EL ANIMAL INVISIBLE

Mayo 6, 2008 por inventivasocial

*

La angustia
es un animal invisible.

A ciegas
intento cazarlo.
Ametrallarlo.
Sitiarlo.
Con palabras.

Doméstico y feroz.
Se refugia
bien
adentro
mío.

*De Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com

EL ANIMAL INVISIBLE…

Yeti*

Junio 2006

Ha sido avistado y capturado por una expedición española, el “Abominable Hombre de las Nieves” al pie del Annapurna, tras una persecución de más de una semana por todo el macizo del Himalaya, apresándolo en el desfiladero que forma el río de Kali Gandaki.

Agosto 2006

Después de un par de meses de estudio y aclimatación, el Yeti, es trasladado a la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, para seguir la investigación de su origen, costumbres y evolución. Los mejores investigadores mundiales se han reunido para contrastar los datos y han llegado a la conclusión de que el famoso espécimen omnívoro es único en su especie, es más, es de una especie única.

Noviembre 2006

La integración a la sociedad será lenta y ardua porque, aparte de las dificultades de comunicación, el ambiente en el que ha vivido durante los años de libertad ha configurado su carácter, que dicho sea de paso es tranquilo y pausado. Estas características han facilitado los avances en su educación y se estima que en el plazo de un par de años podrá establecerse una comunicación fluida con él.

Enero 2007

Los progresos obtenidos en la educación del Yeti han sido espectaculares. El programa de Inmersión Lingüística* de la Generalitat, esponsorizado por Cerveza San Miguel, está dando resultados y su progresión en todas las áreas hace presagiar adelantos insospechados.

Abril 2007

El Yeti (que ha adoptado el nombre de Jordi), ataviado con el traje típico catalán, ha participado en un acto institucional formando parte del “Esbart Dançaire** del Vallès”, llegando a participar en la formación de un “castell*** d’un quatre de vuit amb folra i manilles”. Como colofón del acto cultural posterior, ha dado una conferencia sobre “La integración extranjera en la Catalunya de hoy” bajo el enunciado de “Els altres catalans”

Julio 2007

Jordi Yeti, “Ex-Abominable Hombre de las Nieves”, no ha obtenido el permiso de residencia y se ha visto obligado a dejar el país por falta de documentación. Fuentes fidedignas nos han informado que vaga por las inmediaciones del Kanchenjunga, en el centro del Nepal, recitando versos de Miquel Martí Pol, mientras sus “espardenyes de betes” se hunden en la nieve. Se le puede seguir fácilmente el rastro debido a la “barretina” que juró no quitarse nunca en señal de agradecimiento por la gran acogida que le dieron los catalanes.

*Joan Mateu. joan@cimat.es

* Inmersión Lingüística – Programa acelerado para enseñar catalán a inmigrantes.
** Esbart Dançaire – Agrupación que baila Bailes Regionales.
*** Castell – Formación típica catalana tradicional. http://es.wikipedia.org/wiki/Castellers

LA OCTAVA MARAVILLA*

*De Vlady Kociancich.

8

No me siento culpable. Hay personas que nacen con una aversión natural por la mentira y yo soy una de ellas. Creo, tal vez ingenuamente, que en el respeto a la verdad se encuentra el único camino de salida del infierno. Si mentí, fue porque nadie aceptaba la verdad.
-¿Cómo? Entonces no querés trabajar -exclamó mi madre, mientras la mano tironeaba del pañuelito escondido en la manga de su blusa.
No alcanzaba a sacarlo. Yo aclaraba:
-Por supuesto que quiero trabajar.
Y la acusación de haraganería me obligaba a recordarle cómo había trabajado todos esos años sobre los aburridos libros de texto.
Mi madre escondía el pañuelito.
-Nunca fuiste un vago, a Dios gracias.
-Voy a trabajar. Dije que no quería ejercer.
-¿No qué?
-No usar el título. Me gustaría emplearme en otra cosa. Ayudar a papá en la carpintería, por ejemplo.
-¡Un abogado en la carpintería!
-Papá gana más plata con la carpintería que un abogado que no sabe hacer plata.
-Tu pobre padre. Enterrado en la viruta, del día a la noche, sin ver gente.
La carpintería, lo juro, era un club. Iba a decir que si algo no le faltaba a mi padre, conversador famoso del barrio, era gente, cuando entendí que ella se refería a trajes, corbatas y automóviles, no a las personas que los usan.
Necesitaba la complicidad de mi madre. La mítica indulgencia maternal que todo lo acepta y lo perdona y de paso ayuda a convencer a su futura nuera de que, abogado o no, el hijo es un hombre valioso. Insistí: ni coche, ni yate, ni viaje a Europa, apenas un abogado mediocre y encima triste. No me negaba a trabajar. Me negaba al fracaso.
Yo era un típico estudiante argentino. La universidad me educaba para recibirme, no para colocarme. Si mi padre hubiera sidp abogado, me habría refugiado en su oficina. Pero mi padre era carpintero y todo el panorama laboral se reducía al limbo de los avisos clasificados.
-¿Qué hay de malo en la carpintería?
Con astucia de madre y femenino sentido común, sonrió:
-Nunca pudiste sostener bien una herramienta. ¿Por qué pensás que te mandamos a estudiar?
Y agregó persuasiva:
-Con toda tu salud, siempre fuiste un chico delicado. Siempre soñando, siempre en babia. Los chicos inteligentes son así. No sirven para nada. Por eso uno les da una carrera. Sin un título, los pasan por encima.
En el tono de mi madre había esa conmiseración por la inteligencia que yo creí nativa y propia de Villa del Parque, de mi barrio y mi gente, hasta que descubrí que era nativa y propia del mundo.
Con apesadumbrada ternura, me dijo:
-¿Vos creés que a tu padre no le hubiera gustado que trabajaras con él? Pero unos tienen fuerza en las manos, otros en la cabeza. Y, Albertito, cada vez que te ofrecías a ayudarlo, temblábamos. O rompías algo, o algo se te rompía a vos en el cuerpo. Nunca vimos chico más inútil, pobrecito.
-No verás abogado más inútil, tampoco.
-Ah, eso no! Para algo estudiste, para algo sacaste tan buenas notas. Lo que pasa es que sos muy modesto, no como otros…
Y empezaba la nómina de los horribles otros: el hijo de Fulana, el sobrino de Mengana, etcétera.
Exhausto, derrotado, yo asentía en silencio.
Con mi padre no me fue mejor. En un punto del monólogo que emprendí para describirle un futuro muy diferente al que él imaginaba, alzó los ojos del tablón que estaba lijando.
Mi padre, antonio Paradella, era alto, flaco y de cara angulosa, con unos matorrales de cejas negras sobre los ojos grises, a su edad tan limpios como los de un niño. En el cuerpo magro pero duro, en la nariz aguileña, en el ancho mentón cuadrado y la sombra de barba que le costaba afeitar se escondía una gran vocación para las bromas, una alegre incapacidad para tomar decisiones o mostrarse severo.
Sé que ha muerto. Pero hay tantas cosas que parecen desmentirlo. El olor de la madera fresca, recién cortada y sin barniz; las óperas de verdi que todavía oigo, silbadas floridamente en las mañanas del domingo, cuando los domingos eran los de la infancia, una fiesta. En la mesa de una librería de viejo, un reseco ejemplar de Más Allá, su única lectura, me devuelve su cara absorta y feliz. Una mano ancha y tosca de obrero, vista en un colectivo, recupera la suya, y hasta creo sentir la mezcla de azúcar y limón que frotaba en la piel callosa, lenta en llegar a mi mejilla, avergonzada de rozarme con su aspereza.
-¿Qué te pasa, hijo?
-Hay perezas y perezas -tartamudeé-, No es que no quiera dar las últimas materias. Se trata…
Para escucharme, suspendió el ir y venir de la lija sobre la madera, aunque solía hablar y trabajar al mismo tiempo, con armoniosa sincronización.
Bajé la vista. Me había sentado sobre el banco de carpintero, como cuando era chico y le contaba historias del colegio o del club. Me sentí chico y estúpido. Hubiera querido enterrar la cabeza en la montaña de viruta que había a mis pies. Pues bien, no era un chico. Tenía que mirarlo cara a cara y decirle, cara a cara, que los años de Facultad, el abogado de la familia, corrían el mismo destino que esa viruta. Se necesitaba coraje. No lo tuve. Salté del banco de carpintero, me sacudí la ropa.
-No me hagas caso. Estoy chiflado. Los nervios del examen, sabés.
Abrió la boca, asombrado y curioso. No dijo nada. Tendió la mano hacia mi cara y en el mismo movimiento la retiró.
-Yo no sé -dijo-, Yo no sé.
Buscaba alguna palabra. No la encontraba.
-Si no te gusta… Yo no sé…
Se miro la mano. Tenía un raspón fresco y lo estudió atentamente.
-¿Es para tanto? -preguntó.
Recordé la pesadilla, la visión en la terraza, de algún modo ligadas a la desazón de recibirme. Pero ahora me encontraba ahí, en la carpintería, el sol entraba por la ventana, un río correntoso con todas las chispas del polvo de aserrín y todo el perfume de árboles aún frescos, no llovía, no era de noche, era inconcebible que mi padre tuviera que morirse un día, que yo, tan bien anclado en esa madera de Villa del Parque, emprendiera los viajes y en uno de esos viajes la película, Francisco Uriaga y la soledad del regreso.
Mi padre repitió:
-¿Es para tanto, Alberto?
-No, no es para tanto -contesté.
Así fracasé con Victoria, con mis padres, con las tías, con los amigos, hasta con mis primos.
No me gustan las confidencias, pero una tarde, en el Café Juncal, le dije a Paco Stein que recibirme de abogado equivalía a una suerte de suicidio.
-Suicidio. Es mucho -dijo.
Llamó al mozo y pidió otra vuelta de ginebra.
Porque era Paco Stein no saltó al ruedo, como los otros, para explicarme que esa obsesión se sustentaba en mi modestia. Cuando no hablaba, sabía escuchar y me escuchó. Por ahí, el empecinamiento que ponemos los porteños en decir escucho por oigo, nace del hábito. Escuchaba, pero no me oyó.
Claro, también yo era (aunque no me había sucedido Berlín), el mismo que soy ahora, con ese pudor que me hace dar vueltas y vueltas antes de contar la historia, el que acumula datos y razones para escudarse de toda sospecha de inverosimilitud o de injusticia. Fui minucioso en los detalles. Extraje cada pieza de mi angustia, armé un complejo mecanismo. Todas las piezas, menos una: la pesadilla en la terraza. ¿Y qué podía oír Paco sino un monótono tic-tac?
-Veamos -dijo-. El correcto Alberto Paradella imagina que no le saldrán bien los deberes que le mandó la señorita. Imagina que en lugar del diez de costumbre, le van a poner ocho. Se agarra la cabeza, se desespera. ¿Voy bien?
No. Pero siempre he estado dispuesto a pensar lo peor de mí. Asentí vagamente.
-Luego, no quiere rendir examen. O le ponen diez, o se retira del establecimiento.
Con toda la buena voluntad que suelo poner en la admisión de mis defectos, la calificación de necio me ofendió.
-No exageres -murmuré.
-¡Pero dejate de jorobar! Un tipo como vos, con un curriculum que te envidiaría Ceferino Namuncurá, preocupándose por el futuro.
-¿Lo de ceferino lo decís porque tenía visiones?
-Nop. Porque es el santo de los pobres de espíritu. Ver, me parece que no veía nada. Pero sabés como es en la universidad religiosa con los trabajos prácticos. Optativos, el milagro, la visión o la voz celestial. Te bochan en una de éstas y sonaste. Al fichero a hacer cola beata, esperar el acomodo. Alguna visión tendría. ¿Por qué? ¿Vos no tendrás visiones? Si hablás así del futuro…
-No. El futuro no.
A ciegas busqué un término más adecuado. Tropecé con uno. Lo dije. Paco se echó atrás en la silla, silbó admirativamente. Luego, marcando el dos por cuatro con el vaso, se largo a canturrear:
-”Contra el destino, nadie la talla, se terminaron para mí todas las farras…”
El grito que pegué le cortó el tango.
-¡Mozo!
El gallego se acercó trotando entre las mesas. En su cara peleaban a puño limpio el furor de que alguien lo llamara mozo, en vez de Manolo (o en su defecto, se lo atrajera chistando, agitando la mano, a guiños), y el asombro de que ese insulto proviniera de mí.
-¡Mozo! -gruño, metiéndose la nadeja bajo el brazo, como para cuidar el lado expuesto a mi ataque de locura-, ¡Mozo! Que mozo sea. Aquí está el mozo, señor, y orejas no le faltan. Malo cuando al de buen oír le gritan.
Quizá bajo mi carácter apacible escondo a un iracundo. Quizás aquellos que parecen enojarse fácilmente poseen un enojo ficticio y se asustan cuando ven uno de verdad. El gallego y paco me miraban escandalizados, pero con respeto.
-Dos ginebras -dije, ronco de furia-. No tenés derecho.
Manolo dio un respingo.
-¡Cómo que no tengo derecho!
-Pero callate, gallego, que no es con vos -dijo Paco-. El que no tiene derecho aquí soy yo. Derecho a qué, pregunto.
-¡Derecho a gritarle a uno! Lo que hay que ver y que me quede ciego. Era así (manolo marcó una altura de medio metro con la bandeja) y ya holgazaneaba en el Juncal y ahora mozo, ¿Mozo! Y uno a servirle que para eso está. Pero que no hay derecho, veréis si no hay derecho.
Cualquier cosa nos aguantaba el gallego y su paciencia, a lo largo de tantos años de doce horas diarias en el café, se había solidificado en estratos de diversas eras. Resultaba imposible horadar esa corteza sin desenterrar fósiles de anécdotas, respuestas darwinianas que caían con sumaria violencia sobre nuestra presuntuosa juventud, pero lo llamábamos mozo y se le volaban los pájaros junto con la soberbia autoridad que le daban el oficio y la experiencia. Fue esa rabia lo que me calmó. Como un espejo, me mostró la mía.
-Está bien, Manolo -dije, sintiéndome ridículo-, no era con vos, lo juro. ¿Pido de nuevo? Dos ginebras, Manolo. Por favor.
-Manolo -gruño, a medias aplacado- ahora es Manolo. Jo, que te estrego, burra de mi suegro.
Pero, aunque sacudía la cabeza como si quisiera quitarse de encima la impresión de mi ruina moral, marchó a buscar las ginebras.
-Ahora contame -dijo Paco.
Prendí un cigarrillo. Después de ceferino Namuncurá y Adiós Muchachos no era fácil encontrar el tono apropiado. Temía enojarme de nuevo. Y total, para qué.
Paco esperaba, atento.
-Estarás preocupado si tomás tanto. Vas por la tercera ginebra.
-El que se tomó tres fuiste vos -dije cansadamente.
-Da lo mismo. En cultura alcohólica no aprobaste ni jardín de infantes. Aunque puede ser que no te venga mal.
No dije nada. Se inclinó sobre la mesa y acercó la cara, bizqueando aceleradamente.
-Oíme, Paradella. De verdad, ¿qué miércoles te pasa?
Pensé: “Si le cuento lo de la pesadilla en la terraza, no me creerá; si me cree, me tomará por loco; si no le cuento, por estúpido”.
Los ojos azules, redondos y brillantes de curiosidad, clavados en mí, me hicieron sentir como al actor de reparto que cae por accidente bajo los reflectores destinados al protagonista. No recordaba mi papel; me confundía una escena de lluvia, viento y metamorfosis. Dije lo primero que se me ocurrió:
-Un paso en falso y se pierde todo.
Hubo un largo silencio. Paco levantó el vaso y lo miró al trasluz. Estaba vacío.
-No sos muy claro -dijo.
-No -admití.
Había dos planos en mi angustia. Elegí el que me dejaba menos solo.
-Esperan demasiado de mí. Victoria, los viejos, la familia. Y yo no quiero lastimarlos. No quiero lastimar a nadie. Por nada del mundo.
Se rió entre dientes.
-¿Vos? ¿Lastimar a alguien? ¿Justamente vos?
-¿Por qué justamente yo? ¿A vos no te importan las ilusiones de tu gente? ¿No te importa amargarlos?
Me miró con honesta sorpresa.
-¿Yo?
-si, vos.
Se echó a reír a carcajadas.
-Nadie se hace ilusiones conmigo. Nadie espera que triunfe o gane plata.
Con el pulgar se tocó el pecho.
-Yo soy un intelectual -dijo.
La respuesta me dejó boquiabierto. O por ahí fue la quinta ginebra. Vi claramente, entendí todo.
-Me salvaste la vida -dije.
-¿Qué?
-Soy un intelectual.
-Estás loco.
Había encontrado la digna, la única salida. Nadie lloraría sobre el cuerpo destrozado del cazador, nadie mataría al tigre. No había necesidad de destruir los campamentos, los fuegos, los tambores.
Aquella misma noche empecé a mentir.

-La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-

“Morimos”*

Morimos,
morimos en cada paso,
en cada beso entregado,
vamos muriendo poco a poco
dejando pequeñas partes
de nuestra alma regadas en la antesala
del olvido.

Morimos,
dejamos la vida en las caricias,
en los pliegues de las sábanas,
en cada lágrima derramada,
en la perseverancia de resucitarnos…

Y en la histeria del tiempo
el amor se vuelve lento y ciego,
apesadumbrado en el intento
de prometer algo eterno.

*de Adriana Isabel Hernandez Ramos, Mexicana.

-Fuente: LUNA NO CONQUISTADA. http://www.metroflog.com/Lunanoconquistada
hijasdelviento@hotmail.com

Correo:

Sr. Director:

Durante la Década del `80, en nuestro país se inició la búsqueda de lugares viables para el depósito bajo tierra de los Desechos Nucleares generados por las Centrales Atómicas “ATUCHA”. Para tales fines, el gobierno Nacional CONTRATÓ a muchos Ingenieros, Licenciados, Etc. supuestamente Especialistas en Geología y Minería, sobre todo a aquellos pertenecientes a las Universidades Nacionales de Chubut y San Juan, debido al hecho que se consideró a Chubut en general como “sismológicamente estable” y, a la localidad de Gastre como la más segura, llevando a aquella zona a Ingenieros y Licenciados de la Univ. de San Juan que eran, supuestamente, los más instruídos acerca de la actividad Sismológica y los más capaces acerca de la Tectónica de Placas.
Los estudios realizados durante aquella época, llevaron a la conclusión de que Gastre era la zona más estable de nuestro país y que, en caso de instalarse allí un Basurero Nuclear, sería de lo más seguro pues las rocas allí presentes más la antiguedad de la formación de la Patagonia permitían a tal depósito ser “estanco”, impermeable a filtraciones, etc.
Años después, durante los `90 y ahora se demuestra que todos los estudios realizados, las previsiones y conclusiones a las que llegaron fueron erróneas y peligrosas. Nuestros Grandes Sismólogos, Ingenieros de Minas y Licenciados en Geología sanjuaninos, se “olvidaron” que no se puede considerar a ninguna zona de nuestro planeta como “estanca”, demostrándolo fehacientemente las dos Erupciones de Volcanes situados en Chile, Cercanos a la zona de Gastre, una en los `90 y la otra recientemente, comprobándose en Trevelin (a unos 100 km. de Gastre) un sismo de grado 5 en la Escala de Richter.
Toda la Corteza Terrestre se mueve, en la Placa Americana se Produce Subducción, la cual favorece los movimientos Sísmicos y la Erupción Volcánica. Esto parece no haber sido considerado por nuestro Sismólogos ni Ingenieros de Minas o Lic. en Geología.
Nuestro Planeta es un todo conectado y, por lo tanto, muy sensible al “Efecto Mariposa” (Una Mariposa bate sus Alas en China, lo que provoca un Huracán en El Golfo de México): Siempre lo supimos, nada más que a veces lo “olvidamos” por el dinero que nos pagan para dar “Informes Favorables” acerca de la No-Contaminación, sea por Basureros Nucleares, sea por Depósito y/o concentración de Sustancia Tóxicas.

*Sebastián Slobodjanac Iparraguirre. sloboseba@yahoo.com.ar
Escritor-Editor Carpe Diem Editora San Juan
Téc.en Minería-Recibido en 1984-José de la Quintana-Cba

3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN
XICóATL „ESTRELLA ERRANTE“

BASES DEL CONCURSO:

ÁREAS:
a. Composición para piano solo
b. Composición para piano y electrónica
c. Composición para piano y trío de cuerdas

v Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009.
v En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la audición.
INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente.
TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental.
DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos.
ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.

ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.

Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@yahoo.de . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.

Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008.
Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.

PREMIOS:
1. PREMIO: 1.500 Euros
2. PREMIO: 1.000 Euros
3. PREMIO: 500 Euros

* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.

* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).

Remitir las copias y anexos solicitados a:
CONCURSO XICóATL
Schießstattstr. 44/9
A-5020 SALZBURG
- AUSTRIA –
o a: euroyage@yahoo.de

más informaciones encontrará en: www.euroyage.com

EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR:
KLAUS AGER (AUSTRIA)
JORGE ANTUNES (BRASIL)
ALICIA TERZIAN (ARGENTINA)
ROLANDO CORI (CHILE)
ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)

El 3. Concurso de Composición XICóATL „Estrella Errante“ es posible gracias al auxilio de:
v El Gobierno del Estado de Salzburgo
v La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo
v La Asociación Música en el Museo (MiM)
v La Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE

ESPACIO PARA SOCIOS:

-Sociólogo con perfil cualitativo y experiencia en opinión pública busca espacio laboral en área metropolitana. Comunicarse dejando datos de contacto al correo: sociologoescritor@yahoo.com.ar

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EDICIÓN FEBRERO

Febrero 20, 2008 por inventivasocial

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La edición esta dedicada al escritor Antonio Dal Masetto. Quien cumple 70 años el 14 de febrero del 2008.

Acueducto*

Cuántas cosas se veían desde el acueducto. Era muy alto, una cinta clara en el cielo, sostenido por una doble hilera de columnas, y cruzaba el valle por encima de las copas de los árboles. Estaba cubierto por planchas de cemento y se lo podía usar como atajo para ir desde la salida del pueblo hasta la base de un cerro. Se ahorraba tiempo yendo por ahí, porque no había que bajar ni subir y se avanzaba siempre en línea recta. Se oía el agua correr bajo los pies.
El día que anduvimos con mi padre por aquel camino aéreo había mucho sol y se veían nítidas las cimas de las montañas. Yo caminaba bien por el medio, con los brazos abiertos, haciendo equilibrio. ¿Qué ancho tenía el acueducto? ¿Un metro? ¿Más de un metro? ¿Menos? Imposible establecerlo. La memoria está condicionada por el recuerdo del vértigo que me provocaba la altura.
Mirando de reojo, descubría abajo los nidos en las ramas, reconocía los sitios donde sabía que crecía el mejor musgo para el pesebre de Navidad, cada pozo de agua profunda en el río correntoso donde iba a pescar, la casa de un pariente, la de un amigo, campanarios, alguna silueta de hombre o mujer en el camino de la otra orilla. Se veían muchas cosas y sin duda aquel paseo hubiese sido un gran placer si el vértigo no me hubiese impedido disfrutar.
Mi padre me precedía. Una mochila vacía le colgaba del hombro. No se daba vuelta. Llevaba las manos en los bolsillos. De tanto en tanto, sin detenerse, giraba la cabeza hacia un lado y hacia el otro para seguir el vuelo de un pájaro. Tal vez silbara. Íbamos a buscar hongos y a recoger castañas en los bosques.
Yo, unos metros atrás, miraba su espalda y me preguntaba: ¿cómo hace para moverse tan tranquilo acá arriba y con las manos en los bolsillos? ¿cómo hace para caminar sin hacer equilibrio? ¿cómo hace? Y así lo seguía en aquel aire puro, alto sobre el valle, siempre con mis brazos abiertos, cuidadoso, tratando de colocar los pies en las huellas invisibles que dejaban los suyos.

* de Antonio Dal Masetto.
“El padre y otras historias” Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 2002.

*

Más adelante, mientras bajaba, me detuve frente a una carpintería. Detrás del cerco de madera, entre las pilas de tablones, se movían hombres y máquinas. El aserrín y el ruido llenaban el aire. Recordé que ese olor y ese oficio habían alimentado mi imaginación en un tiempo, hacía mucho. Aquel deseo seguía conservando su peso, se me revelaba ahora como una cicatriz y me gustó poder recorrerla, tantearla nuevamente bajo la capa de los años. Me sentí llevado a otra calle, bajo unas moreras, a la penumbra de otro taller visto a través de la ventana enrejada. Eran los mismos hombres silenciosos, seguros, atentos solamente a la marcha de su trabajo. Un viejo, desde adentro, me gritó si buscaba algo. Hice señas que no, pero no me moví. Seguí aferrado a ese rumor y ese perfume. Para mí eran como una base, imágenes
ciertas, cosas que habían significado algo en mi vida. Me apoyé en esa seguridad y dejé que pasaran los minutos. Cuando me fui, durante un rato me acompañó el canto de la sierra. Después también ella se disolvió en ese aire demasiado puro. Giré la cabeza y el taller había desaparecido entre los árboles. Pensé: No está más. Y era igual que si se hubiese ido en el tiempo.
Me senté al costado del camino, frente a las montañas. Pasaron mujeres, grupos de chicos. Oía el sonido de las voces, pero no entendía las palabras.
Era como si hablasen un idioma extranjero. Cerré los ojos una vez más y traté de preguntarme quién era yo, qué hacía, qué esperaba. Pero no encontré más que una luminosidad vacía, una confusión en reposo.
En todo el tiempo que permanecí allí no hice otra cosa que recordar aquella última visita a la casa de mis padres. Estaba parado en la quinta, mirando las gallinas, los árboles frutales quemados por la helada, el muro de ladrillos, la enredadera, los almácigos, la casa marcada de pequeños trabajos, de preocupaciones diarias, la huella de todo eso en la tierra, en las ramas, en las paredes. Y me preguntaba cómo recordaría esas cosas en un tiempo, un año, dos. Qué quedaría en mí y qué lograría conservar sino un
recuerdo vago, una idea, casi nada. Me pregunté de qué me valía la conciencia que tenía en ese momento de todo eso. Recordaría tal vez un jardín donde había tenido conciencia, donde había intentado tener
conciencia. Y ese día se confundiría con otros anteriores, ese cielo con otros, las ideas de entonces se borrarían, yo sólo retendría la vaga sensación de haber estado allí, frente a las gallinas, a los gorriones. Me pasé horas sentado en el patio, sin moverme, sabiendo que no serviría de nada. Y aquella noche jugué a las cartas con mi padre. Tampoco esa vez hablamos, nunca hablábamos. Nos comunicábamos a través de cosas como ésa. A él le gustaba jugar conmigo. Era una forma de tenerme cerca, de recuperarme.
Estaba atento a su juego, ponía empeño. Yo lo miraba, trataba de grabarme esa imagen como por la tarde había tratado de grabarme la imagen del jardín.
Tenía todavía presente la forma temerosa en que el día anterior, al volver a verme después de cuatro meses, me había puesto la mano sobre el hombro y me había golpeado tres, cuatro veces, toscamente, como si no supiese qué hacer, como si no encontrase la forma de exteriorizar su alegría y de tocarme. Me pregunté si no sería ésa la última vez que nos veíamos. Y aun siendo así sabía que no hubiese encontrado qué decirle. Miraba su cabeza, miraba mis cartas. Mi padre me decía: “Dale, te toca a vos”. Mi madre estaba en la cocina, lavando los platos de la cena. Afuera, del otro lado, había cosas que conocía. El silencio, los perros, las calles arboladas, los faroles, un pueblo donde había pasado parte de mi infancia y no había sido feliz. Mi padre repetía: “Dale”. Yo me preguntaba: ¿Cuántas veces volveremos a vernos todavía? Advertía lo distante que estuve de ellos desde que me había escapado de esa casa, la resignación con que habían aceptado esa realidad, el silencio que había reinado entre nosotros durante todos esos años, la alegría furtiva que traían mis visitas, empañadas también ellas por la sombra de mi próxima partida. Miraba las paredes que, de vez en cuando, entre un viaje y otro, encontraba de color diferente. el retrato de casamiento de mis padres, el paisaje marino que yo había pintado a los trece años, los cuadritos que mi hermana se encargaba de comprar y que a veces renovaba, la heladera, una adquisición bastante reciente, el baño azulejado, con pileta nueva, la ampliación del corredor hacia el jardín. Todas cosas que habían ocurrido sin que me enterara, que significaban cambios, tal vez luchas, preocupaciones, discusiones. Hacía años que estaba ausente, no sabía nada de esa casa. Mi padre se impacientaba: “Y dale”. Yo dejaba caer las cartas al azar, fingiendo lamentar las malas jugadas. Hubiese querido tener cosas que decir, hubiese querido recuperar todo ese tiempo. Desde la cocina mi madre preguntaba si queríamos café. ¿Se dirigía a mí? Tenía la sensación de que no era conmigo con quien estaban jugando a las cartas, de que no era a mí a quien servían cuando me sentaba a la mesa, sino aquel otro que se había ido hacía tiempo y en cuya representación yo aparecía de vez en
cuando. Me sentí un extraño, un ladrón, y se me llenó la boca con gusto a muerte. Mi padre mezclaba las cartas, me empujaba a seguir, estaba contento.
Yo volvía a mirar esa mandíbulas fuertes, esa nariz tan igual a la mía. Me preguntaba: ¿Qué puedo hacer por él? ¿Trato de ganarle? ¿Lo dejo ganar? No se me ocurría otra cosa.

*de Antonio Dal Masetto.
-Fragmento del capítulo cinco de “Siete de Oro”. Editorial Planeta. edición de 1991.

Encuentro*

En un viaje reciente al pueblo donde viví de chico me detuve en una esquina, cerca de la estación de trenes, donde todavía resiste una vieja casa de ladrillos sin revoque y una vez más me vino a la cabeza el nombre de Borges.
En aquella época de mi adolescencia la casa era un almacén que funcionaba también como boliche y seguramente tenía unas piezas al fondo donde los paísanos podían alquilar una cama. Ahí, una tarde, mientras pasaba en mi bicicleta de reparto, vi salir a dos hombres y detenerse bajo el sol y sacar
sus cuchillos.
Yo acababa de llegar al pueblo desde otro continente. Había cruzado el océano en un barco de emigrantes y en nuestros bultos, entre las escasas pertenencias, había algunos libros de Emilio Salgari. Me pertenecían y habían llenado mi infancia de aventuras. Durante la travesía, yo sentía que
esas aventuras comenzaban a perfilarse como posibles y parado en la proa del barco soñaba con una América mítica y confusa donde se mezclaban los indios sioux, el México legendario, el Amazonas y los Andes. Es probable que, cuando llegamos, aquél pueblo chato me desilusionara un poco. Lo que
descubrí fueron silenciosos hombres de a caballo y que llevaban cuchillos en la cintura. El cuchillo era una herramienta de trabajo para los hombres de campo, pero también servía para dirimir oscuras reyertas en cualquier calle de las orillas del pueblo. Supe de muchas peleas y algunas habían alcanzado
estatura de leyenda. Y aquella tarde vi mi propia pelea. Tal vez sentí que la aventura había llegado por fin a buscarme. También es posible que aquel enfrentamiento bajo el sol me haya parecido una ceremonia triste. En esos días apenas masticaba algunas palabras del nuevo idioma y hacía mi aprendizaje recorriendo las páginas de revistas viejas. Sé que una de las primeras historias que pude leer entera -o tal vez fue una de las primeras que me impresionó- trataba de dos hombres que se enfrentaban a cuchillo. El autor se llamaba Borges. Aquello que había visto meses antes en una esquina volvía a encontrarlo en las páginas de una revista o de un libro. Este acercamiento doble, mi experiencia por un lado y las palabras escritas por otro, ahora asociados, abrían una perspectiva nueva, le conferían al hecho una importancia que yo todavía no hubiese podido definir, pero cuya magia comenzaba a seducirme. Tal vez descubrí ahí, sin saberlo, la fascinante alquimia del traspaso de la realidad a la ficción, la realidad rescatada y perpetuada en la literatura. Después, mucho después, accedería a los libros de Borges y volvería a enfrentarme con otros rituales donde la violencia y un par de hojas afiladas eran los principales protagonistas. Y tal vez pude especular, igual que otros, con la inútil reflexión de que esa pasión por los cuchillos, que atraviesan tantas de sus páginas, no sea más que la manifestación nostálgica de un hombre condenado al hábito de las ideas; nostalgia por un mundo donde lo que importa es el riesgo y el coraje físico.
Descubriría tambíen que las historias de Borges no estaban hechas sólo de puñales y hombres que los esgrimían. Su literatura era mucho más que eso y me deslumbré con sus juegos, su humor, sus laberintos y su inteligencia.
Pero para mí, aquel hallazgo inicial siguío teniendo peso propio. El recuerdo de los dos hombres parados bajo el sol de una calle de mi adolescencia irían acompañados siempre por la fuerte resonancia del nombre de un escritor. Y me remitirían a él tanto o mucho más que las catedrales elaboradas por su prodigiosa fantasía. Estas cosas sentí en mi última visita al pueblo, parado frente a aquella vieja esquina. Volví a pensar que ahí había comenzado efectivamente una aventura y que esa aventura todavía me acompañaba. Pensé también que esa contraposición o esa alianza entre la barbarie del cuchillo y la delicadeza del pensamiento se convirtieron después en una imagen válida para definir la América que descubriría con el pasar del tiempo.

*de Antonio Dal Masetto.

Remolino*

Después de dieciséis horas de vuelo, dos trenes, un transbordador, el viajero regresa al pueblo donde nació y del que se fue siendo chico. Se instala en un hotel que en un tiempo fue un convento y de inmediato sale a recorrer. Camina lo que queda de ese día, camina al día siguiente. Pasa por la que había sido su casa, por la escuela, por la cancha de fútbol, por el cementerio. Cruza los puentes sobre los dos ríos que bordean el pueblo, busca sin encontrarla la represa donde iba a nadar. Demasiadas cosas
cambiaron, modificadas por la intervención de los hombres o por las traiciones de la memoria. Y aun aquellas que se conservan tal como las había fijado el recuerdo ya no le pertenecen. El viajero camina sin parar, desilusionado y extranjero. En algún momento se pregunta si todavía estará cierto patio empedrado, detrás de una pequeña iglesia, bajando hacia el lago. Ahí se reunía a jugar con los amigos después de la escuela. De ese patio, vaya a saber por qué, conservó la imagen de un ángulo formado por las paredes de dos casas, donde el viento se arremolinaba y arrastraba hojas secas, briznas de pasto, papeles. Recuerda en especial -otra curiosa selección de la memoria- los envoltorios de caramelos. En la mañana del tercer día se mete en una callecita en sombra que viborea entre construcciones antiguas, pasa bajo una arcada y ahí está, frente a él, el patio. Acá no advierte grandes cambios. Sólo le parece que las paredes estan más negras y que las puertas y las ventanas alrededor variaron de tamaño.
Avanza unos pasos cautelosos y entonces lo ve. En el rincón perdura el remolino. El viento arrastra hojas secas y papeles igual que antes. Después de haber deambulado por el pueblo sin encontrar nada que le permitiera identificarse, nada para abrazar, nada para poder decir “esto es mío, esto soy yo”, el viajero acaba de oír una voz familiar llamarlo por su nombre.
Cierra los ojos para escucharla mejor, para que no se le pierda. Se abandona. Entonces piensa que desde el momento de su partida, la voz estuvo ahí, viva en el remolino, invocándolo, reiterando día tras día el conjuro para el regreso. Piensa que la voz perduró alimentada por un elemento tan inasible como el viento, se mantuvo gracias a la persistencia y a una forma de fidelidad del viento. Y el reclamo sin duda llegaba hasta él, en su ciudad del otro lado del océano, porque ésa, la del patio empedrado, era una
de las imágenes que volvían a la hora de recordar. Al viajero le gusta creer eso. Y permanece parado de cara al rincón, viendo desfilar su vida. Su vida transcurrida en otras partes del mundo, sometida a leyes de otros vientos.
Aunque ahora le parece saber que, anduviera por donde anduviere, siempre estuvo mirándose en ese espejo, atento a la voz del remolino inicial, intentando mantener vivas también él, en las pérdidas y en las turbulencias de sus años, tantas diminutas cosas desechadas.

*de Antonio Dal Masetto.
“El padre y otras historias”. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 2002.

