases de literatura, la hechicera Graci Sosa. Es hora de brindar por el fin del año cero, por el fin del año uno, por el fin de los años como un acontecer numérico.</p>
<p>*</p>
<p>Llenar una y otra vez la copa con líquidos de toda especie, color y catadura y brindar hasta desatar los nudos, hasta soltar la legión de sombras, hasta mudar de piel, hasta nacer de la profunda garganta de los sueños.</p>
<p>*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-31895-2011-12-31.html</p>
<p>Nado en la escasez*</p>
<p>Nado en la escasez<br />
(extenuante proeza)</p>
<p>Por lo demás<br />
estoy orgulloso:<br />
sé que me prefiere<br />
mi mujer</p>
<p>a sus dos amantes.</p>
<p>*De Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar</p>
<p>*</p>
<p>Inventren Próxima estación: Morea.</p>
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		<item>
		<title>A LO MEJOR RESULTA BIEN&#8230;</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Jan 2012 23:12:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>inventivasocial</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[ANTIHISTORIA DE UN PRÍNCIPE ENCANTADOR* *De Marié Rojas. Como es de esperar, todo comienza en un reino muy, muy lejano, donde un príncipe encantador, hecho a la medida de todos los de su época, aburrido de esperar porque su hada madrina le encontrara la doncella de sus sueños, robó el libro de hechizos, se encerró [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=inventivasocial.wordpress.com&amp;blog=467829&amp;post=243&amp;subd=inventivasocial&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>ANTIHISTORIA DE UN PRÍNCIPE ENCANTADOR*</p>
<p>*De Marié Rojas.</p>
<p>Como es de esperar, todo comienza en un reino muy, muy lejano, donde un príncipe encantador, hecho a la medida de todos los de su época, aburrido de esperar porque su hada madrina le encontrara la doncella de sus sueños, robó el libro de hechizos, se encerró en la más alta torre del castillo y, sabiendo que el hada no tendría que hacer mucho para encontrarlo, buscó entre las páginas hasta encontrar el adecuado. Lo leyó en voz alta pero, tal vez con el apuro, equivocó algún dato… Y vino a caer en este mes y este año en que están leyendo la historia.</p>
<p>Aterrizó al pie de la ventana del cuarto de una muchacha que se disponía a salir para sus clases de la universidad. Golpeó los cristales hasta llamar su atención, esperó a que abriera y le contó la razón de su presencia. Ella le creyó, porque era muy fantasiosa, porque estudiaba física cuántica, por la vestimenta que ostentaba – incluía un vistoso sombrero de plumas y una espada con puño de rubíes -, la forma de hablar, los gestos y por la cantidad de veces que se arrodillaba a ofrecerle su corazón, por tanto lo dejó entrar a su cuarto, temiendo que los chicos le hicieran burla cuando comenzaran a pasar camino a sus escuelas… Pero comprendió que debía enfrentarse a un problema mayor, ¿cómo esconder a un príncipe en una casa pequeñita, sin pasadizos, ni túneles, ni catacumbas, con el despertador de la madre sonando en el cuarto de al lado y él intentando desenvainar la espada para matar al hechicero que hacía tanto ruido?</p>
<p>Comprendiendo que si lo abandonaba terminaría con una camisa de fuerza o preso por indocumentado, optó por llevárselo… algo se le ocurriría al regresar. Al pasar frente a la madre, el muchacho le dijo con una elegante reverencia: “Oh, mi dulce señora, le ruego que me entregue la mano de su bellísima hija, y le prometo llenar su mansión de herederos”… La joven salió airosa, explicándole a la madre, mientras lo halaba hacia la puerta, que era un amigo que había ido a una fiesta de disfraces y había bebido de más, no pudo recordar su dirección, le encontraron la suya encima, todavía no se le había pasado la resaca y adiós mamita que se nos hace tarde. </p>
<p>Corramos un piadoso velo sobre las peripecias de sacar un príncipe a la calle, en medio del tráfico, las luces del semáforo, los anuncios, las gentes con sus atuendos cómodos, tener que hacer el camino a pie porque le tomó fobia a los autobuses y no tenía dinero para un taxi – igual les hubiera cogido miedo -… y lleguemos al momento en que arriban a la universidad. </p>
<p>Allí fue peor, iba derramando reverencias y les llamaba “dignos y nobles caballeros, donceles, doncellas”, intentó saludar al busto de un pensador, preguntó al profesor de álgebra si era el bufón de la corte – llevaba una camisa floreada -, y peor aún, se arrodillaba cada dos minutos delante de ella. Se fue librando con elegancia, usando lo primero que le venía a la mente: dijo desde que era un primo desquiciado que le habían mandado de provincias y le tocaba cuidarlo hasta que encontraran plaza en el psiquiátrico, hasta que era un actor que había alquilado sus servicios para ensayar su próxima película. Lo mejor era cuando decía bajito, haciendo señas para la empuñadura de la espada, que era una cámara oculta. Se mostraban muy afectados, se acomodaban el pelo y miraban a la cámara con su mejor sonrisa. El profe de la camisa de flores se la abotonó hasta arriba y se caló las gafas doradas, el príncipe lo aplaudió. </p>
<p>Tras una agotadora jornada, regresó casa con el príncipe ya no tan encantador; desarrapado, sin sombrero y molido tras haberlo montado a empujones en el transporte público en la peor hora de abarrotamiento. Por suerte conservaba su espada y su dignidad… hasta que se derrumbó en el sofá.</p>
<p>-          Y bien – le dijo alcanzándole un vaso de agua -, es hora de terminar con este hechizo y regresarte a casa, a tu época, a tus botines por conquistar y a tu verdadero amor.<br />
-          Me temo que es imposible, mi dulce dama – dijo él mientras se quitaba las botas y se miraba las ampollitas de los dedos.<br />
-          ¡Ah, eso no puede ser cierto! – gritó ella corriendo a cerrar la ventana por donde se estaba asomando una vecina &#8211; ¿Puedes decirme por qué?<br />
-          Por varias razones – suspiró -… ¿Podemos comer antes, mi bella? Desde el faisán relleno de trufas de anoche no he probado bocado.<br />
-          Faisán… trufas… &#8211; protestó, yendo a preparar dos panes con lechuga y mayonesa y aclarándole con un gesto que uno era para ella &#8211; ¿Ahora, me las puedes enumerar?<br />
-          Con sumo gusto, mi hermosa doncella – habló chupándose los dedos -. Pero antes quiero decirte que este manjar es delicioso, uno más para tus dones, ¡apuesto a que eres una excelente danzarina!<br />
-          Se me da el baile, sí – respondió, sentándose a su lado -, ahora vamos a ver por qué no puedo mandarte de vuelta…<br />
-          Número uno: porque he dejado el libro en la torre más alta de mi palacio, y no sé ni un solo conjuro de memoria…<br />
-          ¿Y el hada madrina no puede venir a buscarte? – dijo, pensando que algún modo habría de comunicarse con ella, una vela o algo.<br />
-          Debe estar tan enfadada que me dejaría aquí, incluso si supiera donde estoy y se lo pidiera de rodillas.<br />
-          ¡Ni una rodilla más, te van a salir ampollas ahí también! ¿Y qué más?<br />
-          Dos: porque el hechizo se ha cumplido y no hay por qué revocarlo. Pedí conocer a una verdadera princesa y he comprobado que lo eres, más allá de tu educación, tu belleza, tu mirada, tu porte – comenzó a hacer una genuflexión y ella lo detuvo, él se incorporó y señaló un cuaderno donde aparecía su nombre.<br />
-          ¿Qué quieres decir?<br />
-          El Rey del país vecino tenía ese apellido, su hijo fue raptado y llevado a un incierto destino, pero siempre le aseguraron los magos que seguía con vida y tendría descendencia, una fuerte línea infinita.<br />
-          Mi tatarabuelo me decía que su abuelo había sido un pirata que nació príncipe. Pensé que su mente fallaba… tenía cien años.<br />
-          Pues ya ves, eres de noble cuna.<br />
-          ¡Y no alcanza, incluso si fuera princesa! – se miró al espejo de la sala y corrigió su postura &#8211; ¡No puedes quedarte, contempla mi mundo, mira el desastre que te has hecho en solo ocho horas… hago mis deberes ayudándome con la computadora!<br />
-          ¿Conoceré a esa dama que te auxilia en los deberes?<br />
-          ¿Es que no entiendes? ¡No soy una princesa de tu época!<br />
-          Yo tampoco soy un príncipe de tu era. La tercera razón, la más fuerte, es que he encontrado el amor verdadero. No solo eres bella sin par, en el transcurso de esta maravillosa jornada has demostrado ser leal, al mantener tu palabra de ayudarme, al presentarme a tu madre, a los demás doncellas y donceles de tu reino, has probado ser inteligente y creativa al salir airosa de todas las situaciones y, como si fuera poco, has mostrado tu intrepidez en ese monstruo rodante que echa más humo que los dragones, ¿dónde encontrar tantos dones reunidos? – se volvió a arrodillar -. Dulce damisela que ha robado mi corazón, ¿quieres concederme el honor de tu mano?</p>
<p>Ella lo miró… Si obviaba su vestimenta medieval arrugada, la postura, el vocabulario… era bien apuesto, alto, atlético, romántico, sincero, leal, valiente puesto que sobrevivió a una jornada universitaria en un mundo imposible desde su visión, ¿y dónde encontrar en estos tiempos tantos dones reunidos?</p>
<p>-          Puede que no sea una doncella de tu época, pero puedo convertirte en un joven de la mía.</p>
<p>Así comenzó una nueva vida para el príncipe, que en su castillo solo hubiera conocido herederas de otros reinos y estaba destinado a ser infeliz para siempre al lado de cualquiera de ellas. La muchacha se afanó tanto en enseñarle el mundo actual y él se aplicó tanto en aprender, que ese fin de semana estaban yendo a una discoteca.</p>
<p>“Colorín colorado, este cuento ha comenzado…”, tecleó en su ordenador el hada madrina de la joven, que se hacía pasar por una vecina común y corriente, cuando los vio salir con camisetas de Megadeth, tarareando algo que sonaba francés, “a tout le monde, a tous les amis”.  Y pulsó el botoncito “enviar”. La Maginet trabajaba de maravillas: en un segundo su colega del reino medieval muy lejano, estaba tachando ese asunto pendiente en su agenda y se alistaba para sacar a su cachorro de dragón a las lecciones de vuelo nocturno. </p>
<p>-Marié Rojas.<br />
La Habana. Cuba.</p>
<p>A LO MEJOR RESULTA BIEN&#8230;</p>
<p>LA TÍA Y EL PELO BATIDO* </p>
<p>                                                                                      Gracias a Gabriela Benítez</p>
<p> Baglietto canta “la vida es una moneda”. Su voz en la radio guía la melodía cómoda, familiar, largamente degustada al través de los años. “La vida es una moneda” –dice- , “quien la rebusca la tiene, ojo que hablo de monedas y no de gruesos billetes”.<br />
     Baglieto es una voz en la radio, no lo veo, pero surge en mi mente nítido y preciso en imágenes superpuestas desde el muchachito delgado de cabellos largos hasta este señor pelado de gorrito. Sigue cantando.<br />
     “Sólo se trata de vivir, esa es la historia, con un amor sin un amor, con la idiotez y la locura de todos los días…”<br />
     La canción relata la vida como un corte de muchas capas. Lo bueno, lo malo, lo admirable, la vida así como esa cosa indefinible por exceso de seres, de situaciones, de historias.<br />
     Y Gabriela contó una historia. Era de noche, claro, y era una historia de esas tan a lo Gabriela, tan de pueblo y de viejos, tan breves y extensas, con esa extensión que les da el derramarse sobre muchos recuerdos, penetrar en poros como aceite en la madera, quedar prendidas en la memoria.<br />
     “Sólo se trata de vivir” canta Baglietto, y Gabriela cuenta que habló por teléfono con la tía vieja de allá donde la laguna tiene sabor amargo y donde comienza la sequía.<br />
     Esta tía tuvo dos hijos. Uno que se fue tempranito a la tierra, otro que emigró a Norteamérica hace un siglo, hace mucho, hace un escándalo de años más tiempo de lo que nadie hubiese debido, y más que nada cuando jamás volvió y allá entre maíz y carreteras crecen dos hijos que nacieron aquí y otros dos ya tan extranjeros, tan otros, dos nietos que la tía de Gabriela no va a conocer, que vivieron en el vientre materno su oscuro mundo de peces y luego fueron arrojados, y lloraron, y crecieron sin un rastro de la laguna amarga, sin historias de pueblos polvorientos, sin abuela.<br />
     La tía de Gabriela se quedó sola entonces, y la diabetes la fue dejando casi ciega.<br />
     Gabriela, que habló con la tía por teléfono, le preguntó a la mujer vieja, y sola, y rodeada por la penumbra, le preguntó a la tía que cómo había pasado el fin de año.<br />
     “Yo tengo muchos amigos” –dijo la tía. “Mucha gente me invitó a ir a su casa, pero yo fuera de mis cosas y mis muebles me pierdo, me tropiezo, no doy con las puertas ni con los cuartos”.<br />
     Una de las mujeres que llamó para invitarla convino en que bueno, que está bien, que se quedase sola pero le pidió una cosa. Que no fuera a pensar en lo malo, en lo que le falta, en lo que no fue o se fue o ya no es. Le dijo que por favor pensase sólo en lo bueno que le dio la vida.<br />
     Y las palabras le quedaron rondando a la tía. A veces sucede que alguien dice algo y no cae en saco roto, cierta frase, un consejo aparentemente obvio, un salvavidas naranja en el agua marrón rescata un náufrago.<br />
     La voz de la tía en el auricular le contó a Gabriela cómo pasó las fiestas. Le dijo que se batió el pelo (lo tiene largo, la ceguera le dificulta ir a la peluquería), se peinó, se puso una blusa y una pollera blancas y negras, unas sandalias blancas, se adornó con los aros y collares del cajón grande de la cómoda, se maquilló, se perfumó, tomó una silla y se fue, como quien sale al baile, a sentarse a la vereda.<br />
     La voz de la tía que viene de allá lejos, que atraviesa mil cuatrocientos alambrados, dos riachos y múltiples bañados, la lejana voz de la tía llega al auricular. Y le cuenta a Gabriela “los vecinos me aplaudieron”.<br />
     “Sólo se trata de vivir” dice Baglietto en la radio. Con lo que se tiene y se puede. Como se pueda, sólo se trata de vivir, canta Baglietto. Y dice, abriendo los brazos, “a lo mejor resulta bien”.<br />
     No le veo la cara, no hace falta, cuando llega a esa estrofa (y escuché esta canción mil veces), cada vez que dice que a lo mejor resulta bien le creo y me convence, y canto con él, y deseo que el sol nos alumbre, y con su sonrisa que no veo pero le oigo en la voz me vuelve a decir que quién sabe, que quizás las cosas al fin y al cabo sí resulten.</p>
<p>*De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com</p>
<p>  Reyes Magos*</p>
<p>Hace tiempo que dudaba sobre la existencia de los Reyes. Sospechas tontas, todo por seguir a los adultos. Los adultos a veces se ríen de los niños por sus creencias ¡Pero ellos en cúantas cosas creen que no se sostienen  ni siquiera en la magia!.<br />
Hoy 6 de enero una mano maga, reina del espacio abierto del amor, me dejó un regalo de tiempo, un reloj.. Por él me prometo disfrutar y acrecentar mis horas sensibles, las de creer en los reinos invisibles  que pueden trasformar un momento cualquiera en un pequeño cielo. Reyes, Quijotes, arte, la belleza , la verdad , la búsqueda de la justicia. Esos ratos, dónde solos, acompañados por pocos, o  por multitudes, volvemos a creer en lo que nos dijeron que ya no es creíble, que otra vida  y otro mundo son posibles.</p>
<p> *De Cristina Villanueva. cristinavillanueva.villanueva@gmail.com</p>
<p>Su vida es aprendizaje y perfeccionamiento de un oficio que ama*</p>
<p>*Por Enrique Pérez Díaz<br />
Fecha: 2012-01-05 Fuente: www.auroraboreal.net<br />
Escritora Marié Rojas Tamayo</p>
<p>Marié Rojas Tamayo: medio centenar de premios internacionales, una decena de libros publicados, una obra sugerente, inquieta, llena de vericuetos imposibles que propician el deleite y crecimiento intelectual del lector.<br />
Una mujer, madre, profesional, amiga, llena de sueños y de memorias que se niega a borrar incluso por dolorosas que resulten. Su vida es aprendizaje y perfeccionamiento de un oficio que ama y que se le da de manera natural. Sus pies se asientan en la realidad de la que toma cuanto puede inspirarla para que su ánima viaje a Fantasía, a reinos por otros impensados que ella habita en varias dimensiones con esa soltura y gracia de los magos. Apenas conocida en Cuba -Gente Nueva publicará en breve su libro emblemático Adoptando a Mini- es, sin embargo, uno de los pocos autores de la Isla en quedar<br />
finalista del Premio Lazarillo de España, del cual fue Mención Especial por unanimidad del jurado. Abrimos al lector, el umbral del Mundomaire, un entorno de duendes, hadas, brujas, elfos, troles y la savia milenaria y milagrosa de que ellos viven: mucho amor por cuanto le rodea.</p>
<p>Marié, se suele decir que en cada libro escrito por nosotros va un gran porcentaje de la personalidad de su autor. ¿Te pareces a sus personajes?</p>
<p>Soy todos mis personajes, todos tienen algo de mí, partiendo de mi luz hasta mis facetas más oscuras. El escritor se desnuda al mundo a través de su obra, es su exorcismo, su emancipación. En mi novela Villa Beatriz, soy la Estrella, la Sota, el arpa, la casa misma. En otra soy el personaje de la Cuentacuentos, pero también soy cada habitante del pueblo, sus episodios son parte de mis recuerdos, desde el hechizo que los rodea hasta el aroma que ronda las calles.</p>
<p>¿Tienes algún modelo ideal de autor para niños?</p>
<p>Andersen, sin duda. Carroll, Tolkien, Ende, creadores de mundos.</p>
<p>¿Reconoces alguna influencia de autores clásicos o contemporáneos?</p>
<p>Los que he mencionado como modelos ideales: lo han sido para mí, los recomiendo a los que se inician en la literatura infantil y espero que sigan siendo inspiración y escuela para generaciones venideras.</p>
<p>¿Qué solías leer cuando pequeña?</p>
<p>Todo lo que me caía en la mano, lo que me prestaban otros niños, lo que me regalaban, lo que tomaba de los estantes de mis abuelos o de mi tía. Era poco selectiva, voraz, desde revistas &#8220;Selecciones&#8221; hasta novelas policiacas. En primer grado recuerdo haber leído El pequeño príncipe y acto seguido La expedición de la Kon Tikki. Lo mejor fue cuando me hice amiga de la hija de un ginecólogo que me prestaba los libros de su padre. cuando me fueron a explicar ciertas cosas, yo las había visto por fuera y por dentro.<br />
Me gustaban Poe y Quiroga, aunque sus cuentos me robaban el sueño, o tal vez por eso.</p>
<p>¿Qué atributos morales debe portar consigo un buen libro infantil?</p>
<p>Ser creíble, ser sincero. Mostrar respeto hacia el público a quien está dirigido. El escritor de libros infantiles debe amar a los niños.</p>
<p>¿Cuál es tu libro más entrañable y por qué?</p>
<p>Alicia en el país de las maravillas, tengo 4 ejemplares, son sagrados. Uno de ellos vive en mi buró, es un libro de consulta, matemáticamente perfecto, lo vengo leyendo desde los 9 años y siempre descubro algo en sus páginas. No podría decir por qué, tiene la magia de las cosas que amamos sin preguntarnos la razón, la sonrisa de un niño, los atardeceres, acariciar un gato, ver caer una estrella, un beso en los labios, una melodía que nos llega al alma.</p>
<p>¿De qué modo te acercas al inicio de una historia?</p>
<p>Surge en mi mente, como una imagen o la secuencia de una película. Escucho el diálogo, o la narración de fondo, y me siento a escribirla.</p>
<p>¿En qué género te sientes más cómoda?</p>
<p>El cuento breve de carácter fantástico, con final inesperado. Juegos entre fantasía y realidad, algo de ciencia y algo de ficción corriendo por la página.</p>
<p>En tu obra se ve una seria inclinación a dos tendencias fundamentales, primero, una recurrencia evidente al mundo de las criaturas de Fantasía, segundo una literatura que se centra más en los sentimientos y las emociones que en la misma acción. Si tuvieras que salvar solamente diez libros de un naufragio, ¿cuáles escogerías? ¿Cuál de los que has escrito?</p>
<p>Desearía no verme jamás en esta situación, porque si depende del peso de la balsa, me arrojaría al mar para dar cabida a más libros. Colocaría entre los primeros: Alicia en el país de las maravillas, los cuentos completos de Andersen, La historia interminable, Pinocho, La familia Mumín, toda la obra<br />
de Tolkien, El Mago de Oz, Corazón, la obra de los hermanos Grimm, El maravilloso viaje de Nils Holgersson. He mencionado diez, solo voy por la literatura infantil, y me faltan muchos por nombrar. Lo dicho, me hundo por salvarlos.<br />
De mi obra salvaría ese libro misterioso que aún no he escrito. Y solo si pudiera salvarme yo, porque iría dentro de mí.</p>
<p>¿Qué prefieres más de la vida? ¿Qué quisieras borrar para siempre?</p>
<p>El amor, la sinceridad, la capacidad de soñar y de reír. No borraría nada, en especial de mi pasado porque de todo he aprendido y cada momento, por pequeño que haya sido, me ha traído a este instante. Si perder un segundo de tristeza me hiciera borrar un ápice de lo que soy, sería devastador. Borrar<br />
para siempre es algo que me atemoriza, no se puede borrar nada para siempre porque habría que borrar también su recuerdo del pasado -para eliminar el riesgo de que se repitiera-. En su lugar, intentaría hacer mejor, desde mi pequeña posición en el universo, aquello con lo cual no estoy de acuerdo; de<br />
hecho lo intento, y creo que lo intentan muchos, cada vez más. Tal vez un día logremos esa masa crítica de la que hablan los textos de física e iniciemos una reacción en cadena que, sin borrar, sea capaz de sobrescribir.</p>
<p>Una persona tan imaginativa como tú y con tanta carga de inspiración y fantasía en sus obras, ¿de qué modo consigue nutrirse para ellas de la realidad cotidiana?</p>
<p>La realidad, tal como la veo, no es &#8220;cotidiana&#8221;, en el sentido de &#8220;rutinaria, vulgar, ordinaria&#8221;. Es fuente inagotable de inspiración, la magia nos salta a cada paso, lo increíble nace de lo cotidiano que se<br />
renueva constantemente, del modo en que nuestra mente acomoda y rehace los recuerdos. Hay sucesos generadores de historias por doquier, hilarantes, tristes, misteriosos. A nuestro paso vemos casas encantadas, sueños hechos realidad, predicciones que se cumplen, conflictos familiares o sociales, romances que surgen y se deshacen, pasiones que se desatan, miedos, retos: es imposible abstraerse de la realidad al crear la ficción. Cada persona que conozco es un &#8220;personaje&#8221; a punto de formarse -he convertido a alguien en zarigüeya, a un amigo en dragón y a una amiga en arañita tejedora-, y me ha<br />
sucedido algo mejor: un día tocó a mi puerta un personaje de mis cuentos, lo reconocí al momento pero no se lo dije hasta que nos convertimos en amigos, le mostré historias escritas antes de conocerlo. Fue una experiencia fantástica, como que a la puerta de Spielberg tocara el E.T. pidiéndole el teléfono para llamar a su casa.</p>
<p>¿Podrías hacer un breve recorrido-cuento argumental por tus libros publicados, como si tú misma fueras adentrándote en ellos?</p>
<p>Más que por mis libros publicados, me gustaría viajar por mis libros escritos: Adoptando a Mini soy yo, abandonada a temprana edad en un mundo adverso, siendo adoptada por criaturas mágicas que me educan según su modo de ver la vida. Villa Beatriz es ese mundo, más detallado y lleno de recuerdos, tal como lo veía yo, y como lo sigo viendo en mis recuerdos, sumando experiencias actuales. Arpegios de una melodía solitaria es mi infancia, tal como la verían otros, desde una perspectiva más real, pero no menos extraordinaria. En busca de una historia es el hijo que busca a sus padres para encontrar en sus raíces su propia historia, un viaje interior que nos lleva a universos impensables donde rescribir la fantasía puede transformar la realidad. El libertador del confín es un homenaje a todos los libros que me ayudaron a crecer, lo que sería capaz de hacer por salvarlos.<br />
Laurel y orégano es un recorrido por el poder que habita en las mujeres de mi familia, tal como lo viví en mis vacaciones en el campo, el sortilegio de descubrir y reencontrar el amor a través de un ente que viaja conmigo a través de sucesivas existencias, mis dudas y temores, mi incesante búsqueda de una verdad más allá de la circunscrita. Y están mis libros de cuentos -cuentos de circo, libro inédito escrito contigo; cuentos de ángeles, cuentos de casas, cuentos de gatos, cuentos habaneros, cuentos infantiles.-, de los cuales prefiero Cinco minutos a solas con las musas, De príncipes y princesas y El mundo al revés, episodios de mi vida junto a mi hija Sarah, la princesa majadera; el diario de doce años, aprendiendo de esa pequeña sabia.</p>
<p>¿En otra vida serías escritora?</p>
<p>Sería hacedora de cuentos, siempre. Escribir es la tabla que me salva de los naufragios, es mi burbuja de silencio, mi sinfonía perfecta, mi sortilegio contra todo lo adverso y a favor de todo lo bello, mi modo de ver y comunicarme con el mundo. No sabría ni querría hacer otra cosa.<br />
No sé en qué universo o tiempo podría renacer, o haber nacido antes. Si es un mundo anterior a la escritura sería narradora oral, cuentacuentos, hechicera que cura con historias. Si voy a un mundo más avanzado estaré a favor de la narrativa, sea como sea, creándola a partir de los medios disponibles. Tal vez en un mundo paralelo baste con soñarla y todos los que duerman o descansen, y quieran conectarse con mi mente, puedan hacerlo.<br />
Soñarán mi sueño -tal como ahora nos conectamos a internet o al correo electrónico-, verán las imágenes e historias que pueblan mi mente. Y puedan hasta participar en el proceso de creación, un inmenso e infinito libro interactivo sin soporte físico.</p>
<p>*Fuente: http://www.cubarte.cult.cu/periodico/entrevistas/su-vida-es-aprendizaje-y-perfeccionamiento-de-un-oficio-que-ama/20971.html</p>
<p>LA TORMENTA DEL REY*</p>
<p>*De Anabel Orona</p>
<p>Remolinos de hojas. Relámpagos y truenos empujaban las primeras gotas del día.<br />
El rey entró en la tintorería y llamó al hombrecito que planchaba contra el ventanal de vidrio.<br />
- Eh Yamashiro! dónde estás?<br />
- Acá mi señor, exigiste que en tu traje no quedaran arrugas, encontraste alguna?<br />
- No. Vengo por otra cosa. Compré un libro japonés y exijo que me leas los haikus! &#8211; contestó fastidioso.<br />
- Permitime el libro mi señor, a ver a ver&#8230; acá dice&#8230; dice&#8230;mmm&#8230; dice&#8230;<br />
- Dale! Apurate! sabés que odio esperar! qué cosas dicen los haikus?<br />
- Mi señor&#8230; lamento informarte que&#8230; es un libro de arquitectura, mirá, aquí dice: modelo casa Takeda,<br />
acá en ésta página, modelo casa Kimoshaki y en ésta otra, modelo casa Fukuda&#8230; no hay haikus!<br />
- Será posible que la vendedora haya sido tan inútil?- dijo el rey dando un golpe seco sobre el mostrador.<br />
Alterado se dirigió a la salida y de un portazo se retiró sin saludar. El hombrecito, con la tranquilidad que lo caracterizaba volvió a su plancha mientras las campanillas de la puerta lo devolvían a sus pensamientos de un Agosto Hiroshimado tan lejos del solvente y el vapor. El rey en la vereda necesitó fumar, buscó entre sus ropas el tabaco y encontró el paquete vacío, apretó los dientes y cerrando los ojos pegó un puñetazo contra la pared.<br />
- Será posible?- protestó, luego mientras metía la nariz dentro del paquete, un aroma a menta y chocolate lo fué calmando, abolló el envoltorio y lo arrojó en la alcantarilla.<br />
- ¿En qué cajón habrá quedado mi humor?- se preguntó abatido mientras caminaba suave, por la ciudad del otoño, con la mirada baja. De repente, se descolgó una garúa brillante y fría. Al doblar la esquina se topó con ellos. Los observó espantado. Meditó.<br />
- Qué pareja mas pareja! un drogadicto y una alcohólica! puaj! uno tropieza y la otra se bambolea!<br />
Por Dios qué feos son! por Dios, qué feos! pero&#8230; qué hermoso se besan abrazados bajo la llovizna&#8230;-<br />
Acomodó la piel de su capa abrigándose y hundió la corona dorada aplastando su largo cabello canoso,<br />
en tanto los enamorados pasaban a su lado, riendo sin poder hallar el equilibrio. Los siguió con la vista<br />
murmurando.<br />
-  En qué cajón habrá quedado mi amor?-<br />
El rey levantó su cara al cielo, la lluvia caía desordenada empapando el bigote, la barba, el cuello.<br />
Resignado, cruzó la calle.</p>
<p>La felicidad se movía con el viento y su tristeza, era un gemido que angustiaba la mañana.</p>
<p>- Anabel Orona, provincia de Buenos Aires<br />
-Enviado para compartir por Ruben Vedovaldi. rubenvedovaldi@netcoop.com.ar</p>
<p>*</p>
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		<title>EDICIÓN ENERO 2012</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Jan 2012 23:11:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>inventivasocial</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[LA MARLERA* *Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar Cuando me distraigo es cuando suceden las cosas y todo se vuelve en un cono de magia. Como cuando me dormía, de niño, sentado sobre la marlera pintada de verde. Allí, cuando todos se olvidaban de mí, era cuando me sentía más feliz, porque cuando alguien tomaba la palabra [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=inventivasocial.wordpress.com&amp;blog=467829&amp;post=241&amp;subd=inventivasocial&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>LA MARLERA*</p>
<p> *Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar</p>
<p>  Cuando me distraigo es cuando suceden las cosas y todo se vuelve en un cono de magia.<br />
            Como cuando me dormía, de niño, sentado sobre la marlera pintada de verde.<br />
Allí, cuando todos se olvidaban de mí, era cuando me sentía más feliz, porque cuando alguien tomaba la palabra y contaba las historias.<br />
            ¿Ustedes saben qué era una marlera?<br />
Era un gran cajón de madera que se construía ad hoc para guardar marlos en la cocina, combustible para la cocina económica, esas grandes de hierro fundido que producían un gran calor en las casas, en especial las que se levantaban en el campo donde vivían los chacareros con sus familias, más que numerosas según eran los tiempos.<br />
            Cuando Roque Vasalli inventó el cabezal maicero que trituraba por un método de absorción la espiga, el marlo quedaba en partículas que se iban diseminando por el campo. Allí aparecieron las primeras cocinas a kerosén y yo contribuí al “progreso” cuando el Taio Peiró, mi patrón de entonces me vendió la suya en cómodas cuotas, para que a su vez comprarse una a gas. Mi padre vendió o regaló nuestra cocina económica número uno, de marca Istilart, que se fabricaba en Tandil o Tres Arroyos, ahora no recuerdo. Y su ausencia, no pudo resolverse con ninguna otra en los últimos cincuenta años.<br />