Carta a mis hijos*

Este es el hogar que les toco, una pálida ciudad americana, una ciudad sometida a las modas, que les ha transmitido sus costumbres y sus histerias, que los ha saturado con sus músicas, sus pobrezas, sus tristezas, sus crímenes. Quiero que lo sepan: en sus venas hay otros soles y otras fiebres. Sus carnes no están amasadas solamente con olor a nafta y horizontes de cemento. Quiero que lo sepan porque tal vez algún día, cuando les toque hacerse la gran pregunta, esto pueda formar parte de sus respuestas. Recupero imágenes de un tiempo que no les pertenece. Pero seguramente las presencias que lo habitan estén tan vivas en la memoria de vuestras sangres como en la mía.
Hay una casa sobre el lago y un pedazo de tierra con hileras de vides. Vuestro abuelo cuida de esa viña. Llega la estación de la vendimia y lo miro cortar los racimos, transportar los canastos, pisar la uva en la cuba. En los días que siguen, en la penumbra del sótano, el olor del mosto es, para mí, olor a misterio.
Hay otra casa, en la montaña. En la tierra difícil vuestros han sembrado trigo. Los veo, encorvados, manejando la hoz y abriendo surcos en el trigal. Los haces son transportados en carro hasta el molino, en una aldea vecina. Allí se muele y se paga con parte de lo cosechado. Al atardecer vuelven trayendo las bolsas de harina con las que amasaran pan durante todo el año.
Estas son las dos imágenes que quiero rescatar. Una es oscura y subterránea: ese sótano y su fermentar secreto, su actividad viva detrás de la puerta cerrada. La otra esta llena de la luz de los trigales y el trabajo bajo el sol. Tal vez estos recuerdos no signifiquen nada y sean solo el reflejo melancólico de alguien que no se ha acostumbrado a las perdidas y al desarraigo. Pero insisto en creer que en esa luz y en esa sombra existe una enseñanza. No quiero sugerir que aquella fuese gente feliz. Eran tozudos y eran egoístas. Tuvieron hijos y defendieron lo suyo. Duraron. Alimentaban sus vidas con trabajo, con odios y alegrías, con pasiones fuertes y primitivas. Pero nunca con indiferencia, que es uno de nuestros males. Perpetuaban ceremonias que para nosotros perdieron sentido. Esperaban la hora de la cosecha seguros de que llegaría. Trabajaban para que el milagro se repitiese. Confiaban, y la tierra no los defraudaba. No se preguntaban por que. Dos guerras pasaron sobre sus casas. Ellos siguieron sembrando y cosechando.
Mas tarde, vuestros abuelos, trasplantados a tierra americana, seguían aferrados al ritual en los pocos metros de la casa en que vivían. Plantaban hortalizas y frutales, espiaban el devenir de las estaciones. Esos florecimientos y desarrollos parecían contribuir a darles una medida y una razón a sus vidas. Probablemente, para ellos lo importante no fuese la necesidad y el placer de la cosecha, sino la certeza de la cosecha. Sin saberlo, acataron mejor que nadie el papel que a todos nos ha tocado desempeñar.
El ejemplo de esa entrega, que es también elección, que es también participación, nos habla un lenguaje olvidado, pero que reconocemos.
Nos sugiere que quizá no seamos mas que intermediarios entre fuerzas que nos superan y un mundo que acepta y necesita nuestra colaboración. Que más allá de nosotros, de nuestra voluntad y conocimientos, existe una alianza entre las cosas, un pacto inalterable que es preciso secundar. Cada día trae su confusión, pero la meta es siempre la misma.
Nuestra tarea es el rescate. Lo perdido, lo oculto es nuestro objetivo. Hay en nosotros una memoria que no proviene solamente del pasado.
Ella nos indica el camino: poner orden en lo invisible. Las herramientas, los elementos de trabajo, igual que la pala y la zapa, están de este lado. Energía, lucidez y paciencia son nuestras cartas de triunfo. Pero también impaciencia, desorden, pasión. Y delicadeza, que es privilegio de la fuerza. Si todo esta en todo, entonces siempre hemos estado cerca de lo que buscamos. Cada día, cada hora, la realidad nos esta repitiendo el mismo estribillo. No hay pistas falsas. En todas partes hay señales y conclusiones. Será necesario recorrer esos senderos para llegar a descubrir lo que en ultima instancia sabíamos desde el principio.
Aquella luz y aquella sombra no son solo partes opuestas y complementarias de una misma esfera. Son también un espejo de nuestra condición. No nos queda mas que confiar en que la tarea visible proyecte sus frutos en lo invisible. ¿ Que es el vino sino agua que contiene fuego? ¿ Que es el pan sino tierra que levito?

*de Antonio Dal Masetto

Conversación*

Es agradable recorrer el pueblo vacío en la hora anónima de la siesta, llegar hasta la ruta y seguir pedaleando parejo como quien tiene un destino preciso. No hay tránsito en esta ruta, a los costados sólo campo y campo, y la luz se devora todo. Nace una figura allá adelante, desdibujada primero, más precisa después: otro ciclista. Avanza y se detiene cuando estamos a punto de cruzarnos, me detengo también, hay un saludo y hablamos un poco, cada cual sobre su bicicleta, un pie en el suelo y otro en el pedal.
-Es raro encontrar a alguien pedaleando en este camino- dice el desconocido.
-Es cierto, hace rato que vengo andando y no he visto a nadie- digo.
-¿Sale seguido a pedalear?
- No muy seguido, casi nunca en realidad.
-Los primeros quince minutos son los más duros, después la bicicleta va sola.
-Entonces hace por lo menos sesenta minutos que estoy en los primeros quince minutos.
-¿Se dirige a alguna parte en especial?
-Solamente pedaleo.
-Eso es bueno. Pedaleando se descubren cosas. Uno llega silenciosamente y toma las cosas por sorpresa.
-Algo de eso percibí.
-No quisiera parecer pretencioso, pero andar por la ruta en bicicleta es una forma de sorprender el mundo.
-Es una buena definición.
-¿Cómo describiría todo esto?
-Es muy grande y hay mucha quietud.
-¿Le gusta la palabra quietud?
-Me gustan todas las palabras.
-¿Vio muchas cosas pedaleando?
-Vi insectos. Vi nubes de mariposas amarillas y negras, y también una blanca, voló delante de mi bicicleta durante un trecho largo y era como si me guiara. También vi una mariposa muerta sobre el asfalto. Evité pisarla con la rueda.
-¿Qué más vio?
-Vi un animalito bastante grande parado al borde del camino. Yo avanzaba hacia él y el animal no se movía. Me esperó hasta que estuve bien cerca, a un par de metros, recién entonces me miró y se fue.
-¿Dice que lo esperó? ¿Está seguro que lo esperó?
-Me dio toda la impresión.
-A esta hora hay mucho silencio, pero si uno presta atención también hay muchos sonidos.
-Tiene razón, hay muchos sonidos en el silencio.
-Al principio son difíciles de captar, uno ni se da cuenta, hasta que empieza a detectarlos y entonces es como un tejido uniforme de sonidos rodeándolo, sonidos lejanos y tenues, son miles.
-Hay pájaros.
-Cantidades de pájaros, una red de trinos en sordina.
-Me pregunto si no serán todos esos sonidos los que hacen el silencio.
-Es la luz la que hace el silencio. Los pájaros se esconden en la luz. La luz esconde todo.
-Empiezo a darme cuenta.
-También hay voces en el silencio, susurros. Dicen que es el lenguaje de las almas de los muertos.
-No sabría identificarlas. Nunca me tocó escuchar las voces de las almas de los muertos.
-Debería prestar atención.
-A veces pasa un coche y el silencio se rompe.
-Cuando el coche pasa junto a uno es como un chocar de agua y después es como un agua que se aleja. También el coche sirve para evidenciar el silencio y los sonidos que se esconden en el silencio.
-Cuando la ruta cruza a través de una arboleda todo cambia.
-Meterse entre árboles es igual que zambullirse en la frescura de un arroyo y buscar el fondo. Hay otros sonidos y otro silencio.
-Venía pensando en esas experiencias, pero todavía no había conseguido ponerles palabras. ¿Usted va a alguna parte en especial?
-¿Ve aquella masa de árboles azules que tienen forma de ballena?
-La veo.
-Me propongo llegar hasta ahí.
-¿Y después?
-Después elijo otra meta. Y después otra. Y sigo.
-¿Hasta cuándo?
-La ruta no se acaba nunca.
Nos despedimos y cada uno se va por su lado. Cuando encaro por la ruta vacía y vibrante de luz elijo también yo mi próxima meta: un árbol solitario, muy lejos, muy alto, muy fino, y con la cima curvada como un anzuelo o un signo de interrogación.

*de Antonio Dal Masetto.

Hitler*

Revisando papeles viejos encontré un recorte de un aviso publicitario de un diario brasilero. Seguramente es de los años 1959, 1960, cuando hice mis primeros viajes a Brasil. El aviso es de Eurailpass. Vale la pena una descripción rápida.
Hay una foto de Hitler con las manos extendidas frente a él, manos que podrían sugerir dos garras. Debajo de la foto, con letras grandes, la siguiente sugerencia: VAYA A EUROPA AHORA, ANTES QUE APAREZCA OTRO.
Luego, con letra pequeña, las ventajas de viajar con Eurailpass y, turista feliz, convertir en propio el sueño de conquista de ese hombre.
Más allá de lo que podríamos definir como dudoso humor negro e igualmente dudosa eficacia publicitaria, el aviso de Eurailpass nos remite sin embargo a una realidad que la historia del mundo nos ha enseñado largamente. La amenaza de ese “otro”, la posibilidad de aparición de ese “otro” siempre
estuvo presente, y seguramente seguirá acechando y creciendo acá y allá, en cualquier parte del planeta, como hongo venenoso. ¿Qué tipo de aviso publicaría Eurailpass en estos días que corren?
En este momento, las manos que pretenden extender su sombra depredadora y asesina sobre el mundo, ese nuevo “otro”, no apareció en Europa, sino de este lado del océano, en los Estados Unidos de Norteamérica, y su nombre es George W. Bush.
En Europa cuenta con algunos aliados.
La Italia de Silvio Berlusconi (si uno habla con italianos parecería que todos concordaran en que Berlusconi es un delincuente, y lo votaron).
La España de José María Aznar (si uno habla con españoles parecería que todos concordaran en que Aznar es un zopenco pusilánime que tiene un gran aire de familia con nuestro De la Rúa, pero ahí están aguantándoselo).
Y por supuesto Inglaterra, maestra de exterminios, campeona de atrocidades en todas las latitudes.
Cuando en estos días resuena la palabra guerra me viene a la memoria un poema de Salvatore Quasimodo, escrito al finalizar la Segunda Guerra Mundial. La última parte del poema dice así:
“…. Y ahora/ que habéis ocultado los cañones entre las magnolias,/ dejadnos un día sin armas sobre la hierba/ al susurro del agua en movimiento,/ de las hojas de caña frescas en el pelo,/ mientras
abrazamos a la mujer que nos ama./ Que no suene de pronto sin ser noche/ el toque de queda. Un día, un solo/ día para nosotros, oh amos de la tierra,/ antes que vibren otra vez el aire y el hierro/ y una esquirla nos queme en plena frente”.
Hijos de una civilización que no cesa de destruirse a sí misma, de masacrar, de acumular dolor sobre dolor, podemos entender, podemos compartir, esta suerte de melancólico ruego de Quasimodo
-maravilloso poeta-. Pero la dignidad, los derechos, la indignación de mujeres y hombres del mundo
imponen una postura diferente. No se puede, no se debe esperar calladamente la hora de la esquirla en la frente. Hay que oponérsele. Ahora. Decir que no. Que no.

*Por Antonio Dal Masetto.
Fuente Página/12. (febrero del 2003)

Sueño*

Nos juntamos en el bar para una charla amable y, tarde o temprano, inevitablemente terminamos hablando de los malvados. Cómo se hace para parar a los malvados, nos preguntamos. Siempre son cómplices de la policía o son policías, son cómplices de los políticos o son políticos, son cómplices de
los jueces o son jueces. Estamos atrapados. ¿Habrá que acudir a la Policía Montada de Canadá, a los jueces de Islandia, a los institutos de rehabilitación de delincuentes de Suecia?
Hay una paisano acodado en la barra que se está tomando una ginebra y pide la palabra. Cuenta que viene de un pueblo perdido en el Chaco. Gente trabajadora y solidaria. Hasta que un día, entre ellos, por esas cosas del destino, surgieron cuatro chorros.
-Cuatro auténticos malvados, como dicen ustedes. Los tipos se robaban parte de las cosechas, saqueaban el molino colectivo, se metían en las casas a rapiñar de noche.
Estaban enquistados en nuestra comunidad y no podíamos sacarlos de ninguna manera. La policía se encontraba a 300 kilómetros de distancia, el juez lo mismo. También nosotros, como ustedes, estábamos atrapados.
-¿Pudieron resolverlo?
-Lo conseguimos gracias a la voluntad colectiva. Según nuestra humilde experiencia, cuando la voluntad colectiva entra a funcionar de verdad, es imbatible.
-Un poco más de precisión, por favor, paisano, que acá andamos con algunas necesidades urgentes.
-Resulta que un día, el más viejo de nosotros, hombre de más de cien años, nos contó que mientras dormía una voz le había sugerido que la gente del pueblo se reuniera y, siempre soñando, juzgara a los malvados por sus fechorías.
-¿Soñando?
-Tal cual. El anciano nos pidió que esa la noche nos fuéramos a dormir y todos soñáramos lo mismo. Así lo hicimos.
-¿Para el juicio?
-Sí.
-¿Y los malvados?
-Cuando se enteraron de lo que se les venía, hicieron todo lo posible para no dormirse, pero finalmente los venció el sueño.
-Por lo tanto, en el juicio estaban todos.
-Grandes y chicos. Fue un juicio muy animado, con jueces, acusadores, defensores y un gran jurado integrado por el pueblo entero. La defensa fue inteligente y apasionada. La acusación, implacable y precisa. El jurado deliberó y los malvados fueron encontrados culpables. Los jueces dictaron la
sentencia.
-¿Y qué pasó?
-Inmediatamente los sentenciados se despertaron en sus casas, apoyaron el brazo derecho sobre un tronco y se cortaron de un certero hachazo la mano que había robado.
Los aullidos que sacudieron y arrancaron a los habitantes de todo el pueblo del sueño confirmaron que la sentencia se había cumplido. Y que la voluntad colectiva se había impuesto.
-¿Y después?
-Desde entonces, los cuatro mancos andan por el pueblo arreglándoselas con una mano sola y sirviendo de ejemplo de lo que no se debe hacer.
-¿Hubo mancos nuevos en el pueblo?
-Nunca más.
Ahora en el bar reina el silencio. Nadie habla. Durante un rato sólo hay intercambios de miradas. Después, uno bosteza. Otro también. Todos bostezamos largamente.
-Me agarró un poco de sueño -dice uno. -A mí me agarró una modorra terrible y además unas ganas bárbaras de soñarme algo interesante -dice otro.
-Yo también me estoy durmiendo y quisiera tener un lindo sueñito de esos que te dejan el corazón tranquilo.
-Ya veo que estamos todos en la misma -dice el Gallego-, así que voy a poner un cartel en la puerta: “No molestar, gente soñando”.

Todos cruzamos los brazos sobre las mesas, apoyamos la cabeza, cerramos los ojos y nos dedicamos a hacer noni noni.

*de Antonio Dal Masetto.

Anna*

El hombre ha salido a caminar sin dirección, fuma y sus pasos y sus divagaciones lo llevan lejos. Nubes fugitivas en el cielo nocturno, temblor de luna, tibios reflejos de faroles en las calles empedradas, árboles podados, ramas apiladas sobre las veredas y, al doblar una esquina, una figura parada en la mitad de cuadra, un descubrimiento para el hombre que vaga por la ciudad vacía.
La muchacha permanece detenida, vuelta hacia él y parecería que lo mirara o lo aguardara, tiene flores en las manos y sus ojos están en sombra. También el hombre se detiene y ahí permanecen, observándose, mientras transcurren los segundos y el hombre sabe, súbitamente, como en una revelación, que el nombre de la muchacha es Anna y que las flores quizás sean para él.
Después ella da media vuelta y comienza a caminar y el hombre la sigue y no acorta distancia y allá van por calles y calles, entre las casas mudas y los gatos, y siempre hay nubes arriba y temblores de luna y de tanto en tanto la muchacha gira la cabeza, tal vez para comprobar si el hombre continúa detrás de ella, tal vez para incitarlo a que no abandone la persecución. Y el hombre, a la distancia, comienza a conversar con la muchacha y su discurso es confuso y es lento y no pasa de ser un susurro, aunque está seguro de que ella, allá adelante, lo escucha. Murmura: En esta tierra rica fundamentalmente de cosas perdidas, tierra de atrocidades, indiferencias y miserias, no me resultará fácil hablarte. El hombre intenta e intenta y se esfuerza por construir una historia coherente. Y así avanzan y hay más calles y faroles y jardines y plazas.
Y ya no importa si esta necesidad de confesión es apenas un torpe ronroneo en el gran silencio que lo rodea. El hombre comprende que la muchacha que lo precede ha venido a convocarlo, que éste no es un paseo gratuito. Comprende que es tiempo de balances, rendiciones de cuentas. El aire está poblado de señales, voces rotas, llamados difusos, rubores de la memoria, nombres trabajosamente rescatados, enarbolados ahora por encima de muertes, olvidos, desprecios e ironías, nombres que vuelven intermitentes con los rumores que el viento trae un instante y arroja nuevamente a las aguas de la noche.
Ya no importa la torpeza, la confusión, las palabras que no acuden o que la imaginación niega. Ya no importa nada de eso. Porque ahora ahí está la muchacha marcando camino, guiando, abriendo una brecha, despejando. La volátil y firme figura de la muchacha nocturna, imagen que no transige, que no sucumbe, que no habla de derrotas, pero sí de firmezas y permanencias y sin duda de una obstinada libertad.
Paso ligero de la muchacha a través de la ciudad dormida, reverenciando, rescatando, enalteciendo para la noche del hombre que la sigue, para sus horas futuras, las imprevisibles, las fuertes oscilaciones de la vida. Entonces, una vez más, alrededor del hombre, la noche vibra de significados nuevos, alberga años y sabor de juventudes y caminar detrás de la muchacha por calles nuevamente familiares, después de tantos voluntarios o forzados exilios, en este septiembre cambiante, es retomar viejas sendas y descubrirse entero y dispuesto, sacudido por estremecimientos olvidados, inconsciencias, locuras, alimentos para raíces de otros tiempos.
La hora se carga de certezas, aquella figura va opacando dudas, pone ráfagas de asombro en el silencio de los días. Y nuevamente la muchacha gira la cabeza, muestra brevemente su perfil y avanza y todo el tiempo parecería decir: También éste, como siempre, como todos, precisamente éste, es el momento decisivo.

*de Antonio Dal Masetto
“Reventando Corbatas” Torres Aguero Editor. Bs. As. 1988.

Platito*

Parece que la crisis de pareja alcanzó niveles sin antecedentes y todo haría suponer que va en camino de agravarse. Tengo una clara señal del problema esta tarde, cuando me siento en una confitería y en la mesa vecina hay seis señoras tomando el té. Lindas señoras. Un ramillete de bonitas señoras.
Hablan en voz alta así que no puedo evitar escuchar la conversación. Más que hablar se quejan. Son voces acongojadas que terminan en llanto. Y la frase que aparece todo el tiempo es:
-Ya no hay hombres.
Cada una expone su drama, la última relación, la mala suerte, la indiferencia, el egoísmo y las canalladas del fulano. Se lamentan por los fracasos pasados y se lamentan por la imposibilidad de establecer una nueva pareja. Probaron de todo: retomaron los estudios en la universidad,
recorrieron los boliches de moda, acudieron a las academias de tango y de salsa. No les queda nada por intentar.
-Ya no hay hombres -repiten.
Lloran. Las lágrimas no se deslizan por las mejillas, sino que salen disparadas de los ojos como de un surtidor y van a caer en las tazas de té.
En realidad son cinco las que se quejan y lloran. La sexta permaneció callada todo el tiempo. Es una morena delgada y de expresión serena.
-Chicas, chicas, paren la mano -interviene finalmente la morena delgada-. Están haciendo mal las cosas, ustedes tienen una visión errada del tema; la ciudad está llena de hombres y la mayoría disponibles. Los hombres están donde estuvieron siempre, solamente hay que saber atraerlos. Hace muchos años, pero muchos, que prácticamente no paso un día y una noche sola, y les puedo asegurar que cambié y cambio muchos compañeros, se va uno y aparece otro.
-¿Cómo hacés? -preguntan las otras secándose los ojos con las servilletas.
-Presten atención que les paso la receta. Como primera medida, siempre tengo un cartón de leche en la heladera. Apenas quedo sola, quiero decir cuando el último hombre que pasó por mi casa acaba de partir, saco la leche y pongo a entibiar un poco. Luego la vuelco en un platito. Utilizo un lindo platito, de ésos con flores esmaltadas. Agrego una cucharada de azúcar y revuelvo.
Después entreabro la puerta y coloco el platito cerca de la entrada, del lado de adentro. A la manija le ato un piolín que mediante un dispositivo muy sencillo cerrará la puerta apenas le pegue un tironcito. Y me pongo a esperar. Nunca tengo que esperar demasiado. En cualquier momento uno asoma la cabeza, descubre la leche tibia, entra con pasos cautelosos y se pone a lamer. En ese momento tiro del piolín, la puerta se cierra y una vez que está adentro, listo. Te pueden tocar gordos, flacos, jóvenes, maduros.
Algunos vienen lastimados, otros son un poco ariscos. Yo les tengo cariño a todos. Lo que quiero transmitirles, chicas queridas, es que la ciudad está llena de tipos necesitados de que le rasquen un poco la cabecita y le hagan unos mimos. Pongan en práctica mi método y nunca más van a dormir solas. No
es que les vayan a durar para siempre. Algunos se van solos después de un tiempo, a otros hay que llevarlos del brazo para invitarlos a salir por la puerta por la que entraron. Y después de nuevo a calentar la lechita.
-Ya mismo corro a casa a fijarme si me queda leche en la heladera y si no me voy al supermercado -dice una.
-Yo también -dicen las otras. Pagan, salen, las miro despedirse en la vereda con besos apresurados y partir veloces en distintas direcciones. Me quedo pensando que el método seguramente se difundirá y dentro de no mucho tiempo la ciudad brindará a los desangelados caballeros que la transitan la
posibilidad de cientos, de miles de puertas entreabiertas con el plato de leche esperando un poco más allá del umbral.

*de Antonio Dal Masetto.

La función del cuentista*

El Bajo, madrugada. En el Bar Verde me encuentro con Tusitala, el moreno tamborilero que hace años supo ser cocinero jefe de una tribu de antropófagos reflexivos, en Africa.
-Tengo una historia para usted -me dice Tusitala-. Me la relató un misionero que capturamos en la selva, un tal Spencer Holst, tipo curioso, había aprendido el idioma de los gatos y hablaba con ellos como si fueran personas. La cuestión es que ya estaba por tirarlo a la olla (pensaba prepararlo a la cazadora con papas) cuando dijo que quería contarnos una historia. A la gente de aquella tribu le enloquecían los cuentos. Así que suspendimos todo y lo rodeamos para escucharlo.
-Usted tiene la virtud de despertar inmediatamente mi interés, Tusitala -le digo.
-Resulta que en un tiempo el misionero había andado por Bali. Usted sabe que Bali es un lugar maravilloso, siempre es primavera, todo es verde esmeralda, las mujeres son hermosas y andan con los pechos desnudos y adornadas con colgantes de oro, jade y laca púrpura, y se la pasan bailando al compás del gamelán.
-Siempre logra asombrarme con sus conocimientos, Tusitala.
-Me limito a repetir lo narrado por el misionero. El Radja de Klunckung, príncipe y señor del lugar, había sufrido terribles heridas en la cara, hacía muchos años, a raíz de un incendio en el puri, o sea, el palacio. Sus cicatrices fueron cubiertas con maquillajes y pinturas indelebles. Con el tiempo ya nadie se acordaba de cuál era su verdadero rostro. Rodeaban al principe siete ayudantes cuyas funciones eran dirigir, administrar y alabar.
-¿Alabar a quién?
-Cada día de la semana, por turno, uno de ellos se quedaba junto al príncipe y se dedicaba a halagarle la vanidad. A esa tarea se la llamaba kupiunga, ceremonia de la alabanza. Los consejeros también se encargaban de organizarle diversiones, proveerle los manjares más exquisitos, las mejores bebidas y las mujeres más hermosas.
-¿Mujeres jóvenes?
-Sin duda. Los agasajos mayores los recibía el Radja durante la Galunga, fiesta que comenzaba al sonar de kulkul, duraba quince días y en la cual participaban todos los súbditos. Imagínese que cada ofrenda medía dos metros de altura y se necesitaban tres hombres para levantarla y colocarla sobre las cabezas de las mujeres, que eran las encargadas de transportarlas.
-¿En qué consistían las ofrendas?
-Todo lo que usted se pueda imaginar.
-Piedras preciosas, telas, artesanías, pájaros embalsamados, trofeos, dinero.
-Dinero, no. Porque las kopong, antiguas monedas con su característico agujero cuadrado en el centro, prácticamente habían desaparecido de circulación. Se decía que, en realidad, todas habían ido a parar al bolsillo de los siete consejeros. Una de sus tareas era analizar las ofrendas y parece que acostumbraban ir quedándose con lo más sustancioso para certificar la calidad. Les correspondía a ellos, por ejemplo, comprobar si las niñas destinadas al Radja eran vírgenes.
-No eran tontos esos tipos.
-Resulta que andaba por ahí un actor de mala muerte, que comía salteado y que un día decidió sustituir al Radja. Durante la Galunga, aprovechando que la guardia se había emborrachado por el exceso de tuak, que es un vino de palma, se introdujo en el puri, clavó un kris en el corazón del Radja, lo arrojó a un pozo profundo, después se maquilló adecuadamente y lo reemplazó. Y así comenzó a gozar de la buena vida: comidas de primera, bellas mujeres, regalos y honores.
-¿Nadie lo descubrió?
-Imposible, por lo de la cara deforme.
-¿Y cuando hablaba?
-El Radja siempre había dicho sólo tonterias, así que el actor simplemente se dedicó a imitarlo. Aunque en realidad este asunto del reemplazo venía ocurriendo con bastante frecuencia. Dos por tres surgía algún ambicioso con ingenio que mataba al falso príncipe de turno. Porque el verdadero había sido asesinado y sustituido hacía muchísimo tiempo, después del accidente del fuego. Así que los que le venían sucediendo eran todos impostores.
-¿Cómo es posible que nadie se diera cuenta?
-Bueno, los siete consejeros si estaban enterados. Sabían de las sustituciones desde el principio.
-¿Y no desenmascaraban a los usurpadores?
-¿Para qué? Ellos, los consejeros, no cambiaban, eran siempre los mismos. La pasaban bárbaro estando donde estaban, digitaban todo y hacían muy buenos negocios. Por lo tanto, como les daba lo mismo quién estuviese en el trono, la cosa siguió así para siempre.
-Lo invito una copa, Tusitala, se la ganó, su relato acaba de iluminarme como una revelación.
-Esa es la función del cuentista, mi amigo.
-Una pregunta: ¿se lo comieron nomás a la cazadora con papas?
-No. Por decisión unánime de la tribu lo dejamos partir y lo despedimos con ovaciones. Ya le dije que a los antropófagos reflexivos les gustaban las buenas historias.

*de Antonio Dal Masetto.

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ERA LO ÚNICO QUE TODAVÍA LE QUEDABA…

Febrero 20, 2008 por inventivasocial

Ruinas mayas*

Frente a fantasmas de sueños
Mis ojos se unen a esas sombras
Ruinas de pueblo, ruinas de dios
Amores rotos, creencias enterradas

Cánticos de sal en el aire
Risas resuenan en la tallada piedra
Figuras de dioses eternos, yacen allí
Mueren en tristeza, sus hijos no están

El misterio vive bajo estos techos
No hay nada, pero todo tiene vida
Construcciones del cielo
Recuerdos hechos roca

Susurran las vasijas quebradas
Llora el césped que las atrapa
Ya las aves se marcharon
Todo es morada de melancolía.

*De silvana gangi chibi_chivi@hotmail.com

ERA LO ÚNICO QUE TODAVÍA LE QUEDABA…

“El sentimiento trágico de la vida en la filosofía y en la poesía”*

(Miguel de Unamuno y Antonio Machado)

*por Julio Pino Miyar. isla_59_1999@yahoo.com
10/2/008

UNO

Leyendo un texto español correlativo al pensamiento ideológico del franquismo me encontré con la
peregrina tesis de las dos Modernidades. Hasta ese momento yo comprendía la Modernidad como un fenómeno socio – cultural de carácter histórico, aparecido progresivamente en Europa a partir del Descubrimiento de América, la disolución del antiguo orden feudal, el advenimiento al poder de la clase burguesa, el establecimiento de la sociedad mercantil, la aparición de la Ideología política francesa de La Ilustración, la Filosofía Clásica alemana, la revolución industrial y científico – técnica y la concentración internacional del capital financiero como prolegómeno de un nuevo orden mundial impuesto por Occidente, especialmente por Norteamérica.
El filósofo e historiador español José Ortega y Gasset en su libro “Estudio de la historia” elaboró una
visión crítica del concepto de Modernidad, a la hora de abordar la historia del Imperio Romano,
proponiéndonos la tesis de una Modernidad romana. O sea, Ortega interpretó el criterio de Modernidad más como un concepto teórico, adaptable por ello a diversas formas de experiencia histórica, que como un hecho consumado, resultado fijo del desarrollo histórico acaecido en Occidente desde los siglos XVI y XVII. Para Ortega la Modernidad puede aparecer bajo las determinadas circunstancias en que la tradición cultural de un pueblo, los postulados morales de su religión, las leyes naturales que hasta ese momento han regido el tráfico social llegan a tan alto grado de secularización que dejan de ser tenidas en cuenta por un período que busca deslindar su contemporaneidad política y económica de los
fundamentos históricos establecidos por la tradición.
Por eso es que Ortega define a la Modernidad como una progresiva pérdida de legitimación; es decir,
desposeída de la legitimidad que le otorga la tradición. Una legitimidad que no sólo había sido
sustentada por la tradición milenaria, cultural y religiosa (de la que la Modernidad concientemente se
aparta para poder configurarse como tal) sino por los fundamentos filosóficos que en Occidente aportara, desde siglos, la metafísica.
Los conceptos de mundanidad, profanidad son entonces correlativos a la idea de Modernidad. Una época
profana y mundana señala un tiempo moderno. El filósofo alemán Martin Heidegger definió estas
características como propias de una época que ha sido construida sobre la base del olvido de los viejos
conceptos de la metafísica, en particular sobre “el olvido del Ser”. Es decir, los problemas que plantea
la existencia humana que atañen al significado y sentido de la vida, el código moral que pauta las
formas en que el hombre se organiza socialmente, lo inserta en el cosmos cultural e interpreta la verdad
de su existencia, dejan de tener interés para un período que tiende a desustancializar toda actividad,
todo criterio, todo esquema relativo al valor, toda relación social, convirtiéndola en mera relación de
beneficio, en simple interés de lucro. Para Ortega hay un momento en la historia de Roma que responde a estas características y que, por lo tanto, bien puede ser también definida con el concepto de Modernidad.
Quizás porque la Modernidad es una constante que tiene la tendencia de aparecer en determinados períodos de la historia; un modo de ser y de configurarse la sociedad, la vida económica y la psicología de los individuos.
El hombre moderno es así el hombre frívolo, superficial, eficiente y funcional. Su psicología
constantemente huye de los temas trascendentales de la existencia, vive muy apegado al concepto de su
seguridad personal, no obstante sólo acepta la certeza de su finitud (la idea avasalladora de la muerte) como una posibilidad teórica no como una realidad cardinal de la condición humana. La propia relación del individuo moderno con el conocimiento, llega siempre reglamentada por las convenciones sociales, por el egoísta criterio burgués del beneficio. La aventura moral, que rige la introspección intelectual como
conocimiento de sí y punto de inserción del Ser en el mundo, deja de tener sentido para el individuo
disuelto, amalgamado, en la impositiva sociedad mercantil erigida por la Modernidad.
Cuando el hombre se apega a vivir siguiendo un código de conducta y de pensamiento que lo aleja de los
valores establecidos por la tradición, a un modo de ser y de comportarse fundado estrictamente en las
necesidades políticas y materiales, podemos decir que el hombre comienza a ascender a la conciencia
histórica de su Modernidad. Y tal parece que es un fenómeno ocurrido en diversos momentos de la historia humana, bajo distintos niveles del desarrollo socio – económico, sin embargo se expresa siempre según estos axiomas: La crítica a la autoridad de la tradición y la religión. El surgimiento del Estado y la sociedad laica. El nacimiento de la sociedad política y la sociedad económica, fundadas ambas en el régimen de la propiedad privada. Y ocurre en el individuo de la Modernidad un cambio sustancial de su psicología al quedar esta substraída de los dogmas del pasado: la reorientación de la conciencia hacia los nuevos problemas que plantean su presente vital y su presente histórico.
Es tal vez sobre estas premisas que pueden ser entendidas las categorías de conciencia social y de
realismo político. Las grandes luchas sociales que caracterizaron dramáticamente los últimos dos siglos,
que protagonizaron la pequeña burguesía y la clase obrera, se movieron siempre dentro del espectro
ideológico de la Modernidad. Federico Engels en su libro “Las guerras campesinas en Alemania” comparó las luchas de los obreros del siglo XIX con las de los primeros cristianos en la Roma imperial de los
primeros siglos de nuestra era. Mas, no creo que sea esto un ciclo que se repite, es, por el contrario, una
tendencia manifestada a ratos en la historia, que pugna por nacer y desarrollarse en su más completa
plenitud como ese privilegiado estado de la conciencia y la condición humana en la que el hombre intenta
poseer la contemporaneidad de su existencia; la gratificación de su personalidad inserta en su
universo político y económico.
Si nos sumergimos un poco en la historia de España, para comenzar a serle fiel al título de este ensayo,
veremos que la tesis de las dos Modernidades, entendidas como un cruce de caminos sobre el cual se
desarrolló y bifurcó la historia europea de los siglos XVI y XVII, no sólo es un criterio ideológico creado para concederle a España un importante papel en tiempo de la Reforma Luterana, sino que tiende además a expresar las razones internas de la propia historicidad española, entregándole amplias cartas de legitimidad histórica a los ideales de la Contrarreforma. Nos veríamos de esta manera ante una
segunda Modernidad Luterana, representada por las naciones mercantiles de centro y norte de Europa, y una primera Modernidad Romano – española, iniciada tempranamente en el siglo XV por los reyes católicos, Fernando e Isabel.
El llamado tercer Estado, el Estado burgués del mundo moderno, tuvo su antecedente en el pacto medieval de las monarquías nacionales con “el pueblo bajo” es decir, con la sociedad compuesta de mercaderes, trabajadores de los gremios y campesinos. En España la tarea de la unidad nacional en torno a una sola monarquía vino aparejada al esfuerzo modernizador emprendido, en principio, por los reyes católicos.
Aunque si nos atenemos a Carlos Marx, en la península sobrevivieron al impacto de la Modernidad formas autárquicas de vida económica y social propias de la Edad Media. La llamada primera Modernidad española fue concebida como una propuesta distinta que buscaba sintetizar singularidades de la historia, la economía, la legislación y la cultura con la creación de un Estado en su sentido moderno, dotado de un carácter religioso – misional. Se configuró de este modo España como una excepción del desarrollo histórico, si la comparamos con el resto de Europa. Desgraciadamente el sol que alumbró en su esplendor al Imperio español en Lepanto tuvo su ocaso en Westfalia. Y todo lo que hay de irresuelto en la Modernidad se vuelve entonces, en su trágica y particular concreción, en lo irresuelto de la sociedad y reunión de pequeñas naciones que constituyen a la cultura y nación españolas.