Era próximo ya el tiempo en que la gente abandonaba los campos para radicarse en los pueblos, para tener más comodidades y sus casas se convertían en taperas habitadas por ratas y arañas pollito.           En ese tiempo sin embargo, es decir, en el tiempo de mi relato, los candidatos naturales para reponer los marlos en ese gran cajón que se fabricaba a golpe de martillo, cortes de serrucho y clavos grandes, y se ubicaba en un lugar estratégico de la cocina desde donde se producía todo el calor de la casa, éramos los niños.<br />
Se nos mandaba a la troja con un canasto de mimbre, entre pequeño y mediano hasta volver a cargar hasta el tope ese reservorio natural de energías. Los marlos también se usaban como combustible para los asados. Mi padre decía que era lo único que le daba un sabor natural y y exquisito a la carne.<br />
Si no había niños en las chacras –cosa muy difícil entonces-, los encargados eran los quinteros, refugiados de guerra, inmigrantes  ya ancianos, que estaban para las tareas menores y que eran de algún modo protegidos por los chacareros, como si fueran de la familia. Tal el caso de Chiquín  Cantoni , con los Clérici o de don José Alberti, en la chacra vecina de los Milani.  Don José, ese viejito veneciano que me enseñó la palabra “Otoño“ y su mera existencia, ya que yo suponía al mundo dividido en tres estaciones por entonces: Verano, Primavera e Invierno.<br />
Para nosotros era toda una aventura cruzar con ese canasto al hombro los cien metros o más que separaban la troja de marlos blanquísimos de la casa, ingresar a ella y pasar a esas inmensas cocinas de entonces, con su grandes azulejos blancos, grandes paredes, que estaban orladas de grandes ollas como colgantes a la espera de la exquisitez que hacían nuestras tías y abuelas con el sólo producto de la quinta, industria de sus manos y de la tradición que heredaron de sus mayores, todos venidos del otro lado del mar.<br />
Los olores por lo tanto de esas grandes cocinas eran predominantemente el romero, la albahaca o el laurel, que cultivaban con profusión en esas quintas primorosas y bien regadas, siempre protegidas por plantas frutales y que no era raro que allí, junto a este trío infaltable de condimentos culinarios se mezclacaran el olor de los limoneros, de los mandarinos y de los naranjos en flor, cuyos azahares inundaban el aire bucólico y muy feliz de aquellos tiempos ya perdidos en el arcón tan lejano que sin embargo no me cuesta para nada recordar.<br />
Y viene también con el aroma de los azahares, el vuelo de los pájaros que siempre merodeaban en sus círculos en ese aire límpido, mientras debajo de la bomba de mano se formaban los charcos del agua que iban a beber las abejas, y los perros  dormían debajo de las conejeras y allá lejos volaban las cigüeñas, tan grandes que uno podía suponerlas una sábana blanca, suspendida de los últimos cielos altos que tuvimos y  perdimos para siempre.</p>
<p>Boletos*</p>
<p>A mi amigo Miguel,<br />
que despertó estas palabras.</p>
<p>No nombraré la ciudad porque la ciudad es múltiple, y porque lo que allí sucede, bien puede suceder a diario en otra ciudad, en otro país. Acaso cambien los nombres, los rostros, los objetos.</p>
<p>Yo, turista en todas partes, eterno extranjero, pertinaz inhabitante, venía caminando hacia la estación, con mi maleta medio vacía (maleta de nómada incurable, brevísimo catálogo de recuerdos y ausencias, inútil equipaje), y un creciente cansancio que se iba acentuando a medida que mis pies cruzaban más fronteras, a medida que mi pasaporte acumulaba sellos. Puesto que aún faltaba más de una hora para la salida de mi tren, tomé asiento en una terraza sombreada. Enfrente, al sol, había varios niños jugando. Niños pobres, harapientos, de los que abundan en los alrededores de casi todas las estaciones del Sur. Cuando pasaba alguien con traje, o con aspecto de turista, uno de ellos se separaba del grupo y se acercaba al desconocido, ofreciéndole un billete de lotería. El timo es antiguo. Se trata de billetes<br />
viejos, sin premio, que los chicos recogen del suelo o de las papeleras y planchan lo mejor que pueden para darles apariencia de nuevos. A veces, algún despistado compra un billete, pero generalmente hay gritos y amenazas, y a menudo, los chicos tienen que salir corriendo para no caer en manos de la policía.</p>
<p>No muy lejos de allí, las máquinas excavaban lo que muy probablemente se convertiría con el tiempo en un centro comercial o un edificio de oficinas.<br />
Quizá a causa del monótono ruido de las excavadoras, me amodorré un poco.</p>
<p>Una voz suave me despertó.</p>
<p>- Señor&#8230;</p>
<p>Cuando levanté la vista, una chiquilla morena, con dos trenzas medio deshechas y una mancha oscura en la mejilla, me ofrecía uno de aquellos billetes.</p>
<p>Mi primer impulso fue echarme a reír y despedir a la mocosa con unos céntimos o con la amenaza de la policía, que es el remedio habitual en estos casos, pero algo en su mirada me impedía hacer una cosa así.</p>
<p>- El número es lindo -dijo, tratando de vencer mi indecisión con esas simples palabras.</p>
<p>Entonces la miré con más detenimiento. Sus ojos no eran los de una niñita suplicante, no eran ojos mendicantes, ni ojos víctimas; tampoco eran los ojos pícaros de quien está estafando a un turista crédulo; aquéllos eran los ojos firmes y tranquilos de alguien que sólo pide lo que por derecho le<br />
corresponde.</p>
<p>No lo dudé un instante. Conté algunas monedas y puse en su mano el dinero que costaba el billete. Ella me dio las gracias, sonrió dulcemente y regresó junto a sus amigos. Mientras la miraba alejarse correteando alegremente, guarde el papelito en mi cartera, junto a la fotografía de Mariela.</p>
<p>Miré el reloj. Había que irse. Mi tren estaba a punto de llegar.</p>
<p>Sé que es innecesario contar lo que sigue, decir que aquel fue el primero de una larga colección de boletos caducados, que hubo en mi camino otras muchas estaciones, otros niños y otras excusas, que en cada lugar que visité fui atesorando con avidez los boletos que aquellos niños famélicos me ofrecían,<br />
siempre ante la atenta y burlona mirada de los testigos, ciegos, incapaces de percibir que todos y cada uno de aquellos papelitos medio arrugados tenían un premio mucho más valioso que el que indicaban los números impresos.</p>
<p>Durante años he llevado conmigo ese primer boleto, prueba irrefutable de que la escena anteriormente narrada no fue un sueño. A veces, contemplo la cifra, (&#8220;-El número es lindo&#8221;) como si en ella pudiera leerse algo que no fuese una sucesión más o menos armoniosa de dígitos. A veces, contemplo la cifra como esperando que esos signos revelen algo que en realidad no necesita ser revelado.</p>
<p>-De Prosas breves.</p>
<p>*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com</p>
<p>http://sergioborao2011.blogspot.com/</p>
<p>Canción para Acompañar un Sepelio*</p>
<p>[Puede cantarse acompañada de marimba,<br />
o con cualquier instrumento regional]</p>
<p>Se llena de luz,<br />
Tu piel resplandece,<br />
Se hace de lluvia,<br />
Sacia los campos.</p>
<p>Se llena de luz,<br />
Evapora tu carne,<br />
Se entrega tu cuerpo,<br />
Habita en los ríos.</p>
<p>Se llena de luz,<br />
Tu cuerpo insurgente<br />
Quiere ser de maíz,<br />
Quiere nacer de la tierra.</p>
<p>Se llena de luz,<br />
Tus entrañas renacen,<br />
Se pudren como fétido lodo:<br />
Se hacen de luz.</p>
<p>*De hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com</p>
<p>Entrevista laboral*</p>
<p>Cuarenta años  recién estrenados, mente lúcida y reflejos veloces. Frente a él, el psicólogo pone a prueba su autodominio azuzándolo, tratando de hallar en su sólida personalidad un  punto que lo haga enojar, que provoque una respuesta descontrolada y reveladora. Busca  una  grieta en  su honestidad.<br />
Eduardo comprende el juego y lo disfruta; se mantiene sereno y esquiva las  estocadas hábilmente.<br />
De pronto el psicólogo  atraviesa su guardia:  Eduardo vuelve a la infancia,  a aquella tarde en el  patio de su casa, cuando él, todo flequillo,  ojazos negros y piernas trepadoras, cortara dos limones del árbol del vecino que estaban del  lado “de acá” del tapial. Desde la altura pudo observar el patio ajeno: nadie a la vista&#8230; y su mano avanzó y aumentó la cosecha .<br />
Su madre vio los limones y comprendió. Y lo obligó a devolver los frutos mal habidos.<br />
No valieron de nada  las protestas de Eduardo ni sus lágrimas: un momento después se empinaba  para tocar el timbre de la casa vecina.<br />
- Era un viejo divino, con bigotazos blancos y mirada de abuelo. Me acarició la cabeza y me dijo que en adelante sacara todos los limones que quisiera,  que  hablaría con mamá para decirle que él me había dado  permiso.<br />
Sus ojos  toman un brillo húmedo al relatar el episodio que recién en ese momento consigue digerir.<br />
El psicólogo lo mira profundamente:<br />
- Por fin conseguí ver tus cimientos.<br />
Y añade en tono amistoso:<br />
- El martes a las ocho presentate a revisación médica.<br />
Se estrechan las manos sin decir nada más.<br />
No hace falta.</p>
<p>*De María Amelia Schaller. masch@arnet.com.ar</p>
<p>NANA DE LAS PALABRAS* </p>
<p>Mis palabras, suben volando, mis pensamientos se quedan aquí abajo;<br />
palabras sin pensamientos , nunca llegan al cielo.<br />
WILLIAM SHAKESPEARE </p>
<p>Todos los días. Todos.<br />
Menos los  tiempos de los errantes miedos.<br />
Ella, encierra todas las mujeres, todas.<br />
Hija, madre, esposa. Nona, hermana.<br />
Acaso amante desterrada.<br />
Las que están acá.<br />
Las que quedaron en la patria lejana.<br />
Las que se fueron en esta nueva tierra.<br />
Guarda  sus palabras espejadas.<br />
Ella. </p>
<p>Todo sirve.<br />
El baúl de la abuela.<br />
Las cajitas de sándalo.<br />
Un vaso de cristal de camafeo.<br />
Un cántaro de barro.<br />
Mamushkas.<br />
Una concha de nácar.<br />
Una nuez. Una almendra.<br />
Un poliedro de cuarzo.<br />
Un libro. Un corazón.<br />
Los ojos de un infante dormido. </p>
<p>Las desbroza de penas y las guarda.<br />
Luego las saca, claro.<br />
En tiempos de sequía, en hambrunas.<br />
En éxodos. En destierros. </p>
<p>Algunas, vuelven, en amores tardíos.<br />
Pequeñas rosas negras se enredan en su pelo.<br />
Otras, caen como cascadas de golondrinas blancas.<br />
Salen guaguas, con sabor a frutilla.<br />
Buscan la panza de los niños de barro.<br />
Pájaros surgen. Pañuelitos. Pétalos, Lino. Raso.<br />
Dócilmente calman la exaltación del hombre.<br />
-Saben, que el amor es ardor y ternura- </p>
<p>Las más frágiles, caen en barquitos de papel, al mar.<br />
Ella  sube, las acuna, les canta, las escucha, las piensa.<br />
Les da vuelo. Aova.<br />
Deposita nuevamente en la arena&#8230;y las nace.<br />
En la arena&#8230; las nace&#8230; </p>
<p>*De Amelia Arellano.  arellano.amelia@yahoo.com.ar</p>
<p>Territorio de infancia*   </p>
<p>*Por Oscar A. Agú. oscarcachoagu@yahoo.com.ar </p>
<p>Haciendo caso a Rilke, si no puedo decir nada, puedo decir de mi infancia, porque verme sin escribir se hace muy difícil.<br />
Y uno recurre a contar hechos del pasado. De un mundo que ya fue. Queda el polvo de los recuerdos y, en muchos casos, la nostalgia. Pero, personalmente, no me acuno en ella. Sé que ese mundo ya fue. Con sus códigos, su lenguaje, sus percepciones del mundo y de la vida.<br />
Más allá de ello, convengamos que han sido, cada uno de esos hechos, la materia con la que estamos compuestos en buena parte en nuestra forma de ser y obrar. Y lo están las generaciones que nos siguieron y las que seguirán. El abrazo oportuno de papá y/o mamá, el consejo del abuelo, los juegos con mis hermanos o compañeros de edad y escuela, los viajes, los amigos nuevos, los amores infantiles y los metejones juveniles&#8230;<br />
Es cierto, además, que no todos tenemos la misma infancia. Cada uno está signado por el lugar donde nació y creció. Y hay diferencias. Uno las percibe con claridad, ya adulto. De niño solo sabemos que somos niños.<br />
Y los amigos son amigos del alma. Para toda la vida. Eso creemos. Y queremos hacer todo con ellos: ir de paseo, comer un alfajor, tomar la merienda, ir a la escuela, ir a la iglesia para prepararnos para la primera comunión. ¿Cómo no voy a ir con mi mejor amigo? Y ahí fui. La primera vez fue una charla del cura. Como la pasamos bastante bien, lo invité. Y él, sin ninguna traba, aceptó y vino conmigo. La pasamos bien.<br />
Claro, había un detalle: mi amigo era judío. Las nacionalidades y confesiones religiosas siempre las pase por alto pero, los mayores, nos pusieron en regla de adultos. Uno aquí y el otro allá. En los juegos, no había problemas: los piratas, el tren, trepar los árboles, comer frutos silvestres o correr tras la pelota. Pero en lo religioso, nones.<br />
Así fue como empecé a distinguir ciertas diferencias, pero que no me movieron en mis siete: la amistad no tiene religión, ni raza, ni territorio.</p>
<p>Emilse Zorzut en Aurora Boreal*</p>
<p>Poesía Emilse Zorzut </p>
<p>Emilse Zorzut, Argentina. Es psicóloga clínica egresada de la Universidad Nacional de La Plata. Cursó estudios de periodismo en la Escuela del Círculo de Periodismo de la misma ciudad. Incursiona en narrativa. -cuento y novela, poesía, teatro, guiones de cine y televisión. Ha publicadoSobre mundos abismales compartido con la escritora Marta Multini, Al compás de la ronda, Morada de los cuatro vientos, Morada de mi sombra (Premia Platero 2000 &#8211; Naciones Unidas &#8211; Ginebra, Suiza), Caleidoscpio, Síndrome X, Peregrinaje, Morada de mi ser, Morada mirando al sur.</p>
<p>SOLEDAD DEL POETA</p>
<p>Todo lo que el poeta escriba<br />
está resumido<br />
en una única palabra: Soledad.<br />
Antonio Miranda</p>
<p>Cada palabra una gota<br />
dentro del cántaro<br />
de uno mismo,<br />
cada imagen un suicidio<br />
en tornasoles de grises<br />
que marca el límite.<br />
Habitación cerrada,<br />
puertas y ventanas ficticia;<br />
abrirlas es hallar la nada,<br />
beber la no espera<br />
que confirma el silencio<br />
y nos define solos.<br />
¿Con qué color bautizamos<br />
a la soledad nodriza<br />
que nos acunó en la cuiva<br />
y nos bendijo poetas?</p>
<p>DE OLVIDO Y SOMBRA</p>
<p>Si pudiera de noche,<br />
perdidamente solo<br />
acumular olvido y sombra&#8230;<br />
Pablo Neruda </p>
<p>La noche abriga recuerdos<br />
que acunamos en soledad<br />
pretendiendo evaporarlos<br />
y que partan con el día.<br />
Solo que forman esfinges<br />
que se lucen como olvidos<br />
vestidos con añoranzas<br />
que acusan, que lastiman&#8230;<br />
Y clamamos por la noche<br />
para que llegue el sueño<br />
siempre solos y con frío;<br />
los cobertores del alma<br />
vuelan siempre al infinito&#8230;</p>
<p>MI LÍMITE</p>
<p>Atravesado el límite<br />
encapsulé mis lágrimas<br />
para que nadie supiera<br />
de la orfandad de mis búsquedas.<br />
Era un error abrirse<br />
a toda mirada extraña,<br />
mi cuerpo solo era sombra<br />
confundida en la arboleda.<br />
A nadie importa si el árbol<br />
busca el cielo o lo elude<br />
hundiéndose en la tierra<br />
o decorando el asfalto.<br />
Tampoco importa si vuelo<br />
o me sepulto en abismos,<br />
ni siquiera si sonrío<br />
para eludir alimañas&#8230;</p>
<p>-Poemas Soledad del poeta, De olvido y sombra, Mi límite enviados a Aurora Boreal® por Emilse Zorzut. </p>
<p>*Fuente: http://www.auroraboreal.net/index.php?option=com_content&amp;view=article&amp;id=1056%3Apoesia-emilse-zorzut&amp;catid=82%3Apoesia&amp;Itemid=199</p>
<p>AQUEL TIEMPO*</p>
<p>*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar</p>
<p> En ese tiempo traslúcido yo me iba silbando con mi perro y mis tramperas, mis boleadoras de plomo y mi honda matadora de pájaros.<br />
Cuando escribo “en ese tiempo”, es como si no hubiese existido o estuviera allí, esperándome, como una película detenida que espera el accionar de la manivela para que todo vuelva a andar. Si bien los medios de locomoción eran más primitivos con respecto al presente, y la vida más sacrificada, y tal vez gracias a eso había más movimiento y más  gente en los negocios y en las calles, que, si no fabulo con el paso de los años, la población era más numerosa. Pero no, no fabulo porque están los censos para atestiguar el lento desgranamiento de numerosas familias que comenzaron a migrar hace setenta años y hoy lo hacen con mayor premura, aunque no se van las enteras familias sino la parte más joven y dinámicamente expectante del pueblo. No obstante, a veces, se me van cruzando algunos nombres, fechas, situaciones que hoy son el olvido y que  resultaron interesantes en su momento.<br />
Sé que no conmuevo a nadie si escribo algunos nombres, pero alguien debe hacerse cargo de ejercer una justicia melancólica, o un gesto reparador, pese a los vientos de olvido y desolvido.<br />
            ¿Quién se acuerda de Adrian Oscare, a quien apodaban “El Juez”, siendo que no era sino un oscuro hombreador de bolsas de la Casa Arregui? ¿Y los hermanos Aróstegui?, Vicente y Ricardo, eran “el Vasco grande” y “el Vasco chico”, respectivamente. ¿Y Faustino Brochero, apodado “Pancita”? Y Cipriano Carmen Herrera, el popular “Chocolate”? ¿Y Rosalino Mansilla, Raúl Cornelio Arias, apodado “El Manco”, y su hermano Albino, negro como la noche, no hacía honor a su nombre?. ¿Y Juan Amalio Herrera a quien todos llamaban “El Chino”, y don Horacio Vega, y el “turco” Abraham Salí, a quien llamaban “El turco sucio”, o a Francisco Alí, a quien decían “El turco Francisco”?<br />
¿Y don Esteban Echeverría casado con doña Dolores Fino que vendía chocolatines y helados en la puerta de la cancha?<br />
Toda esta gente vivía en el pueblo antiguo y sus gestos estaban nimbados como por una luz tan clara que casi siempre enceguecía, como el sol si se mira muy de frente.<br />
Los primeros diecisiete años de mi vida estuvieron absolutamente tiranizados por una sola pasión excluyente: el fútbol.<br />
 En el primer equipo que yo vi, el primer equipo al que mi viejo me llevó a mirar como jugaban estaban aquellos ídolos que hoy permanecen intactos en la memoria de los veteranos: Tin Morón, arquerito heroico: en defensa Quique Moreno, Anselmo Vera, a que llamábamos “Verita”, Juicho Becerro,”Tit” Gardella, Capobianco, “Tuto” Vega.<br />
Y adelante: Morenito, Carbonin, Parabatti: Remigio Gramajo, el “Loco” Moreno que se vendió en un clásico y como era ferroviario llamó ese domingo a la 11 de la mañana al club diciendo que había atropellado una vaca y estaba  detenido.<br />
¡Las pasiones que producían en ese entonces los clásicos! Empezaban las ansiedades y los pronósticos quince  días antes y se comentaba una semana después el terror de la circunstancia de una derrota o las mieles de un triunfo. Todo el barrio “El Jazmín” participaba de los preparativos aunque la emoción ese día tenía que ser agasajada. Doña Emilia Latini de Peralta era nuestra vecina y consultaba a sus amistades, nobles señoras que se fanatizaban por la camiseta roja y entre ellas hacían una cadena de oraciones y en esos días el “Ramos Generales” del Cholo Belluschi incrementaba la venta de velas y se concurría más  a la Iglesia para reforzar “in situ” las oraciones.<br />
El reducido, el cuasi recoleto, pero visto a la distancia, el inmenso tiempo de entonces era amplio como el mismo universo, en esas primeras emociones en que todo se daba por amor a una camiseta, no importa si del barrio, o del Club, a esas protoremeras a la cual le colgábamos unas chapas de gaseosas de entonces a modo de distintivo o esas blancas, muy usadas que osábamos pintarle una inscripción o un distintivo porque entre los agujeros que ostentaba su uso auguraba un pronto pase al indecoroso destino del trapo de piso o siquiera repasador que limpiaba la plancha de las cocinas económicas ahítas de marlo o de leña seca esa que no hacía llorar los ojos de las señoras de entonces. Sus lagrimales se preparaban para ser usados oyendo las radionovelas ingenuas: “El paisano mala suerte” con Federico Fábrega y su compañía que recorría los polvorientos caminos de entonces, donde los pueblitos se colgaban en ese bordado asequible y lloroso en el hilo sentimental y cuasi ingenuo a prueba de corazones sensibles.<br />
Nosotros, en ese tiempo, habíamos armado un equipito aguerrido con el cual competíamos en partidos de hacha y tiza con otros barrios de entonces.<br />
Sin embargo,  por más que recorro mi memoria quienes eran esos otros pibes que con entusiasmo armaban sus propios cuadros para jugarnos un desafío, han sido olvidados.<br />
Sólo recuerdo como entusiasta “armador” de otros cuadros rivales al buenazo de “Nenucho” Faravelli,  a quien todavía suelo ver por las calles de esta ciudad donde transcurrimos nuestro exilio de años. Sin embargo, hace poco le hice esta misma pregunta.¿quienes jugaba con vos contra la barrita dura del barrio “El Jazmín”?. Yo sólo recuerdo a Edgardo Tossini, le digo. Y él siempre amable me dio alguna respuesta que no me satisfizo porque los que me nombró  eran muy chicos con respecto a nosotros. Hubo, lo digo amablemente, un desacuerdo o un desacople entre su recuerdo y el mío, que al ser dos subjetividades persiguiendo el retazo percudido de la memoria, es factible que se pierdan en los vericuetos insomnes de la nada.</p>
<p>Ella es*</p>
<p>Ella va por la vida</p>
<p>Con su impronta y energía<br />
Todos la miran, la oyen<br />
Van  sus curvas bamboleando<br />
Y sus faroles  a punto y  a avanzar</p>
<p>Con su risa y su picardía<br />
Recoge las  miradas de los varones<br />
Con su  instruida seducción<br />
Atropella delicadamente  con palabras,<br />
Gestos y mohines</p>
<p>Su vestir, por demás  elegante y   ajustado<br />
Anuncia, a cada paso,  su generosa humanidad<br />
Ondulante, perspicaz  y orgullosa.<br />
Con el arte de una  mujer policía<br />
Examina  como testigo encubierta<br />
A otra buena  presa para capturar.- </p>
<p>*De Azul. azulaki@hotmail.com</p>
<p>GOMERA DE JUGUETE*</p>
<p> Si moría el ave, su belleza moría con él…</p>
<p>No podría decir que no tiré nunca con la gomera, pero lo hacía porqué todos los compañeros lo hacían, y me divertía más el hecho mismo de tirar, ver donde iba la piedra, si acertaba, o  iba cerca del blanco; pero no sentía ninguna alegría en tirarle a los pájaros.<br />
Más bien nunca les acertaba, un poco porque inconscientemente tiraba  quizás a errarle. Me gustaba saber que era capaz de acertarle, pero me conformaba cuando pegaba en la rama donde estaba asentado, o mejor aún cuando el pajarito advirtiendo el disparo, volaba antes que llegara el cascotito, y este cortaba las hojas justo en el lugar que había ocupado.<br />
Me alegraba verlo escaparse.<br />
A lo sumo era un triunfo si le sacaba una pluma, la prueba del acierto, máxime si tenía testigos, que pudieran luego avalar mi pequeña hazaña.<br />
Ver al pájaro muerto me conmocionaba, como que me deprimía. Asumía que entonces su belleza se terminaba, y sentía como que algo me lo recriminaba, incluso de ser cómplice, si estaba junto a quién lo hizo, y no podía dejar de sentirme culpable.<br />
Así y todo me unía a los demás, o incluso sólo me paseaba con mi honda como un arma, pero siempre viendo otras cosas como blanco, y actuaba de ese modo. Tiraba más a las cosas quietas, jugando, o bien tratando sólo de demostrar mi puntería…<br />
Pero sin lastimar a los pájaros…<br />
Los sentía tan llenos de vida.</p>
<p>*De Celso H Agretti. celsoagr@trcnet.com.ar<br />
Avellaneda- Santa Fe; 18/07/2004</p>
<p>En la incerteza de una cifra*</p>
<p>En mi vida tuve muchas, muchas minas<br />
pero nunca un hombre</p>
<p>Tuve muchos, muchos balurdos<br />
pero nunca una sensata concreción</p>
<p>Tuve muchos, muchos chirimbolos<br />
pero nunca una pieza preciada</p>
<p>Muchísimos<br />
nunca tuve<br />
tuve<br />
       en mi vida.</p>
<p>*De Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar</p>
<p>¿DE DONDE SON LAS GAVIOTAS?*</p>
<p>*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar</p>
<p>¿De dónde salían las gaviotas que vi volar alrededor del arado donde mi abuelo iba sentado, roturando la tierra?<br />
¿De dónde venían, tan blancas, a veces con un pequeño luto en la punta de las alas, siempre voraces, siempre hambrientas?<br />
Tal vez de aquellos cañadones, en cuyas orillas que festonaban los juncos, las espadañas, los espartillos, las plantas acuáticas en medio.<br />
La tierra al ser volcada era muy negra, al paso del sol y de las horas iba tomando un color más claro, tal vez influyeran también los minerales que durante siglos estaban en el vientre del mundo.<br />
Las tres rejas pobrísimas iban dando vuelta la tierra y sacaban al aire los gusanos, gusanillos e isocas blancas que  eran el manjar no sólo de las gaviotas sino de numerosos pájaros menores que iban a la arrebatiña que producían las gaviotas con sus gritos y sus vuelos rasantes.<br />
A veces yo seguía a mi abuelo y me ponía a distancia prudente, mi presencia no era respetada por el hambre y la angurria de las aves diversas. Cuando mi abuelo me descubría invariablemente me marcaba de regreso. ¡Cómo me hubiera gustado que me subiera en su falda!  Si eran mis tíos los que araban la cosa era distinta. Me alzaban y me sentaban en sus rodillas ya que el aradito tenía un solo asiento, y hasta me dejaban tocar ese doble par de riendas, para darme la ilusión que yo manejaba los ocho percherones que trabajosamente arrastraban esas tres pequeñas rejas de hierro que la tierra ponía brillosa y cuando se dejaba de arar por medio de una palanca se alzaban y el sol se veía allí en su plenitud y lo reflejaba como  espejos.<br />
Por el camino rural de vez en cuando se veía una polvareda que se iba acercando y luego al pasar junto al alambrado donde mi abuelo estaba arando el conductor saludaba con un grito, mi abuelo levantaba apenas el látigo a modo de respuesta, y enseguida el silencio del campo que llegaba antes de que el polvo se asentara de nuevo en la calle.<br />
A veces pasaban los obreros de Vialidad Nacional que estaban reparando los caminos con esas grandes aplanadoras “Champion”, o algún jinete de vez en cuando y más raramente aún un auto. Los que sí se veían con más frecuencia eran los pequeños Ford T o la “Justicialista”, una chatita de industria nacional que fue fabricada previamente al popular rastrojero allá por los cincuenta del siglo pasado. Estos vehículos eran más frecuentes porque transportaban tambores de gasoil o de aceite hacia las chacras que las usaban de combustible, o bolsas de harina para amasar el pan, que no entraban en el espacio reducido de un sulky.<br />
 Los tractores eran pocos todavía, y sólo muy raros chacareros lo tenían. Estaban los Massey Ferguson, los Hanomag y el popular y criollísimo “Pampa”, todo pintado de verde. Eso recuerdo.<br />
 Y volviendo a las gaviotas, aunque no he averiguado el origen, no las supongo sobrevolando las orillas de un mar lejano y creo comprender que éstas de los bañados eran más chicas, y a su vez, alternaban con otras especies como las cigüeñas, los chorlitos, las bandurrias, la diversidad de patos: crestones, picazos, siriríes, zambullidores, maiceros, etc. También con los flamencos blancos y los rosados, y con las garzas blancas y las garzas moras que cruzan el aire solitarias con ese silbido tan triste que zurce el horizonte plano y sangrante del atardecer.<br />
Estas gaviotas merodeaban la tierra cuando todavía se araba porque le producía una vasta y surtida oferta de alimentos para ellas y sus crías que usaban ese graznido tan desagradable y lastimero.<br />
Con lo que ellas dejaban se alimentaba toda familia de pájaros menores menos el biguá que lo hacía estrictamente de los caracoles que pescaban a la orilla de los cañadones donde corría poco el agua.<br />
En los atardeceres cuando mi abuelo levantaba esa palanca y las rejas ya no brillaban al sol porque con su sangre iba pintando los campos, la estribación de los montes, el lomo de los terneros que balaban sangradamente buscando a sus madres y algo de ese fleco rojizo del crepúsculo se posaba en el sombrero lleno de tierra y sus bigotes cansados que a la noche, como siempre, filtrarían el vino antes de pasar airoso y feliz por su garganta italiana.<br />
A lo lejos las luces del pueblo no llegarían a iluminar las numerosas perdices echadas en medio del campo, en silencio como una araña dormida.</p>
<p>DESVELAR*</p>
<p>“Todo número es cero ante el infinito”<br />
VICTOR HUGO</p>
<p>Tengo un número tatuado en mi frente.<br />
Un código de barras en mi espalda.<br />
Me horroriza mi ingenuidad.<br />
Mi inocencia, mí obcecada tendencia a ser ilusa.<br />
A ser más cándida que una infanta dormida.</p>
<p>Que hago yo, me pregunto, con este muro en blanco.<br />
Con mi pupila ciega y mi mano dormida.<br />
Tantas, tantas peleas con molinos de viento.<br />
Tonta necesidad de reconstruir historias.</p>
<p>Un mundo de cosas me rodean.<br />
El otro es no, nulo, inexistente, también yo.<br />
Pozos en la memoria.<br />
Resistir la tentación de levantar los velos.<br />
De raspar mi frente y mi espalda contra el muro.<br />
Teñirlo en sangre.<br />
Teñir el muro hasta el infinito.<br />
Solo un número hueco, solo, vacío.<br />
Luego, partir.<br />
Conjugar los verbos.<br />
Desmurar. Desmorir. Desvelar.</p>
<p>*De Amelia Arellano.  arellano.amelia@yahoo.com.ar</p>
<p>*</p>
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	</item>
		<item>
		<title>TAN LEJOS Y ESCRIBIENDO PALABRAS EN EL VIENTO&#8230;</title>
		<link>http://inventivasocial.wordpress.com/2011/12/31/tan-lejos-y-escribiendo-palabras-en-el-viento/</link>
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		<pubDate>Sat, 31 Dec 2011 17:28:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>inventivasocial</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[El Relojero Mayor* Soy una de las personas más importantes del mundo. El tiempo de la gente despende de mi desde hace 36 años. Cuando me dieron en cargo de Relojero Mayor del Big Ben, pusieron en mis manos, no sólo la responsabilidad de mantener el reloj en marcha sino también la de impedir cualquier [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=inventivasocial.wordpress.com&amp;blog=467829&amp;post=239&amp;subd=inventivasocial&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El Relojero Mayor*</p>
<p>Soy una de las personas más importantes del mundo. El tiempo de la gente despende de mi desde hace 36 años. Cuando me dieron en cargo de Relojero Mayor del Big Ben, pusieron en mis manos, no sólo la responsabilidad de mantener el reloj en marcha sino también la de impedir cualquier variación en el horario. A fin y al cabo todo el mundo se regía por la hora que daba mi reloj. Jamás se adelantó ni retraso un solo segundo en todo este tiempo.</p>
<p>Cuando me anunciaron una jubilación anticipada, el mundo se hundió bajo mis pies ¿acaso no había cumplido mi cometido? ¿No había sido eficiente y fiel? ¿Treinta y seis años de dedicación absoluta no merecían otra recompensa que una jubilación inmediata?. La excusa del cambio de los tiempos y del ordenador que controlaría la hora con &#8220;más rigor y seguridad&#8221; fue el detonante. </p>