DOS
Miguel de Cervantes nos dio a principios del siglo XVII esta definición de España: “.una nación política
fundada sobre la base de varias naciones naturales”.
Más allá de las lenguas, las culturas y las etnias que integran el complejo mosaico ibérico, el proyecto de
la nación española es el resultado de un proceso histórico. La unidad de España fue históricamente una
necesidad política sobre la cual se comenzó a edificar el Estado – Nación; la nación política a la que alude Cervantes.
En el año de 1936 una profunda crisis política condujo a España a la más cruenta guerra civil de su historia.
Ese mismo año, después de haber elogiado desde el podio de la Universidad salmantina la invalidez física
de Cervantes y refutado con vehemencia el “viva la muerte” de los falangistas, Miguel de Unamuno,
retenido en prisión domiciliaria por soldados, escribió días antes de su propia muerte: “no soy
fascista ni bolchevique; soy un solitario”. Al conocer su fallecimiento el poeta sevillano Antonio Machado puso en labios de su apócrifo Juan de Mairena la siguiente esquela, cito de memoria: “Unamuno ha muerto de repente como quien muere en guerra. ¿Contra quién? Quizás contra sí mismo. Quizás, aunque muchos no lo crean, contra aquellos que han traicionado a España y vendido a su pueblo. ¿Contra el pueblo mismo? No lo he creído nunca, ni lo creeré jamás.”
En mi opinión Unamuno compuso tres obras cumbres (una suerte de trilogía ensayística) que componen lo más significativo de su pensamiento filosófico: “Del sentimiento trágico de la vida, en los hombres y en
los pueblos”; “La agonía del cristianismo”; “Vida de Don Quijote y Sancho”. A Don Miguel, como a tantos pensadores y hombres sensibles del mundo, le dolía España; ese dolor por esa patria originaria y tenaz que el poeta peruano Cesar Vallejo logró capturar en versos: “España aparta de mí este cáliz”. Habría que tratar de entender qué es España para poder comprender su tragedia histórica. España es un misterio. Está en la sangre, pero no es la sangre, del mismo modo que decimos que Dios está en el mar, pero no es el mar.
España es un misterio que sólo los hombres de bien alcanzan a penetrar traspasando sus umbrales de
silencio, tocando a las puertas de la casa de la muerte que nos conduce a las entrañas donde descansan
las osamentas sepultadas de nuestros abuelos milenarios. España está en la tradición, pero es el
misterio que esconde la tradición. La patria milenaria, los arcontes, las escrituras fundamentales,
las vidas ejemplares. Sin embargo, continúa siendo un misterio. España es la sangre, la raza. Es el duende
de Lorca; la sangre derramada del poeta; la raza que no se rindió en Numancia. España es la esperanza.
El único pueblo que puede comparársele es el eslavo.
Hay sólo unas líneas de Dostoievski que se atreven a expresar ese misterio fundamental: “Aquí en nuestra patria, en nuestra raza, en nuestro tiempo, ha nacido un nuevo tipo de hombre, el hombre que sufre por el mundo”.
España es la palabra. España es el misterio que habita en la palabra empeñada por el honor del Quijote y su escritor Cervantes. La crisis de la Cristiandad, de la que tanto hablaran Unamuno y Machado, si es entendida como una crítica a la larga tradición de la que la religión es portadora, no deja entrever la falla fundamental sobre la cual la civilización de Occidente agoniza. Aunque para el verdadero cristiano la esencia de su religión no es el mito del dios milagrero hecho carne y profecía apocalíptica. Para el verdadero cristiano la esencia de su religión tiene como cifra la tragedia del Gólgota y como significado el hombre que agoniza, que ha atravesado valientemente el Calvario de su vida, en pos de la redención de la humanidad. No nos encontramos por tanto ante un problema histórico, sino ante una fe muy especial que habla e interroga la sensibilidad humana. La crítica histórica del cristianismo, su enfoque racional para un estudio materialista que delimite sus fuentes filosóficas y el devenir de la Iglesia como institución, es perfectamente válido. Aunque para el hombre cristiano el sentido de la vida se vuelve objetivamente trágico.
Mas una forma trágica que se expresa de un modo novedoso, completamente distinta a como era asumida la tragedia en tiempos de los poetas Esquilo, Sófocles y Eurípides.
Para los clásicos griegos la tragedia se inscribe, se incuba, dentro de los límites biológicos de la
familia, la gens. Edipo, Orestes, Etiocles y Polinice etcétera son héroes envueltos en los eventos de su
época, aunque la raíz de sus males tiene origen en una malformación de la familia humana. Resulta curioso que Unamuno opinara que el nombre más preciso para designar la tierra donde hemos nacido no fuera patria, sino matria; la tierra como Mater universal y nutricia y que su héroe Don Quijote prácticamente careciera de familia y sólo tuviera como legado de hidalgo unas pocas fanegas de tierra que vendió para engrosar su biblioteca con libros de literatura y caballería. Para el Quijote, su epopeya profundamente cristiana, como la describiera Unamuno, la tragedia se cierne lejos de los ámbitos de la familia y el legado filogenético de los padres, aparece en medio de los caminos transitados de La Mancha y los verdes campos de Montiel, para tener su consumación dramática cerca de las inmediaciones de la ciudad condal de Barcelona, como apuntara el propio Unamuno, la capital industrial de España. Porque el que vence a Don Quijote es el capitalismo. La tragedia nace así, para el hombre y su obra moderna, como hija de la honda contradicción que existe entre realidad e idealidad; entre historia y poesía.
La guerra civil de 1936 – 39 fue el enfrentamiento de dos idealidades donde Unamuno sería una de sus
primeras víctimas. Machado alcanzaría a ver la entrega de Madrid a los ejércitos franquistas y conocer las últimas palabras de La Pasionaria dirigidas a las milicias internacionales, poco después moriría y sería sepultado en un pequeño pueblo de la frontera franco – española.
En uno de sus más enigmáticos escritos Unamuno nos narra alegóricamente acerca de una honda Sima colocada en la cumbre de una montaña. La religión, la filosofía, el arte, la superstición de los cercanos
pobladores de la montaña, nos dice, giran en torno a lo que puede habitar en el interior de la obscura
Sima. Todos los que han intentado penetrarla no han vuelto y el lugar inspira un sagrado temor. Por un
lado la existencia de semejante caverna nos sobrecoge, por el otro, la Sima nos sirve para dar forma a
nuestro pensamiento, motivar nuestras especulaciones, inspirar a los poetas y establecer un límite a nuestra vida, dotándola además de una noción de trascendencia; no tendríamos la intuición de lo sagrado si no es gracias a la Sima. Es difícil saber qué profundo misterio guardaba ese lugar, pues Unamuno se limita a contarnos de su existencia no a especular sobre ella.
Machado nos comenta por su parte en esta otra cita, no es textual: “De todos los pensadores que hicieron de la muerte tema esencial de sus preocupaciones, fue Unamuno el que menos habló de resignarse a ella. Tal fue la nota españolísima, de este, no obstante, poeta de la angustia española.”
La última oración de “La agonía del cristianismo” expresa con creces la crisis histórica que en tiempos
de la Modernidad padece la Cristiandad: “Cristo nuestro, ¿por qué nos has abandonado?” Es la
irresolución de la sociedad moderna ante la máxima incomprensión de la leyenda cristiana: Dios abandonó a su suerte al Hijo; y el Hijo abandonó a su suerte al hombre. Tal es la metáfora originalmente bíblica que Unamuno traslada a su pensamiento y nos propone como singular tragedia contemporánea. Pero la renovación de las fuentes cristianas de la civilización de Occidente no significa aceptar dogmáticamente el Mito, sino entender la esencia que nos trasmite el sacrificio del Hijo de Dios, hijo también del Hombre. Esa esencia se inscribe en el seno de una manifestación poética, alegórica. Por tanto, si no comprendemos el valor gnoseológico que contiene la expresión poética, nunca podremos llegar a saber el alcance teórico de la alegoría planteada con la muerte y la resurrección del dios. En la Biblia debemos reconocer un texto literario, aunque esa obra haya sido escrita muchos siglos antes del surgimiento del lector moderno. Un texto que supone la existencia de un autor, de un artista. Como estamos en la época moderna ese tipo de lectura es la que debe importarnos.
Singularmente fue el propio Unamuno quien nos propuso una lectura de los textos donde adquiere mayor
significado el papel de la interpretación que el propio texto. Para decirlo con palabras de Friedrich
Nietzsche, tampoco es textual: No es el texto, es la interpretación que sobre el texto se hace, lo que
determina la escritura. Así la universalidad de las escrituras bíblicas implica una relación directamente
personal con la Obra. Ese es en el fondo el criterio de la Iglesia Luterana, por eso debemos seguidamente agregar que es la Obra, la escritura, la que nos salva y justifica; la irrenunciable vocación de artista que debe poseer el lector, el incansable interpretador de textos. “Vida de Don Quijote y Sancho” es exactamente eso: La universal epopeya cristiana vuelta a contar por Unamuno.
En el prólogo del libro antes citado, refiriéndose al hipotético lector como su “único amigo absoluto”, Don Miguel le comentaba que ambos hubieran preferido vivir bajo los “espasmos” del Milenario; en los lejanos tiempos fundacionales en que comenzaba a constituirse la nación española y la lengua castellana. Resulta interesante que en esa introducción titulada “El sepulcro de Don Quijote”, el autor revele a su
escogido lector su más profunda e intensa vocación mística, mientras le vuelve a decir: “Si quieres vivir
de ellos, vive para ellos, pero entonces mi pobre amigo te habrás muerto”.
Todavía recuerdo unos versos aprendidos en mi adolescencia que Machado le dedicara a Unamuno: “Esa
tu filosofía/ que llamas dilletantesca/ voltaria y funambulesca/ gran Don Miguel es la mía/ agua viva,
fugitiva/ poesía, cosa cordial/ ¿Constructora?/ no hay cimiento ni en el alma ni en el viento/ bogadora,
marinera hacia la mar sin rivera”.
En ambos escritores se impone la obra humana, a-sistémica, minimal y con ella la angustia sucedida
en medio de la larga extensión del tiempo, del que sabemos por deducción lógica que es tan finito como
nosotros, sin dejar por eso de ser incognoscible, aunque con San Agustín digamos que “nuestra alma sufre porque quiere saberlo”.
Hay un lugar en el Quijote en que el caballero pronuncia su famoso “Yo sé quien soy.” Lo cito, porque
es la angustia la que nos lleva de la mano a la que pudiera ser la problemática básica de nuestra
existencia. La angustia nacida, como ya apuntaba, en medio de la enorme extensión temporal, campo abonado para el Ser y para la reflexión. Quisiera repasar con el lector ese momento en el que Quijote pronuncia su frase más conocida: Se trata de su primera salida, cuando aún no ha encontrado a su fiel escudero, pero ya ha sido armado caballero por el dueño socarrón de una venta. Don Quijote topa, en el medio del camino que lo lleva a su aldea, con un grupo de mercaderes que va rumbo a la ciudad de Toledo. Según Unamuno se produce aquí una de las aventuras más singulares ocurridas al Quijote, pues no se trata, en esta ocasión, de socorrer menesterosos, damas en peligro o pelear con gigantes, se trata de enarbolar como blanco estandarte la bandera de la fe. Nadie pasará, afirma Don Quijote interponiéndose al paso de los mercaderes, si no reconoce la belleza sin par de Dulcinea. Nunca la hemos visto, comentan así los interpelados, ¿cómo pudiéramos afirmar entonces cosa semejante? Los mercaderes regatean el precio de la declaración que les exige el Quijote para seguir su marcha. Este se para en sus trece y los embiste cuando los mercaderes no dan traza de reconocer a semejante beldad e incluso insinúan que Dulcinea bien pudiera ser fea. Si nos mostraras su imagen aunque fuese del
tamaño de un dedal, pudiéramos entonces reconocer la belleza inigualable de tal princesa; argumenta un
mercader. Pero Don Quijote no cede. He ahí la esencia del problema: la beldad de Dulcinea esta más allá de cualquier objeción, ya que es cuestión de fe lo mismo que las ideas. Es casi un razonamiento teológico,
Dulcinea es el ideal por eso existe y es perfecta. Tal fue el espíritu que movilizó a España contra Europa en tiempos de la Contrarreforma.
Queda Don Quijote adolorido en medio del camino, derribado por los golpes recibidos de mano de los
mercaderes, hasta que acude por él el aldeano Pedro Alonso que reconoce, detrás de su insólita armadura, a su viejo amigo Alonso Quijano. Yo sé quien soy, replica el Quijote asumiendo desde la gramática y el sentido de la frase todo su contenido ontológico. ¿Hay una metafísica española? Unamuno y Machado pensaban que sí, pero de existir no está ni siquiera en la teología tomista de Suárez, se encuentra en el decir y en el mismo sentir de los españoles; en la tradición viva de ese pueblo; en su arte y literatura. Una filosofía española “que le pide al amor conceptos y lógica a la sinrazón”. Una filosofía española que nos pide perseverar aún después de la muerte y entender a la vida como un gran misterio.
Antonio Machado mucho más sosegado que Unamuno ante la crisis histórica que vivía España, enfrentada como el Quijote al dilema trágico de su identidad y consciencia de sí, prefirió valorar, como porción de
su constante reflexión sobre la sociedad e historia de su pueblo, las verdades sofísticas del griego del
siglo V a.n.e. Protágoras.
Retomando las verdades imperativas que sobreabundan en el Quijote, el mundo se divide en hombres que creen en bacías de barberos y en hombres que creen en yelmos de Mambrino. Semejante yelmo nace de la ensoñación del poeta que fue Cervantes, al concebir una bacía de barbero colocada sobre la cabeza impertérrita de Don Quijote y verla así refulgir en doradas tonalidades bajo los soleados cielos de la llanura manchega.
Sancho Panza, ante la estruendosa disputa que se ha creado en torno al yelmo que es bacía o a la bacía
que, según afirma la poética de Quijote, es yelmo inigualable, nos propone la siguiente solución
semántica: “baciyelmo”. Con esto, ¿el tropos ha muerto y la existencia no trae consigo otro contenido que aquel que nos dictan las comunes y prosaicas razones del barbero, del aldeano Pedro Alonso y la comitiva entera de mercaderes que cabalgan rumbo a Toledo?
Habría que replantear la razón de ser de Sancho para dilucidar esta ontológica y urgente cuestión. Por el momento intentemos comprender la raíz sofística en la que se sitúa ahora el pensamiento del poeta Machado: Protágoras es el filósofo de la dubitación; de la alternancia y polisemia de los sentidos; del carácter transitivo, relativo, contextual de las verdades sometidas a la dialéctica del lenguaje y la vida. Si no lo entendiéramos en parte así, estaríamos todos todavía envueltos en la famosa disputa de la bacía que se volvió yelmo por la gracia del tropos, en realidad mucho más quijotesco que cervantino. Partiendo de todo lo anterior pudiéramos de nuevo preguntar: ¿es posible una sociedad política? O sea, una sociedad que tenga como fundamento la tolerancia democrática que dicta el mensaje protagórico, mas que conserve intacta la pasionalidad poética del Quijote, alias Cervantes.
¿Dónde está España en estos momentos? Hoy el país ibérico es una sociedad parlamentaria en su acepción burguesa, se encuentra perfectamente integrado a la Unión europea y disfruta inobjetablemente del hecho de ser una de las diez primeras economías del mundo. Pero con lo que acabo de decir no he contestado mi propia pregunta, porque simplemente no conozco la respuesta; no la sé y no puedo reencontrar, en los archivos maltratados de mi conciencia hispana, a esa España dramática, a esa palabra castellana con la cual llegar a decir lo que se tiene por cierto y fundamental sobre la vieja grandeza de ese pueblo mágico. Aunque para los que lo dudan es válido recordar que lo más alto de
la legitimidad de esa gran novela, que es el Quijote, se guarda aún en manos de Sancho. Del espíritu
conciliador y pacifista del gran Sancho; del “heroico Sancho” como le llamara Unamuno, alentando al buen hombre que va a lo largo de toda la novela en busca de su fe, como quien marcha en pos de una ensoñada ínsula. Camino milenario de convulsionados y flagelantes como no hay otro.
De todas formas no hay nada agotado en la literatura y el arte de El Siglo de Oro, ni en las verdades de
Sancho y de Quijote, sólo nos encontramos ante la dimensión trágica que cobra en nosotros las vidas
imaginarias creadas por Cervantes, comentadas por Unamuno, replanteadas de forma indirecta en los textos poéticos y filosóficos de Machado. Y con Machado volvemos a vindicar paradójicamente al Quijote, buscando el auxilio de Protágoras, porque Protágoras, en manos del poeta, se resignifica y deviene en el ideal político esgrimido frente a cualquier dogmática, frente al solapado totalitarismo que abunda en las sociedades mercantiles.
Tal vez por ese derrotero, que es el de la reactivación política de la sociedad humana, es que
puede lograrse la superación de la crisis histórica que amenaza no sólo a los países hispano – hablantes,
sino a la Modernidad en su conjunto. Atendiendo a esto es que se deberían repensar las antiguas verdades de la metafísica, la filosofía del Ser y el valor dramático (relativo a la moral) de la existencia, pero sólo para hacer bajar el tono airado de nuestras afirmaciones y convertirlas en ese acento, afectuoso y cordial, que el propio Machado percibía en los escritos del maestro Unamuno.
Y es que hay un lado obscuro, reticente, soterrado, grácil, dotado casi de una sensibilidad femenina, que
los poetas como Machado imperiosamente buscan y que se llama diálogo; respeto a las verdades del prójimo; entelequia compartida; rumor y ensoñación de la tarde y que se vuelve la noche más íntima en la que se solaza el alma del poeta Juan, que es la que nos dice al emprender su solitaria subida a El Monte Carmelo:
“En una noche oscura/ Con ansias en amores inflamada/¡Oh dichosa ventura!/ Salí sin ser notada/
Estando ya mi casa sosegada.
Es quizá de alturas como esta, discretas y sosegadas, que se pudiera llegar a comprender qué es España; qué significa en realidad el criterio de nación política; qué valor tiene para los escritores hispano -
hablantes la lengua de Cervantes, inseparable de la palabra empeñada del Quijote; en qué radica el valor ideal de merecer; y cuál es el contenido factual del sentimiento trágico de la vida en la filosofía, en la poesía, en cada uno de nosotros y en la historia de los pueblos.

Noche*

Hay una canción casi invisible

El tiempo no pasa porque otras manos lo atraparon

La noche se vuelve color violeta

Voces de nadie escriben poesías en la oscuridad

Brillan esas hojas en blanco que esperan tus manos

Se acerca el sonido del rio que una vez imaginé

No hay irrealidad solo fantasía y estrellas

Unas huellas doradas se adelantan a los pasos de ayer

Sombras bailan en secreto con el viento

Caen gotas de un atardecer marchito y se vuelven mar

Dibujo cuentos en mi piel y los dejo ser

Duermen en silencio tus rosas blancas

Las imágenes se mezclan con los sueños

Decoramos nuestro alrededor con ideas de colores

La distancia desaparece y la conciencia se va

Seguimos escuchando ese sonido lejano

Los sentidos también se vuelven noche

Nos abrigan los brazos del cansancio de la realidad

La piel se llena de colores y palabras

Esos ojos caen dormidos bajo el susurro de una melodía que ya desapareció.

*De silvana gangi chibi_chivi@hotmail.com

La tierra incomparable*

(fragmento)

*de Antonio Dal Masetto

DIECINUEVE.

Por la mañana, cuando se dirigía a desayunar, Agata se cruzó con una mucama en el pasillo.
-Señora, no tiene que hacer la cama, de eso me encar­go yo.
-Es la costumbre -dijo Agata sonriendo, confundida y casi disculpándose.
Después, mientras bajaba la escalera con cuidado, to­mándose del pasamanos, pensó que debía ser la primera vez en su vida que no haría su propia cama.
Se puso en camino antes del mediodía. Decidió visitar primero a Pizzoli, ya que quedaba más cerca. Sabía que después de la muerte de Virginia, Pizzoli se había vuelto a casar y que aún vivía con su segunda esposa. Lo recordaba como un hombre alto, muy erguido y arrogante. El que abrió la puerta era una sombra de aquel otro. La miró en­trecerrando los ojos e inclinándose hacia adelante. Ella lo saludó y dijo:
-Soy Agata.
Como si no la hubiera escuchado, Pizzoli preguntó:
-¿Quién es usted, señora?
-Agata, la mujer de Mario.
-No la conozco.
-La mujer de Mario, su cuñado, el hermano de Virgi­nia.
-No la conozco, no sé quién es usted.
-¿Cómo que no me conoce? -insistió Agata, y ya no supo qué agregar.
Pizzoli dio media vuelta y desapareció.
Agata permaneció unos minutos delante de la puerta cerrada, sin saber qué hacer, sin saber qué pensar. Se alejó unos pasos, se detuvo y se dijo:
“No puede ser”. Regresó y golpeó de nuevo. Pero no volvieron a abrir.
Cuando por fin decidió marcharse seguía tan descon­certada que no hubiese podido decir si se sentía mal o si estaba tentada de ponerse a reír.
Hasta Tersaso era una caminata larga. Durante el tra­yecto no hizo más que pensar en lo absurdo de aquel en­cuentro. Reconstruía la escena, se repetía las palabras de Pizzoli y no terminaba de creer en lo que acababa de ocurrirle.
No le costó trabajo ubicar la casa de Rineta. Preguntó en un negocio y se la señalaron. Era una construcción alar­gada y vieja, con un terreno al costado, donde se veían flo­res y algunas vides. Cuando Rineta se asomó a la puerta, morena, los ojos chicos y desconfiados, Agata recordó la experiencia reciente y titubeó.
-¿A quién busca? -preguntó Rineta.
-Soy Agata.
Rineta la estudió achicando aún más los ojos. No hubo alteración en su cara, nada que expresara sorpresa. Termi­nó de abrir la puerta e hizo un breve gesto de invitación con la mano:
-Adelante.
Lo dijo con un tono que podría haber usado frente a al­guien que veía todos los días. Agata la siguió, cruzaron va­rias habitaciones y pasaron a una sala con sillones enfun­dados donde dormían dos gatos. Las paredes estaban cubiertas de fotos. No habían vuelto a hablar después de aquellas palabras en la puerta y Agata buscó decir algo pa­ra romper ese silencio incómodo.
-Es una casa grande -comentó.
-Demasiado grande -dijo Rineta-. Vivo sola.
Le señaló un sillón:
-Ponéte cómoda.
Agata se quitó el abrigo y se sentó. Rineta fue a la coci­na y puso a calentar agua para el té. Desde allá le preguntó cuándo había llegado y dónde estaba alojada. Regresó con las tazas y se sentó también ella.
-Así que volviste al pueblo -dijo.
-Volví- dijo Agata.
-Está cambiado.
-Bastante.
-Son muchos años.
-Sí, son muchos años.
-Ahora ya no sirve volver, no se puede remediar nada.
-¿Remediar qué?
-Ustedes tomaron el barco y se olvidaron de los que quedaban acá.
Agata, sorprendida por el comentario, no supo que de­cir y esperó.
-Es así, la gente parte y si te he visto no me acuerdo -siguió Rineta.
-No entiendo -dijo Agata.
-De ustedes jamás recibí ayuda, las deudas de mi pa­dre y todos los gastos los tuve que enfrentar sola, mis hermanos se fueron a América y nos abandonaron por completo.
Después comenzó a relatar un largo drama. Vencimien­tos de pagarés, enfermedades, unas pocas personas hones­tas que la habían aconsejado bien y otras muchas que ha­bían aprovechado para perjudicarla aún más: médicos, prestamistas, acreedores, falsos amigos. Hablaba sin énfa­sis, pero con una voz seca e imperativa. La historia iba cre­ciendo y ramificándose, el número de los implicados au­mentaba, cada uno tenía su parte de culpa y también a cada uno “le habrá tocado y le tocará su castigo a la hora de rendir cuentas en el más allá”.
Rineta se levantó, abrió un cajón, sacó un paquete ata­do con una cinta negra, lo desató y desparramó el conteni­do sobre la mesa.
-Acá están, documentos, facturas, guardé todo.
Se puso los anteojos y, parada, los fue mostrando uno por uno. Debía conocerlos de memoria porque ni siquiera los miraba; con cada hoja enumeraba una lista de detalles precisos: fechas, firmas, cifras, direcciones.
Era como si to­do hubiese ocurrido una semana antes. Cuando dejó el úl­timo papel se deslizó sobre el sillón. Parecía agotada por el esfuerzo.
Agata dijo:
-Mario envió dinero varias veces.
-Limosnas -dijo Rineta.
Y reanudó el largo rosario de lamentaciones.
Agata intentó recordarle que además, durante años, an­tes de partir, Mario había afrontado las deudas que Guido, su padre, acumulaba sin parar, e incluso había levantado varias hipotecas sobre la casa donde vivían los viejos. Por esa razón todos estuvieron de acuerdo en que se pusiera la propiedad a su nombre. Y después, desde la Argentina, re­nunció a esa propiedad en favor de las dos hermanas, ella y Virginia, para que se encargaran de saldar las deudas que Guido seguía contrayendo. Agata oía su propia voz tratan­do de sobreponerse a la de Rineta y se daba cuenta de que era inútil, que se estaba esforzando por aclarar una histo­ria que ya no podría ser aclarada. Hablar o no hablar daba lo mismo. Rineta no la escuchaba, seguía enumerando y acusando.
Después del largo desahogo pareció calmarse y con­cluyó:
-Ya no vale la pena hablar de esto.
-Sí, no vale la pena -dijo Agata.
-Ya pasó, ustedes estaban allá, no se enteraban de nada, se daban la gran vida.
-No nos dábamos la gran vida.
-La que se quedó acá fui yo, nadie sabe las que pasé. Ahora Agata sintió pena por esa mujer sola, en esa gran casa vacía, esperando durante tanto tiempo con aquel ma­nojo de papeles en un cajón la oportunidad de liberar su rencor. Tuvo la impresión de que esa posibilidad de queja era lo único que todavía le quedaba.
-Ya no vale la pena acordarse de estas cosas -repitió Rineta-, los viejos están muertos, ahora las viejas somos nosotras, no hablemos más de cosas tristes.
-Sí -dijo Agata.
Rineta fue la cocina y, al quedar sola, Agata se dijo que quizá ahora la conversación cambiara de rumbo. Todavía Rineta no le había formulado una sola pregunta sobre su vida, sobre sus hijos, sobre la muerte de sus hermanos. Pe­ro ni bien regresó, Rineta retomó la historia desde el prin­cipio y reanudó los reproches y la lista de tribulaciones.
Entonces Agata supo que aquella situación no cambiaría. Se mantuvo callada.
Miraba alrededor y deseaba irse.
Era temprano todavía, pero afuera el día se había puesto oscuro. Del otro lado de la ventana se agitaban las ra­mas de un árbol. Rineta se levantó y fue a encender la luz.
-Viene una tormenta -dijo Agata-, mejor me pongo en camino, es un tirón largo hasta el hotel.
Rineta no volvió a sentarse. Esperó a que Agata se colo­cara el abrigo y la precedió hasta la salida. Juntas miraron el cielo y se despidieron.
Agata oyó la puerta cerrarse a sus espaldas y se fue por la calle empedrada donde ya estaban encendidos los faroles y se arremolinaban las hojas secas.
Entre Tersaso y Trani había un tramo del camino que baja­ba a través del bosque. Agata avanzaba en el viento, veía los árboles sacudirse, apuraba el paso, se apretaba el abri­go contra el cuerpo y, atemorizada por los truenos y los re­lámpagos, se decía que nunca hubiese dejado marchar a nadie de su casa con esa amenaza de tormenta.
Llegó al hotel, subió a la habitación, se recostó en la cama, se quedó escuchando el viento y la asaltó el can­sancio de esos desencuentros y rechazos que hasta entonces había encontrado en las cosas y en la gente. Sin­tió que estaba muy lejos de los suyos, se sintió débil, se preguntó qué hacía ahí, entre esas paredes, en esa habita­ción extraña donde no había una sola imagen en la que pudiera reconocerse.
Después, poco a poco, la desazón se diluyó como se extingue un dolor de cabeza, y Agata se levantó de la ca­ma, se paró, y en su cuerpo y en su voluntad volvió a ins­talarse la vieja obstinación que la había sostenido toda la vida. Cuando bajó a cenar, al pasar por la receptoría, le entregaron un mensaje. Era de Angela, la hija de Pizzoli. Había un número telefónico y llamó. Del otro lado una voz entusiasta la saludó a los gritos, la reprendió por no haber ido a visitarla todavía, se había enterado de su lle­gada por casualidad.
-Te espero a almorzar mañana -le dijo-, tengo una hora libre de doce a una, trata de ser puntual así tenemos tiempo para hablar, estoy desesperada por verte.
Agata rió ante esa exageración.
Después, mientras tomaba su plato de sopa en el come­dor, Agata pensó en aquella voz en el teléfono y recordó a la Angela que había conocido, una muchacha alta y bien formada, que al finalizar la guerra había tenido que desa­parecer durante un tiempo porque su nombre estaba en la lista de las mujeres acusadas de haber intimado con los alemanes. Los partisanos las rapaban y las obligaban a desfilar por las calles del pueblo.

*de La tierra incomparable, © Editorial Planeta (1994), © Antonio Dal Masetto.

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cambiamos ojos por cielo…

Diciembre 23, 2007 por inventivasocial

El ángel de la bicicleta*

*Música: Luis Gurevich / Letra: León Gieco

Cambiamos ojos por cielo
Sus palabras tan dulces, tan claras
Cambiamos por truenos
Sacamos cuerpo, pusimos alas
Y ahora vemos una bicicleta alada, que viaja
Por las esquinas del barrio, por calles
Por las paredes de baño y cárceles
Bajen las armas!!
Que aquí solo hay pibes comiendo.

Cambiamos fe por lágrimas
Con qué libro se educó esta bestia
Con saña y sin alma
Dejamos ir a un ángel
Y nos queda esta mierda
Que nos mata sin importarle de donde venimos
Que hacemos, qué pensamos
Si somos obreros, curas o médicos
Bajen las armas!!
Que aquí solo hay pibes comiendo.

Cambiamos buenas por malas
Y al ángel de la bicicleta lo hicimos de lata
Felicidad por llanto
Ni la vida ni la muerte se rinden
Con cunas y cruces
Voy a cubrir tu lucha más que con flores
Voy a cuidar tu bondad más que con plegarias
Bajen las armas!
Que aquí solo hay pibes comiendo.

Cambiamos ojos por cielo
Sus palabras tan dulces, tan claras
Cambiamos por truenos
Sacamos cuerpo, pusimos alas
Y ahora vemos una bicicleta alada, que viaja
Por las esquinas del barrio, por calles
Por las paredes de baño, y cárceles
Bajen las armas!!
Que aquí solo hay pibes comiendo

*Fuente:
http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=print&sid=2604

CAMBIAMOS OJOS POR CIELO…

Domingo, 23 de Diciembre de 2007
CELESTE LEPRATTI, HERMANA DE POCHO

“Un montón de gente tomó su bandera”*

Claudio “Pocho” Lepratti fue asesinado hace seis años, en Rosario, durante la represión del 19 y 20 de diciembre. Era profesor, trabajaba en un comedor y con microemprendimientos. “Un militante social”, lo define su hermana.
León Gieco le dedicó la canción “El ángel de la bicicleta”. El policía que lo mató está preso y fue condenado. Celeste pide que “los que dieron las órdenes, los jefes policiales y los responsables políticos” también rindan cuentas.

Imagen: Télam

*Por Adriana Meyer

Celeste Lepratti tiene la mirada clara y la voz serena, pero se le empañan con un velo de tristeza cuando recuerda a su hermano. Claudio “Pocho” Lepratti fue asesinado hace seis años en Rosario durante la represión desatada por el gobierno delarruista, que en su sangrienta retirada provocó casi cuarenta muertos en todo el país, nueve de ellos en la provincia de Santa Fe. “A Pocho no lo mataron, lo multiplicaron”, afirmó esta mujer -docente, soltera, 30 años, sin hijos- que tomó la posta de la militancia social sembrada por su hermano en las barriadas de la periferia de esa ciudad. Celeste le dijo a Página/12 que “sólo habrá justicia cuando paguen tanto los autores materiales como políticos de cada uno de los casos”, denunció que el poder político “nunca escuchó los reclamos de los familiares” y se lamentó de que los jefes policiales de entonces hayan sido ascendidos.
-¿Qué pasó ese día? ¿Cómo vivió ese momento?
-Nosotros somos de Entre Ríos, en 2001 estábamos todos en Concepción del Uruguay. Pocho es el más grande de los seis hermanos y estaba viviendo desde hacía unos cuantos años en Rosario. Me acuerdo que habían empezado los saqueos, ya el 18. Y el 19 a la noche sus compañeros de trabajo nos avisan
de su asesinato.
-¿Qué hacía Claudio?
-Un montón de cosas. En ese momento en la escuela Mariano Serrano estaba como ayudante de cocina, preparaba los alimentos para los chicos del comedor. También trabajaba en otra escuela del barrio donde vivía, Ludueña, era profesor de Filosofía y Ciencias de la Educación. Y estaba en una dependencia municipal con microemprendimientos como huertas o crianza de animales. Era un militante social.
-Lo reconocían, además, porque andaba siempre en bicicleta. ¿Es así?
-Sí. Tenía un trayecto bastante largo entre su casa y la zona sur. Daba esa vuelta todos los días hasta la escuela.
-¿Qué le contaron que pasó ese 19 de diciembre?
-Rosario era un caos, como otros lugares. Ya se había desatado la represión en distintas barriadas, ya había un muerto. El estaba con un compañero de trabajo con el que subió a la terraza de la escuela para ver qué pasaba alrededor. A pocos metros de ahí había vecinos reclamando por comida. La policía pasaba disparando a mansalva. Poco antes de las seis de la tarde pasó de nuevo el móvil policial en contramano, Pocho les grita que dejen de tirar, que ahí hay chicos. Y la respuesta fue que el auto paró, bajaron dos de los policías y dispararon. Uno de esos disparos fue certero y le quitó la vida a Claudio.
-Fue un fusilamiento.
-Sí, sí. Y se subieron al auto y se fueron. Claudio fue asistido por sus compañeros, la ambulancia no llegaba y lo llevaron en un auto de ellos. Pero el tiro fue fatal, la hemorragia era muy grande y en el hospital no hubo forma de salvarlo, aunque lo intentaron. (Se le quiebra la voz.)
-¿Cuántos años tenía?
-Treinta y cinco.
-¿Qué pasó con esos policías?
-Horas más tarde fueron detenidos porque los identificaron los compañeros de Claudio. El que dio el tiro certero es Esteban Velázquez, y él junto con Rubén Pérez, que también disparó, fueron detenidos. Pérez fue sobreseído mientras que a Velázquez lo procesaron, y este año quedó firme la condena: catorce años de prisión. Pero nosotros decimos que Pérez también tuvo que ver.
-El caso de Pocho es el único que tiene un condenado. ¿Qué pasó con el resto de los asesinatos?
-En la provincia de Santa Fe murieron nueve personas y no hay responsables políticos que hayan pagado por eso. A De la Rúa lo procesaron por cinco homicidios culposos. Más allá de cómo vaya a terminar eso, acá nunca ocurrió nada por el estilo. Carlos Reutemann jamás tuvo que dar explicaciones. No fue llamado por la Justicia ni siquiera a declarar por el accionar que tuvo su policía, por las órdenes que se emitieron esos días. ¿Por qué la policía disparó con balas de plomo? En la causa de Pocho no sentimos que haya justicia aún, faltan los que dieron las órdenes, los jefes policiales, los responsables políticos que más tarde o más temprano tendrán que rendir cuentas. Y hasta que no rindan cuentas cada uno de los implicados en esta masacre, materiales y políticos, por cada una de las muertes, no podemos pensar que haya habido justicia.
-¿Qué cambió en la provincia?
-Esa gente sigue participando de la política como si nada hubiera pasado. El ex gobernador (Jorge) Obeid nunca nos recibió, nos dio la espalda a todos los familiares de Santa Fe. Además, la Fiscalía de Estado pidió la libertad para Velázquez argumentando que no había pruebas en su contra.
-¿El Estado pretendía salvar al policía que disparó?
-Así es. Nunca tuvimos explicaciones sobre esto. El Estado tuvo que optar entre dos trabajadores del Estado: uno era Claudio, docente, que trabajaba en la cocina, y Velázquez, que era policía y asesino. Y eligió al segundo.
Nunca escucharon los reclamos de los familiares. Alguien que se opuso a la comisión investigadora no gubernamental que pedíamos fue Domingo Pochettino, un legislador del PJ. Y durante la gestión de Obeid fue el secretario de Derechos Humanos. Todos los que tuvieron actitudes como esa recibieron algún beneficio. Los jefes policiales, que fueron ascendidos.
-¿Piensan que con Hermes Binner esto puede cambiar?
-Tenemos expectativas. Si volvía a ganar un gobierno justicialista no íbamos a tener ninguna posibilidad, como ya ocurrió con Reutemann y Obeid. Hay cosas cristalizadas, era muy difícil avanzar. Pensamos que ahora puede haber algún tipo de respuesta. Hay un montón de cosas que se pueden hacer, así que vamos con ese reclamo otra vez y esperamos ser escuchados.
-¿Cómo siguió su vida?
-A todos nos cambió. Hace casi tres años que vivo en Rosario, mi familia sigue en Entre Ríos. Mi papá falleció y fue muy simbólico porque se muere cuando se cumplen los tres años del asesinato de Pocho. Más allá de sus problemas cardíacos, no pudo resistir a tanta impunidad (le tiembla la voz).
Soy docente, doy clases. Y me fui sumando a lo que continúan otros, a lo que era el trabajo de Claudio. A su casita en el barrio Ludueña los pibes la transformaron en el Bodegón Cultural Casa de Pocho, donde hay talleres y los jóvenes con los que trabajaba siguen ahí abriendo posibilidades a otros
adolescentes.
-Una forma de continuar con su espíritu.
-Sí, por eso decimos que a Pocho no lo mataron sino que lo multiplicaron.
Hoy vemos que hay un montón de gente que tomó como bandera lo que él hacía para salir adelante.
-¿Por qué le decían “Pocho hormiga”?
-En Entre Ríos estaba en la Juventud Peronista. Pero le quedó ese sobrenombre cuando vino al seminario en Santa Fe, y dicen que sus anotaciones cuando estudiaba las hacía en boletas partidarias. Y lo de
hormiga surgió luego de su muerte, de un texto que escribió Gustavo Martínez, con quien eran compañeros en ATE, queriendo asemejar el trabajo de Pocho con el de las hormigas.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/reportajes/25-96596-2007-12-23.html

*

De todo, quedaron tres cosas:
la certeza de que estaba
siempre comenzando,
la certeza de que había que seguir
y la certeza de que sería
interrumpido antes de terminar.
Hacer de la interrupción un camino nuevo,
hacer de la caída, un paso de danza,
del miedo, una escalera,
del sueño, un puente,
de la búsqueda…un encuentro.