<p>El último día de trabajo, empujado por la sed de venganza, adelanté el reloj una hora creando una cadena de despropósitos increíbles. La bolsa cerró antes con millones de operaciones a medias, los trenes llegaron antes de hora, las bodas se suspendieron, los juzgados no pudieron acabar sus juicios, los colegios dejaron los niños en la calle&#8230; El caos. </p>
<p>Con una sonrisa malévola cerré, por última vez,  la portalada del Big Ben y me fui a casa. Ahora solamente me quedaba acabar de pasar el resto de mi vida con mi mujer, que pacientemente, se había sacrificado como yo en la exactitud de los horarios durante toda una vida. Cuando abrí la puerta alcance a oír al vecino de al lado que decía desde mi habitación. &#8220;Diana, ven rápido que sólo nos queda una hora&#8221;</p>
<p>*De Joan Mateu. joan@cimat.es</p>
<p>PALABRAS EN EL VIENTO*</p>
<p>Con este correo saludo al Lic. Eduardo Coiro , a los colaboradores de la Revista , a sus lectores , a los pájaros exiliados. </p>
<p>*De Amelia Arellano.  arellano.amelia@yahoo.com.ar</p>
<p>“No digas que no sé atrapar el viento y tú en la distancia,<br />
alguien vino y violó la cerradura.”<br />
CRISTINA LARCO </p>
<p>No, no  me escribas palabras en el viento.<br />
Se convierten en cuervos.<br />
Picotean si piedad mis intensos girasoles.<br />
Luego dices que no se atraparlas. </p>
<p>A veces se transforman en noche.<br />
Descienden por mis hombros.<br />
Mueren en la curva de mi espalda.<br />
Luego me dices que mi nombre es Edith. </p>
<p>No escribas palabras en el viento.<br />
El viento es un tristísimo extranjero.<br />
No me condenes a ser mujer de sal.<br />
A ser ángel de arena. </p>
<p>Borra la fecha, el lugar, la hora.<br />
Quita a septiembre de tu calendario.<br />
Sé, una vez más, mi casa.<br />
Mi puente derribado, mi lirio blanco. </p>
<p>No digas que mi puerta está cerrada.<br />
“No digas que no sé atrapar el viento”<br />
La puerta de  mi alcoba abierta está.<br />
El aliento del viento, tan cercano.<br />
Tan ardiente , tan ebrio , tan febril.<br />
Y tú, tan lejos.<br />
Tan lejos y escribiendo palabras en el viento.</p>
<p>*</p>
<p>LAS ENTREVISTAS DE CARLOS ALBERTO PARODÍZ MÁRQUEZ</p>
<p>Habla la morada de su sombra*</p>
<p>*Por CARLOS ALBERTO PARODÍZ MÁRQUEZ. parodizlaunion@gmail.com </p>
<p>Distinguida en tres oportunidades con la Faja de Honor de la Sociedad de Escritores, obtuvo el premio ”Platero”, otorgado por la UN, Ginebra, Suiza.”Este camino ya nadie lo recorre salvo el crepúsculo”. En algún lugar del cemento, llámese como guste, hay quienes vivieron con la puerta cerrada mucho tiempo, el viento, la lluvia, el sol, algún pájaro, curiosearon. La literatura de Emilse Zorzut parece hablar de un desatar y desatarse, aunque no haya certezas de esto.<br />
Una importante pluma cuyos valores han trascendido las fronteras y su trabajo es material que habita distintas geografías y el cual ella accede explicar.<br />
Una profesional que enlaza mundos y los cuenta como cuentas de un rosario que se desliza en la memoria. Veamos cuanto es posible compartir de su historia que es además parte del presente.</p>
<p>–¿Quién es Emilse, cuál es su pasado y cómo influyó en el presente?</p>
<p>–¿Quién soy? Bueno, nací en la localidad de Tolosa, Ciudad de La Plata, en la Provincia de Buenos Aires. Mis abuelos paternos fueron oriundos de Austría y los maternos de las regiones vascas españolas. Una combinación algo especial. Un recuerdo de mi niñez es cuando me columpiaba en la hamaca construida por mi padre mientras miraba aparecer las estrellas al caer la tarde.<br />
Escribí mi primera poesía a los 11 años y fue una mala experiencia porque mi maestra no creyó que era de mi autoría. Con el tiempo, me di cuenta que no debía haber sido tan mala. Comencé a trabajar a los 16 como secretaria privada de la presidenta de una institución que ayudaba a enfermos incurables para luego pasar a un comercio y terminar, obteniendo por concurso, un puesto en la administración pública.<br />
Pero mi sueño era ser periodista, por lo que me inscribí en la car r e ra que se dictaba en el Círculo de Periodistas de La Plata, pero c u a n d o cursaba las cuatro última s materias en la Facultad de Humanidades, por razones políticas, cerraron la escuela y bueno, nuevamente a buscar otro rumbo que terminó en la Facultad de Humanidades donde me recibí de Psicóloga Clínica.</p>
<p>–¿Cómo te formaste profesionalmente y dónde? ¿Tu carrera te permite trasladar información a la literatura, cuando se produce el cruce?</p>
<p>–Pertenecí a la primera promoción de esa carrera, aunque de todos modos mi vocación por la literatura seguía en pie y nunca abandoné mi inclinación hacia la poesía.<br />
Mi carrera, el importante aporte que me dio, fue el conocimiento a fondo de la naturaleza humana que me permitió crear mis personajes cuando comencé a incursionar en cuento y novela.</p>
<p>–Publicaste varias cosas, sobre todo en papel ¿Podrías mencionar tu obra completa?</p>
<p>–Mis obras publicadas en papel son: Sobre mundos abismales –Poesía– (1990) compartido con la escritora Marta Beatriz Multini; Al compás de la ronda –Cuentos– (1995); Morada de los cuatro vientos –Prosa Poética– (2000); Morada de mi sombra –Poesía– (2001), con el cual obtuve el Premio Platero 2000 de Naciones las Unidas en Ginebra, Suiza; Caleidoscopio –Poesía Haiku– (2003) con el cual participé en un intercambio cultural Argentino- Cubano; Síndrome X – Cuentos – (2006); Moradas, una recopilación de ocho poemarios cuyos títulos comienzan con la palabra Morada (2010). También tengo publicaciones en Antologías nacionales e internacionales.<br />
Colaboro con revisas literarias de Argentina, América y Europa. Además, publico en diversos sitios web. Con la escritora Marta Beatriz Multini incursionamos en guiones de cine y TV que están a la búsqueda de algún director que quiera llevarnos al cine.</p>
<p>– ¿ Cuáles son tus referentes literarios?</p>
<p>–En poesía fueron Lao Tse y Basho, por mi acercamiento a la poesía oriental. En nuestra lengua, Neruda y Alfonsina Storni son mis predilectos. En prosa decididamente Cortázar, porque su sola lectura me devuelve a las musas cuando éstas se adormecen.</p>
<p>–¿Qué es para vos la literatura, qué te provoca?</p>
<p>–Es la supervivencia del alma, y a través de ella canalizo sueños e ideales que me permiten sobrevivir en un mundo gris.</p>
<p>¿Estás trabajando en algo en este momento?</p>
<p>–Con la escritora Marta B. Multini estamos incursionando en guiones de cine y TV. Por mi parte estoy encarando el género novela. </p>
<p>Tres preguntas delirantes que sólo una autora con musas despabiladas puede responder:</p>
<p>–¿El sol tarda en salir en una época del año porque se siente avergonzado?</p>
<p>–Creo que el sol prefiere la noche para no ver lo que sucede en la tierra y que no puede modificar.</p>
<p>–¿Las marcas del tiempo, son heridas, cicatrices, espejos indeseados o qué?</p>
<p>–Las marcas del tiempo son enseñanzas que se deben capitalizar para lograr que el mundo interno sea una fuente de paz y goce de vida, una tarea que muchas veces nos cuesta asumir.</p>
<p>–¿Dios, el que elijas, puede ser olvidadizo?</p>
<p>–No creo que Dios sea olvidadizo, creo que recuerda para qué nos creó, tal vez lo hayamos decepcionado. Debe estar esperando que en algún momento cumplamos nuestra parte.</p>
<p>*Fuente: La Unión Espectáculos y Cultura 30/12/11  http://www.launion.com.ar/?p=76595</p>
<p>Carta por un nuevo año*</p>
<p>Estás allá,<br />
lejana,<br />
viviendo la ilusión tan bien soñada,<br />
cargando a un Santa Claus,<br />
cubriendo con guirnalda palma ajena.<br />
 Así eres feliz, a tu manera.<br />
                                   Yo sigo aquí,<br />
renuente,<br />
viviendo realidad,<br />
soñando un poco;<br />
encendiendo velas fuera de los altares,<br />
esperando cualquier día pájaros negros,<br />
cargando con flecha la ballesta.<br />
Es cierto, cada cual es feliz a su manera.</p>
<p>*De Miguel Crispín Sotomayor. arcomar@cubarte.cult.cu<br />
-Tomado del poemario “Fantasmas de Quijote” (2006)</p>
<p>Volver a casa*</p>
<p>*Por Juan Forn</p>
<p>Mi madre no quiere que le lean, desde que perdió la vista. Le ofrecí traerle audiolibros, le ofrecí conseguirle una persona que le vaya a leer, y ocupar yo ese lugar los días que voy a Buenos Aires. Le ofrecí que encarásemos juntos los siete tomos de En busca del tiempo perdido (yo leería cada noche<br />
en Gesell hasta donde ella hubiera leído ese día en Buenos Aires, y en mis días allá podíamos seguir leyendo los dos juntos o comentar lo leído hasta entonces). Propuse Proust porque ella se ha jactado siempre de su ascendencia francesa y nada le gusta más que conversar sobre gente conocida:<br />
&#8220;¿Te acordás cuando el Francés Dubois sobrevolaba con su avioneta la casa de La Cumbre, para avisar que lo fueran a buscar al aerodromo (ella pronuncia la palabra con el acento grave, en la segunda o) y que estuvieran los coloraditos listos cuando llegara?&#8221; (el coloradito era el trago de rigor en aquella casa: gin, campari y ralladura de limón). Pero mi madre me contesta en monosílabos que Proust era un snob; por un instante asoma su vieja personalidad, taxativamente pasional; es apenas un chispazo pero tiene su gracia escalofriante ver hasta dónde llega su influencia subterránea en mí<br />
(¿por haberle oído decir eso alguna vez yo no he podido nunca leer a Proust?).<br />
Traté entonces de tentarla con Los gozos y las sombras, perspectiva poco promisoria para mí pero sabía cuánto había disfrutado ella los tres tomazos de la novela y la miniserie (y me resultaba difícil imaginar una lectura que fuese más visual para ella, que creo que es lo que más añora). Pero tampoco conseguí interesarla. En cambio, para mi sorpresa, me pidió que le contara qué estaba leyendo yo, qué libro llevaba ese día en la mochila. Yo le he mentido descaradamente a mi madre a lo largo de la vida, me llevó su tiempo pero aprendí al fin a decirle lo que ella quiere oír. Y me pareció improbable que quisiera oír las impresionantes historias sobre trastornos de la vista que cuenta el neurólogo Oliver Sacks en El ojo de la mente. Pero ella se mostró interesada en los casos cuando empecé a contarle con cierta<br />
vacilación de un trastorno llamado alexia, que es la incapacidad de leer.<br />
Uno se levanta una mañana, abre el diario y es como si estuviera escrito en cirílico (puede leer la hora en su reloj, pero no por los números sino por la ubicación de las agujas; puede &#8220;leer&#8221; un durazno pero no por su aspecto sino por el tacto, el olor o el sabor). Un escritor canadiense llamado Engel se despertó un día así. Llegó desesperado al hospital y una enfermera le preguntó si podía escribir y Engel descubrió para su estupor que sí (pero no podía leer lo que había escrito). En una época se la llamó ceguera a la<br />
palabra, hasta que Freud la bautizó agnosia visual. Engel miraba el cielo y veía azul, veía la calle y las personas como cualquiera de nosotros, pero como escritor era ciego: debió pasar de leer a escuchar y de escribir a dictar.<br />
&#8220;Esa historia es más para vos que para mí&#8221;, se limita a decir mi madre. Le interesa más lo de un profesor inglés de religión llamado Hull a quien le pasó algo peor cuando se quedó ciego, a los cuarenta, y su memoria e imaginación visual empezaron a escurrírsele entre los dedos: cada día perdía un rostro, un paisaje, un color. Estaba tan pendiente de esa pérdida que tardó en darse cuenta de cómo se le iban desarrollando los otros sentidos.<br />
Hull dice que de a poco empezó a &#8220;oír&#8221; los objetos silenciosos, como los faroles de la calle o los autos estacionados: cuando pasaba junto a ellos era como si se espesara la atmósfera, los objetos le devolvían el sonido de sus pisadas. A una pianista húngara que sufrió una afasia a los sesenta le pasó lo contrario, pero a la vez lo mismo. El afásico se despierta una mañana y descubre que no puede hablar. Poco a poco descubre que también ha perdido el habla interna; ya no puede hablarse a sí mismo tampoco. De pronto<br />
toda queda limitado a lo visual: sólo puede expresar sus pensamientos y sentimientos a través de gestos mímicos. Pero muchas víctimas de afasia son capaces de desarrollar una intensificación compensatoria de sus capacidades no lingüísticas, sobre todo la capacidad para &#8220;leer&#8221; las intenciones de los demás a partir de sus gestos faciales e inflexiones vocales: tienen un don para detectar cuándo la gente miente, por ejemplo.<br />
El escritor canadiense descubrió un día que podía identificar las letras individualmente, si tenía un lápiz en la mano o dibujaba mentalmente el signo (lo entendía con la mano: sólo era capaz de &#8220;leer&#8221; al escribir). El profesor inglés de religión cuenta que cuando perdió la visión central y se quedó sólo con visión periférica descubrió cuánto la subvaloramos: lo que vemos con el rabillo del ojo es lo que vemos más distraídamente, pero es la visión periférica, &#8220;rodeando&#8221; nuestra visión central, lo que nos proporciona un contexto. Dice Hull que la identificación se basa en el conocimiento y la familiaridad se basa en el sentimiento. Y después se pregunta si la pérdida de imaginación visual no es un prerrequisito para el desarrollo pleno de los otros sentidos (Hull, como dije, es profesor de religión). Miro a mi<br />
madre, que ha sido siempre muy religiosa, mientras digo esto. Ella está con la cara vuelta hacia la ventana, hacia la luz dorada de la tarde. Le digo que dice Hull que la ceguera lo acercó a la naturaleza (los sonidos, los olores, el tacto). Le digo que Hull tiene la costumbre de hacer preguntas cuando viaja, y que esas preguntas obligan al interlocutor a fijarse en cosas que había pasado por alto, lo obliga a ver mejor. El lenguaje sirve para ver, le digo a mi madre que dicen Hull y Oliver Sacks y el escritor<br />
canadiense y la pianista húngara. Mi madre sonríe tristemente, gira la cabeza hacia mí y dice: &#8220;¿No se está haciendo ya la hora de irte, mi querido? No quiero que pierdas el ómnibus por mí&#8221;.<br />
Cuando Norman Mailer contestó el Cuestionario Proust, describió así cuál era su viaje favorito: &#8220;El de vuelta a casa. La visión desde el camino de las luces de mi casa de Provincetown&#8221;. Yo vuelvo a casa cada vez que salgo de la residencia donde vive mi madre en Belgrano. Camino por esas calles arboladas<br />
hasta el subte que me lleva a Retiro, donde espera el ómnibus que me trae de vuelta a Gesell. Esas calles arboladas son en cierto modo como la entrada a Gesell, el momento en que uno sale de la ruta por la rotonda, baja la velocidad, abre la ventanilla, siente que ya está en casa. Son hermosas esas callecitas de Belgrano. Sin embargo, no hay trayecto más triste para mí que ése, desde que salgo de la residencia donde vive mi madre hasta que el fárrago y el apretujamiento del subte me distraen misericordiosamente, a codazos.<br />
Volver a casa. Eso quiere mi madre, eso queremos todos. Les deseo feliz año, les deseo que puedan volver a casa.</p>
<p>*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-184432-2011-12-30.html</p>
<p>Habitaciones*</p>
<p>Habitaciones que se bifurcan,<br />
que se multiplican y no terminan.<br />
Que son distintas y son todas la misma.</p>
<p>Pasillos que no conducen ni extravían.</p>
<p>Helados muros que devuelven, indiferentes,<br />
el eco angustiado de mi voz que te llama.</p>
<p>Y en el medio de todo<br />
mis pasos, quietos, sin destino,<br />