*Fernando Pessoa

Domingo, 23 de Diciembre de 2007
Caballero de la noche*

*Por Mariana Enriquez

Se dice que obtuvo el don para la narrativa de chico, cuando a los 12 años tuvo que vender medias por las calles de Buenos Aires. La familia Bajarlía, otrora muy acomodada, había caído en una importante bancarrota económica, y Juan Jacobo tuvo que salir a trabajar. Pero los Bajarlía pronto se recuperaron, y el chico pudo estudiar derecho y especializarse en criminología. Además, pudo dedicarse con auténtica pasión a la poesía y la literatura. Era, aseguran quienes lo conocieron, una rara mezcla de
callejero y ratón de biblioteca.
La ocasión actual es que se acaba de publicar El placer de matar (Alción Editora), uno de sus libros inéditos de investigaciones criminológicas, y una muestra impecable de su talento y su gusto por lo insano, lo marginal, lo macabro; gustos y obsesiones que, inevitablemente, lo convirtieron en un autor atesorado por lectores jóvenes. Liliana Heer fue su amiga y compañera de charlas literarias, y cuenta: “En los setenta leí Fórmula al Antimundo, un libro de cuentos centrados en la pluralidad del tiempo y la problemática de la destrucción. Categorías básicas de la parapsicología y de la ciencia ficción, género dominado ampliamente por Bajarlía y sobre el cual mantuvimos luego algunas conversaciones. Recuerdo el día en que escritores amigos me hicieron conocer a Jean Jacques en un bar cercano a su despacho. Una suerte de iniciación en el campo literario (yo aún era inédita). Para jóvenes de mi generación y de otras varias, Bajarlía funcionó como referente de entredichos artísticos, maestro, brújula, amigo incondicional, gran lector y narrador maravilloso de anécdotas de todo calibre. Jean Jacques poseía
numerosos rasgos que atraían a los artistas en formación, simplemente porque él siempre fue joven, abierto, espontáneamente deleuziano, amante del devenir. Fue un precursor del cyberpunk, de los seres electrónicos, no en el sentido de la repetición de la máquina por el hombre sino del desarrollo del hombre a través de las máquinas para recuperar la memoria perdida”.
Uno de sus admiradores, el periodista Emilio Fernández Cicco, escribió en un texto publicado cuando Bajarlía murió, en 2005: “No es frecuente encontrarse con un anciano de traje y corbata, calvo como una rodilla, grandes anteojos de insecto, que hable sobre sexo anal y asesinos seriales, y que escriba
poemas al demonio en el hospital mientras espera la muerte”.
Bajarlía era tan polifacético que su currículum resulta apabullante. Fue poeta (Estereopoemas, 1950; Nuevos límites del infierno, 1972). Fue uno de los principales difusores de las vanguardias de principios del siglo XX en Argentina con libros como Literaturas de vanguardia (1956) y El vanguardismo poético en América y España (1957); entre 1948 y 1956 dirigió la revista Contemporánea y formó parte, en 1944, del Movimiento de Arte Concreto-Invención, junto con Gyula Kosice, Edgar Bayley, Carmelo Arden Quin y Tomás Maldonado, entre otros. Fue ensayista crítico de poesía (La polémica Reverdy Huidobro/El origen del ultraísmo, 1964, o Fijman, poeta entre dos vidas, 1992); fue investigador histórico, criminólogo y curioso de lo oscuro y lo erótico (Sadismo y masoquismo en la conducta criminal, 1959; Drácula, Bram Stoker y el vampirismo, 1992; Breve diccionario de periodismo y poemario satírico, 1997). Fue narrador y dramaturgo: escribió novelas policiales con el seudónimo de John J. Batharly como Los números de la muerte, 1972, y El endemoniado Sr. Rosetti, 1977. Fue periodista: trabajó para Clarín y Playboy, y el día antes de su muerte a los 91 años salió publicado un artículo suyo en La Gaceta de Tucumán. “Pero en los últimos años, aunque conservaba un humor excelente, estaba dolido”, cuenta Diego Arandojo, escritor, cineasta y discípulo-amigo de Bajarlía, quien prologó su
libro de relatos Cuentos macabros para sonámbulos. “Se lamentaba porque no podía publicar sus libros y tenía que andar pidiendo por las editoriales, como si fuera un autor novel. No se quejaba, no era eso; se sentía menospreciado. ‘Me mataron con balas de silencio’, decía siempre.”
El otro lado
Un breve repaso por el índice de El placer de matar es suficiente para dar cuenta de la condición de arqueólogo tenebroso de Bajarlía: “Los profanadores de Tumbas”, “Lesage, el Mago de Satanás”, “Sexo y antropofagia”.
Un fragmento también puede dar cuenta de su estilo: “El crimen es la convocación de las sombras, el placer de diluirse en las tinieblas. El victimario es el hijo ignorado del viejo Harpócrates, el dios homicida que se alimenta de oscuridad y silencio”. Sin embargo, no es posible encasillarlo. “Es difícil elegir una faceta”, dice Liliana Heer, “por momentos en su obra resuenan diferentes zonas, registros, disciplinas, géneros. Su curiosidad permanente, el entusiasmo investigador hacen que sus
poemas estén atravesados por detalles y escansiones del buen periodismo”.
Tono Truman Capote en El placer de matar y en poemas como “El sueño de Luther King” de Nuevos límites del Infierno: “Fue el 4 de abril, en Memphis./ las naves orbitales recogían la eternidad/ y tu risa llena de ríos devoraba el odio blanco y la violencia. / Venías de Deep South donde los esclavistas enumeraban y marcaban cuerpos negros para acuñar moneda…”…
“Pero, como temprano seguidor de Werner Heisenberg y de Einstein, se apasionaba hablando de las relaciones de incertidumbre y el indeterminismo del universo físico, en contraposición a todo tipo de causalismos y clichés.
Veía al lenguaje como un mundo material de incertidumbre y exploración permanente. Era adicto a la libertad de transponer un género en otro, sin olvidar jamás la premisa del humor como una forma de poesía”.
Esa faceta, en la cual el centro de su universo creativo era la experimentación con el lenguaje, se desarrolló en la época del grupo Arte Concreto Invención. El propio Juan-Jacobo cuenta en el documental Bajarlía (2005), de Diego Arandojo, que se presentó en la sala Leonardo Favio de la Biblioteca del Congreso. “Habíamos establecido que teníamos que liquidar todo el lenguaje que se utilizaba hasta ese momento porque considerábamos que estaba gastado. Tratamos de hacer una poesía totalmente distinta. La hice yo en Nuevos límites del infierno, donde inclusive pensando que en algún momento los robots se iban a comunicar con el ser humano, e iban a tener su lenguaje propio, redacté varios robot-poemas adjudicándoles el lenguaje específico que desde mi punto de vista podrían tener los robots.” Consideraba, además, que habían logrado una revolución con el grupo Arte Concreto Invención. “Una revolución en el sentido de la estructura del verso. Porque habíamos liquidado la rima, habíamos liquidado la combinación estrófica cerrada. No nos interesaba el soneto. El soneto tan cacareado por Leopoldo Lugones. Los muchachos jóvenes estaban tomando contacto con la vanguardia y el verso libre. Y este Lugones, entre nosotros, que es considerado como el mejor poeta de la Argentina, de alguna manera
retrasó la poesía argentina.”
Bajarlía también se desempeñaba como criminólogo en su estudio de abogado de la calle Cerrito (“llegué al relato fantástico por los relatos que me hacían mis defendidos”) y daba clase en la Escuela de Periodismo. Allí conoció a quien fue su célebre novia: Alejandra Pizarnik. “Era 1954″, cuenta en la
entrevista del documental. “Comencé mi primera clase con Alejandra frente a mí, citando algunos términos muy interesantes del dadaísmo y el surrealismo.
Refiriéndome a Tristán Tzará dije que, por ejemplo, el arte era un producto farmacéutico apto para imbéciles. Esa misma noche, Alejandra me esperó a la salida de la escuela de periodismo y me dijo dónde podía conseguirse una bibliografía que repitiera lo que yo había dicho. La invité entonces a la confitería La Real que después se convirtió en Banchero, en Corrientes y Talcahuano. Y allí comenzó nuestra gran amistad. Desde ese día en adelante Alejandra se servía de todos los libros que yo tenía en el estudio. Se
acostaba, o nos acostábamos, en el estudio y hacíamos una vida totalmente irregular.
Durante dos años hicimos esa vida de pareja, hasta que un día, cansado yo por una serie de, digamos, infidelidades, traté de cortar con ella. Pero antes de cortar, recuerdo que yo estaba corrigiendo la traducción de La lección de Ionesco, y vino a verme al bar en donde yo trabajaba sobre ese texto, con una valija, la puso sobre mi mesa y me dijo, de buenas a primeras: ‘Mañana me caso con vos’. Entonces la miré y le pregunté si estaba trastornada. En la valija llevaba un par de ropas íntimas, dos o tres ejemplares del primer libro que yo le hice publicar a Arturo Cuadrado, y algunos lápices. Era todo lo que traía. Le dije que yo entendía que ella estaba trastornada, porque ninguna persona se casa en 24 horas, se necesita un tiempo especial para preparar, digamos, todo lo que le va a servir a la pareja para el matrimonio. Y comenzó una discusión que duró toda la noche, por los bares de Buenos Aires y de Avellaneda, donde la fui llevando de a poco, hasta dejarla en la puerta de su casa en Avellaneda.”
Poco después de la ruptura con la poeta se casó con la que sería su esposa hasta la muerte: “Era, desde mi punto de vista, la joven más hermosa de la época. A tal punto que la llevé un día a la casa del teatro, donde yo tenía que verme con Leónidas Barletta. Y Barletta, al verla a ella quedó tan impresionado por su figura que me dice, nos dijo: ‘Dejáme a Enriqueta y hacemos La dama de las camelias’”.
De esa época data también su cercana amistad con Leopoldo Marechal -que lo llamaba “zoólogo de la monstruosidad”- y Jacobo Fijman. “Yo llegué a conocer a Fijman mucho antes de conocerlo a Leopoldo Marechal, que era muy amigo mío, estábamos continuamente en su casa, hablábamos de poesía y de un montón de cosas. Y ya Marechal, por la época en que yo lo frecuentaba, lo había descrito a Jacobo Fijman como un ser de doble personalidad, digamos. Algo así como un hermafrodita, pero no desde el punto de vista sexual, sino desde el punto de vista corporal. En Adán Buenosayres lo describe diciendo que la mitad de su cuerpo era femenina y la otra mitad masculina. Cuando lo agredían, él siempre contestaba con citas literarias, por elevación, igual que Borges.”
La niebla del olvido
Bajarlía nunca dejó de escribir, ni de actualizar sus libros (agregó capítulos sobre Anne Rice y autores de los años ‘90 a su clásico ensayo sobre vampirismo) ni actualizarse él mismo. Según su hijo, no le gustaba mucho la compañía de gente de su edad que, según él, “estaban totalmente chotos”, y usaba laptop e Internet. “Los amigos le decíamos que tenía hipervínculos, que era una wikipedia con patas.” Claro, se podía pasar de un tema a otro en conversación, una conversación que además estimulaba porque, según se cuenta, su casa estaba abierta para todos. Uno de sus más famosos invitados fue Federico Andahazi, que recibió ayuda de Bajarlía para la investigación de la novela Las piadosas. Y otro amigo célebre, aunque de cuño completamente distinto, fue Antonio Di Benedetto: cuenta la leyenda que
una persona transportó hasta el estudio de Bajarlía un rollo de papel escrito por Di Benedetto, que estaba preso en Mendoza bajo la dictadura, y que le pedía ayuda”. Diego Arandojo confirma su papel como abogado que atendía casos de presos políticos con frecuencia.
Después de la edición de El placer de matar, hubo varios planes frustrados de reeditar los libros que no se consiguen, y de terminar de publicar su extensa obra inédita. Por ahora, los proyectos han fracasado. Entre esos libros se adivinan una cuantas perlas: el ensayo biográfico Antonio Di Benedetto: Diario de una agonía; Nuestra Señora de los Basurales, una peculiar obra centrada en los cadáveres arrojados a basurales durante las dictaduras argentinas, libros de poemas como Te espero al amanecer, Poemas del abismo o Nadie te ha visto, Satanás. También un ensayo sobre los “martinfierristas”, grupo cuya trayectoria estudió con detenimiento, y La novela que escribió Borges, la literatura cyberpunk y otros ensayos donde está la famosa teoría de Bajarlía acerca de que Borges habría escrito una novela policial con seudónimo, de la que nunca se quiso hacer cargo.
“También están los diarios del juicio a las Juntas”, cuenta Arandojo. “El estuvo presente en la sala como periodista y tomó apuntes de los asesinos desde el punto de vista de la criminología: los observó desde lo anatómico y lo gestual; cómo hablaban, cómo se movían, una suerte de perfil criminal.”
La suerte de estas obras es todavía incierta. Liliana Heer lamenta esa oscuridad, pero no se sorprende: “Bajarlía tiene un lugar muy importante entre los escritores no reconocidos. Pienso en una serie improvisada que incluiría a Libertad Demitrópulos, Leopoldo Marechal y Néstor Sánchez. Han tenido un mísero reconocimiento, sobre todo comparados con otros. Creo que innumerables razones intervienen en la exclusión, desde marcas políticas, exilios ‘voluntarios’, ruptura de jerarquías hasta una singular relación con el arte fuera de la infatuación, experimentalista. En pocas palabras, ajena al canon y al bronce”.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-2858-2007-12-23.html

A FONDO: ENTREVISTA AL ANTROPOLOGO
José Garriga Zucal:

“Todas las barras bravas son iguales: las une la cultura del aguante”*

La pasión por un club separa a las hinchadas. Pero todas se unen en los códigos de la violencia, el machismo exacerbado, la intolerancia hacia el otro y los vínculos oscuros con los dirigentes.

*Claudio Martyniuk. cmartyniuk@clarin.com

Todos los ojos no ven lo mismo, y la mirada de un antropólogo sobre el fútbol es capaz de brindar aportes para conocer cómo circula la pasión y se conforman los lazos personales entre los hinchas. La violencia, el machismo y la intolerancia son rasgos de los barrabravas, pero una visión más profunda es capaz de reconocer las bases sociales de estos valores y el giro que tomó en las últimas décadas el modo de manifestar la lealtad a un club de fútbol.
Investigador participante, José Garriga Zucal se sumó a la barra brava de Huracán para explorar sus patrones y, sobre todo, para determinar el lugar que ocupa la violencia en el fútbol argentino.

¿El fervor del barrabrava es diferente al de otros actores del fútbol?

Son diferencias de grado. De hecho, conocemos muchos dirigentes que antes fueron barrabravas. La pasión, en muchos casos, puede ser la misma. Es un problema reducir la violencia sólo a los barrabravas. El escenario del fútbol es mucho más complicado. Los barrabravas son los más violentos, pero no los únicos. Hay dirigentes que también tienen actitudes patoteriles.

¿Hay una tipología de los barrabravas?
Es muy difícil hacer una tipología porque es un grupo muy heterogéneo. Vamos a encontrar desde desempleados hasta profesionales; gente que roba y gente que trabaja. Hay adictos y personas que no consumen drogas. Una particularidad que los aglutina es la cuestión del “aguante”. Son aguantadores. Y el “aguante” tiene que ver con la violencia. Estos hinchas heterogéneos se hacen homogéneos al ser aguantadores, peleadores.

¿El “aguante” se define por oposición a un adversario?
Hay una idea de diferenciación a través del “aguante”, pero no es tanto con la otra barra brava rival, sino con los otros actores sociales del ambiente del fútbol que no hacen del “aguante” su marca distintiva. Por ejemplo, con los otros espectadores que no se pelean. Entonces, se genera una diferencia
entre las barras bravas y el resto de los espectadores; entre las barras bravas y los jugadores, dirigentes y técnicos.

¿Entonces una barra brava no se diferencia de otra?
Todas las barras bravas son iguales: las une la cultura del aguante. El “aguante”, como característica definitoria, está presente en las distintas barras bravas. Comparten los mismos códigos, la misma lógica. La barra brava de Huracán tiene la misma cultura que la de San Lorenzo.

¿Qué conductas se manifiestan en la práctica del “aguante”?
Para ser miembro de una barra brava, hay que pelearse. “Los pibes” -como se llaman ellos mismos- se definen por “bajar cuando hay que bajar”. No se puede ser un cobarde. Después, como todo grupo, tienen códigos, pero también los violan. Es muy común que, por ejemplo, digan que no se usan armas de
fuego en los enfrentamientos entre hinchadas. Pero a veces las usan. Es muy común que digan que las banderas se roban en un enfrentamiento, pero a veces las roban en otras situaciones. Mienten, como el resto de la sociedad.
Nosotros sabemos que el semáforo se cruza cuando está en verde, pero a veces lo cruzamos en rojo. Hay un código que respetan bastante: no denuncian.
Cuando los hinchas de Boca golpearon brutalmente a los de Chacarita, éstos desistieron de hacer la denuncia. Lo aguantaron con los códigos del grupo.

Pero esas conductas se vengan, ¿no?
Por supuesto. Y así se genera un ciclo de violencia infinita, precisamente porque no se denuncia pero sí se venga. Porque siempre hay que demostrarle al otro que se tiene más “aguante”. Siempre se están buscando para pelearse, o quedó una deuda que no está paga y hay que cobrar.

¿Estos grupos están vinculados al barrio?
Sí. Se reúnen en una esquina, se consideran garantes de la seguridad de ese barrio. Suponen que mientras ellos estén ahí, no va a haber robos. Funcionan como reguladores de la paz social en ese espacio. Por supuesto que son reguladores entre comillas, porque ellos mismos generan trastornos. Están
consumiendo drogas, orinan las calles, pintan las casas, se pelean con los mismos vecinos… Pero tienen la convicción de que regulan el espacio social.

¿La policía negocia con ellos?
Negocia con ellos, y también sabe que mientras la hinchada esté en ese espacio, ahí se está tranquilo, porque la hinchada misma no permite que haya un robo, porque si no, con los primeros que se la van a agarrar es con ellos. No es que no roben; no permiten que roben otros. Pero, a la vez, suelen establecer una relación duradera con los vecinos. Duradera no significa armónica ni pacífica, pero es una relación. Hay relaciones que no pasan por la cordialidad, pero que igualmente son estables.

¿Cómo se construyen los liderazgos de una barra brava?
Uno no puede llegar a ser líder de la hinchada si no se pelea. Aquel que no tiene “aguante”, no puede llegar a ser uno de los “capos”, como dicen ellos. Pero además, tiene que tener otras particularidades. No puede ser solamente un buen peleador. Además tiene que saber distribuir, porque los líderes de las hinchadas tienen una gran capacidad para conseguir recursos, y hay que saber distribuirlos entre la tropa. Si los distribuye mal, dura muy poco. Y además, tiene que tener una dosis de carisma, cierta capacidad de marcar una dirección estratégica, política.

¿Cuántos miembros tiene una barra brava?
Las de River y Boca son las más grandes. Pueden tener quinientos, cuatrocientos miembros. Y las de Huracán o de San Lorenzo deben tener doscientos, trescientos miembros.

¿Cómo juega la lealtad entre ellos?
Es importantísima. Tiene que ver con la solidaridad. Como es un grupo que está casi constantemente fuera de la legalidad, eso los hace ser muy compañeros hacia dentro del grupo. Cuando uno de ellos cae preso, hay actos de solidaridad específicos. Cuando alguien es herido, se encarga la hinchada de llevarle medicamentos o conseguirle dinero a la familia. De la misma manera, si una hinchada se cruza con otra, aquel que no baja del micro a pelear recibe una sanción dura, porque ha violado el código que dice que
todos los que suben al micro de una hinchada deben pelearse. ésa es una falta de lealtad para con los compañeros.

¿El machismo sigue siendo un valor dominante en estos grupos?
El machismo aquí es exacerbado. Porque la cultura del “aguante” se construye en la masculinidad: pelearse es una cuestión de machos. El que no se pelea está “amariconado”, dicen ellos, aun cuando también dicen que no tienen nada contra los putos. En verdad, hay homosexuales entre ellos. No es una
cuestión de machos -en términos de roles sexuales-, sino que es una cuestión de prácticas en el enfrentamiento contra otra hinchada. Hay que pelearse. Y el que no se pelea va a ser sancionado y va a ser alejado de la hinchada.

¿Hay chicas?
Son pocas. Hay novias, alguna hermana. Pero en el micro de la hinchada hay muy pocas chicas.

¿Son xenófobos?
Dentro de las hinchadas hay bolivianos, paraguayos… Más que xenofobia, hay una intolerancia increíble hacia el otro, que en algún contexto puede ser boliviano, paraguayo o judío. Pero es una cuestión de intolerancia hacia el otro, no de xenofobia en función de los valores de lo argentino o de una cierta particularidad racial.

¿Son todos jóvenes?
Buena parte de los hinchas son jóvenes, pero los líderes de las hinchadas suelen tener entre treinta y cincuenta años. En la juventud hay una fascinación especial por ser parte de la hinchada. Es el momento en que ingresa la mayor parte de los hinchas. La violencia, el “aguante” genera fascinación. Después, algunos se quedan.

¿Qué influye en el permanecer o retirarse?
Intervienen cuestiones de clase. Aunque esta fascinación por la violencia es común a grupos sociales muy distintos. No solamente están fascinados por la hinchada los sectores populares, sino también las clases medias. Lo más común es que estos grupos de clase media, como tienen un abanico mayor de oportunidades, dejen la hinchada. En cambio, los sectores populares, que no tienen tantas posibilidades en términos identitarios, siguen perteneciendo a la hinchada. Pero no siempre se da así, como lo muestra el liderazgo de la barra brava de River: todos miembros de la clase media alta. Eso nos permite romper el concepto -sumamente grave, política e ideológicamente-, de que violencia es igual a pobreza.

Copyright Clarín, 2007.

Cuatro años entre el micro y la tribuna
Garriga Zucal investigó desde adentro a la barra brava de Huracán, para lo cual tuvo que superar desconfianzas y filtros. “Son grupos muy cerrados, afirma, porque están más allá de los límites de la legalidad. Uno supone que los barrabravas están excluidos del mapa social, pero son actores sociales
como nosotros. Están, mantienen relaciones con periodistas, dirigentes, políticos. Un dirigente me fue abriendo las puertas hacia ciertos barrabravas. Porque todos tienen un barrabrava amigo. Los barrabravas no son marcianos que llegan a la cancha sábados y domingos para hacer disturbios: son parte de la vida social del club. Se los puede encontrar jugando al ping-pong o llevando a su hijo a hacer algún deporte; en la plaza charlando o trabajando. No es tan difícil conocerlos. Lo difícil es que lo dejen a uno ingresar al grupo. Y el punto clave tiene que ver con quién habilita el contacto. Si es alguien de confianza, se puede entrar”.
“Aceptaron ser observados. Sabían el trabajo que estaba haciendo. Varios de los jefes no quisieron hablar nunca conmigo. Pero con los que establecí relación, fue cordial. Me sentí hasta cuidado y protegido por muchos. Pero siempre estuvo claro que yo no era un integrante, sino alguien que estaba
haciendo un trabajo para la facultad. Tuve que medir las palabras: me cuidé de decir investigación, por la connotación policial del término. Y tampoco dije antropólogo, porque les suena muy extraño. El tema de la presentación es sumamente importante para ver qué rol le dan a uno. Y yo siempre quedé afuera, yo nunca fui de la hinchada. Fui, por cuatro años, el otro. Y en muchos momentos tuve miedo”.

Señas particulares
Es magister en antropología social (IDES-IDAES/UNSAM) e investigador del CONICET. Publicó el libro “Haciendo amigos a las piñas. Violencia y redes sociales de una hinchada de fútbol” (Prometeo).
NACIONALIDAD: ARGENTINO
EDAD: 31 AÑOS
ACTIVIDAD:PROFESOR EN LA UBA Y EN LA UNIV. DE SAN MARTIN

*Clarín.
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2007/12/23/z-04215.htm

*

Queridas amigas, queridos amigos:

El domingo 23 de diciembre del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Ariel Ramírez (La Misa Criolla). La música de fondo serán villancicos del Coro de Lia Molina. Comentarios sobre la navidad en Latinoamérica y Austria de Walkala, Maximilian Schönberger y Johannes Rössler.
¡Les deseamos una feliz audición, unas alegres fiestas de fin de año y un feliz inicio del 2008!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

Los escritos del año…*

Les propongo que cada cual elija un texto.
Uno solito de aquellos textos que le hayan conmovido más entre aquellos publicados en Inventiva durante el 2007. Asi despedimos y recibimos un año con una antología construida entre todos.

(Hasta el 30 de diciembre inclusive, espero vuestra elección)

Abrazo fuerte y lo mejor al porvenir para cada uno.

*Eduardo F. Coiro inventivasocial(arroba)hotmail.com

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NO DUDARIA EN DARLE EL CIELO…

Diciembre 17, 2007 por inventivasocial

Crónica posible*

He soñado algo terrible:

el almacenero de la esquina
pesaba el corazón de un picaflor,
al cabo, lo envolvía
para vendérselo a un vecino;

herido por el ripio de las sombras,
un girasol se ha vuelto ciego
(probablemente hasta mañana);

el toro ha girado su cerviz
sólo para encontrarse
con una ovación de estoque y banderillas;

ante el peligro de convertirse en realidad,
una metáfora ha metido sus pies en el mar
y se ha hecho espuma;

asustadas por las acechanzas del alba,
las luciérnagas han optado
por deshabitar sus transparencias luminosas;

al borde de un pocillo de café,
algunas palabras ni siquiera se saludan;
entonces, con la prudencia en blanco,
se fugan del poema hacia el olvido;

al no encontrar su cola,
un cometa ha extraviado la ruta principal;

sobre el litigio del mostrador confuso,
un hombre advierte en las botellas
su rostro de dios vencido por el vidrio.

A cada cual lo suyo.
Su playa y su relámpago,
la frágil valentía,
los últimos asombros.

*de Abel Schaller abelnegroschaller@yahoo.com.ar
-Enviado para compartir por Horacio C. Rossi. terrazio@ciudad.com.ar

NO DUDARIA EN DARLE EL CIELO…

Sábado, 15 de Diciembre de 2007
PANORAMA ECONOMICO

La plétora de capital*

*Por Alfredo Zaiat. azaiat@pagina12.com.ar

Una señal indudable de un cambio de época en la economía mundial la ofreceel salvataje de la quiebra de los principales bancos de Estados Unidos, el Citibank, y de Suiza, el UBS, por parte de capitales asiáticos y de Medio Oriente. La extraordinaria crisis financiera con epicentro en la primera
potencia del planeta y en Europa no implicará la desaparición del imperio dominante del siglo XX, pero sí la dispersión de su influencia. Proceso similar al que vivió el Imperio Británico, que en las primeras décadas del 1900 empezó a ser desplazado por la hegemonía ascendente de Estados Unidos, sin perder los ingleses ni su lugar destacado en el concierto del poder mundial y ni su impronta de ser uno de los dueños de la Tierra. Ahora, en un proceso que parece que se presenta acelerado por la debacle financiera de colosos bancarios, pero que en términos de etapas históricas ya tiene varios años de desarrollo, la supremacía va trasladándose a ritmo pausado hacia Oriente, en particular a China y a las potencias asiáticas. En los hechos esa dinámica quedó expuesta con dos millonarios salvatajes bancarios. El Citi fue rescatado por capitales árabes, del mismo modo que en 1991 por el príncipe saudita Al Waleed bin Talal, en esta oportunidad por la Autoridad de inversión de Abu Dhabi, que capitalizó la entidad con 7500 millones de dólares a cambio del 4,9 por ciento de las acciones. El UBS, por su parte,
fue auxiliado por Singapur, que desembolsará unos 9700 millones de dólares por el 9,0 por ciento de la entidad. Por el momento, esos dos bancos son los casos más resonantes, pero otras entidades como los ingleses Barclays, HSBC y Northern Rock, el líder francés BNP Paribas, el alemán IKB Deutsche
Industriebank, y los fondos Bear Stern, Merrill Lynch, entre otras varias, han contabilizado una fuerte descapitalización y, por lo tanto, enfrentan el riesgo de la insolvencia debido al estallido de la burbuja hipotecaria en Estados Unidos.
La profundidad de la crisis y, en especial, el desconocimiento sobre su magnitud es lo que está generando un nivel elevado de incertidumbre y desconcierto en el mundo de las finanzas internacionales. Desde que se exteriorizó el grave problema de insolvencia en el negocio de los préstamos hipotecarios denominados subprime (créditos otorgados con normas flexibles en cuanto a garantías para su repago), se sucedieron una serie de medidas para limitar los daños, con resultado aún desconocido:
- La Reserva Federal y el Banco Central Europeo entregaron al sistema, vía operaciones de mercado de corto plazo, fondos por un total de más de un billón de dólares para superar lo que en su momento se pensaba que era sólo un desequilibrio de liquidez.
- La banca central de Estados Unidos resolvió iniciar una política de reducción de la tasa de interés, que con el último retoque del martes pasado la ubicó en 4,25 por ciento. En pocos meses ya la disminuyó en un punto porcentual para aliviar las cuentas de los deudores y, en consecuencia, evitar un empeoramiento mayor de los balances de los bancos.
- Un grupo de bancos líderes estructuró un paquete de ayuda por 100 mil millones de dólares destinado a capitalizar entidades en peligro.
- La administración Bush instrumentó un plan de rescate de 1,2 millón de deudores hipotecarios que no pueden pagar sus compromisos. A la vez, el indicador de ejecuciones hipotecarias del mes pasado fue el más alto de la última década, lo que adelanta que ese programa deberá ser ampliado en un futuro próximo.
- Como fue mencionado, capitales asiáticos y de Medio Oriente se han convertido en prestamistas de última instancia de poderosas entidades financieras de Occidente.
- El jueves pasado, en una operación de coordinación inédita, los principales bancos centrales del mundo diseñaron en forma conjunta un plan de contingencia para enfrentar la crisis global de iliquidez y solvencia bancaria. La Fed de EE.UU, el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra, el Banco Nacional Suizo y el Banco de Canadá acordaron una estrategia de abastecimiento de recursos por casi 100 mil millones de dólares. Monto inicial que subirá a medida que la crisis lo requiera.
Esas intervenciones revelan que existe una crisis de proporciones que para sorpresa de muchos no tiene casi impacto en la economía argentina, acostumbrada a recibir cualquier golpe financiero de origen externo. Esta cierta inmunidad vuelve a dejar descolocados a los profetas de ilusiones que no se cansan de aconsejar la subordinación pasiva al mundo globalizado. El prestigioso economista francés Michel Aglietta señaló, en un reportaje publicado en Le Monde Diplomatique, que “hay que apreciar bien la fantástica amplitud de los cambios de la economía globalizada”. Explicó que el cambio fue emprendido después de la crisis asiática de 1997 cuando, endeudados en dólares, los países asiáticos cobraron conciencia de que su desarrollo era dependiente de los países centrales. Aglietta apunta que entonces
reorientaron sus políticas para dejar de ser importadores de capitales y devaluaron, para fortalecer su estrategia exportadora y competitividad.
También pagaron sus deudas y ganaron independencia frente al FMI y sus exigencias. “Eso ha tenido dos consecuencias a nivel mundial: un cambio de rumbo de los movimientos de capitales y una presión inmensa sobre los precios de las materias primas y los salarios”, indicó, para concluir que “esa autonomía política que han ganado se observa en el corazón mismo del capitalismo: en la empresa. En Asia, al revés que en Europa, un capitalismo de Estado, a la asiática, se refuerza”.
Con el auge de las materias primas, esas naciones han acumulado gigantescas reservas y, con esos fondos, están en condiciones de capitalizar a los bancos occidentales, transitando así el sendero conocido de construcción de hegemonía por parte de imperios en ascenso. En este notable proceso, el espacio dominante de Estados Unidos en la economía mundial ha empezado a ser cuestionado. Un síntoma contundente en ese sentido fue la réplica del viceministro chino de Comercio, Cheng Deming, durante la tercera edición del Diálogo Económico Estratégico, que se desarrolló a mediados de la semana pasada, al secretario del Tesoro de Bush, Henry Paulson, que ante las presiones para la apreciación del yuan y el proteccionismo, le recomendó que antes de ocuparse de China se preocupe por sus propios problemas, en
referencia a la crisis hipotecaria y a la debilidad del dólar. El investigador mexicano Alejandro Valle Baeza, en un reciente coloquio de la Sociedad Económica y Política Latinoamericana, realizado en Caracas, destacó que “en los años recientes, Estados Unidos ha sido el único país industrializado que ha tenido persistentemente un déficit en cuenta corriente superior al 5 por ciento del PIB”. Recuerda que desde 1970 ningún otro país, industrializado o pobre, ha logrado mantener por más de cinco años un déficit externo elevado sin caer en una crisis de pagos. El experto aclara que “la razón de esa excepcionalidad es la hegemonía del dólar como dinero mundial”. La clave se encuentra en que ese predominio ha empezado a ser cuestionado.
La actual crisis financiera y la debilidad de la economía de Estados Unidos fueron abordados desde una visión crítica por el economista Rolando Astarita en un reciente documento, en el cual advierte que se necesita “romper el hechizo que ejerce la ingeniería financiera mundial”. Explica que “es común
encontrar gente que piense que los ‘genios’ de las finanzas son siempre lo suficientemente listos como para generar estructuras inmunes a las tormentas de la economía. Pero eso no es más que una leyenda, alimentada, entre otras razones, por los propios managers financieros, con gran provecho para sus
bolsillo”. Esa magia queda desnuda ante las debacles, cuando aparecen las excusas y los lamentos, como los expresados por el presidente del Consejo de Administración del conservador UBS, Marcel Ospel: “Personalmente me avergüenzo de que hayamos producido algo así”. Ese “algo así” es una pérdida
adicional de 10 mil millones de dólares por especular con los créditos hipotecarios subprime de Estados Unidos. Astarita ubica la especulación y posterior crisis en ese mercado en el marco de “la plétora de capital”, proceso que ocurre cuando se verifica una expansión desmedida del dinero que se multiplica en la esfera de las finanzas (por la tasa de interés o la valorización de activos inmuebles o bursátiles) sin ser acompañado de una expansión similar de la inversión y de la actividad productiva. Las crisis y
debacle de los activos financieros, en este caso de los créditos hipotecarios y los otros que arrastró, viene a destruir ese “dinero ficticio” sin contrapartida en el valor de bienes tangibles. Astarita
explica que “no toda crisis financiera deriva linealmente en una caída de la producción, y de la economía en general”, que se traduce en una recesión, fantasma que sobrevuela a Estados Unidos. Y concluye que algunas crisis simplemente actúan como depuradoras de las burbujas, lo que no descarta que suceda con la actual. Pero, a diferencia de otras debacles, lo desafiante es que en ésta emerge un imperio naciente con otro que aún pelea por mantener una presencia hegemónica.

*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-96194-2007-12-15.html

Don*

Este país tan grande
que es como tener todo
que es como tener nada
( inabarcable)
porque este todo país
está en mi mente
que es tan pequeña

este todo país
dotado de tanta riqueza
que es como nacido en Cuna de Reyes
aunque en mi bolsillo
quepa muy poco oro para un Rey

este inmenso país
de nativos europeos asiáticos
americanos criollos
de muchos idiomas lenguas
aunque mi lengua
hable solo una por vez.

Este
cacho de placa tectónica
como un gran corazón
que sopló sobre mí uno tan pequeño.
( Hablo solo de proporciones aparentes)

*de Víctor Falco vittoriofa9@hotmail.com

Argentina: Martínez de Hoz, el rostro del espanto*

*Por Cristina Castello. christinacastello@yahoo.fr

Cuando me acompañó hasta el ascensor, le pregunté:

- Doctor, qué sentía usted cuando sabía que ponían muy fuerte la radio, para que no se escucharan los gritos de los pobrecitos torturados.
(El ministro de economía del genocidio en Argentina bajó la cabeza).
- Doctor, pusieron ratas en las vaginas de muchas mujeres y las “cosieron”; nuestros mares y ríos albergan cadáveres de niños y adultos y…
(Martínez de Hoz bajó más la cabeza).
- Doctor: ¿Qué es respeto a la sacralidad de la vida?
- Tiene el ascensor, señorita….

Abrió la puerta y respiró aliviado con mi partida. (Cristina Castello)

José Alfredo Martínez de Hoz, primer ministro de la dictadura genocida en Argentina (1976-1983), es una máscara petrificada de horror.
Su política, indispensable para la «Doctrina de Seguridad Nacional», dentro del marco de la «Doctrina de Seguridad Continental», fue indispensable para implantar el terror.
Según la Agencia Dyn, acaba de reivindicar al monstruo Jorge Rafael Videla y hasta se permitió decir que «el Che Guevara era un asesino».
Martínez de Hoz: «Raza de los que funden los huesos del pueblo con la mentira y el engaño», escribió William Yeats.
Fui la única periodista a quien concedió una entrevista hace veinticuatro años. Se arrepintió siempre de haberme aceptado. Después de ese artículo y otros como al verdugo Monseñor José Antonio Plaza y torturadores varios, tuve un accidente de tránsito gravísimo. Todo el periodismo -pues entonces algo quedaba de «periodismo», pensó que había sido un atentado. Acá, un viaje al ayer, que no es recuerdo sino vivencia: aquella entrevista, muy autocensurada pues nadie se animaba a publicarla.

José Alfredo Martínez de Hoz

«Videla es un patriota»

(Nótese que esta entrevista tiene fecha 29 de diciembre de 1983. Si no, no podrá leerse correctamente)

Según el ex-ministro de economía, Jorge Rafael Videla -quien mató tantas vidas- es un ejemplo a seguir. Y sus expresiones no son caprichosas.
Su política en materia de economía, fue el andamiaje que necesitaban los dictadores para el terror. Los monstruos capaces de torturas, represión y muerte desde el terrorismo de Estado y con la suma de Poder.
Hoy la mayoría hace responsable a Martínez de Hoz del caos económico del país. Hoy, recién hoy… la “ciudadanía” argentina es muy lenta para reaccionar.
A contrapelo de la dignidad de la vida, Martínez de Hoz asegura que mejoró la dignidad del hombre y de los desposeídos.
Nuestro diálogo en su departamento fue gélido.
Con Martínez de Hoz frente a frente aunque no mira a los ojos, afuera es diciembre, verano en estas tierras de Buenos Aires.
Y adentro, en su departamento del Edificio Kavanagh, el invierno es impiadoso.
Cuando me acompañó hasta el ascensor, le pregunté:
- Doctor, qué sentía usted cuando sabía que ponían muy fuerte la radio, para que no se escucharan los gritos de los pobrecitos torturados.
(El ministro de economía del genocidio en Argentina bajó la cabeza).
- Doctor, pusieron ratas en las vaginas de muchas mujeres y las “cosieron”; nuestros mares y ríos albergan cadáveres de niños y adultos y…
(Martínez de Hoz bajó más la cabeza).
- Doctor: ¿Qué es respeto a la sacralidad de la vida?
- Tiene el ascensor, señorita….
Abrió la puerta y respiró aliviado con mi partida.

«Los militares tomaron el poder para salvar al país»
- ¿Cuál es su balance del proceso?
-Mire, las Fuerzas Armadas intervinieron en marzo del ’76, para restablecer un sistema jurídico-político-democrático: para combatir el terrorismo y para lograr un orden económico. El balance más importante que puede hacerse entonces, es a partir de analizar si el país cambió o no.
-Cambió. La muerte se llevó adultos, ancianos, niños y bebés por nacer….
- (Ignora mi pregunta) Creo que el 30 de octubre del 83 –con la elección que hubo (Alfonsín-Luder) – no hubiera sido posible sin el 24 de marzo del ’76. A fines del ’75 y comienzos del ’76 era evidente el caos en lo político, en lo económico y en lo social, y el alto grado de terrorismo que había. Ante ese estado de cosas, los militares fueron requeridos insistentemente por muchos civiles…incluso por algunos que hoy se proclaman muy democráticos.
-¿Cómo quiénes?
-No creo oportuno decirlo en este momento, sólo quise señalar que se presionó a los militares para que pusieran fin al caos. Recuerde usted que incluso el gran jefe del partido radical, el doctor Balbín dijo que él no tenía soluciones… yo creo que las Fuerzas Armadas no tomaron el poder, sino que lo recogieron.
- Es verdad, el pueblo –sin lucidez- pedía el golpe de Estado. Y lo pedían los mismos peronistas y políticos en general…
- Sí, nosotros fuimos apoyados por ellos.
-Usted dijo una vez que Massera, Agosti y Videla lo citaron a un departamento del primero de ellos, en Avenida Libertador; que entonces le pidieron un programa económico por si derrocaban al gobierno de la señora de Perón y…
-Sí, ya para entonces las Fuerzas Armadas sabían que era inevitable que tomaran o recogieran el poder.
-…Y agregó que aquella reunión fue a las 02. 31, de un viernes. ¿De qué mes y año…cuándo empezó a gestarse el golpe?
-Era marzo del ’76, sobre las vísperas del 24. Fíjese… yo después les he preguntado por qué no dejaron que siguiera el caos para dar –después- una solución más sólida. La respuesta fue que el alto grado de terrorismo que había era un motivo real de preocupación social.
-¿Por qué no apoyaron al gobierno constitucional, en lugar de tomar el Poder?
-Bueno… ya estaban haciendo eso, pero paralelamente había una gran descomposición en la estructura político-social. Entonces, una vez agotada la instancia política, los militares asumieron el poder, para salvar el país… No olvide que las Fuerzas Armadas fueron consideradas tradicionalmente, en la Argentina, como guardianes del orden en última instancia.
-¿Y cuál es su balance de la política económica de estos casi ocho años de muerte y destrucción?
- (Gélido, no acusa recibo) Entre el ’76 y el ’80 la parte económica se desarrolló de una forma congruente y hay muchas cifras que así lo demuestran. Pero después del ’81 hubo tres presidentes y cuatro ministros de economía que sucedieron al gobierno. Todos ellos, salvo uno, declararon que sus propósitos eran seguir una política económica totalmente diferente de la nuestra.

La Argentina de Martínez de Hoz y
la Argentina de los argentinos
-¿Desde el punto de vista de la economía hubo procesos dentro del proceso?
-Sí, porque faltó la continuidad necesaria para que el ciclo se completara.
- Dios nos libre…
- Quiero decir que con el cambio de autoridades se hizo lo contrario de cuanto se había prometido y así se generó un proceso de desconfianza en el pueblo; después, a partir de ‘81, se desataron situaciones graves de recesión, de baja de salarios reales…
- Pero su política económica destruyó el aparato productivo del país…
- Ese es un slogan que se ha hecho. A través de una encuesta que encargó hace poco la Unión Industrial Argentina, surge muy claro que en el período ’76-’80 la inversión industrial aumentó un 19 por ciento con respecto al quinquenio anterior, y que declinó fuertemente a partir del ’81.
- Parecería que durante su gestión hubo dos países: uno, el suyo, floreciente a partir de cifras. Y otro, el real: el del desempleo, del hambre, del miedo, de la imposibilidad de soñar.
- Yo coincido con usted en que hay que ver si las cifras coinciden con la realidad. Pero también hay que ver si esta coincide con la proclamación vocinglera que de ella se hace.
-No hablo de proclamaciones sino de realidades.
-Mire, en los años ’80 habíamos llegado al nivel más alto que alcanzó la Argentina en los tiempos modernos en materia de salario real y…
-¿En el salario real de quién…en el suyo?
- En el de toda la población. Recuerde usted lo que podía comprar con su sueldo en el año ’80… Porque el salario fue aumentando su capacidad adquisitiva en términos reales de moneda constante y alcanzó en el ’79 y en el ’80 su máximo nivel. Por otra parte, entre el ’79 y el ’80 la tasa de desocupación fue del 2 por ciento, es decir plena ocupación. Por todos lados había carteles que decían: “Se piden tal cosa…”, y no se requería trabajo, sino trabajadores.
- Doctor: lo que usted dice es un atropello a la vida humana.
-No. Yo sé que después aumentó la desocupación pero no en aquel momento. Creo que hay que tomar las cosas en su aspecto global y…
-Doctor, ninguna propuesta económica es válida si no se toma como punto de partida al hombre y su dignidad personal.
-Sí, para eso estuvimos nosotros. Y atendimos y mejoramos la dignidad del hombre.
- Pero si la economía debería ser una ciencia social y la suya fue elitista….
-¡Todo lo contrario! Nosotros ofrecimos un mayor número de trabajo mejor remunerado, realizamos nuestra política en un clima de libertad y…
-¿De libertad?
-Sí, en un clima de libertad y de competencia. Establecimos reglas objetivas de juego, para que la gente progresara de acuerdo al esfuerzo propio; favorecimos el interés general de la sociedad y apuntamos al mejoramiento de la calidad de vida de los pobres. Durante nuestra gestión, propiciamos un equipamiento en la medicina particular, en los hospitales y sanatorios del país, e incorporamos desde elementos simples hasta los aparatos más sofisticados para tomografías computadas. ¿Eso es ser elitista?
-¿Recuerda cuando decían que usted era Robin Hood… pero al revés?
- Sí… eso se dijo al principio, cuando todavía no eran evidentes los alcances del plan; cuando se veía que controlábamos la espiral salarial, mientras liberábamos los precios. No obstante, después se demostró la eficacia de esa política.
- ¿La eficacia para matar personas, sueños, vidas?
Eso corre por su cuenta.
- Doctor: durante la dictadura sólo se criticaba su política, para dar la imagen de una libertad de prensa que no existía. Pero usted estuvo de acuerdo….
- En materia de economía siempre hubo libertad de prensa. Por otra parte, creo que durante el proceso se elevó el nivel de vida y de pensamiento en la Argentina. Hasta entonces habíamos vivido aislados del resto del mundo, pero entre el ’76 y el ’80 la gente pudo viajar y conocer otros países.
- No sé a qué llama usted “nivel de vida” mientras se asesinaban personas. Además, ¿quienes viajaron y con qué costo para el país?
- Viajó la gente modesta, gente que después me paró en la calle para decirme que gracias a mí y a mi política había podido hacerlo. Yo quiero un país abierto y tengo una mentalidad abierta a la civilización y la cultura.

»El general Videla tiene gran moral»
- ¿Por qué se somete a esta entrevista?
- Porque creo que es importante cambiar opiniones y dar explicaciones sobre circunstancias. Que no todos conocen.
- ¿Si alguien tiene la conciencia en paz tiene que dar explicaciones, sin negativa alguna?
- Claro…
- No es el caso de Jorge Rafael Videla, quien no recibe al periodismo a pesar de tantas muertes en su haber…
-¡No! ¡No! La actitud de Videla en este momento es de una gran discreción y tendría que ser alabada.
- ¡Claro¡ Organizó acá un mundial de fútbol, sospechado de “vendido”. En arreglo con el Norte tuvimos hasta una Mis Universo argentina. Y decía “somos derechos y humanos”. Pero sembraba la muerte…
-No, no, permítame que discrepe con usted. Yo he leído muchos comentarios –no sólo del aspecto económico- referidos al gobierno de Videla y todos fueron respetados.
- Su opinión sobre el enjuiciamiento a los miembros de las tres primeras juntas militares del proceso…..
- Yo le anticipé que de ese tema no quiero hablar. Y no hablaré.
- Defina a Videla por favor.
- El General Videla es un gran patriota, tiene una gran altura moral, es íntegro en sus procederes y posee un gran equilibrio.
- ¿”Patriota” un hombre durante cuyo gobierno desaparecieron 30.000 personas, hubo torturas y detenidos (en condiciones infrahumanas) sin proceso ni causa?
- Mire, ya le dije que no quiero entrar en estos temas porque serán debatidos en otros ámbitos. Sólo agregaré que no seamos desmemoriados y recordemos cómo empezó esta situación en la Argentina. Todo nació cuando se quitaron los instrumentos legales para la represión de las actividades ilícitas, como el terrorismo: luego, en el ’73, los terroristas fueron amnistiados y volvieron a sus andanzas. Así fue que durante mucho tiempo los pobladores, desde los más modestos hasta los más encumbrados, sufrieron los embates de la subversión, con muertos, heridos y desaparecidos.
- Detesto toda violencia. Pero el terrorismo de Estado a nada puede compararse. Por favor, deme una sola razón que justifique un genocidio. Claro, si hablamos entre seres humanos…
- Mire… yo tuve a un subsecretario de trabajo muerto: Miguel Padilla; y recuerde también los casos de los doctores Klein y Alemann, quienes se salvaron por milagro y la muerte del padre del doctor Soldati, y…
-Insisto en la pregunta anterior.
- Le quiero decir –y no deseo seguir hablando del tema- que hay veces en que un país empieza a sentir un embate muy fuerte y difícil de controlar, y que es entonces cuando la autoridad de gobierno –en defensa del orden social establecido- protege la vida y los derechos humanos. Fue lo que pasó: se protegió la vida de los veintiocho millones de argentinos, contra una minoría que los puso en jaque.
- ¿Usted justifica que un hombre mate a otro?
- Bueno… cuando los ciudadanos de un país son atacados por el terrorismo, hay algo que se llama defensa propia.
-¿Usted dice “desaparecer” personas con el argumento de la “defensa propia”?
- Yo no quiero entrar en detalles.
- ¿Detalles?
- Sí, no puede estar en un plano de igualdad el terrorismo que mata gente inocente y el gobierno que lo reprimió en defensa del orden y de la vida de la población. Después, puede haber una larga discusión sobre la forma de la represión… pero yo ahí no quiero entrar.
- ¿Por qué?
- Porque no me corresponde.
- Pido su mirada como ciudadano….
- Yo le dije que mi entrevista de hoy era para otras cosas y así lo convinimos. Además, este tema va a ser resuelto en la jurisdicción que corresponde, de acuerdo lo ha dispuesto este gobierno.
- A ver, cuénteme de los derechos humanos…
- Ya le dije cuál es mi opinión… ¿quiénes comenzaron a atacar los derechos humanos y la vida?
-Doctor… ya le dije, cuando la represión se ejerce desde el Estado, sin apelar a la justicia, con la suma del poder y…
- Bueno… hay que ver si fueron inocentes. Claro… pueden haberse producido excesos…
- No se puede hablar de “excesos” cuando está en juego…¡la vida¡
- Pero… usted está tratando de arrastrarme a esta situación y yo le he dicho de entrada que no quiero hablar de esto.
- Recuerdo la imagen de Videla por televisión, cuando comulgaba
- Y me parece muy bien, pero no quiero entrar en esta discusión, a la cual usted me quiere arrastrar. Perdóneme, pero esto se termina.

«La libertad, el amor
y el lugar en el cielo para Videla»
- ¿Votó, doctor?
- Sí.
- ¿Por quién?
- El voto es secreto, ¿no le contaron?
- Había dicho que votaría por el partido con el cual se sintiera representado…¿lo encontró?
- Ciertamente en la última elección no lo había. Pero creo que la gente votó por algo nuevo… y la única cara y el único estilo nuevos fueron los del doctor Alfonsín. Por eso le decía que los años del proceso no pasaron en vano.
- Ciertamente: hay madres que no recuperarán a sus hijos, niños que crecen con los asesinos de sus padres y…
- Bueno, pero es que también hay errores de los argentinos. Y tres fundamentales. Uno es el excesivo dogmatismo ajeno a la realidad, que hace que los dogmas sean inaplicables. Como el suyo…
- Si defender la vida, la vida de todos, es ser dogmático, Cristo lo fue…
- Esa es su opinión. Lo segundo –quería decirle- es el facilismo; y el tercer punto es administrar la cosa pública con sentido de corto plazo. Yo espero que con esta elección se logre coherencia.
- Hoy se habla de “Unidad nacional” ¿cree en ella?
- Yo creo que de la discusión fecunda nacen las buenas ideas… pero acá las discrepancias suelen transformarse en denuestos. En este país se lanzan insultos a los que no sostienen las mismas ideas y –para descalificar al adversario- se lo llama “vendepatria” o “antinacional”.
- Y ustedes llamaban subversivo a todo quien no pensara como ustedes….
- Pero lo que yo quiero decir que hay gente que cree tener el monopolio del patriotismo, de la verdad y de la ética y eso es soberbia. Acá hay que partir de que cada uno de los argentinos merece respeto.
- ¿ Y cómo “respetaron” ustedes las vidas en campos de concentración?
- No quiero volver a ese tema.
- Doctor… ¿Qué es la libertad?
- Es la característica básica que Dios le ha dado al hombre. Sin libertad no hay vida, es el valor máximo que hay que defender.
- Curiosas palabras en su boca, ¿esa libertad hubo entre el ’76 y el ’83?
- Mucha más: los programas en lo político, en lo económico y en lo social estaban basados en la libertad.
- Mire, este parece un diálogo entre alguien que habla en sánscrito y otro en japonés ¿Qué opina del ministro actual de economía, Bernardo Grinspun?
- Le deseo el mejor de los éxitos.
- ¿Qué piensa de los políticos que…?
- No quiero hacer juicios sobre ninguna persona.
- Está bien, ¿qué es el amor?
- Es un sentimiento primigenio que hace que una persona tenga como más importante que su propia persona a la del prójimo.
- ¿Usted amó a su prójimo… el pueblo?
- Amo al pueblo.
- ¿Y que siente cuando ese pueblo lo abuchea y detesta?
- Mire, la gente en la calle me manifiesta su solidaridad y simpatía y me recuerda cuanto mejor estábamos en aquella época. Además todos tenemos que aprender, porque los militares no actuaron nunca solos.
- Es en lo único en que coincido con usted, ¿cómo vive hoy?
- Trabajo en cosas familiares y en consultas de problemas legales o económicos. Pero…disculpe pero es hora de terminar esto.
- ¿Cuando usted muera irá al cielo o al infierno?
-El único que puede garantizar eso es Dios, pero uno hace lo posible por cumplir con Él y con la sociedad.
- ¿Y Videla qué lugar tendrá en el “más allá”?
- Si yo estuviera en el lugar de Dios, conociendo a Videla como lo conozco, no dudaría en darle el cielo.
- Muchos se mudarían al cielo de enfrente…
- Usted está equivocada con Videla.
- No, doctor. Hay personas que apuestan a la vida y otras que apuesta a la muerte. Yo apuesto a la vida.
- Yo también…. ¿qué le hace dudarlo?

*Publicada en la revista “La Semana” Buenos Aires – Argentina el 29-12-83

*Cristina Castello. christinacastello@yahoo.fr
www.cristinacastello.com

DOLOR*

Dolor es un niño sin madre
retoño a la intemperie
del monstruo de cemento.
Manitas ateridas
implorando cariño,
calor y hogar.
Piecitos descalzos
llagados del escombro
que dejan las guerras.

Dolor es la llaga del abandono
asomándose los huesos
con la exhalación del hambre.

Dolor es mirar
el tenue hálito
de unos ojos que imploran
un mendrugo de pan
en un abrazo.

*de Xenia Mora. xeniamora@ciudad.com.ar

Salvajadas escondidas bajo la máscara de la ley*

*Por Marcelo A. Moreno. mmoreno@clarin.com

Un ex agente de la CIA admitió hace unos días ante el Senado de EE.UU. que utilizó el waterboarding con un prisionero, presuntamente de Al Qaeda. Y que fue muy efectivo: “La información que proporcionó desarticuló una gran cantidad de ataques. (…) Entonces creía que era algo necesario, pero con el paso del tiempo cambié de opinión: no deberíamos hacer ese tipo de cosas”.
La mencionada no es otra cosa que “el submarino”, técnica de tortura que lleva décadas de aplicación en la Argentina y en el mundo y que consiste en practicarle, por diversos métodos, un simulacro de ahogamiento a la víctima.
Y lo más grave no consiste tanto en que se la realice como que se la convalide: el propio ministro de Justicia de Estados Unidos, Michael Mukasey, se negó a contestar si lo consideraba o no una forma de tortura. El jueves los diputados de EE.UU aprobaron un proyecto de ley prohibiendo la perpetuación de la barbaridad. Pero el Senado frenó la ley el viernes: así el “submarino” seguirá consumándose muy legalmente.
Algo muy parecido ocurrió aquí con los magistrados del Tribunal Oral en lo Criminal N° 7 de Capital, que absolvieron a tres policías por golpear en 1996 a un detenido, producirle más de una docena de tajos en los brazos y meterle la cabeza en un inodoro con caca para hacerlo padecer la sensación de asfixia. No estimaron a la metodología dentro del género de la tortura sino de las “severidades”. Según estos jueces un desalmado equivale a una persona rigurosa. Y esto va más allá de una cuestión semántica.
Un estudio de la Procuración Penitenciaria Nacional demostró que en el pabellón de jóvenes del penal de Ezeiza, el 85% de los detenidos reciben palizas de los guardiacárceles. Todo esto no ocurre, como podría pensarse, en tiempos de la dictadura, en la época de Febres en la ESMA, sino en plena democracia, con funcionamiento pleno de las instituciones y con ciudadanos que pueden ejercer a pleno sus derechos.
Pero, bueno, quizá se trata de pura extensión cultural: ¿cuántas suman las infinitas series de TV o las infinitas películas norteamericanas que glorifican los métodos más ilegales y brutales para combatir el delito y, más aún, el terrorismo? ¿Cuántos millones de aplausos cosecharon Blumberg y Patti sosteniendo muy docentemente que los únicos que tienen derechos humanos son los delincuentes? Las realidades se suelen tallar en el fragor de los discursos. Son el resultado de ellos.
Para que subsista una mínima noción de progreso hay discusiones que deben darse por terminadas. No se puede volver a discutir si es conveniente asesinar a los chicos, aunque sea una realidad que en algunas regiones de China -las víctimas son niñas-. Tampoco se puede admitir, por ejemplo, el debate sobre si es conveniente o no amputarle el clítoris a las mujeres, por más que se practique con espantosa asiduidad en países islámicos.
Es como la necesidad del alfabetismo, la libertad de expresión o la no discriminación: están fuera de discusión. Y con la tortura ocurre lo mismo: no existen argumentos civilizados para sostenerla.
Pero este soleado domingo de diciembre esas siniestras vergüenzas dan que pensar. Y hasta se puede llegar a concebir que quizá la historia se trace en círculos. Y que alguien en un futuro no tan lejano acaso deba persuadir al Faraón para que permita que Moisés y los suyos vuelvan, al fin, a la Tierra
Prometida.

*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2007/12/16/sociedad/s-01565669.htm

Domingo, 16 de Diciembre de 2007
Una elección con sorpresas*

*Por Juan Gelman

Hillary Clinton encabeza las preferencias demócratas para la candidatura presidencial en los comicios del 2008. Pero el candidato a presidente de ese partido que más temen los republicanos es Barack Obama, un muy temprano opositor a la invasión y ocupación de Irak. Una reciente encuesta de la
empresa del ramo, Zogby Poll, muestra que cualquier candidato republicano importante derrotaría a Hillary: Rudolph Giuliani obtendría el 43 por ciento de los votos contra el 40 de la esposa de Clinton, Michael Huckabee, el 46 contra el 40, Mitt Romney el 43 contra el 40, Thomas Thompson, el 44 contra el 40, y John McCain el 42 contra el 38, respectivamente (www.zogby.com, 26-11-07). Todo lo contrario ocurriría con Obama.
El precandidato afroamericano vencería a todos ellos: a Giuliani, con el 46 por ciento de los sufragios contra el 41, a Huckabee por 46 contra 40, a Romney por 46 contra 40, a Thompson por 47 contra 40 y a McCain por 45 contra 38, respectivamente. Hay otros datos que confirmarían la cuesta abajo de Hillary: los candidatos demócratas al Congreso superan del 10 al 15 por ciento a los republicanos en las preferencias de voto -según la encuesta de que se trate-, mientras que la precandidata a presidenta Mrs. Clinton va de 3 a 6 puntos detrás de los precandidatos republicanos. Extraña es la idiosincrasia de la opinión pública estadounidense: una mayoría, considera que la guerra de Irak fue y es un error, y otra mayoría que Irán es la principal amenaza que padece la seguridad nacional.
Hillary no descarta el uso de bombas nucleares contra Irán, más bien lo favorece. Obama propuso invadir Pakistán. Los ardores bélicos demócratas no van a la zaga de los republicanos. Juntos -370 votos por el “sí” contra 49 por el “no” en un órgano legislativo dominado por los primeros- aprobaron el
miércoles pasado el presupuesto de guerra más gigantesco que se conoce en la historia de EE.UU.: 696.000 millones de dólares. De esa suma se destinan “apenas” 189.000 millones a las guerras de Irak y Afganistán -el 27 por ciento- y la mayor parte del resto financiará nuevos programas armamentistas. El representante demócrata Ike Skelton, presidente del comité de servicios armados de la Cámara baja, subrayó que eso “es bueno para nuestras tropas, es bueno para nuestras familias” (AP, 12-12-07). No explicó por qué.
El liderato demócrata no vinculó la aprobación del presupuesto de guerra a la retirada de las tropas de Irak, como era su propósito declarado. Se acortan las diferencias entre los dos partidos -si las hubo- en este rubro.
Pero una encuesta de NBC News/Wall Street Journal realizada del 1o al 5 de noviembre registró que el 50 por ciento de los interrogados votaría al candidato demócrata -cualquiera fuere- y sólo el 35 por ciento se pronunció por los republicanos (online.wsj.com). Es lógico entonces que importantes líderes oficialistas hayan comenzado a alejarse de la Casa Blanca. Hasta el abanderado del cambio de nombre de “papas fritas a la francesa” por “papas fritas de la libertad” y de “tostadas francesas” por “tostadas de la libertad” en las cafeterías de la Casa Blanca (www.cnn.com, 12-3-03), el representante Walter B. Jones, comenzó a atacar al gobierno Bush por su belicismo. Los demócratas se aproximan a los “halcones-gallina” y éstos comienzan a desbandarse. Es curioso, sí.
La indagación relativa a las elecciones presidenciales del año que viene en EE.UU. nace en un contexto muy particular. El pantano de Irak ha socavado la política de inspirar miedo que W. Bush aplicó y aplica todavía.
Parafraseando a Franklin Delano Roosevelt, muchos estadounidenses piensan hoy que a lo único que hay que tenerle miedo es al miedo. Las libertades civiles han sido recortadas, se han mutilado sólidas tradiciones del país bajo la bandera de la “guerra antiterrorista”. Y algo más: hasta los expertos más proclives a exaltar la bonanza económica de EE.UU pronostican tiempos duros por venir. Es natural.
El desastre inmobiliario puso de relieve que el sistema económico de EE.UU.
ha vivido de las especulaciones generadas por el sector financiero en detrimento sobre todo de la pequeña y mediana industria. “La economía del militarismo fue el sostén clave de la estabilidad de los negocios durante más de medio siglo -señala el especialista Steve Fraser-, pero ahora, como en la época de Vietnam, los deficits provocados por el financiamiento de la guerra exacerban un dilema mucho más abarcador” (www.tomdispatch.com, 10-12-07). Peligran industrias, comunidades y economías regionales. La suba del precio del petróleo incrementa costos, profundiza la crisis latente y aumenta el déficit de la balanza de pagos del país, que nadie sabe cuánto tiempo más podrá soportar. Naciones clave de Asia y Medio Oriente están pasando sus reservas al euro y a otras monedas más seguras que el dólar.
Alguien dijo que “la guerra es salud para el Estado”. Se ve.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-96227-2007-12-16.html

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EN LA VIDA PASAN COSAS…

Noviembre 30, 2007 por inventivasocial

EN LA VIDA PASAN COSAS…

*

A veces en la vida pasan cosas
lejanas, inasibles, casi ajenas.
Como el amor de los otros,
un rayo sobre las islas,
un gol de alguien sobre la hora,
un tren que descarrila en la India,
otro niño muerto en Gaza,
la primera nevada en una aldea de Dinamarca,
un desplante de Chávez al Imperio.
Cosas, que pasan simplemente,
a los otros. ¿En qué me afligen,
o alegran? Digo, más allá
del pensamiento, de la razón.
Y a veces pasan otras,
parecidas, pero distintas.
Esta es una, inevitablemente.

Por que si, por que hay pocos como el,
solo por eso, y qué caray:
Bienvenido el premio Cervantes a Juan Gelman.

*De Udi, udi.cuatro.catorce@gmail.com
rosario, noviembre de 2007

Si dulcemente*

si dulcemente por tu cabeza pasaban las olas
del que se tiró al mar/ ¿qué pasa con los hermanitos
que entierraron?/¿hojitas les crecen de los dedos?/¿arbolitos/
[otoños
que los deshojan como mudos?/en silencio
los hermanitos hablan de la vez
que estuvieron a dostres dedos de la muerte/sonrien
recordando/aquel alivio sienten todavía
como si no hubieran morido/como si
paco brillara y rodolfo mirase
toda la olvidadera que solía arrastrar
colgándole del hombro/o haroldo hurgando su amargura
[(siempre)
sacase el as de espadas/puso su boca contra el viento/
aspiró vida/vidas/con sus ojos miró la terrible/
pero ahora están hablando de cuando
operaron con suerte/nadie mató/nadie fue muerto/el enemigo
fue burlado y un poco de la humillación general
se rescató/con corajes/con sueños/tendidos
en todo eso los compañeros/mudos/
deshuesándose en la noche de enero/
quietos por fin/solísimos/ sin besos

*de Juan Gelman.
-De “Si dulcemente” 1980

Nota XX*

No bajo a los infiernos/ subo
hasta mi hijo clausurado
en su bondad/ belleza/ vuelo/
y torturado/ concentrado/

asesinado/ dispersado
por los dolores del país/
¿algún fueguito crece del
gran silencio de tus ojos?/
oigo la noche caminar
Por tus huesitos/ duelen/ huelen
a tu menor pisado/ a
la palomita que tenías

tornasolándote la voz
de hijito solo por la guerra/
por la mitad/ por las provincias
desiertas del puro dolor/
hijo que nadie hará otra vez/
golpeo las puertas de la muerte
para desalojarte de
hechos que no te corresponden

*de Juan Gelman.
De “Si dulcemente”, 1980.

JUAN GELMAN Y EL PREMIO CERVANTES, EL GALARDON MAS IMPORTANTE DEL HABLA HISPANA

“Están reconociendo a un viejísimo amor”*

Cansado (“Nunca estuve tan solicitado, excepto por mi mujer”), pero conmovido y feliz, el columnista de Página/12 destaca la significación del premio “en tiempos tan antipoéticos”, aunque subraya que “mi confianza en la poesía es independiente de los premios”. El jurado presidido por Víctor García de la Concha afirmó que la obra de Gelman “enriquece las letras españolas”.

Gelman en su hogar de México DF, en una jornada de emociones fuertes.
Imagen: Gustavo Mujica

*Por Silvina Friera

Orgullo y resistencia. Un acto de justicia poética para una voz indomable y compañera que “vuelve íntimo todo lo que toca”. Aunque esa voz suena emocionada y está cansado de tanto hablar, Juan Gelman atraviesa con un tono bajito y con mucha calma la distancia entre la ciudad de México, donde reside, y Buenos Aires, siempre con ese humor afilado, travieso e irónico. El teléfono no para de sonar, a veces lo atiende su asistente, Rosalía; otras, el propio poeta, “el pibe taquito”, como lo llamaban sus amigos de Villa Crespo. “Nunca estuve tan solicitado, excepto por mi mujer”, bromea el flamante ganador del Premio Cervantes, considerado el más importante en las letras hispanas y que concede el Ministerio de Cultura de España en reconocimiento al conjunto de la obra de un autor.
Cuando se le transmite que muchos recibieron la noticia como si hubiera ganado un familiar, como si fuera “nuestro” padre, el poeta responde: “Quizá soy un padre espiritual”. Después de una ardua deliberación entre una treintena de candidatos, los miembros del jurado, presidido por el director de la Real Academia Española (RAE), Víctor García de la Concha, decidieron otorgar por mayoría a Gelman el “Nobel español” porque el conjunto de su obra “enriquece las letras españolas”, según declaró De la Concha. “Creo que es un reconocimiento a la poesía que rebasa lo personal, porque el año pasado se lo dieron a un gran poeta español, Antonio Gamoneda. Me conmueve este premio en tiempos tan antipoéticos y deshumanos; en este mundo donde las grandes editoriales desdeñan la poesía, no les importa, es una tarea difícil estar peleando subjetivamente contra todo esto que pasa”, dice el poeta a Página/12. “El reconocimiento a la poesía lo vivo como un reconocimiento a un viejísimo amor mío, así que estoy conmovido.”
Tanto García de la Concha como el ministro de Cultura, César Antonio Molina, e incluso el poeta Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2007, destacaron la dura historia personal de Gelman, que nunca le llevó a “abdicar de su compromiso prioritario con la poesía”, según señaló el director de la RAE. La directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, dijo que el premio, dotado de 90.450 euros, “supone el reconocimiento a la obra de uno de los grandes poetas hispanoamericanos del último medio siglo”. Caffarel agregó que desde las primeras obras a las últimas, el poeta y periodista “ha bebido en el mejor patrimonio de ambos lados del Atlántico: desde Juan de la Cruz a César Vallejo, pasando por la Generación del ‘27”. El autor de Violín y otros cuestiones, Cólera buey, Los poemas de Sidney West, Salarios del impío, Valer la pena, País que fue será y el más reciente Mundar es el cuarto argentino (los otros fueron Borges, Sabato y Bioy Casares) en recibir el Cervantes. A los 77 años, es uno de los poetas más premiados de su generación. Ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Poesía (Argentina), el de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, el Ramón López Velarde y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.
“Ayer leí en los diarios de acá que había una cantidad de candidatos de primera fila: Nicanor Parra, Mario Benedetti, Juan Goytisolo, Juan Marsé, José Emilio Pacheco, Blanca Varela. Y cuando vi la lista dije: “Juan, vos no, imposible”. Pero no fue así. Esta mañana me llamó el ministro de Cultura de España para comunicarme la decisión del jurado, y me acaban de llamar Kirchner y Cristina. Néstor me dijo que estaba orgulloso; Cristina, que se enteró cuando llegó a Paraguay, estaba contentísima.”
–¿Por qué creía que no iba a ganar?
–Y, porque todos son nombres de primera fila…
–¿No se considera en la primera fila?
–Yo en el cine siempre me siento atrás (risas).
–¿Qué dirían los muchachos de Villa Crespo al enterarse de que “el pibe Taquito” es premio Cervantes?
–Cuando era joven, les tuve que ocultar bastante tiempo que era poeta. En el barrio si no fumabas, eras maricón, y si escribías poesía, eras raro. Deben de estar contentos.
–¿Habló con su nieta, Macarena?
–Fue la primera que me llamó, salió de su trabajo para hablarme. Estaba apurada, pero me felicitó, estuvimos cambiando bromas. Me dijo: “Te lo merecés”, y le dije que mejor no hablemos de lo que cada uno se merece porque ahí perdemos todos…
Un joven poeta que había nacido en Buenos Aires en 1930 –entonces más conocido como ese “pibe taquito” en los picados que jugaba en Villa Crespo–, tercer hijo de una familia de inmigrantes ucranianos, que aprendió a leer a los tres años, se animó a enunciar en el poema Final lo que sería su principio existencial: “La poesía es una manera de vivir”. En marzo de 1956, Gelman publicaba su primer libro de poesía, Violín y otras cuestiones, prologado nada menos que por Raúl González Tuñón. Su maestro celebraba ese poemario en el que “palpita un lirismo rico y vivaz y un contenido social, pero social bien entendido, que no elude el lujo de la fantasía”. Entre otras virtudes, Tuñón subrayaba “la forma ágil, fresca, variada en tonos y matices”, de un poeta “nacional, porteño, muy nuestro”, que “recién comienza y ya está maduro”. El orgullo que transmite el prologuista se parece al de un padre que se encuentra con un hijo que le dio la poesía. Un hijo que lo sorprende con versos memorables (“Me vio el caballo de la calesita./ Me vio tan solo que se fue conmigo”), con lirismo y combatividad, imaginación y espesor vital, creatividad verbal y desacartonamiento. El año pasado, a cincuenta años de la publicación de Violín y otras cuestiones, se reeditó este libro fundamental para la historia de la poesía argentina. Gelman festejó, además, sus cincuenta años como periodista y fue declarado Embajador Cultural de Buenos Aires. “Guardo por Tuñón una admiración intocable”, señala Gelman. “Además de su gran poesía, una cosa muy impactante era su sencillez; él creía en el trabajo, no en la fama ni en ninguna de esas cosas, y creo que ésa fue la mejor lección que me dejó.”
El poeta argentino más querido y reconocido en el mundo entero ha hilvanado una obra que deshizo y rehízo los modos de poner en juego la lengua, que hurgó en el dolor de las peores pérdidas: su hijo Marcelo y su nuera Claudia, que se encontraba embarazada, fueron secuestrados y asesinados por la dictadura militar. Desde hace más de medio siglo –y con más de treinta títulos publicados–, ha conjugado realismo con intimismo, el compromiso social y político con la experimentación y exploración; avanza, renueva, genera un temblor, un placer único, como si él estuviera cara a cara susurrando sus versos a sus lectores. “La memoria es una cajita que revuelvo sin solución”, escribió Gelman en el poema Desaparecidos, incluido en País que fue será. “Hay tragedias personales sin solución. No crea que me gusta que estén juzgando y metiendo preso al asesino de mi hijo. Me parece importante la justicia, pero no es una reparación. ¿Quién le devuelve a uno un hijo?”, se pregunta Gelman. Cuando celebró sus cincuenta años como periodista, recordó que en otro local de la Utpba velaron los restos de Marcelo. “Cuando partió el cortejo, cayó una lluvia de pétalos de rosas de uno de los edificios. Y esos pétalos siguen cayendo sobre mi vida.”
“Atravesando varias décadas de la poesía argentina, Gelman ha sido para muchos de nosotros una voz indomable y compañera, nunca la de un master, la de un prócer, sino una voz cercana y viva donde hay lugar para cualquier tema que tensa el corazón humano, que sorprende a la mirada y trastrueca a las formas en su afán de decirlo”, advirtió la poeta Diana Bellesi en una columna publicada en Página/12. “Sólo eso parece importarle a Gelman, mientras se mueve en la cuna de una tradición de la lengua y también en su ruptura. Camina allí, en la extraña cornisa de la poesía, donde la herencia letrada y el habla liberta se encuentran de peculiar manera volviendo íntimo todo lo que toca, porque ésa es quizá la verdadera acción revolucionaria de la poesía.”
En esa columna, Bellessi afirmaba que Gelman va adonde es llamado, y no queda preso de su propia plusvalía, de lo que ya ha probado con éxito. “No hay quien enjaule a Juan Gelman, repele las etiquetas con el torrente vivo de la lírica, y por eso siempre es nuevo y sorprendente. Un maestro que no da clases, un protagonista de su época a quien en los ochenta escuché decir, con voz queda: ‘Tenemos que repensar lo que hemos hecho, y lo por venir’. Despojada, libre de todo gesto altisonante, su reflexión se me ofrecía de cara a la historia inmediata y sus luchas sociales, como esa práctica interna que debe ser, fundada en un compromiso ético, cuando se habla desde la pequeña voz del mundo que es la voz de la gente común y de la poesía.”
–¿Los premios le dan mayor confianza en la palabra, en la poesía?
–Mi confianza en la poesía es independiente de los premios, que son un estímulo y un reconocimiento, sin dudas, pero que no sirven para escribir el poema, que es puro trabajo. Supongo que no escribiré ni mejor ni peor ahora que antes porque me gané el Premio Cervantes. La poesía llega cuando ella quiere y no es que yo pueda invocarla o convocarla, porque nadie se sienta a escribir poemas porque quiere o porque se lo propone.
–Aunque hay zonas de mucho humor y ternura, como en Los poemas de Sidney West, se suele definir su poesía como política. ¿Cómo se lleva con esta etiqueta?
–Es lo que pasa con todas las etiquetas, ¿no? Etiquetan un producto y después hay que mirar para ver de qué se trata. Cuando se habla de mi poesía como política pienso que el error está en pensar que vivo conectado a la realidad las 24 horas del día. No todo lo que sucede en el mundo me despierta la necesidad de escribir un poema. Como ciudadano, tengo compromisos y responsabilidades que no tienen que estar necesariamente en la poesía. La ideología de alguien forma parte de su subjetividad, pero no es toda su subjetividad. No me afecta ni en un sentido ni en otro que digan que mi poesía es política. Lo que me importa es mi trabajo como poeta, no me preocupa lo que digan los demás, tienen todo el derecho a opinar. Pero francamente lo único que influye es la lectura de la poesía, y el trabajo de escribirla.
–¿Qué cambió en este trabajo de escribir desde Violín… a Mundar, su último libro? ¿Los temas siguen siendo los mismos?
–Lo que cambiaron fueron cincuenta y un años de vida; por supuesto que la subjetividad cambia y eso seguramente se traduce en la poesía. Octavio Paz lo dijo muy bien: “La biografía de un poeta está en su obra”, por eso no hay que creérsela. Para mí la poesía sigue siendo un goce con todos los asuntos que siempre me andan rondando: la infancia, el amor, la justicia social, la muerte. Mis obsesiones no son muchas, pero convivo muy bien con ellas y se han vuelto muy amigas mías.
–¿Escribe todos los días?
–No, la señora no te visita todos los días, tiene muchos pretendientes (risas).