mi alma yacente, precipitada<br />
en el abismo de tu ausencia.</p>
<p>-De Destierro</p>
<p>*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com</p>
<p>http://sergioborao2011.blogspot.com/</p>
<p>https://www.facebook.com/Sergio.Borao.Llop</p>
<p>LA FORMA MÁS CRUDA DE LA SOLEDAD*</p>
<p> Lo cuenta Marabú, el joven de Senegal que vende relojes y cadenitas cargando con su valija por la ciudad.<br />
Dice que entro en un bar casi desierto y que un hombre de barba candado lo invito a sentarse hablando en francés. Marabú habla francés y wólof. Apenas comprende lo elemental del español.<br />
Le preguntó si había comido. Marabú, no tuvo vergüenza: le dijo que desde la mañana no había probado un bocado.<br />
El hombre de la barba candado llamó al mozo, pidió un sanguche y una gaseosa para Marabú.<br />
Y un café cortado para él.<br />
Antonio, el mozo, avisó que ese día el bar cerraba temprano por ser fin de año.<br />
El hombre, inmutable esperó que Marabú comiera tranquilo.</p>
<p>Mientras, se largo a monologar sobre la posibilidad de hablar y ser escuchado:</p>
<p>-Todos los años vengo a sentarme en esta mesa a la misma hora. No tengo respuestas. Sólo una profunda angustia.<br />
-Entendeme Marabú: -Puedo hablar, pero no puedo expresarme con las palabras.<br />
(&#8230;.) y las palabras que tengo no pueden darle forma a lo que siento, a lo que me pasa.<br />
(&#8230;) más de 53 años y no aprendí a liberar mi voz.</p>
<p>A veces pienso que es aun mucho peor.<br />
Que no solo las palabras que dispongo no pueden expresar mis sentimientos, sino que además no están las personas adecuadas para escucharme.</p>
<p>Después el hombre quedó en silencio, siguió hundido en pensamientos que surgieron desde una historia imposible de imaginar para Marabú, que luego de una media hora se despidió agradeciendo el gesto.</p>
<p>-Que tengas un feliz año nuevo, le dijo el hombre de la barba candado.</p>
<p>-Pensé: Es posible que esta sea una de las formas más crudas de la soledad.</p>
<p>*De Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar </p>
<p>Los puentes*</p>
<p>De los puentes enterrados<br />
sólo asoma<br />
un herrumbre inmemorial.<br />
Los visitadores se preguntan<br />
por una ciudad sin transbordo<br />
sin pasarelas<br />
ni emociones<br />
ni encuentros.<br />
Ruidos ferrosos responden<br />
desde el centro de la arcilla herida<br />
con voces<br />
de viejas estaciones de sembraduras.<br />
Pero el intercambio no se produce.<br />
Las terceras personas<br />
intuyen que el subsuelo oculta algo<br />
tal vez<br />
un pasado que no conocieron.</p>
<p>Soterrado el pasado pontonero<br />
de la memoria<br />
las manos muertas de la piel<br />
lograron<br />
despoblar el vínculo<br />
olvidado.</p>
<p>*De Juan Disante. disante.juan@gmail.com<br />
Buenos Aires &#8211; Argentina<br />
www.teoriasyalboroto.blogspot.com</p>
<p>Correo:</p>
<p>A mis compañeras y compañeros de sueños*</p>
<p>*Por Nechi Dorado.  nechi.dorado@gmail.com</p>
<p>(Mi deseo se extiende a mis compañeras y compañeros no sólo en  “mi patria” sino también en las patrias hermanas)</p>
<p>Este año que termina dejó cosas.<br />
Dejó huellas, heridas, alegrías, tristezas y esperanza.<br />
Dejó las  huellas  de los seres a los que pude tener cerca y se convirtieron en inolvidables, imprescindibles ¡Tan necesarios que deseo tener cerca para siempre! Y los atrapo en el alma, me vuelvo ¿”carcelera”? de amores y de afectos.<br />
Dejó heridas, esas que aparecen de pronto pero que con el tiempo se convierten en cicatrices que habrán de recordarme siempre el dolor pasado. También recordarán que pude superarlo y eso es lo maravilloso.<br />
Dejó alegrías por toda la gente hermosa que fui recogiendo en el camino, por su ternura y apoyo. Por estar y por ser.<br />
Dejó tristezas porque algunos se fueron a destiempo ¡Vaya a saber por qué cosas que algunos llaman destino! Son los que se van pero nunca del todo. Simplemente pasan a engrosar el arcón de los recuerdos más lindos y quedan allí dando vueltas sin encontrar la puerta de salida.<br />
Otros se fueron para siempre, algunos porque cumplieron su etapa y hubo de los que  partieron a destiempo, apresurados. ¡Vaya a saber, también, qué cosa cruel es la que decide cuando debemos irnos…!<br />
Y no faltaron los que fueron arrancados, de prepo, sin lógica y sin excusa valedera.<br />
¡Eran los insolentes, esos y esas a los que se les ocurrió soñar con otro mundo que es posible pero no les gusta a muchos!<br />
A los adoradores de la muerte, sobre todo, que no aceptan que subviertan el esquema establecido aunque aniquile, aunque desangre, viole o torture.<br />
El recuerdo tiene la propiedad de permitirnos dibujar sonrisas allí donde quedó una mueca.<br />
El recuerdo hace que la muerte sufra su peor derrota.<br />
Y el abandono también.<br />
A todos esos seres que viven en mi corazón y seguirán latiendo hasta mi último respiro les digo GRACIAS.<br />
A los otros también les digo gracias porque lograron de mí alguien más fuerte, totalmente convencida de que el camino elegido ha sido el que quiero y debo seguir transitando…<br />
A todos y a todas mi deseo de un 2012 lleno de felicidad, de memoria para que no se vuelvan a repetir los errores, de compromiso para que el mundo alcance lo que no debió perder nunca: la JUSTICIA, la LIBERTAD, los CODIGOS hoy suplantados por algunos que vienen en “barras”.<br />
Por un 2012 justo nos corresponde la tarea impostergable de despertar conciencias anquilosadas, repudiar lo imperdonable y sobre todo mantener viva la esperanza.<br />
Esa que también nos deja el año que ya se aleja y nos toca acunar entre canciones de amor y resistencia…</p>
<p>*Nechi Dorado<br />
 Argentina </p>
<p>*</p>
<p>¡Hasta siempre, 2011!</p>
<p>Brindemos por los Indignados,<br />
occupy&#8217;s, manifestantes;<br />
por los asesinados en cada plaza de la Libertad,<br />
cada guerra imperialista,<br />
cada tierra usurpada y río seco;<br />
por todas las víctimas invisibles<br />
y por las derribadas a flor de tierra y de llanto:<br />
vidas sangradas, sangre sagrada.</p>
<p>¡Bienvenido, 2012!</p>
<p>¡Brindemos por los triunfantes<br />
que derrocaron dictaduras,<br />
que defendieron derechos,<br />
que encarcelaron a asesinos,<br />
que conquistaron libertades!</p>
<p>¡Salud, amor, coraje, conciencia<br />
y tiempo para hacerlos realidad!</p>
<p>*De Eugenia Cabral. ecabral54@yahoo.com.ar </p>
<p>*</p>
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	</item>
		<item>
		<title>LA LUZ QUE NO VES&#8230;</title>
		<link>http://inventivasocial.wordpress.com/2011/12/30/la-luz-que-no-ves/</link>
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		<pubDate>Fri, 30 Dec 2011 02:03:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>inventivasocial</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[TIEMPO* Poesía Haiku Podamos sueños, cuando no volamos matamos vida. La flor de un día goza en un instante la eternidad. Soy pasajera del tiempo diluido en la luz astral. El breve ciclo copia en el espacio la luz interior. INEXISTENTE* Soñé utopías corriendo como río entre las piedras. Las transgresiones sutiles y sin saña [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=inventivasocial.wordpress.com&amp;blog=467829&amp;post=237&amp;subd=inventivasocial&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>TIEMPO*</p>
<p>            Poesía Haiku</p>
<p>Podamos sueños,<br />
cuando no volamos<br />
matamos vida.</p>
<p>La flor de un día<br />
goza en un instante<br />
la eternidad.</p>
<p>Soy pasajera<br />
del tiempo diluido<br />
en la luz astral.</p>
<p>El breve ciclo<br />
copia en el espacio<br />
la luz interior.</p>
<p>INEXISTENTE*</p>
<p>Soñé utopías<br />
corriendo como río<br />
entre las piedras.</p>
<p>Las transgresiones<br />
sutiles y sin saña<br />
arman las fugas.</p>
<p>Creí en el amor<br />
gestando los aromas<br />
que tiñen deseos.</p>
<p>Soñé y soñé<br />
un universo azul<br />
inexistente&#8230;</p>
<p>*De Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar</p>
<p>LA LUZ QUE NO VES&#8230;</p>
<p>SOMBRAS*</p>
<p>“La sombra no existe, lo que tu llamas sombra es la luz que no ves”<br />
HENRI BARBUSSE </p>
<p>Porque te demoraste tanto amor.<br />
Yo, te esperaba con el alma a la altura  de la luz del alba.<br />
Me hundía en la ventana abierta y aguardaba.<br />
Había olvidado tu nombre.<br />
Y tu sombra, ah, tu amada sombra.<br />
¿Como llamarte entonces?<br />
¿Como olvidarte, conociéndote tanto?<br />
No, no era un  sueño, los ojos se abrían  al deseo.<br />
Y no moría, y no vivía porque no llegabas.<br />
Y llegaste. Por fin. Llegaste.<br />
Pero aun ignoro la lentitud de tu sombra nocturna<br />
Y tu llegada cava en mí una pena silenciosa.<br />
Una pena que ignora, si ha de envejecer junto a tu cuerpo.<br />
Pero me envuelve .Como el mar. El dolor. El goce.<br />
Con un abrazo de oleaje furibundo.<br />
Y me cubres de espuma hasta el borde del miedo.<br />
Y eres mi tierra nativa. Mi amada soledad.<br />
Y aunque la  higuera ya ha dado dos cosechas al año.<br />
Y el follaje ya anuncia el amarillo.<br />
La higuera ha florecido.<br />
Y no es dogma, ni virtud, ni pecado.<br />
Y se que no te irás aunque te vayas.<br />
Y puedo elevar y derrumbar mi cuerpo.<br />
Porque has llegado, amor, y te bendigo.<br />
Y consagro tu nombre…y tus sombras azules.<br />
Y tus luces.<br />
Tus luces tan azules  y tus sombras.<br />
Tus luces y tus sombras y  mi beso. </p>
<p>*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar</p>
<p>LA VIDA SIN MENTIRAS*</p>
<p>Crónicas del Hombre Alto (n° 73)</p>
<p>Si no fuera por esos 20 minutos finales en que la historia pierde vuelo y termina enredándose en los clichés propios de las comedias románticas hollywoodenses, “La mentira original” sería una película impecable. No obstante, a esta comedia -codirigida por Ricky Gervais y Matthew Robinson y protagonizada por el primero- le alcanza con los méritos que exhibe antes de ese final anodino para erigirse como una película conmocionante y movilizadora.<br />
Con un humor inteligente, notable agudeza y acertadas dosis de un sarcasmo que a veces recuerda al de “Los Simpson”, el guión plantea la existencia de un mundo utópico donde no existe el engaño por la simple razón de que todas las personas dicen siempre lo que sienten y piensan. Todo allí es transparente y explícito; nada se calla. No hay diplomacia, es cierto, pero tampoco hipocresía. En su primera cita, hombres y mujeres verbalizan sin pudores sus miedos y frustraciones al respecto en tiempo real. Los compañeros de trabajo se demuestran con naturalidad sus celos y antipatías. Los camareros critican con libertad los platos que eligen los clientes. Los jefes confiesan a sus empleados la incomodidad que les provoca despedirlos. Los médicos informan a sus pacientes que probablemente morirán en cuestión de horas, con la misma liviandad con la que se anuncia que va a llover.<br />
En un mundo así, anclado a la inevitabilidad de lo verídico, no hay lugar para la desconfianza, claro, pero tampoco para la ficción. Las películas consisten en un actor que se limita a leer guiones que cuentan episodios históricos estrictamente reales. Y también las propagandas resultan muy singulares, al menos para nuestros ojos contaminados de marketing (en tal sentido, la ironía que destila la escena de la publicidad televisiva de Coca-Cola es demoledora).<br />
El conflicto surge cuando, un buen día, el protagonista Mark Bellison, flamante desempleado y a punto ce quedar literalmente en la calle, siente un impulso irrefrenable que lo lleva a afirmar. por primera vez en la historia de la humanidad, algo que no se corresponde con la realidad de los hechos. Es un impulso al que no sabe cómo calificar ni describir pues, lógicamente, el concepto de mentira no existe; es él quien, sin saberlo, lo acaba de inventar. A partir de ese pecado original, Mark descubrirá que no decir la verdad trae muchos beneficios, sobre todo cuando uno cuenta a su favor con la credulidad absoluta de los demás. Pero muy pronto descubrirá también que, simultáneamente, la mentira puede ayudar a la gente a ser más feliz. Ha nacido el engaño en el mundo, sí, pero con él han nacido también la esperanza y –he aquí el sarcasmo mayúsculo- la fe religiosa. Y es quizás en la formulación y desarrollo de esta ambivalencia moral donde se asientan los mayores aciertos de la película.<br />
“La mentira original” es divertida, y si bien se conforma con cumplir eficazmente su noble objetivo de entretener, se las ingenia, entre carcajadas y sonrisas, para embarcarnos en profundas reflexiones. En primer lugar, nos muestra un mundo en el que la comunicación humana carece de filtros morales y afectivos y, al hacerlo, por oposición, pone en evidencia la gigantesca red de ocultamientos y falsedades cotidianas en la que estamos atrapados y de la cual somos cómplices. Como en uno de esos teoremas cuya hipótesis queda demostrada por el absurdo, la exageración sirve aquí para desnudar cuánto de nosotros permanece sumergido en nuestra vida diaria, cuántas cosas callamos por conveniencia, compasión o buenos modales.<br />
En segundo lugar, esa ácida confrontación entre el mundo utópico y el real nos obliga a imaginar cómo sería vivir en aquél y nos coloca ante la incomodidad de no darnos una respuesta unívoca. Es que, pasadas las risas iniciales, esa honestidad sin concesiones que se nos va mostrando empieza de a poco a volverse difícil de digerir. Es un mundo brutal el de la película, sí, pero la paradoja es que en él nadie se siente ofendido pues nadie conoce otra forma de relacionarse. Somos nosotros, los espectadores, acostumbrados como estamos a vivir en una sociedad regida por el doble discurso, los que sentimos que no podríamos sobrevivir demasiado tiempo en semejantes condiciones de sinceridad.<br />
En tercer lugar, la película nos interroga acerca de nuestra propia credulidad y la inquietante posibilidad de que algunas -o muchas- de las cosas que damos por sentadas como verdades inobjetables sean, en realidad, la obra de algún gran fabulador. Si se piensa, por ejemplo, en las estrategias publicitarias que buscan convencernos de las virtudes de tal o cual producto, o en la manipulación constante a que somos sometidos por los medios masivos de comunicación, es imposible no preguntarse hasta dónde esa sociedad candorosa de la cual se aprovecha Mark Bellison no es un reflejo caricaturesco de la nuestra.<br />
              “La mentira original” propone con ironía un dilema sobre límites éticos. ¿Hasta qué punto es valiosa la honestidad? ¿Hasta qué punto resulta dañosa la mentira? Al exponer en paralelo el costado filoso de la sinceridad y la dimensión piadosa de la mentira no cuestiona, por lo tanto, nuestras elecciones, sino las posturas absolutas al respecto. A todos nos gustaría poder decir siempre lo que pensamos sin temer a las consecuencias. Y sin embargo, sospechamos que afrontar el reverso de esa libertad sería una experiencia acaso intolerable. El infierno sería -sartreana resonancia- la imposibilidad de sustraernos a la constante certeza del veredicto de los otros. Del mismo modo, a todos nos gustaría sabernos a salvo de las decepciones, pero ¿cómo soportar una vida en la que no hay lugar para la desilusión simplemente porque es imposible haberse ilusionado antes?<br />
          “No existe el mundo perfecto; toda opción tiene su precio”, parece advertirnos burlonamente la película. Y tiene razón.</p>
<p>*De Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@fibertel.com.ar</p>
<p>DESMURAMOS*</p>
<p>“La poesía empieza allí, donde la última palabra<br />
no la tiene la muerte”<br />
ODYSSEAS ELITIS</p>
<p>Ya no quiero más muros, corazón<br />
Pircas, de ideas, de silencios ¡Tantos muros, tantos!<br />
Condenada al muro de lamentos:<br />
A un campo santo de ausencias y distancias.<br />
A una horda de olvidos. A manos separadas, a un pañuelo negro.<br />
A la esquizofrenia. A un basilisco multicéfalo.<br />
A la placidez embriagada de la adormidera verde.<br />
A un yacuzi sin agua, con algas babosas y ojos de pescado.<br />
A un galeote. Sin remos. Sin rumbo.<br />
Sin bandera.<br />
A un buitre con cara de rectángulo.<br />
Convidada a comer entre los muertos.<br />
A un viejo verso aprendido en mi infancia<br />
“Piden pan, no le dan; piden queso, les dan hueso<br />
y les cortan el pescuezo”<br />
A una torre de Babel. Ignorado. Ignorante. Ignoto.<br />
A un león domesticado, con su lacia melena peinada por Giordano.<br />
A una vaca cansina con sus ubres repletas y el ternero muerto.<br />
A una actual Sodoma en el mar muerto.<br />
Sin Viagra. Sin Champagne. Sin siliconas.<br />
A un pastor sin rebaño. A una noche sin luna.<br />
A un poeta sin versos.</p>
<p>Desmuremos, mi sol.<br />
Desmuramos.</p>
<p>*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar</p>
<p>Etimología*</p>
<p>Mucha gente opina que no es importante conocer la etimología de las palabras. Saber porque al huevo se le llama &#8220;huevo&#8221;, a la tortilla, &#8220;tortilla&#8221; y a Don José &#8220;Don Pepe&#8221;, es imprescindible en estos tiempos.</p>
<p>Stefen Plumkier que dedicó toda su vida al estudio del origen de las palabras, la razón de su existencia, su significado y su gramática, ejemplarizaba con su léxico, depurado y generoso, al público que asistía a<br />
una de sus innumerables conferencias.</p>
<p>En la lección magistral que impartió en el Colegio de Astrónomos, cautivó al público con las aclaraciones que aportaba a un sin fin de preguntas relacionadas con la jerga científica del espacio. La mayoría tenían origen en las leyendas basadas en deidades, por eso sorprendió tanto que les hablara del Ogro.</p>
<p>Su voz resonaba en el claustro: &#8220;En Çatalhöyük, una ciudad que data del período neolítico, fue encontrado lo que se considera el comienzo de la historia de Anatolia. Se trataba de un fresco mural del año 6200 ADC, que presentaba en primer plano, las casas de la localidad, y al fondo, un volcán<br />
humeante en erupción; se cree que el volcán era el Hasanda. Otro fresco, actualmente expuesto en Ankara, representa pictográficamente el mismo pueblo con sus ciudadanos atemorizados por la visita de un ser tan grande, que les tapaba la luz del sol.&#8221;</p>
<p>&#8220;El estudio conjunto de ambos frescos nos identifica el pueblo, nos da el censo de sus habitantes y nos descubre el nombre del Ogro&#8221; &#8211; Siguió Plumkier &#8211; &#8220;Este Ogro, que sumía al pueblo en la oscuridad, se llamaba Eclipse y es quien ha dado nombre al fenómeno que se produce al interponerse un objeto sólido entre un punto y un foco de luz&#8221;</p>
<p>La Comunidad de Astronomía, desde aquel momento, incluyó un Ogro en su el escudo como principal símbolo heráldico. El escudo se oscureció automáticamente.</p>
<p>*de Joan Mateu. joan@cimat.es </p>
<p>*</p>
<p>&#8220;El amor es un tren que parte, un pañuelo saludando desde el andén, una lágrima que rueda buscando asirse al recuerdo, imborrable y eterno&#8221;.</p>
<p>¿Dónde había leído aquella frase? ¿A quién se la había escuchado decir? ¿La habría imaginado? ¿Estaría escribiendo en el aire? ¿Cuántas cosas puede uno llegar a inventar cuando lo domina el dolor, cuando la única vía de escape hacia alguna de las formas del placer es la propia imaginación?<br />
Quizá, lo sea también un vagón de tren, una locomotora desbocada, un par de rieles que se pierden en el horizonte.<br />
Subió los peldaños del vagón con el peso de su propio desamor sobre los hombros. Se sentía vacío, como si le faltara algo dentro del pecho, eso que hasta no hace mucho le otorgaba consistencia a su propia persona. Y al mismo tiempo, estaba desbordante de recuerdos. Extraña sensación la de la pérdida,<br />
pensó: te llena la cabeza de virtualidades, al tiempo que te vacía de materialidades.<br />
Eludió a los pasajeros que se demoraban en el descanso, fumándose un pucho en un lugar prohibido, para encarar el pasillo y deambular apenas hasta encontrar un asiento vacío donde apoltronarse. Se recostó contra la ventanilla cerrada, cerrándose aún más el abrigo sobre el pecho, como si el frío interior le brotara por los poros, estremeciéndole con un escalofrío.<br />
Un silbato se oyó en la tarde, el suelo del vagón crujió bajo sus pies, y la formación comenzó a moverse, como se movían las hojas de los árboles que circundaban el andén, retrocediendo dentro de su campo visual. Oyó el retumbar de la locomotora dándose ánimos para continuar viaje, y se abandonó a sus<br />
-cíclicos- erráticos pensamientos.<br />
¿Cómo seguir viaje desde ahora? El asiento que quedara vacío a su lado era algo mucho más concreto que cualquier símbolo que pudiese representar su actual estado de ánimo. Vacío de materialidades, vacío de cuerpos, vacío de afectos, vacío. Eterno y creciente dolor.<br />
De pronto, descubrió que ya no recordaba ni su rostro. Sentía la ausencia de su figura, su perfume, su calor. Pero no podía recordar sus facciones. Su cabello, quizás, oscuro y lacio; más no sus rasgos. ¿Cómo era posible?<br />
¿Estaría acaso comenzando a olvidarla? Lo dudaba; si así lo fuera, no sentiría este frío que le ascendía por el cuerpo como gélidas rachas de viento invernal. No: aún la recordaba, intensamente; este olvido sólo era otro ejemplo más de la constante presencia de su ausencia.<br />
Clara. Su nombre apareció en su memoria como un oasis en el desierto.<br />
Nombrarla, musitar ese familiar par de sílabas con un silencioso murmullo, no le hizo recordar aquel rostro que tantas veces contemplara extasiado, pero le abrió una puerta. Allí, hecho un ovillo contra la ventanilla del vagón, se abrió delante suyo un acceso hasta entonces velado por el dolor.<br />
Ingresó de pronto en un pasadizo mental que velozmente lo condujo hacia terrenos inaccesibles para él durante mucho tiempo; terrenos anímicos que le parecían demasiado extraños, como si le perteneciesen a otra persona.<br />
El paisaje se desplazaba hacia atrás, oscilando con el rítmico vaivén del tren; y por encima de él, emergiendo con una misteriosa luminosidad, apareció ella. Clara, recortada contra el marco de la ventanilla, como un tierno fantasma que quisiese penetrar en el vagón y sentarse a su lado, haciéndole compañía en este sombrío momento. Clara, extendiendo sus manos con ramalazos de un calor pleno de ternura, deseosa de ahuyentar para siempre esta devastadora languidez que le enturbiaba los afectos.<br />
Su rostro se acercó al suyo, y aunque percibía el aroma de su piel, aún no conseguía discernir sus rasgos. Podría ser ella, u otra cualquiera. Pero era Clara, no había ninguna duda. Su corazón se lo afirmaba, más que su razón.<br />
¿Razón? ¿Existía alguna clase de racionalidad en este momento dentro suyo?<br />
Su mano derecha se aferró aún más a las solapas del abrigo, queriendo asirla, retenerla, abrazarla.<br />
El calor se extendió por debajo de sus axilas, rodeando su cuerpo, mientras una boca respiraba ansiosa sobre su cuello. La calidez se desplazó hasta rodear sus muslos, mientras una leve pero creciente excitación comenzaba a dominarlo. El frío que sintiera hasta entonces parecía haberse extinguido.<br />
Clara volvía a abrazarlo, a quererlo, a darle más de su calor.<br />
Entreabrió la boca, buscando robarle un beso. Sus labios se encontraron con cierta torpeza, intercambiando sabrosas humedades que ya parecían no recordarse. Su mano quiso desplazarse, pero sólo consiguió aferrar apenas el hombro izquierdo, entrecerrando los párpados, mientras un brazo virtual, luminoso y protector, se desplazaba sobre la brillante piel de la espalda de Clara, y su boca se deshacía del encuentro labial para recorrerle un hombro, inhalando ese perfume que tanto deseara y lo embriagara durante días, semanas, meses.<br />
Entonces descubrió, apenas registrando el escaso contacto que tenía con la realidad que lo circundaba, que el duro asiento del vagón había dado lugar a un mullido sillón de pana, iluminado por una tibia lámpara de pie, que le recordaba una agradable y soleada tarde de otoño. Clara se movía sobre sus<br />
muslos, sin dejar de adherirse contra su cuerpo, con una indescriptible desnudez. Los besos recorrían infinitas distancias, procedentes de un ayer tan maleable que muy pronto se convertía en este presente, reactualizado, vívido, inmortal.<br />
Los brazos de él la aferraron vigorosos, rodeándole la espalda y la cintura, impidiendo que se aleje, provocando que ambas caderas se refregaran entre sí, aumentando el imaginable caudal de excitación. Clara gemía sobre su oído, suspiraba entrecortada, le mordisqueaba el lóbulo de la oreja, al desplazar sus tibias manos por encima de sus tetillas, rozándolas apenas con sus pezones al izarse y dejarse caer, volviendo a besarlo, hundiéndole la lengua, cerrando ambas piernas para apretarlo cada vez más.<br />
La excitación de él cobraba vigor muy rápidamente, como hacía mucho tiempo no experimentaba. El frío lo había abandonado. Volvía a sentirse amado, deseado, efecto que retribuía con ardor, mientras el traqueteo del tren lo mecía a un lado y al otro, potenciando el vaivén amoroso que le imprimía Clara con sus ondulantes arqueos, sinuosos movimientos que alejaban de sí toda realidad.<br />
Hasta que ya no pudo resistirse más y se dejó ir, liberando sus recuerdos, abriendo los brazos para recibirla y entregarle su savia, permitiendo un encuentro tantas veces negado, compartiendo ese calor inenarrable que siempre deseara retener junto a su corazón. Y así la recordó, sus rasgos afilados, los ojos claros, una nariz recta que prevalecía sobre unos labios pequeños pero carnosos, las cejas oscuras y tupidas, la tensa expresión orgásmica de un intenso amor que por siempre existiría dentro suyo.<br />
Recordó la liviandad con que encaraba la vida al estar junto a ella, la etérea sensación de volar sobre las calles y las playas durante los extensos paseos que disfrutaran juntos, la trascendencia de cada detalle hecho signo, el calor que le transmitiera su mirada durante tanto tiempo, la consistencia de un vínculo que le otorgaba solidez e impedía que se desmembrara en su propia confusión. Comprendió el estatuto que había adquirido el peso de la propia angustia al estar alejado de ella, el horror que experimentara cada noche que se acostara a solas en una cama absurdamente vacía, con la noche<br />
por delante y el sueño resistente a abrazarlo, para conducirlo dentro de ese mágico espacio que creaba cada noche para reencontrarlo con su deseo. Supo que, al convertirse el amor en algo tan leve y el desamor en algo tan pesado, aquello podía conducirlo a una locura tan adherente que jamás conseguiría apartarse de ella, al menos mientras viviera, cargando con aquel dolor hasta el final de sus días. Y el calor que recordara sobre este preciso vagón de tren sólo sería un vano espejismo de los momentos idos,<br />
insustancial y evanescente.<br />
Se resistió a recordar más, a enfrentarse con el dolor, a tolerar la realidad. La creciente sensación cobró una entidad casi física a lo largo de todo su cuerpo. Entonces se dejó ir, llevado en brazos por un orgasmo de raíces tanto físicas como mentales, arropado por una tibieza solar que provenía de sus profundidades anímicas más entrañables, abrazando a su propia Clara en un instante amoroso que él hubiera deseado no se acabase nunca.<br />
Así, mientras continuaba alejándose del dolor de la ausencia, se dejó llevar por el traqueteo hasta la próxima estación, rogando porque siempre existiese una estación más en su camino, y esa extensa vía que lo conducía al recuerdo jamás tuviese un final.</p>
<p>*De ALDIMA. licaldima@yahoo.com.ar </p>
<p>“Feliz daño nuevo!” * </p>
<p>Martín Micharvegas (de &#8220;Parajodas (II)&#8221;, 1998 (II)</p>
<p>En el daño que viene<br />
seremos probable y comparativamente<br />
más dichosos que en el daño actual</p>
<p>Este daño nos dejará resabios penosos<br />
Como todo daño se irá pero no muy lejos<br />
Nos merecemos otro daño<br />
después de la seguidilla de desbarranques<br />
de daños anteriores</p>
<p>Brindemos por un daño mejor<br />
y despidámonos de éste:</p>
<p>¡Feliz<br />
          Daño<br />
                   Nuevo!</p>
<p>*De Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar</p>
<p>*<br />
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	</item>
		<item>
		<title>BAJO UN ARBUSTO DE NÚMEROS DESNUDOS&#8230;</title>
		<link>http://inventivasocial.wordpress.com/2011/12/30/bajo-un-arbusto-de-numeros-desnudos/</link>
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		<pubDate>Fri, 30 Dec 2011 02:01:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>inventivasocial</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://inventivasocial.wordpress.com/?p=235</guid>
		<description><![CDATA[* Un personaje se escapó de mi novela Era nítido y susceptible No deseaba estar allí Quería tener su propia vida No me imaginaba que podía salirse de mis papeles Pertenecía a mis locuras de la fantasía Pero él se negaba a seguirla Tenía su propio destino Aunque intentaba aferrarlo entre signos de paréntesis o [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=inventivasocial.wordpress.com&amp;blog=467829&amp;post=235&amp;subd=inventivasocial&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>*</p>
<p>Un personaje se escapó de mi novela<br />
Era nítido y susceptible<br />
No deseaba estar allí<br />
Quería tener su propia vida<br />
No me imaginaba que podía salirse de mis papeles<br />
Pertenecía a mis locuras de la fantasía<br />
Pero él se negaba a seguirla<br />
Tenía su propio destino</p>
<p>Aunque intentaba aferrarlo entre signos de paréntesis<br />
o lo engañara invitándole a participar en una estrofa poética<br />
Él quería vivir su vida.</p>
<p>Como un globo soplado hasta la medianía<br />
Tenía una gran flexibilidad<br />
para escurrirse de mis ideas de vanidad<br />
Entre soplos y sus desiguales formas<br />
iba mutando para escaparse airoso<br />
de mis impertinencias</p>
<p>Quería volar por los aires de la montaña<br />
Se mecía intuitivamente franqueando las redes<br />
Que intentaban envolverlo.</p>
<p>Con una viveza casi perfecta<br />
Dejó su impresión en blanco y en suspenso…</p>
<p>*De Azul. azulaki@hotmail.com<br />
14/12/11</p>
<p>BAJO UN ARBUSTO DE NÚMEROS DESNUDOS&#8230;</p>
<p>PARLAMENTO DE LAS MONTAÑAS*</p>
<p>[para Mariel Sofía Maldonado Bonilla]</p>
<p>Eres caer del agua.</p>
<p>Eres subir de los árboles. </p>
<p>Eres tierra,<br />
Tu piel es de flores. </p>
<p>Eres briza,<br />
Tu piel es fruta dulce,<br />
Tu corazón un conjunto abierto de semillas. </p>
<p>Eres luz de Luna y luz de Sol,<br />
Tu piel son las calles,<br />
Tu corazón el alumbrado público,<br />
Tu nombre reposa hace años bajo el concreto,<br />
Yo soy quien te escribe. </p>
<p>Eres canción de perfume entre lluvia,<br />
Tu piel es el agua,<br />
Tu corazón es el bosque que de ti se baña,<br />
Tu nombre deambula y se encuentra entre estrellas,<br />
Yo soy quien te sueña,<br />
Yo soy quien te nombra,<br />