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-95500-2007-11-30.html

A esa voz*

A Mariela.

A esa voz que atravesó un océano
y dejó su semilla entre mis manos muertas.

A esa voz valiente
que alguna vez consintió entreverarse con la mía
en un duelo que devino acercamiento.

A esa voz fatigada
cuya suave melodía descongeló mi pecho,
cuyo plácido aliento fue anudándome
a la cadencia redentora de su música.

A esa voz sincera
que no sembró el camino de rosas y amapolas.
Que me enseñó el secreto de las piedras
y el latido insondable de los milenarios riscos.

A esa voz lánguida
que burló la vigilancia de las fuerzas oscuras,
que pasó controles y barreras,
que se amarró a un pequeño rayo de esperanza
y traspasó los candados de la cripta
donde yacía mi alma condenada.

A esa voz que quiso hacerse verso
y destronar para siempre a las tinieblas.

A esa voz que con el ala herida
voló hasta mis moradas pronunciando
versos como caricias, versos tristes,
melancólicas y tenues explosiones
de un corazón que supo del martirio.

A esa voz que incendió las rejas de mi encierro
con un suave tañido enamorado
derritiendo cadenas, aboliendo decretos,
clavándose en mi corazón como un suspiro
y haciéndolo habitable con su magia.

A esa voz que se prendió en mis días,
a esa voz arrebato que me nombra,
a esa cuyo recuerdo me conforta
en las tardes de gris melancolía.

A esa voz se ató esta noche mi destino;
de su huella mis pasos peregrinos
hicieron una senda ignota y excitante,
un reguero de místicos placeres,
un misterio que añoro descifrar.

A esa voz mi cuerpo se somete
esclavo de su dulce resonancia,
devoto amante de su aura melodiosa,
enamorado apóstol de su risa,
heraldo de su tierna persistencia.

A esa voz se ató esta noche mi destino.
A esa voz hoy mi amor se ha encadenado
y en su regazo viven mis anhelos
la pasión de la vida y de los siglos.

Enero 2002
Publicado en el libro “Poemas Quietos” (Proyecto Mizar)

*de Sergio Borao Llop. sergiobllop@yahoo.es
http://sbllop.blogia.com
http://www.aragonesasi.com/sergio

Los Huevos*

Eran las seis menos diez de la mañana y los Teros pasaron aturdiendo en su primera aventura matutina, participando del despertar radiante de Montemayor en el sol de Enero. No tardó mucho en aparecer una segunda bandada que parecía dirigirse en sentido contrario de la primera. Algunas aves se dispersaron de la anterior para pasar a la más reciente, otras parecieron dudar. Finalmente y tras varias cabriolas incomprensibles si vistas desde el suelo, todas parecieron formar un solo grupo y alejarse.
Ya desde el alba se oyeron los portazos de los primeros madrugadores: los Argüello que ya salen a buscar trabajo en la trilla, Doña Guillermina que desde el canto del gallo enciende el fogón de la cocina, los diálogos roncos de Don Páez y Don Parola, todas las voces del Hospedaje Buenos Aires que de
a poco van retomando las rutinas matutinas. En alguna piecita, una cama cruje placeres paganos. A poco andar ya se siente el aroma de yerba joven excitada por el agua caliente de la pava de hierro. Allá afuera en la calle de la plaza se oye algún camión en su lamento mañanero, yendo a buscar la leche a los tambos allende la cañada. Un tractor Pampa de la Comuna hipa frente al sobrio edificio municipal en espera de la primera misión del día.
En la casita chata y exigua, Ana empieza a cebar mate cariñosamente a Joaquín, el matrimonio septuagenario comparte un silencio inteligente en el cual los dos piensan las mismas cosas, se comprenden o disienten tal vez, con un movimiento de cabeza o una mirada de soslayo hacia el patio que presagia nuevos y grandes calores. Doña Ana Bonómini de Arias acomoda la carpetita bordada blanca que da detalles a la mesa del comedor-cocina.

- Hay que ver otra vez en el gallinero, jeh, ¿habrá quien se anime?.
- Qué va… qué va… la Paquita ayer no cantó. No va a haber huevos hoy.
- ¡Pero cantó la Colo!. Esa no falla. -Ana ya estaba poniéndose el pañuelo en la cabeza como para desafiar a un sol aún lejano.
Acción evitada por Joaquín Arias, acción emprendida por Ana. Toda la vida ese matrimonio funcionó así, incluso cuando dieron todos sus ahorros a ese único hijo que partió a enrolarse en la Marina Mercante. El demoró las decisiones. Ella extrajo el dinero de la Caja Nacional de Ahorro Postal, se lo dio, le halló un auto que lo dejara en Rosario, le armó una cuadrada valija de cartón y lo despidió.
Conforme avanzaba la tórrida mañana, Don Joaquín sacó a relucir su mejor camisa de un material parecido a la seda, pantalón con tiradores y sombrero del mismo color cremita que la camisa. Debajo se adivinaba una pudorosa camiseta sin mangas, impecablemente blanca y sin roturas. La Vieja Lavanda
Inglesa hacía las veces de loción para después de afeitar. El recorrido de Joaquín no era gran cosa: de la casa salía por el único lugar posible, el patio del hospedaje. El patio tenía unos resbalosos ladrillos como piso. A ambos lados los altos postigos de las puertaventanas que en mayoría había allí, cerrando los exiguos cuartitos. Su recorrido interno lo llevaba al patio “De la Madreselva” o patio noroeste. Allí las puertas de la pieza 5 y del Departamento C hacían ángulo, la del C solía estar abierta toda la mañana en esa única y exclusiva hora pacífica que tiene Montemayor en Verano, y que dura de sol a sol. Allí se saludaba con las Diez; Adela, Olga y la niña Fabiana. Las tres tenían un hermoso Don de Gentes para el trato.
Solía hacerles de mandadero el Pascualito Tato, el huérfano de 14 que vivía con los hermanitos Argüello en el 5. Un estrecho pasillo, el patio de las piletas de la ropa siempre lleno de charcos y con ruido de sapitos en el albañal. El patio grande que confundía uno de sus lados con ese, luego un pasaje de dos metros, la puerta de calle.
El recorrido de Joaquín era el mismo en todos los casos. La carnicería “Los hermanitos” de los hermanos Morero, la panadería “El Progreso” de Beniciano Zapico, la verdulería “Rosita” de Antonio Azanza y el nuevo y reciente local de Juegos y Loterías del Estado: un letrero negro con letras blancas mal
escritas que reza “QUIÑELA” a cargo de Elma Ríos de Francese. En todos lados recibió Joaquín cuestiones sobre lo que ya todo el pueblo sabía: lo que pasaba con lo huevos de las gallinas.
- Y a qué iba a jugar sino al cero, a ver si lo que perdemos en huevos lo ganamos en suerte.
- ¡Claro, por ahí es una advertencia del destino, ja! . Bueno, la jugada tiene fecha Miércoles cuatro de Enero de este año. -Elma congraciaba bien con Don Joaquín, uno de sus mejores clientes, pero eso no significaba gran cosa, a Joaquín le parecía una persona ordinaria y sin gracia. – a lo mejor es una Ita o alguna infección…- Elma ya se había acodado al mostrador ciego de madera común, señal de impaciencia ante la partida del cliente.
- Qué le vamos a hacer, así están las cosas…- Joaquín se despidió sin mirar, salió casi sin mover la esterilla plástica de la cortina en tiras naranja y blanco. A partir de allí se dirigió a su último destino, el Almacén de Don Segura.
- ¡Sabe lo que hay, hay un zorro por acá!…Parece que Don Juan anda pícaro o muy hambreao, dicen… -Segura había aprovechado a atender a Joaquín en un aparte más oscuro del local. El Almacén Sol de Mayo ocupaba toda la esquina de la pensión y era un salonazo altísimo, muy oscuro a pesar
de haber una ventana a cada lado y a pesar de la puerta doble-hoja, dedicadamente cubiertas de cortinillas bordadas sus celosías. Había estantes tras el mostrador, casi invisibles las botellas de licor de más arriba, y las mesas con sillas de esterilla agonizaban bajo el calor de las diez . En ese momento sólo había algunos arrieros en un rincón, compartiendo largos silencios en torno de una mesa y sin consumir.
- No tengo visto animal alguno.
- ¡Nooo -Segura gesticulaba por lo bajo- estos bichos trabajan con la oscuridad, mire si los va a ver!¡Ya lo dicen, astuto como un zorro!.
-Yo anoche creo que ví algo -Pascualito achinó los ojos aún más de lo natural, que ya era demasiado- Usté no me va creé pero ví algo largo que se movía.
-Euh…por ahí algún pata de bolsa que se arrastraba, andaría de visita. -la insólita respuesta de Joaquín hizo reir al mocito.
-Usted no creería -Parola agachaba la cabeza frente a las piletas de lavar, el olor de jabón rancio crecía al bochorno de la mañana- pero para mí son esos experimentos que se hacen ahora, todas esas cosas de bombas nucleares, eso queda en el aire, va con la lluvia, nacen mal los animales, las vacas
algunas noches pierden la leche. Hasta hay gente que desaparece… -el silencio reveló miedo genuino- no es tan extraño que los huevos le vengan con ese problema. En el huerto de Mattaliano salieron unos tomatitos enanos, grandes como frutilla. Ahora todo está contaminado, si los gobiernos insisten con esas bombas nucleares ahí el campo va a quedar pelado como el patio de tender la ropa…
En la casita no había nadie. Ana estaba traficando en el patio, la excitación de las aves de corral así la delataba. Don Joaquín entró a pasos inseguros, cegado entre el sol exterior y la estancia umbrosa y olorosa a yerba apagada, perfume y alcanfor. Apoyó el bolso sobre el sillón de esterilla para no tocar el suelo con este, una a una extrajo las modestas adquisiciones: medio de lomo, yerba, pan en blancos panes enormes, jabón de lavar, papa, cebolla, ajo, perejil, aceite en lata, grasa peya y dos o tres
vituallas más para el día.
-Mire -Ana aparecía obsesionada- toque. No pesa nada. -Don Joaquín sopesó el huevo marrón en la palma de la mano. Acto seguido lo rompió con curiosidad sobre el borde de la mesa. Vacío. Ni clara, ni yema. La Colo había puesto sólo un tonto cascarón sin alma. Era la segunda gallina con este drama.
Rayando el mediodía ya se olían frituras y hervores en todo el hospedaje. El sol era tan fuerte que con su brillo absoluto parecía apagar ruidos. Parado frente al gallinero, Joaquín pensaba. Miraba fijo las empolladeras, recorría el tejido, hasta comparaba el color de la tierra desgastada con el resto del
patio, todo ello sin ver nada extravagante. Se distrajo con el vuelo concéntrico de un aguilucho. En seguida se santiguó, no fuera que anunciara desgracia.
-”Jesús, María y José, y este pájaro se fue.”
Allá en los confines del lote se asomó el hocico terroso y reseco de un galguito. Con él correteaba feliz un perrito mestizo con el pelo muy sucio.
El galguito retrocedió instintivamente ante la figura humana, pero permaneció husmeando las tomateras vecinas, acompañado de su minúsculo amigo. El perrito cruzó al flaco lebrel por debajo del vientre inexistente, el galgo hizo ademán de morderlo. Los dos salieron corriendo de pronto, como asustados de un cascotazo. Era su manera de divertirse. Nuevamente, el huerto quedó a merced del silencio y el sol abrasador.

*de Javier Funes Pautasso. ebwo@hotmail.com
-Enviado para compartir por Cacho Agú. cachoagu58@yahoo.com.ar

*

Queridas amigas, queridos amigos:

El domingo 2 de diciembre del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del grupo argentino Encuentros. Las poesías que leeremos pertenecen a Beatriz Marín Aguilar (Colombia) y la música de fondo será de Darío Robayo (Colombia). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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Noviembre 13, 2007 por inventivasocial

DERROTAS*

Procedo de una antigua dinastía de vencidos,
qué no hemos perdido me pregunto,
perdimos el paraíso y el favor de dios,
la virginidad, el prepucio, la inocencia ,
perdimos las guerras y por ende la paz,
la fe, la razón, los dientes, la salud,
hará cien años que un abuelo perdió
su único ojo en un vaso de aguardiente,
lo castigó, según dijo, pues lloraba,
cuando creímos que los cielos se apiadaban
perdimos la camisa, las ollas, la última moneda,
el rancho, la tierra y el país entero,
la voz, la libertad, el pellejo,
el amor, el trabajo, las ganas de vivir,
el séptimo mandamiento, y el buen nombre,
la ilusión, el caballo, los testículos,
últimamente hemos perdido la paciencia
y ya no queda nada por perder, excepto
la memoria, el tesoro de nuestro destino,
recen ahora, dueños del mundo.

*Poema de Julio Huasi.
-Fuente: http://www.nodo50.org/mlrs/weblog/pivot/entry.php?id=353

¿Por qué no te callas?

¡Que viva España!*

Muy grande ha sido la sorpresa de los medios de comunicación del reino de España, de su clase política, dirigencia empresarial y hasta de ciertos filósofos que de tanto en tanto suelen ganarse algunos euros visitando capitales latinoamericanas para reflexionar en voz alta sobre cuestiones tanto trascendentales como de candente actualidad; muy grande – decíamos – fue su sorpresa al difundirse los exabruptos con que cierto caudillejo sudamericano se dirigió hacia Su Majestad, el rey – sí habéis leído bien – El Rey de España, Don Juan Carlos de Borbón.
Más allá de la crónica menuda, que refiere a los dichos del dictadorzuelo caribeño sobre las cualidades personales, políticas y humanitarias del anterior presidente del gobierno de España Don José María Aznar, no debe de escapársenos la verdadera intención del aspirante a heredar el trono que, más temprano que tarde, dejará vacante Fidel Castro en la corte de los milagros de las atrasadas dictaduras sudamericanas, qué, como bien dijo no ha mucho tiempo nuestro distinguido cónsul en Córdoba, Argentina, de no haber sido por la tarea civilizatoria emprendida por España en cumplimiento de su destino manifiesto, una vez unificado y pacificado el reino, allá por 1492 con la expulsión de los elementos indeseables y disociadores, habrían permanecido en la oscuridad del atraso, sin lengua, sin ciencia y sin Dios.
Muy claramente deben los súbditos de la corona comprender que el verdadero destinatario de los soeces insultos del mulato de Caracas es – antes que nada – el estilo de vida español, sus valores democráticos, su estirpe conquistadora, su linaje europeo y su prosapia viril, aguerrida, alejada de los lloriqueos blandengues y feminoides que pretenden culpar a los demás por la propia ineficiencia, por la molicie a la que tan afectos son en esos “tristes trópicos”, parafraseando al judío Levi-Strauss, en fin, haciendo al resto del mundo responsable de sus congénitos defectos y su falta de predisposición al aprendizaje de los valores que España intentó, con relativo éxito, inculcarles a lo largo de más de 300 años.
Deben los “españoles todos” saber que el resentimiento de la chusma es infinito, y su envidia por los logros del sistema democrático en el reino los llena de odio hacia todo aquello que huela a europeo, a español, en suma: a civilización.
Pero no deberían los súbditos de la monarquía más preclara y democrática del mundo entero asombrarse. Este ataque artero y vil tiene objetivos de más largo aliento que enlodar la figura de nuestro anterior presidente con epítetos de baja estofa. La verdadera intención del déspota caribeño, y sus adláteres andinos – para no hablar del silencio cómplice de los fallidos pagadores del cono sur – es otra vez el primer paso hacia la expropiación y el latrocinio de la riqueza que la fecunda inventiva y esfuerzos españoles han generado en toda la América del Sur.
A no engañarse, pues. El real objetivo de los caciques sudamericanos y sus harapientos prosélitos es apoderarse de todo lo que de bueno, humano y civilizado España ha hecho en los últimos decenios en materia de comunicaciones, energía, transporte y finanzas.
Otra vez pretenden estos simios semiparlantes disfrutar de los beneficios que el capital español ha desparramado sobre su tierra, tan rica en recursos materiales, pero que de nada les servirían sin la imaginación, el tesón y la laboriosidad de los directivos de las empresas españolas, que han desarrollado, allí dónde sólo atraso había, las líneas de telefonía, la explotación hidrocarburífera, los transportes aéreos y la financiación de su proverbial despilfarro a través de nuestras instituciones bancarias.
¡Atención españoles! Este ataque es sólo el comienzo de una ofensiva sobre nuestros bien ganados patrimonios. El mestizo del caribe y el indio del altiplano se proponen expropiar a la corona, es decir, a los “españoles todos”, de lo que por derecho le pertenece.
Nuestro vacilante presidente actual no debe llamarse a engaño, la defensa del patrimonio de las empresas españolas es la defensa de los españoles todos, es la defensa de los valores sacrosantos y democráticos de la propiedad frente a la anarquía, del orden frente al caos, de la rectitud y hombría frente a la puñalada trapera, en fin la causa de España y sus empresas es la causa de la civilización frente a la barbarie.
Este es, pues, nuestro frente de batalla en la eterna lucha entre la luz y las sombras.
Así como nuestros primos sajones no deben cejar en su guerra contra las tinieblas del islam (guerra que, por otra parte, ya España libró y en la que marcó el camino) así debemos los “españoles todos” cerrar filas contra las hordas mestizas, mulatas y cuarteronas que pretenden holgar y medrar apropiándose del sacrificio español.
Así, pues, como ya fue dicho en tantas ocasiones en que el león ibérico ha sido desafiado:
¡Santiago y cierra España!

*de Udi. udi.cuatro.catorce@gmail.com
Rosario, Argentina, noviembre de 2007

Ya no creemos ni en príncipes azules ni en Reyes Magos*

Es bien evidente que la educación, el respeto y el humanismo no forman parte del trato que los países ricos dan a los otros (que no lo son) o a nosotros. Tener en cuenta las intromisiones a la soberanía de los pueblos o los insultos de los discursos de Bush y Aznar dirigidos a los que no se doblegan a sus deseos…
Aznar y Bush han sido más que irrespetuosos, han sido gestores de golpes de estado y de medidas económicas criminales contra los pueblos.
Pero parece que no se les puede contestar las afrentas porque al que les responde (en este caso Chávez) lo tildan de “loquito” ser cuerdo es para ellos someterse.
Es hora que se callen ya, y que nosotros tomemos la palabra.

*de Cristina Villanueva. pluma@velocom.com.ar

¡ES USTED QUIEN DEBE CALLARSE Y PEDIR DISCULPAS A TODOS NUESTROS PUEBLOS!*

Desde el pasado sábado, 10 de noviembre de 2007, numerosos medios de difusión, han reportado el incidente protagonizado en la clausura de la 17 Cumbre Iberoamericana por el rey Juan Carlos I de España y el presidente venezolano, Hugo Chávez.
Unos, critican al Rey; otros, al Presidente Bolivariano. Como en todas las cosas, las opiniones parten de los principios ideológicos y políticos que se defienden.También, del respeto que se le otorgue a cada oponente.
Algunos de esos medios dicen que el Rey, dirigiéndose al Presidente Chávez, dijo: ¡¿Por qué no te callas?! y otros: ¡¿Tú, por qué no te callas?! o ¡¿Por qué no te callas tú?!
En cualquiera de los casos, es igual. ¿Imagina usted, que alguien, aún sin ser rey, lo mande a callar, y más en público? Debemos agradecer a los problemas con el audio y al ruido en el plenario de que uno de los oponentes no hubiera escuchado bien al Rey. De escucharlo ¿Qué hubiera sucedido?
¿Qué se habrá creído ese señor? ¿Que estaba ante la última aldea indígena arrasada o ante la primera dotación de esclavos negros arrancados de África?
En honor a la verdad, tuvo razones para irritarse. Es duro soportar las críticas de varios presidentes, al saqueo que han hecho y hacen importantes compañías españolas en países de Nuestra América, mediante el soborno a gobiernos corruptos, aunque muy “democráticos”. Y mas, escuchar que se le
llama fascista al franquista José María “Asnar”, el Rey no podía permitir en su presencia tal equivocación de uno de sus “súbditos”. Y tenía razón para molestarse, el Presidente Hugo Chávez está equivocado: “Asnar” no es fascista, es falangista. Fascismo era el régimen de Mussolini; Nazismo, el
de Adolfo Hitler; y Falangismo, el de Francisco Franco (“que no es lo mismo, pero es igual”). ¿Cómo callar ante esa equivocación con un compañero de falange?, entiéndanlo, es un gesto de lealtad, ¿Usted permitiría que le restaran honores a alguien que le puso una corona?
Ahora, la mayoría de los medios masivos de difusión divulgan comentarios críticos al Presidente Hugo Chávez, “que si fue el que provocó.”, “que si no debió ni debe refutar.”, “que si Evo.” “que si Ortega.” “Que si tal.”
¿Alguien puede esperar otra cosa?
Ya las oligarquías han salido en defensa del Rey y también algunos que por honor debían estar ofendidos con él.
No seamos ingenuos al creer lo que dice la prensa de los oligarcas. A diferencia de los pueblos o de los pobres, los ricos están unidos, pertenecen todos a un mismo partido, son transnacionales, no tienen patria.
Para ellos, patria es cualquier lugar donde puedan explotar y aumentar su riqueza.
¿Qué fue lo que verdaderamente provocó el exabrupto del Rey de España, que nos recordó a muchos la época colonial? ¿Fue lo que dijo el Presidente Chávez? ¿Fue la intervención del Presidente Ortega? (recordar que el Rey abandonó la sala de conferencia cuando éste se dirigía al plenario).
No, se molestó porque se estaba cuestionando el derecho de empresas españolas a continuar saqueándonos y porque los pueblos se oponen a que continué el saqueo, han comenzado a recorrer el camino de la unidad, y están contra del neoliberalismo y la expoliación de los tratados de “libre
comercio”, que tratan de imponer las oligarquías.
¿Se molestó por lo que se dijo de “Asnar”? ¿Se molestó por lo que se dijo del papel de España en el golpe contra Chávez o de los papeles que jugaron y juegan algunos embajadores de España en apoyo a las fuerzas de la derecha?

No, lo hizo porque el estuvo comprometido con la política que desarrolló “Asnar”, o al menos calló, cuando más del 90 % de los españoles se opusieron a la guerra yanqui contra Irak y a la participación de España en esa guerra de rapiña, fundamentada en innumerables mentiras, que ha asesinado a
cientos de miles de iraquíes, destruido la cuna de la civilización, y se roba todos los días el petróleo de ese país, verdadera causa de la agresión.
¡Cuánta democracia!
Y ¿Qué decir de la participación de España en otras guerras imperialistas como la de Yugoslavia y Afganistán. ¿Y del apoyo a los yanquis en su política agresiva y contra nuestros países? ¿Acaso las guerras son humanitarias?
¿Puede un jefe de estado, por demás rey, estar ajeno a la política exterior de su reino?
La inmensa mayoría de los que vivimos por debajo del Río Bravo tenemos sangre española en nuestras venas. Y debiéramos gozar de los mismos derechos que los naturales para criticar la política errónea de España hacia nuestros países y sus alianzas
con quién nos ha invadido, torturado, asesinado, desaparecido y explotado, por más de cien años: Los Estados Unidos de Norteamérica. Pero más que eso, tenemos el derecho que nos otorga la sangre derramada por nuestros antepasados indígenas y negros, que también es abundante en nuestras venas.
Y el precio en oro y plata, que nos cobraron por “civilizarnos” y por supuesto “cristianizarnos”. Paradoja: Cristo cristianizó repartiendo panes y peces; ellos, nos cambiaron espejitos por metales preciosos. ¿Querrán que en el siglo XXI sigamos aceptando el cambio, y por demás agradecerlo?
Creo que la culpa es nuestra, los de acá abajo, porque tanto en las reuniones de la OEA como en las Cumbres Iberoamericana, hemos admitido la presencia de los lobos. Ymuchos hemos oído decir que “a la fiesta de los caramelos no pueden ir los bombones”.
¿Alguien puede esperar los mismos intereses?
¿Hasta cuando habrá que esperar, para que exista una organización que integre solo a los estados de América Latina y el Caribe?
Se dice que la verdad no ofende, entonces, nadie le ha faltado el respeto a los gobernantes españoles y probablemente no se le seguirá faltando. El rey sí nos faltó el respeto a todos los que vivimos en esta parte del mundo, habló con la arrogancia de un rey del Siglo XV, y la prepotencia de un magnate. La vieja metrópoli ha olvidado muy rápido el olor de las alpargatas.
Nosotros sí debemos estar ofendidos. Él es quien debe mostrar respeto hacía nuestros pueblos, no fuimos nosotros los genocidas. Es usted quién debe callarse y pedir disculpas, ante todo al pueblo de Venezuela.
Nosotros debemos estar orgullosos de contar ya con varios gobernantes que defienden nuestros intereses, hablan en nuestro nombre y que al frente de sus pueblos no se arrastran ante nadie.

Acaso el Rey de España se creyó que al lanzar su ofensiva frase, diríamos: ¡Habló el Rey!, y Latinoamérica y el Caribe se pondría de rodillas. Se equivocó, solo nos pondremos de rodillas ante las tumbas de nuestros héroes y mártires.

*de Miguel Crispín Sotomayor. arcomar@cubarte.cult.cu
Cuba.
12.10.07. A quinientos años y un mes del inicio del genocidio contra nuestros aborígenes.

GOLONDRINAS*

al chacho dragún, donde esté

tengo celos, envidia feroz de las golondrinas,
conocen esta américa mejor que uno y eso que uno
anduvo y desanduvo los llagales de su madre,
australes y boreales tañen el dulce cordaje
de trópicos, cuadrantes, los mil rumbos y tientos de la rosa
como si fuera un arpa familiar, las señoras músicas
siempre de gira ellas por flor en aire verde.
Cuéntenme algo de mis hermanos, cantoras mías,
mis mujeres, cuñados, cachorros, tata y mamá,
cómo andan de salud, de amores, de balazos, por
aquí todo bien, ya regamos los sangrales este otoño,
y si ven a la que más añoro díganle que sin ella
toda primavera será bruma, pero como cosa suya,
cuando vuelvan por el sur no se olviden de sus ojos,
cuántas veces lo encargué y siempre se distraen
por tanto bosque y soles haciéndose el amor,
claro, y que a uno se lo coman los insomnios,
pucha que son largas las noches del virreino. Mire,
princesas, cómo tiemblan las brújulas locas de mi rebelión,
vienen volando densas bandadas de clavelaire
con sus largas alas, remos de ultracielo, no se hagan
de rogar, mis guitarristas, tóquense algo hermoso
y díganme suavecito cómo es la libertad

*de Julio Huasi.
-Fuente: http://www.abanico.org.ar/2005/03/Huasi.htm

*

Queridas amigas, queridos amigos:

El domingo 11 de noviembre del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor mexicano Salvador Torre. Las poesías que leeremos pertenecen a Cristina Pizarro (Argentina) y la música de fondo será de Bandolas de Venezuela. ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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NARRATIVAS ARGENTINAS

Noviembre 11, 2007 por inventivasocial

L a p a c h o*

Rosa en lo alto,
Rosa en el suelo,
La copa del lapacho
Se ha derrumbado
Sembrando temblores
Por la vereda.
Luz de un abismo que anuncia
Que la vida es un suspiro,
Sólo un momento de destellos.
Un momento de gloria
Entre la luz y la oscuridad.

*de Guadalupe Rugna guadarugna@yahoo.com.ar
-Enviado para compartir por Horacio Rossi. terrazio@ciudad.com.ar

Narrativas Argentinas…

Sábado, 10 de Noviembre de 2007
Características argentinas*

*Por Osvaldo Bayer

De “aquí tenés el sobre” ahora hemos pasado al “ojo, que te pueden pontaquartar”, sinónimo de “te pueden ‘buchonear’” después de que el negocio esté listo. El léxico muy argentino en torno de la “coimisión” ha ganado otro vocablo. Ahora existe la advertencia redonda. Sí, en estos días, el
juicio al ex presidente De la Rúa, mandatario catapultado en helicóptero nuevamente al llano, nos hace recordar a que en todo tiempo argentino se practicó aquello de la “coimisión”. Desde los tiempos de Roca, con el nuevo verbo “atalivar”, pasando por la década infame de las tierras de El Palomar,
después a enfermeros que se convirtieron en multimillonarios, y las épocas de la pizza con champán y ahora lo de la complicación del pontaquartismo.
Estas tierras ubérrimas dan para todo, pero no para todos. Pero no vamos a hablar ahora del nivel de pobreza y de la desnutrición de niños argentinos.
El punto más estridente de la historia de las coimisiones argentinas fue sin duda alguna la venta de las tierras de El Palomar, que manchan tanto al poder militar como al mundo político de la Década Infame. La cosa fue simple. Dos empresarios compraron para el ejército 222 hectáreas de El Palomar, a 0,65 centavos el metro cuadrado, y en la misma acción se la vendieron al Estado a 1,10 peso. En ese negociado estaban involucrados legisladores de la Comisión de Defensa del Congreso y el mismo ministro de
Guerra, general Márquez, que pasó a llamarse para la picardía popular como “general Palomárquez”. Pero la estafa quedó en descubierto y terminó con el suicidio del legislador radical Guillot y la prisión de otros implicados. El escándalo provocó la renuncia del propio presidente de la Nación, doctor
Ortiz, la que finalmente no fue aceptada.
La llamada Década Infame dejó tras de sí el “affaire” de la Chade, el de los colectivos, el de la lotería nacional llamado “de los niños cantores”, donde a los menores que sacaban las bolillas premiadas les hacían leer otras cifras.
La doble moral fue invadiendo todos los sectores y llegó también al fútbol, con varios casos de soborno, “coimisiones” en la compraventa de jugadores, y, en la vida diaria, aquello de “conversar” las multas y “ponerse”. Pero digamos que fue la picardía de Sarmiento la que dejó al descubierto este método argentino de resolver los problemas. Fue cuando desde sus páginas de El Censor empleó por primera vez el verbo “atalivar”. Decía el sanjuanino que el presidente Julio Argentino Roca “hace los negocios y su
hermano ‘ataliva’”. Y ahí ponía punto. Hasta que los lectores adivinaron de por sí lo que quería decir. Sí, Roca, el presidente tenía un hermano llamado Ataliva Roca. Y “atalivar” era usado por Sarmiento como verbo para significar que cobraba la coimisión. Pero de allí, Sarmiento pasa a la acusación directa en el artículo del periódico El Censor, del 18 de diciembre de 1885. Dice sin pelos en la lengua acerca del gran negociado de las tierras del “desierto” conquistadas por Roca: “El general Roca, educado en el Colegio del Uruguay, no ha traído a su gobierno otra idea sobre el reparto de la tierra pública que en la práctica en aquellos tiempos (de Urquiza) -la voluntad sin límites de aquel que ejerce el poder- adoptándolo como sistema”. Y luego Sarmiento se ríe de la llamada “conquista del desierto de Roca diciendo que sólo fue un paseo en carruaje”. Dice textual: “El pensamiento de un paseo en carruaje a través de La Pampa cuando no había en ella un solo indio fue un pretexto para levantar un empréstito enajenando la tierra fiscal a razón de 400 nacionales la legua, en cuya operación la Nación ha perdido 250 millones de pesos oro, ganados por los Atalivas, Goyos y otras estrellas del cielo del presidente Roca. Pero si se puede explicar, aun cuando no se justifique, esta medida antieconómica y ruinosa para el
Estado, por la famosa Expedición al Desierto, después de que ésta se realizó sin batallas ni pérdidas de ningún género para el gobierno, no hay razón, no hay motivo alguno para que tal empréstito continúe hoy abierto… para los amigos del general Roca, máxime cuando la suscripción se cerró hace ya mucho tiempo. Es necesario llamar a cuentas al presidente y a sus cómplices en estos fraudes inauditos. ¿En virtud de qué ley, el general Roca, clandestinamente, sigue enajenando la tierra pública a razón de 400 nacionales la legua que vale 3000? El presidente Roca, haciendo caso omiso de la ley, cada tantos días remite por camadas a las oficinas del Crédito Público órdenes directas, sin expedientes, ni tramitaciones ‘inútiles’
(sistema Urquiza), para que suscriba a los agraciados, que son siempre los mismos, centenares de leguas. Allí están los libros del Crédito Público que cantan y en alta voz para todo el que quiera hacer la denuncia al fiscal…
Al paso que vamos, dentro de poco no nos quedará un palmo de tierra en condiciones de dar al inmigrante y nos vemos obligados a expropiar lo que necesitamos, por el doble de su valor, a los Atalivas”.
Así se repartió la tierra de las enormes pampas sureñas. Al presidente de la Sociedad Rural de aquellos tiempos se le entregaron dos millones y medio de hectáreas. Un apellido -Martínez de Hoz, nada menos- conocido en todas las épocas argentinas. El bisnieto, en 1976 estará sentado al lado del dictador
Videla, en la Casa Rosada. Todo en carroza. Aunque en el billete de cien pesos nos muestren al general Roca, a caballo, para hacerlo más marcial y heroico.
El investigador René Orsi, en su libro Alem y Roca señala que “Julio A. Roca integraba una sociedad de hecho con su hermano mayor, Ataliva, a quien endilgaban el neologismo de ‘atalivar’ y era ‘il padrone’ mientras que Julio Argentino oficiaba como ‘gerente de la casa de comercio’”. Y añade: “Ataliva
Roca, habiendo iniciado su vida carente de bienes como sus hermanos, al morir dejó una cuantiosa fortuna compuesta por importantes fracciones de campo en la provincia de Buenos Aires y La Pampa, de más de diez propiedades urbanas en Capital Federal, acciones de capital de diversas sociedades comerciales, varias chacras y loteos en Morón, La Matanza, Bahía Blanca, Junín y La Plata”. Al morir dejó tres estancias de enorme extensión.
Por eso, nosotros los argentinos hemos bautizado una ciudad en La Pampa como Ataliva Roca y también una calle en Morón.
Su hermano, Julio Argentino, el “conquistador del desierto”, fue su socio comercial permanente.
La campaña del desierto costó muy caro a pesar de haber sido solo un paseo -como lo calificó en esa época Leandro N. Alem-, quien señaló “fue un paseo del ejército argentino por el desierto mientras su general iba cómodamente entre los almohadones de su carruaje”. El mismo Roca lo atestigua en una carta a su hermano Ataliva: a quien escribe que han llegado ya al Río Negro “sin que nos haya costado más sacrificios que comer carne de yegua. Si no hubiera sido por el pequeño contratiempo de los proveedores esta campaña hubiera tenido los aires de un paseo”.
Un paseo que le salió muy caro el Estado argentino -se puede ver en el presupuesto de la época- y enriqueció a los poderosos de siempre (basta ver la lista oficial de los que recibieron las tierras). Por eso al monumento más grande de Buenos Aires, el bronce a Roca, no lo mueve nadie. Valió la pena “atalivar”.
En cambio sí, al colegio secundario de la ciudad bonaerense de Moreno se le ha quitado el nombre de Roca y llevará en el futuro el de un docente desaparecido. Y la plaza Julio Argentino Roca, de Rosario, se llama ya Pueblos Originarios. La Etica avanza a veces muy lenta, pero triunfa finalmente.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-94458-2007-11-10.html

Sábado, 10 de Noviembre de 2007

Namuncurá llega a los altares de la Iglesia de Ratzinger*

Por Ruben Dri *

Después de la pausa en el proceso de beatificaciones y canonizaciones que significó el período de Juan XXIII, Paulo VI y el Concilio Vaticano II, con Juan Pablo II el proceso tomó una aceleración supersónica. Hay algo que agradecerle al Papa polaco al respecto. Dejó completamente en claro que las
beatificaciones y canonizaciones son actos de política eclesiástica. El acontecimiento que muestra esto con absoluta claridad es el proceso mediante el cual llega a los altares José María Escrivá, fundador del Opus Dei.
En el proceso no se respetaron los tiempos estipulados por la misma Iglesia y, lo que es verdaderamente grave, no se escuchó a quienes lo conocían y tenían sobre el candidato serias y fundadas objeciones. En la política eclesial de Juan Pablo II, el Opus Dei jugó un papel fundamental, tanto que lo hizo “prelatura personal”, es decir, ligado directamente al Papa, liberándolo de toda autoridad.
Pero, ¿qué pasa con la inminente beatificación de Ceferino Namuncurá? Llama la atención que del día a la noche se anuncie tal acontecimiento y se realice con premura. Llama la atención, porque es sabido que los esfuerzos que por décadas ha hecho la congregación salesiana en la Argentina para lograrlo hasta el momento no habían dado resultado. Se tejían diversas hipótesis sobre los motivos que hacían prácticamente imposible la superación de las trabas. Y de repente éstas saltaron por el aire. ¿Qué pasó?
Sucedió que en Vaticano está Benedicto XVI, quien sostiene que el Concilio Vaticano II debilitó a la Iglesia, le hizo perder poder y, en consecuencia, es tarea urgente cerrar lo que dicho concilio abrió. Ello implica recuperar a la Iglesia desde sus raíces. Pero éstas no se encontrarían en las primeras
comunidades, sino en los siglos IV y V, en los que se estructura el poder político y religioso que caracteriza a Occidente.
El Concilio Vaticano II, según Benedicto XVI, vació a la Iglesia de contenido al acceder al “aggiornamiento”, es decir, a los reclamos del mundo moderno. En lugar de pararse frente a ese mundo y proporcionarle su mensaje fuerte, exigente, dogmático, sin concesiones, cedió, trató de “adaptarse”.
Ello hizo que perdiese credibilidad. El secularismo, el relativismo, el escepticismo ocuparon el espacio en el que antes dominaba “la verdad” que la Iglesia transmitía sin ningún complejo de inferioridad.
La atracción que antes tenía la Iglesia, doble atracción, porque era poderosa material y espiritualmente, política y religiosamente, ahora ha pasado a otras manos, a otros centros. Ellos son el Islam, el budismo y las religiones de los pueblos originarios de América. Leamos: “El renacimiento del Islam no sólo está vinculado a la nueva riqueza material de los países islámicos, sino que está alimentado por la conciencia de que el Islam puede ofrecer un fundamento espiritual sólido para la vida de los pueblos que la
vieja Europa parece haber perdido, lo que hace que a pesar de mantener su poder político y económico, se vea condenada cada vez más al retroceso y a la decadencia”.
El Islam aparece en primera línea entre los contrincantes a vencer. La Iglesia no puede ser menos intransigente que el Islam en mantener su doctrina y condenar a todos los “herejes”, si quiere ofrecer ese “fundamento espiritual sólido” que hoy es una prerrogativa de los musulmanes. Pero en el horizonte de la Iglesia que refunda Ratzinger aparece otro competidor, “el budismo”, expresión de “las grandes tradiciones religiosas de Asia”.
Nos falta el tercer contrincante, la religión de los pueblos originarios. Descubre Ratzinger que “ha sonado la hora de los sistemas de valores de otros mundos; de la América precolombina, del Islam, de la mística asiática”, mientras Europa se encuentra en decadencia. ¿Qué hacer con este tercer
contrincante? Allí es donde aparece Ceferino Namuncurá. Se trata de un mapuche, un verdadero miembro de uno de los pueblos de América que se convirtió al cristianismo e inició los estudios para consagrarse como sacerdote y ayudar de esa manera a su pueblo.
Ceferino Namuncurá no es un símbolo de un solo sentido para el pueblo mapuche. Para unos es un “traidor” o un “colonizado” por la Iglesia Católica. Estos buscan su identidad en sus propias raíces fuera de lo adquirido a través del cristianismo. Para otros, en cambio, expresa la nueva identidad del pueblo que incorporó símbolos y valores cristianos, reinterpretándolos desde su propia experiencia.
En esta dialéctica interviene Ratzinger. La elevación de Ceferino Namuncurá a los altares es un buen instrumento en esta lucha con las religiones de los pueblos originarios. Muestra lo afirmado por el Papa en Brasil, en el sentido de que el cristianismo no se impuso por la fuerza en América, sino que los pueblos americanos lo aceptaron, al recibirlo de los misioneros.
Frente al reclamo de los mapuches de haber sido expoliados de sus tierras por quienes se legitimaban con la Biblia, el actor que era Wojtyla respondió endosando las vestiduras mapuches y exclamando: “Ahora también el Papa es un mapuche”. Ratzinger, en cambio, responde elevando a un mapuche a los
altares.

* Filósofo y teólogo. Profesor de la UBA.
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-94460-2007-11-10.html

Cambio de repertorio*

Por Pablo Semán *

La realidad ocurriría entre dos extremos imposibles si nadie hubiese aprendido nada. Estaremos más cerca de alguno de ellos si los repertorios fijos que emanan de un cierto autismo de las cúspides no cambian.
El primer extremo (repetición) sería un mandato de Cristina Fernández que reprodujera la curva del de Néstor Kirchner: superando los obstáculos de su tiempo, transformándolos en oportunidades de acumular poder o lograr al menos que la inflación y la irritación que causa el afán de supremacía del
Gobierno sean compensados por el crecimiento y se mantenga entonces la base electoral del Frente para la Victoria (FPV) permitiéndole designar “tranquilamente” un sucesor.
El otro extremo (explosión) es que la inflación, una forma perversa y desplazada de disputa social, encrespada y montada sobre la inflación mundial, erosione al grupo dirigente y que, concomitantemente, la clase política restante dé un paso al abismo del sálvese quien pueda alentando imágenes de ingobernabilidad y apañando relevos que, por cualquier vía, darían espacio a la coalición revanchista y vengativa de los que han ido acumulando facturas contra el grupo gobernante (desde la agrupación Odio y Rencor Justicialista, hasta la de los defensores de la mano blanda para con los delincuentes que violaron la Constitución, desde los Movimientos de Trabajadores Desocupados de las fuerzas del caos hasta los abogados constitucionalistas). Como todo cambia de lugar (aun en la calma), y nadie se priva de aprender, de acumular reflexivamente efectos de las coyunturas atravesadas, es probable que no se pueda jugar ni a que no pasa nada, ni a que puede pasar cualquier cosa. Tal vez sea así, sobre todo esto último, si algunos elementos del repertorio fijo comienzan a cambiar.
Un ejemplo de ese repertorio fijo es la falsa disyuntiva que desata el voto de las clases medias entre políticos y analistas (todos alineados). La idea de que su sesgo sistemáticamente antigobierno, interpretado como mezcla de gesto casquivano y “gorilismo”, puede encontrar constatación en el hecho de que las clases medias votan interpeladas y movilizadas por motivos que en buena parte son los del antiperonismo clásico: calidad institucional, énfasis en los valores democráticos y en las instituciones republicanas, crítica de la demagogia distribucionista que en los últimos años cobra forma de gran batalla contra el “clientelismo”. Un cuestionamiento de esa lectura no es difícil: las clases medias (que son plurales y diversas) no se sienten necesariamente amenazadas como por el peronismo del ‘45, y muchas veces se aprovechan de los gestos de seducción que el kirchnerismo les ha prodigado sin correspondencia (mucho más cuando éste al manejar con culpa sus errores no forzados en el campo político tiende a reproducir su incapacidad de movilizar a estos grupos a su favor oscilando entre la insistencia mecánica en el acoso y el rechazo resentido). Pero este cuestionamiento es tan parcial como la posición que critica: no es casualidad que haya tanta sistematicidad en los blancos y estilos de crítica de una oposición que muchas veces, no siempre, no logra trascender los límites del señoragordismo. Ahí también se halla el problema de la fijeza de los repertorios que por ahora canalizan las ansiedades políticas de la sociedad.
Las dos posturas respecto del supuesto “gorilismo” hallan su parte de verdad en una premisa que no logran abarcar por completo desde sus posiciones: las identidades políticas no son todo pasado ni todo presente. Los ciudadanos de las clases media (como los de todos los grupos sociales) se componen
complejamente de capas muy variadas, están hechos de conjugaciones de narraciones muy diversas en las que conviven el viejo relato gorila que machaca con la leyenda negra del peronismo y el efecto combinado de los relatos de los ‘80 y los ‘90, que interpela a cada ciudadano de las clases medias como sujeto de derecho y de méritos que el Estado, y los gobiernos, casi siempre peronistas, ignoran y burlan. Porque las identidades políticas son combinaciones inestables de distintas temporalidades y porque algunos sujetos pueden encarnar mas fácilmente algunas dimensiones de esa complejidad que otras, puede entenderse que aun cuando este peronismo no sea el que ofendió a una parte de las clases medias de la mano de Apold, reciba las mismas respuestas que aquél y que se le endilgue fraude (!!!) con convicción, ante un simple zafarrancho de boletas. El peronismo no está exento de las mismas probabilidades de reacción parcializante: sólo una composición específica y discutible, contingente y reelaborable de sus
posibilidades identitarias lleva a que sus dirigentes se encapsulen en el papel de la bestia negra que habita la pesadilla de sus contrincantes (remember Herminio Iglesias). Lo hace toda vez que confunde las críticas al “estilo” de Guillermo Moreno con confirmaciones de su carácter amenazante del establishment. Que muchos estén atrapados en los fantasmas del ‘55, de uno y otro lado, en el análisis y en la práctica política es todo un dato.
Pero la renovación de la matriz debería afectar tanto el análisis de los pasados lejanos y recientes como el repertorio de interacciones que regula las relaciones entre el gobierno y las oposiciones para evitar el extremo de la explosión. El kirchnerismo, su núcleo duro, más ágil y más dinámico, supo percibir la singularidad de los nuevos tiempos con sensibilidad. Por algo Kirchner buscó como buscó, y por donde buscó, la adhesión de la población, incluida la de las clases medias, cuando generó políticas como las de
reactivación de la justicia por las violaciones a los derechos humanos, cuando impulsó criterios que otrora hubieran parecido ingenuamente nacionalistas en la renegociación de la deuda externa, o cuando tomó distancia del pejotismo. No sólo es el hecho de que las clases medias son ariscas a la seducción peronista lo que agota el potencial de incorporación de las mismas a la base electoral del Presidente. Tampoco el hecho de que éstas se aprovechan de la nobleza del presidente que los beneficia, tomando
ventaja sin comprometerse. La distancia entre estos grupos y el FPV se agiganta y los esfuerzos de seducción encallan toda vez que el kirchnerismo hace movidas en el sentido correcto, pero con los lenguajes indebidos. Atrae dirigentes de otras fuerzas pluralizando su frente, pero los calla o los
disciplina porque, tanto como los opositores tienen una dimensión gorila desde la cual no pueden evitar reaccionar, el núcleo del Gobierno descree de las deliberaciones de cualquier tipo y nivel. No le será fácil cambiar de repertorio porque para el kirchnerismo ceder poder e iniciativa, mucho más que un problema, es un pecado. Sienten que si lo hacen pierden una dignidad que les será reclamada por la historia y además aprovechan debidamente los beneficios de semejante acumulación de responsabilidades. Otro mecanicismo político lleva al kirchnerismo a perder el poder que ansía: abandona la Capital a su suerte entre la desesperanza y la condena y con ello renuncia a lo que renuncia más veces de las necesarias: a comprometer alteridades con parte de sus políticas, a generar lealtades más sólidas que las que genera la cooptación y la muchas veces pornográfica exposición de las efectividades conducentes. En fin, resulta preocupante que atrapado en la discusión de los “centros urbanos” versus el “pobrerío” (mal planteada, técnica y políticamente) abandone la porción de la clase media a la que con sólo dejar de amonestar y desconocer podría tener a su lado. Nada de esto es necesario que siga siendo así, pero no sabemos si la elite kirchnerista será capaz de hacerse cargo de inhibir algunos de los impulsos que entorpecen su productividad política.
Por otro lado, pueden esperarse inhibiciones del lado de las oposiciones: la actitud de Roberto Lavagna, la de una parte del ARI que no está dispuesto a cualquier cosa para ganar espacio y no percibe que éste sea un gobierno que debe ser echado a patadas, las necesidades de algunos dirigentes que gobiernan, hacen que pueda ceñirse la rabiosa ceguera que alía en combustión a los excluidos del esquema kirchnerista y su consiguiente imposibilidad de pensar en el largo plazo, con los indignados que le dan volumen a ese fuego.
El estímulo de la ganancia posible podría permitir, si no la autocontención del mundo corporativo, la sujeción del mismo a reglas que sólo podrían establecerse con los consensos y las concesiones que las hagan respetables y exigibles. Y este estímulo debe provenir tanto de la renovación de las relaciones entre gobierno y oposición como del hecho de que el cambio de coyuntura, al que los opositores proponen como único factor explicativo de la bonanza, no admitiría traumas políticos graves sin precios. La misma
coyuntura que parece alejar la evolución de la Argentina de los ciclos de stop and go que comprometían rápidamente las fases de expansión de la economía, puede ser la plataforma de comportamientos políticos que tal vez puedan cambiar. Sin abandonar la confrontación, sin resignar banderas, el cambio de repertorios podría hacer que, con todo el encono que sea legítimo, las fuerzas políticas dejen de engañarse disfrazando de ética de la responsabilidad (“así no se puede seguir”/”otra cosa no se puede hacer”) sus habituales desbarranques por la ética de los últimos días de Pompeya.

* Sociólogo.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-94397-2007-11-09.html

Domingo, 11 de Noviembre de 2007
LA IGLESIA CATOLICA, PASADO Y PRESENTE

Santa sumisión*

La beatificación del hijo de un cacique vencido en la expedición del Ejército a la Patagonia en el siglo XIX sacraliza el rol de la Iglesia Católica como sustento dogmático de la represión. Coincide con su reticencia a formular un liso y llano mea culpa por la conducta de su Episcopado durante la guerra sucia contra la sociedad argentina en la última dictadura.
Ceferino murió adolescente, víctima de la tuberculosis, contagiada en las tolderías por soldados y misioneros.

*Por Horacio Verbitsky

Ceferino Namuncurá, quien hoy será beatificado en Chimpay, Río Negro, era hijo del cacique mapuche Manuel Namuncurá, quien el 5 de mayo de 1884 se sometió a las tropas del general Julio Roca. Fue mediador de su rendición el misionero salesiano Domingo Milanesio, quien en la Nochebuena de 1886
bautizó a Ceferino, en Chimpay. Sobre la humillación, escarnio: el Ejército vencedor concedió a Manuel Namuncurá ocho hectáreas de tierra y el grado de coronel y la Iglesia Católica elevará a uno de sus hijos a los altares. La beatificación de Ceferino sacraliza el rol de la Iglesia Católica como
sustento dogmático de la represión contra los sectores subordinados de la sociedad. Coincide con la ostensible dificultad de esa institución para efectuar un liso y llano mea culpa por el comportamiento de sus jerarcas durante la guerra sucia militar contra la sociedad argentina del siglo pasado, pese a que entre sus miembros actuales sólo quedan dos de los integrantes de aquel entonces. Las campañas de Roca y de la última dictadura consolidaron grupos de poder decisivos y nuevas formas de inserción en el
mercado mundial.
El padre de Manuel y abuelo de Ceferino fue Juan Calfucurá. Mantuvo durante décadas una relación de paz armada con el gobierno bonaerense de Rosas, a quien apoyó con hombres de combate en la batalla de Caseros de 1852. Luego de la victoria de Urquiza, Calfucurá le envió a su hijo Manuel Namuncurá,
quien fue convertido al catolicismo en Paraná. Calfucurá murió en 1873 y su tumba fue profanada por “la soldadesca” del Ejército, según la calificación del canciller Estanislao Severo Zeballos. Junto a los restos del último soberano de la pampa exhumaron los de su caballo, diversas armas y veinte botellas de anís, caña, ginebra, aguardiente, licor de manzanas, cognac y agua, lo que a su juicio revela que estos indios “conservan una noción oscura de la inmortalidad del alma”. La tropa del general Levalle, dice
Zeballos en sus Episodios en tierras del sur, “había trabajado medio día al rayo del solazo de esta época y encontró en las botellas un refrescante que debió parecerle tan delicioso como los helados de la confitería del Aguila.
En un instante fueron agotadas las botellas de las bebidas del finado, que estaban herméticamente cerradas y cuyos tapones volaban con gollete, bajo el lomo de los puñales”. Zeballos llegó a reunir una colección de 150 cráneos que varios coroneles de Roca le traían como regalo para su museo privado
junto con objetos de plata y con las varias cajas del importante archivo del cacicazgo de Salinas Grandes, saqueados a estos “salvajes”, como los llamaba, que tenían una oscura comprensión del espiritualismo católico.
Contrastes
El escritor católico Manuel Gálvez, quien llamó a Ceferino El santito de la toldería, se sintió obligado a explicar hace sesenta años por qué había decidido escribir la biografía de “un oscuro indiecito que pasó ignorado por este mundo y que nada hizo de importante”. Sus argumentos son notables: “Más que la virtud de Ceferino y que sus formidables antepasados, me ha atraído el contraste entre el ambiente en que nació, la pampa bárbara, y el ambiente en que vivió, la Roma de Pío X. No, no ha habido en el mundo, nunca jamás, una posición igual. En la pampa de Calfucurá y de Namuncurá, sangre, violencias, saqueos, latrocinios, corrupción, ignorancia absoluta, paganismo. En el ambiente que rodeó a Ceferino en sus últimos meses, la Iglesia de Cristo, la bondad del Santo Padre, la cultura latina y cristiana.
Con pocos años de diferencia, el hijo de la Pampa, que oyera entre los suyos los relatos de los malones, oirá la palabra del representante de Cristo y las voces maravillosas del órgano en San Pedro del Vaticano. ¿No es un milagro eso de haber pasado desde los ranchos junto al Collon-Curá hasta la
capilla Sixtina, decorada por Buonarroti?”.
Capellanes y coroneles
Las relaciones políticas y económicas entre pobladores originarios e inmigrantes blancos eran tan intensas que en las guerras civiles entre Buenos Aires y la Confederación cada bando criollo tenía aliados indígenas: Mitre con Catriel, Urquiza con Calfucurá, que atacaba las estancias bonaerenses en apoyo a la estrategia del entrerriano. Calfucurá batió a Bartolomé Mitre en Sierra Chica y en San Jacinto.
En 1872 el arzobispo de Buenos Aires Federico Aneiros había creado un “Consejo para la Conversión de los Indígenas al Catolicismo” que en los años siguientes envió misiones pacíficas a bautizar en los asentamientos fronterizos de Cipriano Catriel, Melinao, Raylef, Coliqueo y Namuncurá.
Todo cambió cuando Roca inició su campaña de exterminio y le pidió al arzobispo Aneiros la designación de capellanes que acompañaran a las tropas.
Los misioneros partieron en el mismo tren que Roca y su Estado Mayor, despedidos por el repique de las campanas de las iglesias de Buenos Aires ordenado por Aneiros para saludar a los expedicionarios. El sacerdote Santiago Costamagna confió sus preocupaciones al creador de la sociedad de San Francisco de Sales, Juan Bosco. Roca había ofrecido la protección militar a los sacerdotes “y nosotros inclinamos la cabeza y partimos en calidad de misioneros y capellanes militares”. Su incomodidad por el uso de
medios tan poco evangélicos como las armas no llegaba a poner en duda su participación en la campaña: “¿Qué tienen que ver el ministro de guerra y los militares con una misión de paz? Mi estimado Don Bosco, es necesario adaptarse por amor o por la fuerza. En esta circunstancia la cruz tiene que
ir detrás la espada. ¡Paciencia!”.
Pocos meses antes se había conocido que uno de los hermanos de Roca había hecho fusilar a más de medio centenar de indígenas. Rudecindo Roca en su parte de campaña los había dado por muertos en un enfrentamiento con sus tropas. Pero el diario La Nación reconstruyó en base a testimonios y
publicaciones de diarios del interior que eran prisioneros que habían sido encerrados sin armas en un corral. Para el diario que Mitre había fundado ocho años antes, se trató de un “crimen de lesa humanidad”. Los partes militares estudiados por la antropóloga Diana Lenton también dan cuenta del
secuestro de chicos, la matanza de prisioneros, la violación sistemática como arma de guerra, la prostitución forzada como botín de los soldados.
El vicario general y futuro arzobispo de Buenos Aires Mariano Espinosa y los salesianos Costamagna y Luis Botta llegaron con la vanguardia del Ejército hasta el río Colorado, donde oficiaron misa. En el camino iban convirtiendo a los indígenas que quedaban con vida. Cumplían así con una parte del
mandato constitucional (“Proveer a la seguridad de las fronteras; conservar el trato pacífico con los indios, y promover la conversión de ellos al catolicismo”).
El coronel Manuel J. Olascoaga vio en la ceremonia “los sentimientos más puros, elevados y nobles: la religión, el patriotismo y la esperanza de los grandes destinos prometidos a la Patria en aquel escenario que servía de templo”. Según Roca esos desolados campos se convertirían en pueblos florecientes en los que millones de hombres vivirían ricos y felices.
Ricos y felices vivieron menos de dos mil personas, entre ellos altos jefes o proveedores del Ejército, como el propio Roca y sus hermanos Ataliva y Rudecindo, entre quienes se repartieron millones de hectáreas de tierra.
Roca reforzaba la fidelidad militar con la entrega de enormes superficies arrebatadas a los pobladores originarios pero también a los pioneros blancos de la frontera que su Ejército arrasó.
Las memorias de uno de los oficiales de esa campaña, el comandante Manuel Prado, cantan a los “pobres y heroicos milicos”, cuyos restos se blanqueaban confundidos con las osamentas del ganado, a orillas de las lagunas o en el fondo de los médanos, mientras la tierra pública era “marchanteada en concesiones fabulosas de treinta y más leguas” que caían bajo “la garra de favoritos audaces”, que formarían el núcleo de la oligarquía.
Costamagna, uno de los capellanes salesianos que llegaron al Río Negro para catequizar a los vencidos, consignó: “La miseria en que los encontré es algo impresionante”. Una foto tomada en 1879 en el Fortín Puan simboliza el ambiguo rol de la Iglesia. De un lado posan en sus uniformes (que en la placa se ven grises) Roca y sus coroneles Olascoaga, Villegas, Vintter, García, Pico y Cerri, y del otro, solitario y el único con vestimentas blancas, el cacique Pichi Huinca. Entre ambos, de riguroso negro eclesiástico, el obispo Espinosa y el presbítero Costamagna. En 1883, Milanesio y su colega Giuseppe Fagnano denunciaron los “agravios a las garantías de los vencidos”, pero sólo en cartas que enviaban a Italia,
mientras en el país actuaban como parte de un “bloque civilizador” unido.
Hasta el propagandista contratado por Roca para exaltar su gesta consignó que de los 4032 muertos y prisioneros hechos por el Ejército sólo 911 “son de pelea, los demás de chusma”, es decir, mujeres y niños.
Aunque la Iglesia apoyó la campaña, los salesianos querían convertir a los indígenas y asentar colonias agrícolas en el lugar. Esto provocó agresiones contra la misión salesiana en Patagones, cuyos muros fueron pintados con consignas anticlericales. Un grupo liberal apoyado por el general Lorenzo
Vintter agravió a Fagnano y le exigió que se alejara.
La oligarquía y el Ejército tenían otro plan, que los salesianos estorbaban: los hombres debían trabajar en condiciones de esclavitud en los ingenios azucareros de Tucumán (la provincia natal del presidente Avellaneda y de su ministro y sucesor Roca), las mujeres y sus hijos como sirvientes de las familias prominentes de Buenos Aires, las mismas que se repartieron las tierras arrebatadas a sus pobladores.
Esto condicionó el desenvolvimiento posterior de la sociedad y la economía, porque la tierra también quedó fuera del alcance de los inmigrantes atraídos por el programa de Sarmiento y Alberdi. No hubo colonización agrícola de pequeñas propiedades que producen para el mercado interno como en Estados
Unidos, sino gran latifundio de exportación hacia el mercado británico, del que se importaban todas las manufacturas.
Para financiar la expedición de Roca, se contrajo un millonario empréstito.
El endeudamiento fue ya entonces el gran mecanismo reciclador de las relaciones de poder, porque unos gozaron del crédito y otros lo pagaron.
Sarmiento lo resumió el año del nacimiento de Ceferino con una paráfrasis despiadada del Himno Nacional:
“Calle Esparta su virtud,
sus hazañas calle Roma.
¡Silencio! que al mundo asoma
la gran deudora del sur”.
Ceferino inició una carrera religiosa en Viedma y en Buenos Aires, bajo la orientación del salesiano Juan Carlos Cagliero, con quien luego viajó a Italia. Su propósito era proseguir sus estudios, ordenarse sacerdote para ayudar a su pueblo y tratarse de la tuberculosis, una de las enfermedades contagiadas a los pueblos originarios por soldados y misioneros y que, como consignó Fagnano en sus anotaciones, diezmó a la población aborigen que los salesianos reunieron en su misión de La Candelaria, en Tierra del Fuego. En Turín, Ceferino fue recibido por la reina y la princesa de Saboya, y en Roma por el papa Giuseppe Sarto, el implacable Pío X, denunciador de modernistas y católicos sociales, quien le regaló una medalla. Todos los relatos hagiográficos destacan la complacencia del Pontífice al escuchar al humilde
aborigen expresarse en italiano. Ceferino agonizó sin quejarse y murió en 1905, a los 18 años.
Los Tornquist
Sus restos fueron repatriados en 1924 por gestión del salesiano Adolfo Tornquist, heredero de una familia de íntima vinculación con la guerra al indio. Era hijo del ingeniero belga Ernesto Tornquist, cuya empresa de transporte Villalonga condujo de ida las provisiones para los soldados expedicionarios que conquistaron esas tierras y llevó de vuelta a los indígenas capturados como mano de obra esclava a Tucumán. También construyó el ferrocarril de Tucumán a Rosario y financió la construcción del puerto de Rosario, para exportar el azúcar producido en esas condiciones. Cuando Roca fue presidente le brindó tres ministros de Hacienda que eran gerentes de sus empresas, tal como haría Acíndar en 1976 con su presidente José Alfredo Martínez de Hoz. La Administración Tornquist, instalada en uno de los
pueblos que se fundaron durante la campaña, recibió la asistencia espiritual de los salesianos. Milanesio celebraba misa, predicaba, confesaba, administraba los sacramentos y catequizaba en la sala más amplia de la sede empresarial. El propio Roca asistió a la bendición de una capilla construida por Ernesto Tornquist. Su hijo Adolfo ingresó a la orden de Don Bosco y fue donante para la construcción de algunos de “los más suntuosos edificios modernos de Roma”, según el admirativo comentario del embajador argentino Carlos de Estrada. En 1934, año del Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Buenos Aires, la Santa Sede agradeció “la generosidad del salesiano Adolfo Tornquist”, que permitió erigir “con dinero argentino” el Instituto Pío XI de Roma. Dos años antes el rector de la Universidad
Pontificia Gregoriana rindió homenaje de gratitud a “los hijos de la noble Nación Argentina” que “ocupan el primer lugar sobre todos los demás benefactores”. Cuando llegaron al puerto de Buenos Aires, los despojos de Namuncurá fueron conducidos de regreso a la Patagonia por la empresa
familiar de los Tornquist, el Expreso Villalonga. Modelo de sumisión, el beato es recordado por la Iglesia como “el lirio de las pampas”. Ni la información eclesiástica ni los artículos de prensa sobre la beatificación dispuesta por Benedicto XVI mencionaron las relaciones de la Santa Sede con
la oligarquía argentina ni el proceso social y económico que llevó al indiecito bueno de las tolderías de la Patagonia hasta Roma y luego de su muerte, a la puerta del santoral.
Corrección política
La Iglesia argentina no suscribiría hoy las despectivas palabras de Manuel Gálvez de 1947. Por el contrario, intenta reescribir la historia de Ceferino en los términos de una pastoral popular políticamente correcta. Por eso, parte de la beatificación, a las 11 de hoy, será en mapuche, para honrar los orígenes del beato. En julio de este año, los obispos activos y jubilados de la región Patagonia-Comahue (Marcelo Melani, Néstor Navarro, Fernando Maletti, Virginio Bressanelli, Esteban Laxague, Juan Carlos Romanín, José Pedro Pozzi, Alejandro Buccolini, Miguel Esteban Hesayne y Pedro Ronchino) sostuvieron que Ceferino era, como Cristo, un signo de contradicción: “En una sociedad donde se proclama la supremacía de la raza blanca él afirma la igualdad de todas las razas; en una sociedad donde se aprecia el valor de la violencia y de la fuerza física, él manifiesta el valor del amor y del
perdón”. Agregaron que siguiendo a Jesús, Ceferino “presenta una alternativa a nuestra sociedad consumista y que excluye a muchos. En una sociedad que despreciaba a los aborígenes, que había hecho de la Campaña del Desierto una epopeya de la civilización contra la barbarie, se presenta este joven sin poder, sin dinero, sin títulos, sin odio. Es un indio que ha perdido todo, pero que mantiene su cultura, sus valores, su espíritu de comunión con los demás y su férrea voluntad. Es pobre de medios materiales, pero es rico de virtudes y de actitudes que hacen de él un modelo nuevo y distinto, ejemplo para todos”. Su cultura y sus valores son, precisamente, aquello a cuyo despojo contribuyó la Iglesia Católica. El Episcopado agregó el viernes que Ceferino transmitía un mensaje de reconciliación, la palabra en código por impunidad.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-94491-2007-11-11.html

-Enviado para compartir por Ruben Vedovaldi vedonet@netcoop.com.ar

Correo:

*

Me enteré por Inventiva Social, más o menos, de lo que fueron las elecciones por allá y eso de las boletas faltantes… Y me recordó a lo que ocurrió por acá (México) en julio del año pasado (2006), que se efectuaron las elecciones presidenciales para mi país: los dos principales candidatos uno del partido político actualmente en el “poder”, y el otro que representaba la oposición (socialdemocracia, en realidad). El chiste (porque eso pareció) fue que el candidato de la oposición iba ganando según los conteos “no oficiales” y justo cuando parecía que habría cambio de rumbo político aquí, que resulta que el modelo estadístico para ir siguiendo la tendencia en las votaciones no pudo generar valores de significancia entre uno y otro candidato y ya no podía ser informada la población del curso en éstas; y cuando lograron por fin tener (a nivel nacional) datos confiables, ya iba ganando el candidato del partido oficial (que antes iba perdiendo)y aún faltaban algunas casillas por computar… Y que termina ganando este candidato del partido oficial (actual presidente de México); pero después se supo que se había desaparecido una que otra casilla, que en unos distritos electorales el conteo había sido errado (principalmente a favor del ganador), y otros tantos etcéteras que hicieron hablar de “irregularidades” en las elecciones. Para no hacer el cuento largo, el Tribunal Federal Electoral (el aparto burocrático al rescate) se reunió para calificar las elecciones y su decisión (inapelable) fue: “en las elecciones para presidente de la República Mexicana hubieron irregularidades, pero fue legal”… De lo que se puede interpretar que en efecto hubo trampa, pero es permitida… Uno ya no sabe si reírse o llorar ¿no? Pero así están las cosas, aquí y allá.

Bien, te mando mis más sinceros y cordiales saludos.

Hasta pronto.

*de hugo ivan quetzal.hi@gmail.com

*

Queridas amigas, queridos amigos:

El domingo 11 de noviembre del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor mexicano Salvador Torre. Las poesías que leeremos pertenecen a Cristina Pizarro (Argentina) y la música de fondo será de Bandolas de Venezuela. ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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Noviembre 7, 2007 por inventivasocial

Rabo de nube*

*Silvio Rodríguez

Si me dijeran pide un deseo,
preferiría un rabo de nube,
un torbellino en el suelo
y una gran ira que sube.
Un barredor de tristezas,
un aguacero en venganza
que cuando escampe parezca
nuestra esperanza.

Si me dijeran pide un deseo,
preferiría un rabo de nube,
que se llevara lo feo
y nos dejara el querube.
Un barredor de tristezas,
un aguacero en venganza
que cuando escampe parezca
nuestra esperanza.

1978

*Fuente: http://www.patriagrande.net/cuba/silvio.rodriguez/discografia/rabo.de.nube.html#rabo.de.nube

No es sólo por un pedacito de tierra…

En viaje*

Hice el corto viaje, que va desde el aeropuerto al centro de La Habana, en micro. Me encontré en una dimensión intraducible. Parecía una reunión de familia o mejor de amigos, amable y ambulante, todos hablaban entre ellos y conmigo. El chofer, la boletera, los que ocupaban asientos cercanos, dejaron esbozadas pequeñas historias. Un marido músico, una comida que le habían encargado a la señora mayor, una adolescente que asoma la alegría del cuerpo desde una foto.
A veces pellizcaba un poco de paisaje pero poco
Isla nómada que me lleva al barrio viejo, en una isla que custodia los últimos sueños, en un mundo como una isla a la deriva del mercado.
Un mar, una sonrisa, un pueblo, un viaje. Lo puedo contar con palabras, la gente quiere números. Sobre todo hablando de Cuba. Las cifras de la pobreza en Chiapas, Santo Domingo, Guatemala, no interesan.
Muchos quiere saber cuanto ganan, qué compran con lo que ganan. Algunos tienen números que corren debajo de la piel, como una sangre aritmética.
Nombro un pequeño viaje, todos ayudando a la mujer con niño y bolso, mujeres y hombres con la mirada alta y digna, sonrisas cálidas como si me hubieran conocido desde siempre y el mar un compañero más. .
Es tanto, tan diverso. Es difícil. Explicar como se vive sin violencia.
Los saludé, los conocía desde siempre de verdad, eran algo querido mío
Me fui a caminar la ciudad de las columnas.
Lo cuento sin números, tal vez no interese.
O tal vez…
No hay que abandonar lo que está vivo.

*de Cristina Villanueva. pluma@velocom.com.ar

Sobre un Estado en mal estado*

06/11/07

*Por Oscar Taffetani

(APe).- Hay una humorada de café atribuida a James Joyce: “Ya que no podemos cambiar la realidad, cambiemos de conversación”.
Ciertos funcionarios argentinos parecen estar en una mesa de café y tener esa clase de pensamientos.
No en una mesa de exiliados, como Joyce, lejos de su patria y asistiendo a la preparación de una guerra, sino sentados confortablemente en las butacas de sus despachos, examinando los reportes y estadísticas que otros burócratas, de alguna oficina del Estado (pongamos, el INDEC) elaboran para tranquilizar a los gobernantes.
La aplicación de la humorada de Joyce a los Objetivos del Milenio sería más o menos así: “Ya que no podemos cumplir con el objetivo número uno de erradicar el hambre y la pobreza extrema, entonces dediquémonos a otros objetivos…”
Es el razonamiento de un colegial que quiere aprobar a toda costa una materia: “ya que la bolilla del hambre no la sé y no alcanzo a estudiarla, entonces preparo las otras, que igual me dan puntaje”.
Imaginemos que para 2015, cuando los países firmantes de la Declaración del Milenio (que consiguieron créditos y ayuda internacional por ello) deban presentar ante las Naciones Unidas sus informes sobre el cumplimiento de los Objetivos, la Argentina dirá -como un mal alumno o una maestra indulgente- que “no alcanzó todos, pero hizo el esfuerzo” y que “merece la promoción”…
Un triste escenario, que lamentablemente es posible: ver a los funcionarios del Estado argentino rindiendo, ante un organismo diplomático internacional, las cuentas que antes debieran haber rendido ante su propio pueblo, por incumplir con sus deberes y por dejar que en el granero del mundo y en el gordo país de la carne, fueran asesinados de hambre miles de niños e hijos de la pobreza.
La palabra genocidio, descontamos, no estará en las carpetas de esos funcionarios, ni en sus diapositivas. “Esa palabra -dirán ellos- corresponde a otras carpetas y otras diapositivas, a presentar en el próximo Foro de Derechos Humanos…”

El hambre y sus cómplices
“Desde el Gobierno admiten que la Argentina no podrá erradicar el hambre y la indigencia”, titulaba hace unos días un cable de la agencia DyN. La preocupante noticia se originó en un seminario organizado por el Centro de Informaciones de las Naciones Unidas, en Buenos Aires.
Allí, Luis Di Pietro Paolo, funcionario que reemplazó a Matilde Morales en la Coordinación Técnica del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales, dependiente del Ministerio de Desarrollo Social, explicó a un grupo de periodistas cómo fueron “adaptados” los ODM (Objetivos del Milenio) a la realidad argentina.
La meta de “Erradicar la pobreza extrema y el hambre” se convirtió en “Erradicar la indigencia y el hambre y reducir la pobreza a menos del 20%”.
“Asegurar en todo el mundo la enseñanza primaria universal” se convirtió en “Asegurar que en 2010 todos los niños argentinos puedan completar la Escuela Secundaria Básica”.
“Reducir la mortalidad infantil” (Objetivo Nro. 5) se convirtió en “reducir en 3/4 partes la mortalidad de menores de 5 años y en un 10% la desigualdad entre las provincias”.
Ahora bien, el señor Di Pietro Paolo, luego de afirmar que la Argentina, en materia de Objetivos del Milenio “está bien”, y que la mayoría de los Objetivos serán alcanzados, observó que el “núcleo duro” del hambre y la indigencia (situación que, según el INDEC, afecta al 8,2% de la población argentina) no podrá eliminarse en los años que faltan para 2015, ya que se trata de “pobreza estructural”.
Luego, en relación con la meta de la Enseñanza Secundaria Básica, admitió que los datos publicados recientemente en un diario, sobre abandono y deserción de la escuela secundaria, siembran dudas sobre el cumplimiento del Objetivo.
En cuanto a la corrección de las asimetrías y las desigualdadees entre las provincias argentinas, el dato aportado por el citado funcionario de Desarrollo Social fue también descorazonante: a la fecha, hay catorce provincias argentinas que ni siquiera adhirieron a las Objetivos del Milenio.
Para terminar su exposición, Di Pietro Paolo habló de “desafíos pendientes”, como reducir en 2/3 la tasa de mortalidad materna y aumentar la participación de la mujer en niveles decisorios…
Sugestivamente, entre los “desafíos pendientes” no figuran la erradicación del hambre y la pobreza extrema.
“Ya que no podemos cambiar la realidad -dijo Joyce en una mesa de café- entonces cambiemos de conversación”.
Claro que Joyce no era funcionario de ningún gobierno. Ni engrosaba carpetas ni estadísticas con el hambre del pueblo de Irlanda. Joyce era un perfecto desterrado.
En eso se parecía a los millones de pobres extremos de la Argentina a los que ciertos funcionarios han decidido dejar afuera, incluso, de los Objetivos del Milenio.