Somos la madera que se cubre de musgo<br />
Y que las hormigas convierten en su morada. </p>
<p>*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com</p>
<p>DOS MAESTRAS*</p>
<p>  Lidia Manavella y Carolina Iglesis, i.m</p>
<p>*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar</p>
<p> De los veranos vienen las antiguas cosas.<br />
            De los amaneceres de cuando el sol iba recogiendo imperceptiblemente las gotas del rocío.<br />
            Del olor a romero, a albahaca, a limón partido sobre la tabla basta donde mi madre cortaba con precisión la panceta ahumada que serviría con pan casero y un café con leche humeante recibiendo ese mañana auspiciosa de frescor infrecuente, pero que se iría desvaneciendo a medida que el transcurriera el día, y cuando el zurear sostenido de las palomas que anidaban en los ceibos, presagiaban un calor  intenso e insoportable al entrar de pleno en la siesta.<br />
            El olor sin embargo a pan tostado se recuerda, como una rémora interminable que somete a los inviernos.<br />
            En los inviernos era la escuela, la paspadura de los puños, los sabañones en las orejas: indefensas, la escarcha que nos esperaba en  los charcos. Evitábamos  romper ese hielo pese a nuestra tentación porque la leyenda popular decía que entonces se levantaba viento y tendríamos más frío.<br />
            La escuela traía, de suyo, más concentración y más disciplina pero otros placeres. Y sobre todo la sonrisa ancha de la señorita Lidia, con esa trenza tan rubia.<br />
            La señorita Lidia  era rosarina y vivía en época de clases en la casa de los Juárez, es decir de doña Blanquita y don Laureano.<br />
            La señorita Lidia compartía su habitación con una mujer delgada, alta, que tenía la nariz imperceptiblemente en gancho, se peinaba con rodete y era de Venado Tuerto. La señorita Carolina se llamaba y murió muy joven. No llegó a ser mi maestra porque ella daba en sexto y yo apenas estaba en primer grado y mi maestra era su amiga, la inefable señorita Lidia, quien el primer día de clase nos esperaba en la puerta de la escuela, para darnos la bienvenida. Como yo empecé mucho más tarde tuve el privilegio de ser ese día el único a quien ella dio un beso en la mejilla, me  tomó de la mano y me introdujo por esa puerta de arccos altos que todavía existe, y me llevó a través de aquella galería de grandes ventanales  con vidrios amarillos y verdes hasta el salón donde un tumulto de niños de mi edad se corrían entre los bancos y los pupitres. Allí fui presentado, pese a que a muchos conocía porque eran de mi barrio.<br />
            Durante todo ese año, ella estuvo a mi lado,  al menos eso siempre sentí, que era su único alumno y los grandes bolsillos de su guardapolvo impecablemente blanco y almidonado, ella sacaba una gran goma con la cual disimulaba, mis torpezas traslucidas en manchas  oprobiosas que me ponían tan en desventaja frente a varios compañeros míos, muy prolijos. Esa  no era mi virtud pero trataba de recomponer mi imagen al desorden con mis aplicadas dotes de lector, tratando de pronunciar con exactitud cada palabra nueva que aprendía.<br />
            Nunca fui de los primeros ni tampoco de los últimos, y trataba al portarme bien para que las quejas no fueran a mi padre, quien como todos en aquella época era muy severo. No siempre lo conseguía pero donde sí era el primero era en correr hacia el patio, en el campanazo del recreo para jugar ese partido breve con la pelota de trapo, que pese a su aparente inocencia también rompía de vez en cuando algún vidrio.<br />
            En ese edificio querido hoy funciona el Jardín de Infantes que no existía en mis tiempos de niño. Se cambiaron las tejas del techo por unas de chapa. Las tejas eran rojas, el nuevo fue pintado de verde. Tiene baños nuevos, a los vidrios de la galería los suplantó unas paredes que pintaron de blanco, pero los plátanos aquellos siguen en pie y las moreras que usábamos como arcos para jugar el fútbol, también. Ese patio de césped contra la Cortada Pascual Echagüe y la placita Sarmiento está igual. El frente que da al Club tiene unas inmensas lajas nuevas donde nosotros hacíamos la huerta y se me hace que el mástil es el mismo. No quedan las plantas de níspero en la casa de la directora, sobre la Cortada Mariano Vera.<br />
            Tampoco quedarán muchas personas que recuerden a esas dos maestras jóvenes -Lidia y Carolina- que en los recreos iban caminando, tomadas del brazo desde la puerta de entrada hasta la puerta del edificio, confesándose sus cuitas, mientras el bullicio de los alumnos con  sus gritos y sus corridas se mezclaba con el canto de las tacuaritas y las calandrias y el arrullo de las torcaza que  hacían sus nidos en esos ceibos que los años se llevaron para siempre. </p>
<p>El todo la parte*</p>
<p>*Jorge Santiago Perednik.<br />
(1952-2011)</p>
<p>Uno, bajo un arbusto de números</p>
<p>desnudos, multiplicamos y dividimos</p>
<p>sin poder sumar o restar</p>
<p>en un diluvio persistente</p>
<p>que los árabes llamaban el cero.</p>
<p>Cero es eros</p>
<p>uno es error </p>
<p>dos equivocación.</p>
<p>Bajo ese arbusto estabas vos</p>
<p>y yo no podía acercarme.</p>
<p>Bajo ese arbusto estaba yo</p>
<p>y no me reconocía.</p>
<p>Dos, detrás de un árbol silencioso</p>
<p>a su sombra, desnudos</p>
<p>como aprendices de amantes cartesianos</p>
<p>anotamos la aritmética del mundo</p>
<p>(aritmeticae mundi), las medidas de la bola terráquea</p>
<p>y soplamos nuestros alientos</p>
<p>moviendo nuestras caderas</p>
<p>tibi</p>
<p>la tibia gimnasia que tienta </p>
<p>a que el mundo se haga.</p>
<p>Es extraño hablar en plural y en primera persona</p>
<p>y en esa extrañeza de uno mismo está lo siniestro</p>
<p>de un poema de amor, el yo plural.</p>
<p>El sexo no es la verdad</p>
<p>no requiere velos sino artificios</p>
<p>que no requieren ser velados salvo que&#8230;</p>
<p>La guerra entre los sexos no existe</p>
<p>sino la guerra entre tal o cual persona</p>
<p>contra este o aquel sexo</p>
<p>tu guerra en contra de algo</p>
<p>que no es yo pero me pertenece.</p>
<p>La guerra entre las personas y los sexos como abstracción</p>
<p>es una fase preliminar</p>
<p>calculada, de la guerra entre el adentro y el afuera o</p>
<p>sociedad perfecta.</p>
<p>Según la ley</p>
<p>de las pequeñas equivalencias las inversiones no son tales.</p>
<p>Me decís que la parte es igual al todo</p>
<p>sesenta y nueve igual a infinito, o mejor</p>
<p>que sólo existe el todo, lo que sería cierto</p>
<p>si la sociedad fuera una masa mística.</p>
<p>La perspectiva desde una plaza circular </p>
<p>muestra que no lo es</p>
<p>nos hace ver otro tiempo, compartir la charla</p>
<p>con filósofos que sueñan que existimos</p>
<p>desnudos detrás del arbusto</p>
<p>practicando la pequeña escena sin prisa.</p>
<p>Tres, mirando el cielo arranco al arbusto un número</p>
<p>y tengo parte de una cifra.</p>
<p>¿La atribuiré al cielo? ¿Al arbusto? ¿A lo que sumamos?</p>
<p>Tengo parte de una cifra.</p>
<p>Tengo un sí.</p>
<p>Sólo así puedo decir, en lenguaje cifrado </p>
<p>que odio significa amor </p>
<p>y que si te odio</p>
<p>te amo y no puedo. Que amor no significa odio</p>
<p>tortuga no significa perro</p>
<p>techo puede significar piso</p>
<p>y que si te amo no te odio. </p>
<p>Por la ley de las grandes simplificaciones</p>
<p>tu camisa de seda puede quitarse</p>
<p>y lo que sigue se puede callar.</p>
<p>Tengo tu camisa en la mano</p>
<p>y me la pienso poner</p>
<p>operación dudosa</p>
<p>que obedece a una ley distinta.</p>
<p>Las leyes no pueden obedecerse porque</p>
<p>una ley es menor que uno mismo</p>
<p>salvo que la ley sea uno mismo</p>
<p>y uno mismo seas vos, en cuyo caso&#8230; </p>
<p>Una ley no es una regla y las reglas te pertenecen.</p>
<p>Entre la ley y la regla está el abismo de tu persona</p>
<p>y a la vera del abismo, desnudo</p>
<p>termino ladeado por una tradición ajena</p>
<p>en la que estoy inmerso, detrás de los matorrales</p>
<p>mirando tu nombre mientras quiero mirar la cosa</p>
<p>y no soporto lo que permitiría</p>
<p>que éste no fuese un poema de amor.</p>
<p>Cuatro, vos y yo nos reconciliamos </p>
<p>en un tercero, porque el todo no puede </p>
<p>existir sin las partes.</p>
<p>Los dos ancianos están dormidos, están durmiendo</p>
<p>y ambas cosas significan lo mismo.</p>
<p>Roncan en su sueño el ruido de la pequeña piedra</p>
<p>que cae por la ladera sin provocar avalanchas.</p>
<p>El milagro del uno que avanza</p>
<p>y no arrastra a muchos.</p>
<p>Esa paz en sus rostros indica que la guerra</p>
<p>llegó a su fin y hubo victoria:</p>
<p>sentir que no hubo guerra.</p>
<p>Devenimos ellos para alcanzar</p>
<p>eso a raíz de lo cual estamos</p>
<p>desnudos detrás del arbusto</p>
<p>con tus cejas agresivas y tus ojos que calculan</p>
<p>si somos partes en esto</p>
<p>y el todo lo autoriza.</p>
<p>Sin ese todo no habría partes</p>
<p>no habría número</p>
<p>no existiríamos.</p>
<p>(de “El todo, la parte” de Jorge Santiago Perednik)<br />
-Enviado para compartir por Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar</p>
<p>‘LA MUJER Y EL SEXO EN LA CULTURA OCCIDENTAL’, de James O. Pellicer. * </p>
<p>*Por Eduardo Pérsico. epersico@telecentro.com.ar</p>
<p>        Abarcar en un comentario bibliográfico lo expuesto en este libro de James O.Pellicer, un argentino residente en los Estados Unidos desde 1963, sería simplificar un trabajo que además de seriamente intelectual abarca detalles históricos inusuales en estas investigaciones. Desde el matriarcado en la historia primitiva, cuando la mujer fuera centro del clan y alrededor de ellas se formara cierta primaria organización social, al siguiente paso de predominio sexista y violento del hombre, &#8211; esa instancia de dogmática cultura sagrada en que la mujer pierde casi todo derecho- ellas fueron erigidas en origen del pecado. Y de ahí a los cánones modernizadores de la cultura occidental que confiriera a las mujeres derechos y equivalencias jurídicas similares al hombre, a veces muy retaceadas, pasó mucho tiempo. Y este siglo veintiuno no solamente  exhibe multitudes con mujeres de rostros más o menos velados postergadas como personas, según  acontece en regiones no muy exóticas del planeta, se suma el crecimiento del femicidio como crimen sexista y cotidiano. Ese retorno tribal o réplica de la dominación machista sobre las hembras expresado con  violencia, hoy por la acción de los grupos feministas recién conocemos más sobre los alarmantes crímenes de género en el mundo.  </p>
<p>      Con su documentado trabajo James O. Pellicer nos ilustra desde la Era Común, con la Venus Achelense, &#8211; una deidad femenina adorada varios cientos de miles de años antes de la sociedad patriarcal y dato inicial de la abstracción y el lenguaje primario de la especie humana- se demuestra una fértil tarea de investigación sobre épocas donde la mujer como expresión del poder cultural y religioso, no fuera considerada sierva del varón, señor y dueño de su cuerpo. Ya en el Antiguo Testamento el concepto de ‘esposo’ sería Baal, dueño, propietario, y ese Dios semítico se manifestaba entre varones y nunca en mujeres. Tan así que ‘algunos vigentes axiomas hebreos’ mencionarían ‘la bajeza del hombre es preferible a la virtud de la mujer’; y cuando al recuperar Sodoma los hombres quisieron abusar de los huéspedes de Lot, este le ofrece a sus hijas ‘que todavía no han estado con ningún hombre, pero no hagan nada a estos hombres que son mis invitados’. Una frase que según Pellicer no evitó que Lot  continuara siendo un respetable  personaje biblico, como igual nadie desaprobara al Rey David, autor de los Salmos, por adueñarse de tantas mujeres y concubinas de Jerusalén al retornar de Hebrón. </p>
<p>       La descalificación en la religión católica hacia la mujer en general no pareció preocupar a la feligresía femenina por ese papel secundario durante siglos, y recién en el Nuevo Testamento Jesucristo violó algunas reglas que especificaban la desigualdad de los sexos fijados por los esenios y los fariseos, y se mostró enseñando a las mujeres que lo seguían en una actitud inusual para la època. Y si al incluir a María Magdalena, Susan y Juana en su círculo íntimo se erigió en un defensor de los derechos de la mujer, al prohibir al varón despedir sin causa a su esposa evitaría que una mujer pudiera ser condenada sin juicio previo. Pero claro, él era Jesucristo y el autor lo distingue de otros que hoy asombrarían a cualquier practicante del catolicismo: La mujer debe portarse como Sara, obediente a su marido Abraham, a quien llama su Señor’( San Pedro: I 3: 1-6). Las casadas estén sujetas a sus maridos en todo porque el marido es la cabeza de la mujer’ (San Pablo, Efesios, 5:23-24), y luego el mismo Pablo dice ‘La mujer aprenda en silencio con toda sumisión porque no le permito a la mujer enseñar ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Adán fue formado primero y después Eva, que se salvará engendrando hijos si permenece con modestia). I Tim. 2:11-15. Y siguen<br />
las firmas emitiendo opiniones tan machistas y descarriadas que casi  sugieren una sonrisa los dichos de personalidades  notorias de esa congregación religiosa, como la expresada por San Clemente de Alejandría, (150-215, Egipto) ‘La mujer debe llenarse de vergüenza por sólo pensar que es mujer’, similar en intención con lo dicho por San Agustín, el más grande escritor y Padre de la Iglesia, cuando asegurara La mujer no está creada a la imagen de Dios. Es siempre Eva, la tentadora, de la que debemos estar siempre prevenidos. No veo de qué utilidad puede ser la mujer para el varón si excluimos la función de tener hijos’.  Y en cuanto el libro de Jaime Pellicer prosigue con muchísimas referencias similares, elegimos un renglón antológico dicho por San Pedro Damián, año 1007 al 1072, ‘las mujeres, trampas de Satanás, basura del paraíso, veneno del espíritu, espada de las almas, fuentes de pecado, ocasión de corrupción, prostitutas, cortesanas, cerdos’, una definición que acaso por tratarse de un hombre tan Santo al Damián no le fuera bien con las mujeres. Pero claro, tal vez por esas cosas…  </p>
<p>     El mismo Pellicer que considera igualmente respetable a toda religión y un asunto de absoluta incumbencia personal, entiende que algunas definiciones ‘sagradas’ en todas ellas no dejan de ser el mejor testigo de sus ideas en todo trabajo de investigación didáctica. En síntesis, otro estudio más,  consustanciado y fundamental,  de un escritor que nos sorprende con sus aportes documentales y la amenidad inusual para desarrollarlas. Y nos incita a debatir sobre la mujer en la historia, esa cuestión que los sectores del Poder ocultaran durante siglos. Sencillamente dicho, hablamos de un libro magnífico y oportuno.   </p>
<p>*</p>
<p>N.de Redacción: ‘La mujer… cuenta con prólogo de María José Binetti. Yel autor  James O. Pellicer con varios doctorados obtenidos en Estados Unidos, publicó en Argentina en 1990 ‘El Facundo, Significante y Significado’, un texto sobre las ideas de Domingo F. Sarmiento.</p>
<p>-Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.  </p>
<p>A la mierda*</p>
<p>No iré<br />
ni aunque me manden<br />
No me mandaré<br />
Ya estuve allí demasiadas veces<br />
También en el carajo</p>
<p>Renovaré mis puntos<br />
(provisorios)<br />
de destino.</p>
<p>*De Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar</p>
<p>*<br />
Inventren Próxima estación: Morea.</p>
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