Edición: 1138
*Fuente: http://www.pelotadetrapo.org.ar/

Nostalgia*

A Ítaca volví; fue mi destino.

Largo tiempo vagué sin otra idea
que retornar a sus doradas costas.
Hubo noches de fiebre, dolorosas heridas,
desesperadas horas de silencio.

Es cierto, sí, que padecí la cólera
del feroz Poseidón y del exilio;
que velé eternas noches para no perecer.

Mas al fin regresé: fue mi destino.

Atrás quedaron cíclopes y cantos de sirena;
lejos ya en la memoria, la divina Calipso,
la funesta Caribdis y Circe, la hechicera.

Pero hay atardeceres melancólicos
que me traen aromas de ese tiempo;
mirando al horizonte y al pasado
siento el ardor del viejo navegante.

A Ítaca volví; fue mi destino
mas hoy siento nostalgia de la espuma
del viento, de la sal, de la resaca…

*de Sergio Borao Llop. sergiobllop@yahoo.es
http://sbllop.blogia.com

AUDIENCIA PUBLICA CON DELEGADOS DE LOS GOBIERNOS NACIONAL Y PROVINCIAL

La Corte, insatisfecha con los informes sobre la situación de los aborígenes en el Chaco*

Había ordenado asistir a comunidades indígenas de El Impenetrable, donde ya hubo 20 muertes.

*Por Sibila Camps scamps@clarin.com

EN RIESGO. MIEMBROS DE LA COMUNIDAD TOBA, UNA DE LAS AFECTADAS POR LAS CONDICIONES SANITARIAS Y ALIMENTARIAS.

Los ministros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación no parecieron conformes con las explicaciones recibidas de las autoridades chaqueñas y nacionales. El 18 de setiembre les habían ordenado proveer de agua potable, alimentos, comunicación y transporte hasta los puestos sanitarios, a las comunidades indígenas de los departamentos General Güemes y General San Martín. Pero su rendición de cuentas, en audiencia pública, resultó insuficiente a los jueces.
El defensor Eduardo Mondino había presentado un amparo ante la Corte, al conocerse el elevado número de muertes y de casos de desnutrición en poblaciones aborígenes. Ayer, mientras se realizaba la audiencia, el doctor Rolando Núñez, del Centro de Estudios Nelson Mandela, informó que las muertes de indígenas en esa zona en los últimos cuatro meses ya llegan a 20.
A un mes y medio de la medida cautelar de la Corte, la provincia y la Nación fueron a informar cómo cumplieron sus órdenes. Pero antes, los ministros aceptaron escuchar al dirigente toba Egidio García, y a Orlando Charole, presidente del Instituto del Aborigen Chaqueño. Precisamente el IDACH solicitó a la Corte participar en la solución de fondo del problema, y hacerla extensiva a todas las poblaciones toba, wichí y mocoví de la provincia.
García pidió permiso para hablar en toba, pero la jueza Elena Highton respondió que no contaban con un traductor oficial. No le costó hacerse entender: “No queremos más papeles, queremos acciones. No queremos más informes. En la práctica, mi pueblo se sigue muriendo de hambre”.
Charole fue firme a pesar del “exceso de temblor” en la voz, emocionado al ser escuchado por el Tribunal y al recordar a su tía Mirta, una de las personas fallecidas en estos meses. Ante la pregunta del presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, denunció la falta de fondos del IDACH para atender a los 60.000 indígenas de la provincia, ya que el 80% del presupuesto se va en sueldos. “Incluso hay una acción judicial donde lo hemos denunciado -contó-. Hemos pedido más mesura a la provincia, y no sostener tanta planta permanente”.
Las preguntas de los jueces -entre los que Lorenzetti llevó la voz cantante- fueron concretas y pacientes. Pocas recibieron respuestas precisas. El presidente del IDACH intentó describir a los pueblos toba y wichí de esa zona: no existe un censo completo de indígenas, las comunidades están dispersas, pero “están perfectamente localizadas y se puede llegar perfectamente a ellas”, así sea en bicicleta o a caballo.
El fiscal de Estado del Chaco, Osvaldo Simoni, y el ministro de Salud Ricardo Mayol, intentaron convencer con las diapositivas que tenían preparadas, acerca de todos los programas y todo el equipamiento que, aseguran, despliega el gobierno provincial. Sin perder la calma, los jueces los interrumpieron para reiterar las mismas preguntas de todas las formas posibles: “¿Cómo se llegó a esa situación, si hay planes, comunicación y accesibilidad? ¿Por qué se mueren esas personas? ¿Hay ineficacia en la implementación de los programas? ¿La medida cautelar de la Corte era innecesaria?”
Sólo el ministro Enrique Petracchi, en su única intervención, pareció harto: “Si un Estado no sirve para terminar con el hambre y la enfermedad, no sirve para nada”.
Liliana Periotti, subsecretaria de Políticas Sociales del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, dio cifras -también respaldadas en fotos- sobre los aportes en toneladas de alimentos y en litros de agua, “refuerzo a las políticas alimentarias de la provincia”. “Eso fue una sola vez, en abril”, aclaró Charole a Clarín.
Finalmente el secretario de Programas Sanitarios del Ministerio de Salud de la Nación, Walter Valle, puso blanco sobre negro: en el último mes, se detectaron 254 casos de desnutrición, 91 casos con sospecha de tuberculosis y 36 diagnosticados, 85 embarazos de riesgo, 53 discapacitados. Valle contó las medidas tomadas y los equipos, vehículos y fondos enviados al Chaco, en particular a esos departamentos: $6.588.679 entre 2006 y la primera mitad de 2007. “Hay un problema de gestión. Esta problemática debe tener un abordaje intercultural”, remarcó.
Observadores de la Corte evaluaron que, si bien en los primeros testimonios el problema no resultaba visible, al final quedó claro que existe, que hay cierto déficit en las políticas provinciales, y que no hay accesibilidad de todos los sectores a los planes. La Corte podría tomar más medidas cautelares y aconsejar la creación de un organismo para controlar su ejecución.

Antecedente
Tradicionalmente, al Instituto del Aborigen Chaqueño llegó una mayoría de dirigentes complacientes con el gobierno de turno. Este retribuyó contratando a allegados, que ahora devoran el 80% del presupuesto. En 2006, la actual gestión del IDACH reclamó por la larga lista de carencias. Hubo un acampe de cuatro meses frente a la intendencia de Villa Bermejito, cortes de ruta y una gran marcha. Culminó con una huelga de hambre colectiva dentro de la Casa de Gobierno, respaldada por una carpa en la plaza. Ante las promesas oficiales, a los 33 días los indígenas levantaron el ayuno. Ayer denunciaron que los acuerdos nunca se cumplieron.

http://www.clarin.com/diario/2007/11/07/sociedad/s-03201.htm

AUDIENCIA PUBLICA CON DELEGADOS DE LOS GOBIERNOS NACIONAL Y PROVINCIAL
Historias
“Polenta sin carne, y un poquito de fideos”

Sofía Quiroga, aborigen de la etnia wichí, tiene 44 años. Vive en Pozo del Toba, un paraje de Misión Nueva Pompeya. Enfermó de tuberculosis, tiene dos hijos y su compañero la abandonó hace tiempo. Convive con su hermano, Ricardo Quiroga, también enfermo y desnutrido. Pesa 48 kilos y es una de las tantas wichís desnutridas de la región. No cuenta con asistencia alimentaria estatal y vive de las pocas ayudas que le brindan sus familiares. Contó que ese día habían comido con su familia, “polenta, sin carne” y el día anterior “un poquito de fideos”.
Sofía y Ricardo se muestran amables pero hablan poco, se los nota incómodos. Tienen sin cubrir todas las necesidades, incluso las más básicas y elementales.
El puesto sanitario está a cargo de una agente indígena. Está recién pintado, pero es muy precario. Le falta casi todo para ser calificado como una instalación apta para brindar asistencia. Una parte de la pequeña edificación está en ruinas. No se la puede ocupar: el techo corre riesgo de derrumbe.
Norberto Quiroga, sobrino de Sofía, tiene 22 años. Hace algunos meses comenzó a enfermarse. Está internado en el hospital rural de Nueva Pompeya. Tiene tuberculosis y arrastra una desnutrición de grado II. Fue derivado al hospital de Castelli, para luego ser devuelto al hospital, sin asistencia de mayor complejidad. Regresó a Nueva Pompeya sin la documentación ni los informes médicos. Así funciona la red de salud.

CHACO. CORRESPONSAL

Tita, un futuro imperfecto

Tita Yorchi, aborigen de la etnia toba, nació en 1948. Tuvo seis hijos, de los cuales tres murieron. Acarrea una vieja tuberculosis y una severa desnutrición, que provocó que fuera internada varias veces, como lo está ahora. Pesa 32 kilos y no le dan la alimentación especial de 6.000 calorías diarias que su precario cuadro de salud exige. Almuerza la misma dieta, magra y escasa, que consumen los otros pacientes internados. Por lo tanto, no tiene verdaderas chances de curarse. Sin embargo, es probable que se le dé el alta hospitalaria.

http://www.clarin.com/diario/2007/11/07/sociedad/s-03204.htm

VISITA DEL DEFENSOR DEL PUEBLO, EDUARDO MONDINO, A UN HOSPITAL DE EL IMPENETRABLE
La recorrida que mostró una postal de “absoluto abandono”

*Por Eduardo López
Fuente: CHACO CORRESPONSAL

Acompañado de un grupo de técnicos -algunos de ellos siguen monitoreando la zona- Eduardo Mondino volvió al hospital más importante de la región, el de Castelli, se reunió con familias aborígenes tobas, comprobó que nada ha cambiado y que, si algo se modificó, fue para peor.
La actuación del Defensor del Pueblo fue clave para que la situación de los tobas del Chaco, algo de vieja data, trascendiera al resto del país y al mundo. Hace pocos días el ombudsman nacional reafirmó que se está “ante una crisis humanitaria” y que “continúa el exterminio silencioso de los pueblos aborígenes”.
En su recorrida, visitó el Paraje El Colchón, en la zona de Villa Río Bermejito, donde constató la gravísima situación a que están sometidos los aborígenes. “Desidia y abandono” fueron los términos que usó Mondino tras visitar el hospital de Castelli y calificar el estado en que se encuentra, donde los pacientes, la mayoría aborígenes y algunos pocos criollos pobres, conviven con sus enfermedades y con las moscas. El deterioro edilicio es impactante y en este marco están ubicadas las áreas más sensibles como las de cirugías y partos, donde la asepsia es algo desconocido.

Tras dialogar con comunidades, caciques y hasta una diputada aborigen electa -Inocencia Charole, que asumirá el 10 de diciembre-, en el paraje El Colchón, en la casa de Juan Sosa y bajo la sombra de un inmenso algarrobo, el resumen de su impresión es que “los aborígenes del Chaco están en el más absoluto abandono, conviviendo con sus únicas compañeras de vida que son la desnutrición, la tuberculosis, el Chagas y toda plaga que asole el Impenetrable chaqueño. Así, hasta la muerte”.

El Centro de Estudios Nelson Mandela, dirigido por el abogado Rolando Núñez, tiene sede en Resistencia y fue el promotor de sacar a luz esta situación que viven los aborígenes del Chaco. Núñez califica a la infraestructura del hospital de Castelli como una bomba sobre una gran cloaca y al referirse a los aborígenes enfermos dijo que “ninguno quiere ir porque sabe que entra y allí muere”. Enfatizó que “la red sanitaria del Impenetrable, al igual que el hospital de Castelli no sirven más. Eso es un cascarón, no un hospital. Hay que pensar en un nuevo hospital, en un nuevo sistema sanitario si se quiere solucionar el problema”.

http://www.clarin.com/diario/2007/11/07/sociedad/s-03301.htm

Santiago del Estero: IMPERIO CORRUPCIÓN*

El pasado 2 de noviembre grupos de operaciones especiales, infantería y judiciales ingresaron violentamente y allanaron comunidades y la Central Campesina de Quimilí del MoCaSE – Vía Campesina, en la Provincia de Santiago del Estero. Todos los efectivos ingresaron a los lotes encapuchados, armados, con chalecos antibalas y escudos. Los campesinos vienen denunciando amenazas de muerte, matanza de animales, usurpación de tierras, destrucción de pozos de agua por parte de terratenientes y grupos paramilitares privados. Un campesino fue detenido y otros 15 tienen cargos en su contra. Rubén, del Mo.Ca.S.E-VC no relata la injusticia que se vive en la Provincia y las consecuencias que sufren día a día por pelear en la defensa de sus territorios.

/// A las seis de la mañana se presentaron 25 efectivos, entre GETOAR, Infantería y el Departamento Judicial D-5. Primeramente lo hicieron en Lote 5, fueron a la casa de Domingo Leguizamón, donde ingresaron violentamente, rodeando el rancho, y ahí empezaron a sacar a los compañeros nuestros. Don Domingo Leguizamón es un hombre que tiene 69 años, que quedó hemipléjico por un problema de tierras, y lo tratan como si fuera cualquier persona común y corriente. Estaba él con dos de sus hijos, tomando mate con uno de los hijos, que padece de epilepsia. Y en ese momento al hijo lo tiraron al piso y el chico, por la emoción, empezó a tener convulsiones y la policía se dio cuenta que este chico estaba enfermo.
Después los separaron a todos. A la hija, que en ese momento todavía se encontraba durmiendo, la obligaron a levantarse rápidamente echándole gasoil en la cama. Eso fue lo que pasó en la casa de Don Leguizamón. Los separaron a todos. Los hicieron dar declaraciones. Y a Don Leguizamón lo llevaron detenido y hasta el día de hoy está incomunicado. Dentro de esta misma causa, hay pedidos de captura de otros compañeros más.
Luego, pasaron a la Comunidad del Lote 4 a buscar a otros compañeros, buscando a Aldo Aranda. Más ó menos a las 12.30hs estuvieron en el Lote 4, y en ese momento estaban solamente la mujer y los hijos y, amenazándo a la mujer, le preguntaron por el marido y por Pablo (su cuñado). Entonces, ella le dijo que el marido había salido a comprar.

Acepto dólares, cheques y tierras de terceros
Esto tiene que ver con que la semana anterior, nosotros hicimos valer nuestro derecho de legítima defensa. Hemos desalojado personas que estaban armadas intimidando al compañero Leguizamón. Estas personas no tenían ningún derecho de estar ahí, supuestamente los había contratado una
empresa de seguridad privada que se llama La Estrella, de Jorge Alfredo Salomón, que había sido contratado por un abogado llamado Carlos Alberto Ramón Gozal. Este Gozal había perdido un juicio en el año 2003 contra Leguizamón, por la posesión de las tierras. Pero le seguía el juicio a un terrateniente de apellido Sago. Sago pierde y le paga con las tierras que ha perdido. Dice Gozal que se viene a cobrar el honorario de las tierras, y viene a meterse en el campo de Leguizamón, que no tiene absolutamente
nada que ver con que él haya perdido.
En todo caso que le pague Sago con sus tierras. Él había metido gente de seguridad de La Estrella y nosotros lo que hicimos fue quitarle las armas y decirles que se retiren. Esta gente ahora nos denuncia diciendo que nosotros habíamos actuado violentamente contra ellos, y que ellos tienen
el derecho a estar en esa tierra. Lo que pasa es que estamos cansados de hacer denuncias. Hemo hecho desde hace tres meses denuncias y Leguizamón viene haciendo estas denuncias. Nunca se presentó un sólo policía o un juez a pedir información. Ahora pasa esto e inmediatamente vienen 30 tipos armados con equipo antimotín.

Igualdad para los que no puedan pagar la diferencia
La justicia siempre está a favor de quien tiene dinero. Siempre está a favor de intereses económicos. Y eso es lo que nosotros denunciamos. La justicia puede ser perfecta, pero quienes se encargan de administrarla no.
Ese el gran problema que hoy tenemos.
Nosotros recalcamos siempre que este caso es un ejemplo de otros muchos casos que hay en la Provincia de Santiago del Estero. No es el único, y en todos los otros lugares la justicia actúa de la misma manera. En este caso le tocó a Leguizamón, pero la justicia es “igual para todos”. Por la vía legal estamos exigiendo que se despenalice la acción de los compañeros, que se suelte al compañero Leguizamón, sino de lo contrario, nos vamos a presentar en la Alcaldía de Tribunales y haremos una manifestación.
Hoy en día, nos dicen que han dejado el caso de Leguizamón como un caso secundario, porque como ha salido en los medios, en Santiago se incendió la cárcel y hay 33 muertos. Eso es otro motivo más de la justicia. Muchas veces la justicia no actúa como debe actuar. Lo que dicen ahí es que los presos se habían amotinado porque querían huir. Lo que no dicen es que los presos exigían condiciones mejores de alimentación, mejores condiciones de sanidad y eso es lo que está fallando en todo este sistema. Es un sistema donde la corrupción impera y contra eso es lo que nosotros estamos luchando. No es sólo por un pedacito de tierra.

- Mo.Ca.S.E.- Vía Campesina mocase.vc@gmail.com

*FUENTE: Agite Después de Usar http://agite.ourproject.org

*

Queridas amigas, queridos amigos:

El domingo 4 de noviembre del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Egberto Gismonti. Las poesías que leeremos pertenecen a Orlando Augusto Pinto (Brasil) y la música de fondo será de Wankamaru (Andes). ¡Les
deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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PARA SABER QUIÉNES SOMOS…

Octubre 28, 2007 por inventivasocial

Para saber quiénes somos…

NOS LO SABEMOS TODO*

Una ya sabe cómo son las cosas. A esta altura tenemos bien claro cómo y para qué lado gira la tierra, no necesitamos ver los carteles para cruzar las calles, y si sopla el viento sur sacamos los abrigos de los roperos. Ya estamos grandecitos, y no nos sorprende el truco de la galera y la paloma.
Buscamos el fondo falso en las cajas, leemos las fechas de vencimiento en los envases. No aplaudimos al director de la orquesta cuando entra, sino hasta que demuestra que vale la pena y lo merece.
Nosotros, a estas horas de la tarde, ya no somos unos niños.
Me contó mi amigo que andaba saliendo con una muchacha. Muy joven, muy linda, muy casada. Así son los hombres. Una carne joven para usar antes de sentir que el último tren salió hace rato de la estación, una historia para presumir frente a los amigos, un triunfo inesperado.
La gente es así. Los hombres hacen una sonrisa basta y ordinaria, las mujeres se ríen incómodas. Un guiño de ojos termina de manchar con grasa el papel y le pone un moño nauseabundo al desperdicio.
Mi amigo me contó hace un tiempo que andaba saliendo con la muchacha.
Me cuenta, ahora, del color cambiante de sus ojos; de cómo lucen ellos cuando está triste; me cuenta que se abrazan y no hay forma de soltarse, me dice que se siente hombre a su lado porque la protege y se siente niño, él, con su físico ominoso, porque ella, pequeña y menuda, lo protege a él. Me cuenta este amigo, este querido amigo me cuenta que caminan del brazo y son felices de estar uno junto al otro. Que se van conociendo y les gusta lo que descubren, que se narran sus vidas. Y así, sin pudor, a viva emoción me dice que están enamorados.
Y está grandecito para andar diciendo esas cosas, pero sin embargo se nota la sonrisa en las palabras, y una alegría diáfana se expande desde y alrededor de su carta.
Me dice que está vivo y es feliz, que la vida es corta, que quieren vivirla respirando el mismo aire. Que se mudan juntos.
Y así son las cosas. A estas horas de la tarde también se ilumina el cielo para algunos afortunados. Y nos sacamos el traje del cinismo, entonces. Y deseamos lo mejor desde los deseos más profundos, desde lo inviolado, desde esos adentros que no han sido marchitos por tanta sapiencia y tanta decepción.
Con la completa inocencia de quien acompaña el sueño de una flor dormida, renacemos a la esperanza y les deseamos buenos vientos y ventura. Y les damos las gracias.

*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com

El abuelo*

Llegó a la playa pasado el medio día. Los zapatos lo delataban, eran de citadino, de hombre de negocios, de “rolo” bogotano seguramente. Había llegado a un pueblo que no conocía escapando del monstruo sabanero, esa ciudad. El cielo siempre estaba oscuro en ese lugar pero él aún no lo sabía; la humedad condensaba las nubes y las extendía en el horizonte como una larga alfombra de melancolía que se derramaba a diario en gotas diminutas e interminables.
Estaba en el mar pacifico, era el único mar que pensaba que podría soportar: la oscuridad de sus aguas, ese azul profundo e impenetrable, el poco turismo lo harían sentir como en casa, o al menos eso era lo que pensaba ayer cuando en un día normal de trabajo había decidido (rápido, sin conciencia, sin llamadas) cambiar el bus que iba al trabajo por un taxi que lo llevó a la Terminal y casi como por impulso había terminado ahí, en ese pueblo de pescadores a orillas del pacífico, vestido como un ejecutivo promedio entre una población de raza negra.
El contraste llamó la curiosidad de todos los habitantes, era un pueblo casi olvidado por el mundo, regido por sus propias reglas, unas reglas casí míticas que manejaban el tiempo de otra forma. El traje del hombre era casi irrisorio en ese contexto, esos zapatos embetunados eran enemigos de la arena y el barro. Pero ahí estaba, casi como una atracción de feria, un rolo, un capitalino en medio de pescadores descalzos, acostumbrados al contacto suave de la arena.
Tomaba una cerveza en la única taberna del lugar. No había hablado con nadie, nadie se había atrevido a hablarle tampoco, la gente lo miraban desde una cierta distancia. Los niños se burlaban de sus cachetes colorados y se reían a sus espaldas. Él procuraba no darse por enterado y seguía inmersos en sus pensamientos, en todo lo que quedaba atrás, en todo lo que había abandonado, la ciudad le parecía deformada como a través de un vidrio empañado, cada vez más oscuro y polvoriento.
Pasados unos minutos que para él fueron horas en ese nuevo mundo, una niña pequeña de sonrisa blanca y timidez simpática se acercó para hablarle. El hombre dejó la cerveza sobre la mesa y enternecido por la apariencia de la niña se dispuso a escucharla:
-¿Como te llamas?-le pregunto ella bajando los ojos pero sacando a relucir unos dientes que parecían perlas.
-Andrés -respondió él, tranquilo, un poco cansado.
-¿Por qué estas acá?
-Razones personales, no entenderías
-¿Por qué?
-La ciudad, la ciudad – respondió él tras un suspiro, callando como siempre, no le gustaba hablar
-Bogotá ¿cierto?
Andrés ni siquiera contestó, sonriendo melancólicamente se dio cuenta que los ojos de la niña eran como el mar. Los miraba y se sentía arrastrado, llevado hasta los secretos de ese océano tan diferente al caribe donde siempre se ve lo que hay en el fondo. La niña levantó la miraba y por primera vez clavó sus pupilas negras con una curiosidad avasallante, él sentía que lo traspasaban, que ese agujero descubría todo lo que él guardaba, todo lo que no quería dejar salir. “Eres bueno” le dijo la niña después de haber terminado su examen inquisitorio y entonces rió alegremente.
Los demás niños se acercaron alborozados al extranjero de cachetes colorados y lo saludaron entre todos. Casí que arrastrado lo sacaron de la taberna y lo llevaron cerca al mar. Todos hablaban al tiempo, le contaban sus nombres, le decían anécdotas y le preguntaban una infinidad de cosas que él no podía responder. En la orilla la niña retomó la palabra y sus demás compañeritos callaron al unísono.
-Este es el mar, es nuestro abuelo, siempre está dispuesto a darte un consejo si sabes escuchar el suave murmullo de las olas. Sí quieres estar entre nosotros tienes que dejar que el abuelo te conozca, tienes que sumergirte y dejar que él te acepte en su regazo.
Andrés no dijo nada, antes hubiera pensado que eso era ridículo, pero esos días estaban en el pasado, lejos quedaban el stress y la tristeza, eso era para otra gente, él no era hombre de ciudad, siempre lo había sabido y ahora frente al mar, se disipaba la tristeza…
Se quitó los zapatos, abandonó la camisa, y se sumergió en el agua que parecía querer convidarlo con el vaivén musical de las olas. Hundió la cabeza y se sintió vivo, sí, vivo entre la oscuridad mansa del océano. Cuando salió, se creyó uno solo entre esos niños que entonaban cantos milenarios: Había perdonado su pasado. Comenzaba una nueva vida, de eso estaba seguro.

*de Camilo Moreno kura862@hotmail.com
-Enviado para compartir por Horacio Rossi. terrazio@ciudad.com.ar

A FONDO: ENTREVISTA A LA FILOSOFA

Martine Leibovici: “Vivimos armando relatos para saber quiénes somos”*

Apasiona leer autobiografías. Y construirlas. Todos necesitamos forjar un personaje, para nosotros mismos y para los demás, que cuente las creencias sobre nuestra identidad.

* Claudio Martyniuk. cmartyniuk@clarin.com

Cuando dirigimos la mirada sobre nosotros, solemos quedar atrapados por imágenes difusas. No hay espejos de la conciencia ni microscopios de la identidad personal. Mientras se desarrolla el fluir de nuestras percepciones y recuerdos, perseguimos un sentido, una flecha personal que ordene nuestra
historia y sostenga la sucesión de días y años en la que fuimos forjando una escurridiza identidad. Experimentamos con palabras para acercarnos a esa singularidad, a la diferencia que conforma un sujeto, pero también para reconocer lo común que anida entre las personas y tomar al mundo desde el
prisma de una mirada.

La filósofa Martine Leibovici -como lo hizo en el Centro Franco-Argentino de Altos Estudios, de la UBA, donde dictó el seminario “La autobiografía como comprensión del mundo”- explora el camino de la narración, especialmente del relato autobiográfico, como modo de contestar la pregunta sobre quién es
uno.
El templo de Delfos, en Grecia, tenía esta inscripción: “Conócete a ti mismo”. ¿Desde la época antigua, los hombres estamos obsesionados por saber quiénes somos?

Sin duda, pero veamos los matices. En el “Conócete a ti mismo” griego hay un interés por volver a la propia alma para recuperar lo que es esencial. Platón, por ejemplo, pedía volver a las esencias a través de las reminiscencias. Mucho más adelante, Rousseau, con quien uno puede decir que empieza la autobiografía moderna, insta a recordar y a poder contar los recuerdos. A través de ese relato se alcanza una respuesta a la pregunta de quién se es, siendo la verdad de esa respuesta la verdad del sujeto mismo.
Para descubrir esta verdad, el sujeto debe contarse a sí mismo, contar su vida.

¿Qué estatuto de verdad se le puede dar a un relato autobiográfico?

Yo hablaría más de veracidad que de verdad. Usted accede a una autobiografía, a un relato personal de alguien, intentando saber si la persona dice la verdad o miente u oculta cosas. La verdad que cada persona intenta establecer sobre sí misma es la verdad particular, que no es forzosamente la verdad del conocimiento. Es más una verdad a la que se apunta, no la que realmente se alcanza.

¿Qué relación hay entre la autobiografía y la novela como el gran género de la modernidad?

Una y otra son expresiones de la modernidad. El hombre se cuenta a sí mismo, se reconoce como sujeto autónomo, a partir del Renacimiento. La autobiografía y la novela son dos maneras de relatar el recorrido aventurero de individuos libres en el mundo. La novela, en principio, introduce más ficción que la autobiografía. Pero tenga en cuenta que en toda autobiografía hay también una parte de ficción, porque el sujeto que cuenta se inventa a sí mismo, se recrea como el gran personaje de la historia.

Pero entonces, ¿la identidad personal se refleja o se construye?

Esa es la gran pregunta que se le plantea a todo relato sobre uno mismo.
¿Expresa una identidad que ya está allí o la construye? Yo creo que la construye. Nuestra identidad no está definida de antemano como si fuera los rasgos de una cosa; se perfila, se construye, en el relato oral o escrito que vamos armando. Tampoco es tan “prefabricada” o querida, va apareciendo a través de la historia que se cuenta, a veces de manera inconsciente, no buscada.

Cuando hablamos de narración, ¿entendemos nada más que escritura? El relato oral, la narración que se hace ante un psicoa nalista, ¿no son también modos de responder a la pregunta acerca de quién es uno?

Sí, por supuesto. Vivimos armando relatos para saber quiénes somos. Pero creo que en el psicoanálisis la verdad -o la veracidad- aparece de manera diferente que en una autobiografía. Lo que es a menudo significativo en el análisis es lo que viene a interrumpir el relato. Son los significantes, las asociaciones de significantes, que son de otro orden que la lógica del relato en sí. Y la verdad que emana del relato del paciente en psicoanálisis no emana de aquello que el paciente intenta reconstruir, y el trabajo del
analista es, justamente, escuchar aquello que escapa a la construcción.

¿Qué lleva a que se publique, a que se revele, una escritura -diarios, autobiografías- acerca del mundo interior de una persona?

Esto justamente es algo que sólo pudo ocurrir a partir de la modernidad. No se trata de escuchar una confesión dirigida a una persona, aunque quienes trabajan sobre la historia de la autobiografía dicen que a menudo la fuente es la confesión cristiana. La modernidad de la autobiografía consiste en un texto que ha de ser publicado y que se va a dirigir a lectores anónimos que no se conocen y que también son los lectores del futuro. La publicación de una autobiografía también es una manera de formular una ejemplaridad. Es como si se construyera una figura de individuo humano, que era alguien particular, pero que puede tener un valor universal. Lo revela Rousseau: él va a contar su historia personal, pero dice que lo que busca es conocer al hombre universal explicándose a sí mismo.

¿Y cuál es el interés que nos mueve a leer esos relatos personales? ¿Curiosidad?

Claro, pero, sobre todo, un gran placer. El placer que me da leer una autobiografía -y hoy son éxito, moda, tendencia, como quiera llamarlo, en el mundo- es justamente esa articulación entre una historia personal, singular, que puede ir más allá de su singularidad para dirigirse hacia una universalidad. Interesan, sobre todo, aquellas en las que los individuos que cuentan su historia personal son a menudo personas desfasadas en su propio medio, que tratan de salir de situaciones complejas, incluso de encierro o confrontación permanente. Piense en el valor de todas esas historias de individuos en situaciones de opresión o de racismo o de antisemitismo o de inferioridad cultural, colonial, etcétera. Son individuos que por su recorrido, relatando su historia, se enfrentan con el mundo en el cual viven
y terminan descifrándolo. Uno no accede así solamente a su interioridad, sino al despliegue de una verdadera batalla social.

¿Puede dar un ejemplo?

Uno muy interesante es Salomon Maimon, un filósofo del siglo XVIII, nacido en una pequeña ciudad del este de Prusia -hoy Polonia-, en una época en la que los judíos vivían en condiciones muy difíciles, como un pueblo paria y a la vez muy organizado en torno a la tradición. Maimon era un niño muy capacitado para los estudios judíos, que se convierte en rabino a los once años. Es decir, en un gran erudito dentro de su propia comunidad. Pero hay en él rebelión contra la presión padecida por los pueblos judío-polacos de la época, y un deseo de conocer la verdad. Es un gran lector de Maimónides, filósofo racionalista de la tradición judía, y tiene una sola idea: dejar su pueblo y buscar la racionalidad, la filosofía.

¿Cómo lo logra?

En esa época, buscar la razón significaba ir a Berlín, donde residía un grupo de judíos privilegiados, que no poseían derechos oficiales pero sí privilegios que los demás no tenían: eran ricos, cultivados y allí residía el gran filósofo Moses Mendelsohn. Salomon Maimon deja su pueblo, con sólo un bolso al hombro, y llega a Berlín; declama que es un gran admirador de Maimónides, que quiere entrar a Berlín a compartir esa pasión y a aprender.
Había una especie de portón donde los más eruditos de Berlín filtraban a quienes podían entrar o no. Cuando ven llegar a ese judío vestido de manera muy tradicional, pobre y que declama que lo que le interesa es la razón y Maimónides, desconfían de él.

¿Por qué?

Porque los judíos ricos de Berlín estaban de acuerdo con recibir a los judíos tradicionalistas, pero para que les enseñaran lo que sus hijos debían saber, pero no para que dejaran su tradición en pos de interesarse por la filosofía. Así, no sólo desconfían de él sino que no lo dejan entrar en Berlín. Entonces, él da la vuelta y vive como vagabundo. Luego logra volver a Berlín. Relata mejor su historia y logra entrar. Desde entonces, entabla relaciones con los ilustrados judíos de Berlín. Se perfecciona en alemán, lee de la mañana a la noche y es un autodidacta completo. Se interesa por la filosofía de Kant, escribe un ensayo sobre la filosofía de Kant que incluso le envía a Kant, y éste dice que es uno de los que mejor entendieron su filosofía. Pero Salomon no se integra a ese medio judío rico de Berlín. Deja sus tradiciones y entra en una vida disoluta y se gana una muy mala reputación. Debido a su comportamiento, es rechazado nuevamente y lo envían a Holanda para deshacerse de él. Vuelve nuevamente a Berlín, y es entonces cuando escribe la historia de su vida. Es una de las primeras autobiografías judías modernas, muy leída desde entonces y modelo de acceso a la filosofía a partir de una situación de confrontación con un mundo que no hace más que plantear obstáculos.

Copyright Clarín, 2007.

PASADO Y PRESENTE. “EL HOMBRE SE CUENTA A SI MISMO, SE RECONOCE COMO SUJETO
AUTONOMO, A PARTIR DEL RENACIMIENTO”, DICE LEIBOVICI.

Señas particulares
NACIONALIDAD: FRANCESA
ACTIVIDAD: FILOSOFA.
PROFESORA DE LA UNIVERSIDAD PARIS-DIDEROT. MIEMBRO DEL CENTRO DE SOCIOLOGIA DE LAS PRACTICAS Y REPRESENTACIONES POLITICAS.
Es autora, entre otros textos, del libro “Hannah Arendt y la tradición judía. El judaísmo a prueba de la secularización” (U.N.A.M., México D. F., 2005).

Simone Weil: la negación del origen
A Leibovici le interesa especialmente la reconstrucción autobiográfica de Simone Weil (1909/43), la intensa filósofa francesa de origen judío que abrazó un cristianismo personal y murió prematuramente en Londres, donde se encontraba trabajando para la resistencia francesa en el exilio. “En la fase
comunista crítica de Weil, explica Leibovici, hay textos suyos muy pertinentes sobre la clase obrera, la Rusia soviética, la vida en las fábricas. Cuando la espiritualidad va deviniendo cada vez más importante en ella, sus textos son cada vez más apasionantes”.
“Hay algo de enigmático en ella, y es su antijudaísmo. No es sólo que se vuelve cristiana; de todos modos, nunca se convirtió. Nunca lo hace, porque odia las instituciones, y cree que la cristiana es particularmente autoritaria. Y simultáneamente, hay en ella textos muy hostiles, no hacia los judíos, sino a los hebreos que ella lee en la Biblia. Cuando se ven sus escritos de 1939 al 41, conociendo la persecución de los judíos en la realidad que la rodea, sus reflexiones son muy problemáticas. Veo que hay en Simone Weil un rechazo en cuanto a ubicar su situación personal en una filiación, una situación que sería la misma que la de los judíos de los cuales ella proviene. Cuando se lee ese pequeño texto llamado “Autobiografía espiritual”, que es una carta a un religioso, es muy impresionante ver que
niega el devenir de su propia persona. Simone Weil no quiere plantear de dónde proviene. O sea que se niega, paradójicamente, al gesto autobiográfico”.

*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2007/10/28/z-05215.htm

CONSTRUYE TU HISTORIA*

Camina vida camina
no te detengas
a quien le importa
si destilas sangre
o destilas rosas.

Camina con tu alquimia
a cuestas
no dejes en la vera
una hoja crujiente.

Camina con el asombro
que tenías desde niña
y eras brisa descalza
bajo la lluvia.

Camina sin mirar atrás
que lo vivido
lo gozado
lo llorado
no tiene retorno.

Camina construye tu historia
aunque pretendan
dilapidar
tus sueños.

Solo busca en tu bolsillo
la luz
que guardaste
un día.

*de Xenia Mora Rucabado. xeniamora@ciudad.com.ar
28-10-2007

*
Queridas amigas, queridos amigos:

El domingo 28 de octubre del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor colombiano Jesús Pinzón Urrea. Las poesías que leeremos pertenecen a Flora Chavarry Orellana (Guatemala) y la música de fondo será de Rikchariy
(Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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